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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-06-2017

Cuba y sus circunstancias
Socialismo, mercado y propiedad privada

Julio Carranza
El Estado como tal (Blog)


Motivado por el debate sobre el socialismo, la reforma econmica y el problema de la igualdad que muy oportunamente se ha abierto en Cuba me permito escribir de manera muy sinttica y con escasez de tiempo algunas consideraciones generales formadas a lo largo de aos entre lecturas, investigaciones, especulaciones, discusiones y experiencias vividas en diversos pases y contextos.

Enun olvidado libro que escribimos en 1995[1] (y que es, en mi opinin, lo ms importante que aquellos tres autores han escrito sobre la economa cubana) abordbamos este asunto, o sea la inevitable necesidad de diversificar las formas de propiedad y gestin de la economa y a la vez preservar la condicin socialista del sistema. El problema planteado por varios colegas en el intercambio reciente es medular[2]: la razn de ser de la empresa privada (por mucha responsabilidad social que puedan tener) es la rentabilidad y la acumulacin y su impacto sobre el crecimiento de la economa y del empleo depende de esto, lo cual, visto de manera general, conducira tambin al crecimiento y concentracin de la riqueza y de la propiedad lo que tropieza ms tarde o ms temprano con la lgicadel carcter socialista del sistema; la complejidad del asunto es que ambas cosas seran necesarias hoy para el mejor futuro de Cuba: generar riqueza para lo cual hay que necesariamente diversificar las formas de propiedad y gestin y distribuir con justicia la riqueza lo cual supone mantener el carcter socialista del sistema. Con la economa en las condiciones en que est ningn futuro sera mejor (hay suficientes estadsticas y anlisis que abundan en los diversos dficits que afectan a la economa nacional y entrampan su recuperacin estratgica).

Ya en aquel texto de 1995, como parte de una propuesta bastante integral de reforma econmica, argumentbamos sobre la necesidad de diversificar las formas de propiedad y de gestin, pensamos bastante sobre las implicaciones de este proceso, es ms, ese asunto era la esencia de lo que all proponamos, o para ser exactos, de lo que proponamos que se debatiera, la necesidad de hacerlo desde entonces nos pareca obvia.

Claro que han pasado 22 aos de su publicacin en Cuba y 21 de la publicacin de su segunda edicin ampliada en varios pases, muchas cosas han cambiado en el pas y en el mundo y todo debe ser revisado a la luz de hoy, con los datos de la actualidad, sin embargo los planteos esenciales all expuestos me parece que siguen siendo vlidos. Sobre esta cuestin especfica y medular de la propiedad privada y el mercado en el socialismo,adems de las alternativas fiscales que son las clsicasy que deben garantizartanto los ajustes distributivos adecuados, como el financiamiento de las polticas sociales y de la inversin pblica para el desarrollo estratgico del pas, tambinproponamos,y esto es fundamental, establecer formas decoinversiny cogestin entre el estado y el sector privado y cooperativo solo a partir de determinados niveles de crecimiento de esasempresas y del sector en el cual estuvieran operando, esto no le pona tope a la rentabilidad del sector privado, ni al establecimiento de pequeas y medianas empresas cooperativas y privadas, ni desincentivaba su inversin, ni condenaba sus ingresos a ser destinados exclusivamente al consumo o al ahorro puesto que mantena abierta la puerta a nuevas formas de inversin conjunta, pero s impeda su control creciente sobre los medios de produccin(sobre las diversas formas de coinversin y cogestin pblico privada hay una extensa y apreciable experiencia en los casos de China yVietnam que debe ser examinada). Adems de que la inversin privada nacional estara limitada en sectores estratgicos de la economa. En el caso de la inversin extranjera se proponan otros controlesdiferentescon el mismo objetivo, o sea garantizar niveles adecuados y competitivos de rentabilidad sin enajenar el control sobre los recursos de la nacin.

Tambin insistamos en lo esencial de la reforma de la empresa estatal en el sentido de una mayor autonoma, participacin de los trabajadoresy descentralizacin basada en su propia rentabilidad, acompaado de una planificacin ms indirecta y estratgica compatible con los altos niveles de descentralizacin de la economa, manteniendo su carcter directivo solamente para empresas e inversiones de mxima prioridad e impacto estratgico en el desarrollo del pas.Ntese que con toda intencin digo empresa estatal, no digo empresa socialista, tampoco digo empresa capitalista cuando me refiero las empresas privadas, lo que es capitalista o socialista es el sistemaen el cual estas actan, oacaso a las numerosas empresas estatales o pblicas en los pases capitalistas se les puede llamar empresas socialistas debido a su carcter estatal?

En aquel texto decamos y hoy insisto, en que lo que define a una sociedad socialista no es la supresin del mercado, tampoco la eliminacin total de la propiedad privada sobre medios de produccin, lo que define al socialismo es la supresin de la hegemona del capital que es algo diferente. El socialismo, como la historia se ha encargado de demostrar hasta la saciedad, no es la primera sociedad no mercantil, es, quizs, la ltima de las sociedades mercantiles. Para decirlo con otra palabras: mercado s, pero regulado, propiedad privada s pero acotada (no fundamentalmente en su riqueza ni en sus alternativas de inversin, si no en su control de los medios de produccin).

La discusin es compleja pero necesaria y claro que no son suficientes declaraciones generales para terciar el debate, sino tambin propuestas especficas basadas en los datos concretos de la realidad acerca de cmo alcanzar los objetivos propuestos, incluso debatir si es posible alcanzarlos en el contexto actual y en qu plazos. Hay bastantes aporteshoy en estos intercambios con consideraciones y debates serios basados en estadsticas comparadas, referencias a textos y a autores fundamentales, consideraciones tcnicas, clculos sobre inversin, productividad, tasas de cambio, equilibrios macroeconmicos, proyecciones, reflexiones crticas sobre experiencias pasadas, anlisis de coyunturas,etc.que son muy tiles y deben ser tomadas en consideracin porque aportan mucho para el aterrizaje de cursos especficos de accin, me refiero esencialmente a aportes de economistas que con diversidad de puntos de vista se adscriben a una propuesta socialista[3] Hay tambin una larga lista de otros autores que abogan y argumentan sobre una restauracin capitalista, estos tambin deben ser considerados en el debate aun cuando no compartamos sus paradigmas y objetivos, muchas veces hacen aportes tiles que debemos incorporar a nuestras reflexiones sobre esta muy compleja realidad. No es la pretensin de este texto entrar ahora en esos detalles ms especficos.

Creo que la discusin sobre estas definiciones conceptuales en Cuba son an ms determinantes y sobre todo hoy, pues en ningn caso el pas clasificara en la situacin que el pensamiento marxista clsico defina como condiciones para el socialismo (sociedades desarrolladas y sistema internacional) adems de que lo que fueron las grandes apuestas de la Revolucin al decidir su opcin socialista para garantizar su sostenibilidad y desarrollo en el largo plazo,no se cumplieron excepto una, quizs la ms importante, aunque no suficiente: la capacidad de resistencia del pueblo cubano (al menos hasta el momento), las dems cuya realizacin era difcil pero posible vista desde aquellos das ya lejanos y por las cuales setrabajy seluch mucho se fueron perdiendo una a una, a saber: a) la expansin y fortalecimiento del campo socialista: que, a pesar de sus contradicciones, pareca su curso naturalen la dcada de los 60 y los 70,sin embargo un par de dcadas despus este no slo se debilit sino que desapareci,su impacto sobre Cuba fue tremendo y nosolo en lo econmicob) el triunfo de los movimientos revolucionarios en Amrica Latina: que alcanzaron niveles muy altos en importantes pases de lareginpero que, salvo en Nicaragua, no obtuvieron el triunfo poltico por el cual luchaban, muchos de ellos no slo fueron vencidos militarmente, sino que tambin poltica e ideolgicamente, enfrentados no solamente a las fuerzas reaccionarias locales sino a la ayuda militar y de inteligencia de potencias internacionales tanto de Estados Unidos como de Europa e Israel (ver por ejemplo el importante librode Marie-MoniqueRobin Escuadrones de la Muerte: LaEscuela Francesa)[4] c) el declinar del poder y la influencia de Estados Unidos para imponer sus intereses a nivel internacional: lo cual pareca tambin posible en la dcada de los 60 y primeros 70s con la intensidad que tomaba la lucha progresista por los derechos civiles en ese pas, el repudio a la guerra de Vietnam y el final que esta tuvo, la desconexin del dlar del patrn oro, el casoWatergate, etc. sin embargo el curso final de los acontecimientos reforz la hegemona mundial de los Estados Unidos por ms que se pueda matizar esta afirmacin.

A todo esto habra que aadir procesos no conocidos en los 60 y 70, incluso en los 80s: el enorme nivel de influencia y alcance de los medios masivos de comunicacin dominados por las grandes empresas de la informacin bajo control fundamentalmente de Estados Unidosybasados ahora en el avance exponencial de las tecnologas,la integracin yel control de los mercados financieros internacionales e incluso el rumbo de las reformas de mercado en pases socialistas como China y Vietnam y ms recientemente el declinar de la influencia de procesos progresistas en diferentes pases de laregin, hoy en situaciones muy difciles como es elcaso de Venezuela y Brasil (ambos haban significado unaimportante alternativa econmica para el pas). Habra tambin que aadir el curso, an incierto y complejo, de la poltica norteamericana hacia Cuba y desde el punto de vista interno: la ausencia del liderazgo histrico de la Revolucin (elfallecimiento de Fidel Castro y el prximo retiro en febrero de 2018 de Raul Castro como Jefe de Estado y de Gobierno),quecomo quiera que se vea es elascensode una nueva generacin al mximo poder del Estado, la cual, por razones obvias, no tiene la misma autoridad histrica, ni la influencia, ni las condiciones histricas que la anterior para establecer el consenso nacional en condiciones extremadamente complejas,ms an en una situacin en la cual la economa no parece encontrar una ruta de crecimiento suficiente y sostenido, lo cual impacta y en muchos casos hace retroceder el nivel de vida de sectores mayoritarios de la poblacin en un contexto de mayor desigualdad.

De modo que, como consecuencia de todos esos factores enumerados de manera muy rpida, para Cuba(pas pequeo, sin grandes recursos naturales y en una posicin geogrfica muy difcil)el desafo es enorme y en efecto hay que asumir la necesidad impostergable de una reforma, como de una manera u otra y a diferencia de los aos 90 y primeros del 2000, con mayores o menores reservas, viene siendo aceptado en diferentes documentos oficiales sometidos al debate social (no me parece que el concepto ms preciso sea actualizacin, aunque no es su denominacin la cuestin esencial).

Ese proceso de cambios debera tener un carcter integral y plantearse: recuperar la economa sobre la base de mayores niveles de eficiencia y la mayor capacidad para producir y distribuir ingresos (reforma empresarial integral,nuevas formas de gestin,mayores espacios e incentivos a las iniciativas y a la innovacin y a la inversion, unificacin monetaria y equilibrio financiero, recuperacin del salario, ajustes fiscales, nuevas polticas sociales ms focalizadas, nuevas inserciones internacionales,una ms clara estrategia de desarrollo, etc.) a la vez que sostener la soberana del pas, elevar los niveles de participacin poltica y garantizar los niveles ms altos posibles, insisto, posibles de igualdad social, pues aspirar a sostenerlos altos estndares de igualdad que laRevolucin alcanz en el pasado sera hoy un imposible e impedira la rearticulacin imprescindible de la economa.

Ya en nota anterior deca que las diferenciaciones en los niveles de ingresos a los que la nueva economa ms abierta y descentralizada da lugar deben entenderse como una necesidad (en el sentido filosfico del trmino) y no como una virtud que deba ser elogiada. La poltica econmica habr siempre de actuar para reducir esa brecha e impedir que la dinmica del mercado y la acumulacin la coloquen en niveles incompatibles con la esencia de un modelo social basado en principios a los cuales no se ha renunciado. No se trata de reproducir polticas del pasado cuyo efecto fue la igualacin hacia abajo y el consecuente desestimulo a la eficiencia, la productividad, la iniciativa y la innovacin, factores claves para la viabilidad de lareforma econmica en curso.

La igualdad social, la libertad, y la dignidad plena del ser humano deben ser el factor esencial en la definicin de cualquier propuesta socialista por condicionada que esta est a las realidades que impone la actual situacin de la economay los mercados internacionales, sin embargo las inevitables diferencias de ingresos, deben asumirse como parte del modelo econmico necesario e integrarse a lo comn de la dinmica social, pero estas no deben ser extremas ni conducir a exclusiones y marginalidad[5]. La igualdad y la justicia social no se deben remitir solamente a los ingresos monetarios de las personas, el acceso universal y gratuito a la salud, la educacin y la seguridad social son conquistas irrenunciables de una alternativa socialista. En esto media la poltica, que en una perspectiva socialista, no puede reducirse a la buena administracin de la economa, aunque tampoco puede ser contraria a esta.

Hacer afirmaciones abstractas, sin atender los datos de la realidad de Cuba y del mundo o declaraciones doctrinarias vacas que apelen a un igualitarismo imposible de sostener, as como considerar que el socialismo, aun el socialismo desarrollado, puede alcanzar la igualdad total es solo un radicalismo fatuo que lejos de contribuir a solucionar los principales problemas de la nacin, condena el futuro y cierra la movilidad social a la que legtimamente aspiran las nuevas generaciones. Esto no niega de ninguna manera que la aspiracin a los mayores niveles de igualdad posibles sea una preocupacin y ocupacin permanente de la poltica y la construccin de valores ticos como la solidaridad un objetivo fundamental de la educacin.

La construccin del consenso social, factor imprescindible para una Cuba que aspire a mantener su soberana frente a enormes desafos internacionales, supone necesariamente una economa con tasas de crecimiento sostenidas y nivelesadecuadosde redistribucin de la riqueza, que sin ser igualitarios, sean incluyentes y abran diversas oportunidades de desarrollo social a toda la poblacin sobretodo a las nuevas generaciones, ah debe haber una medicin permanente de los diferentes indicadorespara medir la igualdad (coeficienteGiniy otros) que permiten observaradecuadamente el proceso ydesde el poder polticorealizar a tiempo las correcciones convenientes y posibles.

Para el gobierno de la nueva generacin el reto de lo econmico es enorme, pero ms complejo an es el reto de lo poltico, sin olvidar que ambos estn estrechamente ligados[6]. Ya no es posible la forma de estado tericamente definida en el pensamiento clsico[7] y practicada (con muchas insuficiencias) en las experiencias del socialismo histrico, Cuba incluido, que legitimaba un mayor nivel de control y restriccin de espacios no ya a los opositores activos del sistema manipulados por poderes e intereses transnacionales y que se asuman siempre como pequeas minoras, sino a cualquier propuesta o demanda critica por justificada y argumentada que estuviera[8], lo cual ya no es posible debido a la historia y al dominio casi absoluto en la comunidad internacional de la concepcin que vincula casi como un acto de fe la formalidad de la democracia representativa con el respeto a los derechos humanos del individuo, de hecho ya nadie reivindica en la arena internacional (Cuba tampoco a pesar de que ha mantenido la esencia de su sistema poltico) el viejo y superado concepto (en mi opinin siempre mal entendido y peor implementado) de la dictadura del proletariado.

Esto no es solo el resultado de la influencia ideolgica del capitalismo, sino tambin de los tremendos errores del socialismo histrico, que lejos de entender la democracia como una conquista de la humanidad, deformada en el capitalismo por la interferencia de los poderes econmicos de los sectores dominantes tanto a nivel nacional como internacional, la enfrent como un rasgo del viejo sistema que se deba superar y en vez de, para rescatar sus contenidos esenciales, despojarla de la influencia determinante de los poderosos intereses especficos que la reducen en gran medida a una formalidad vaca de contenidos (ms an en el mundo subdesarrollado) la sustituyeron por regmenes cerrados donde el poder fue ejercido esencialmente por la burocracia, con lo cual se ocluy tambin la consolidacin del socialismo mismo, porque su sujeto social, la ciudadana (y como parte esencial de esta el pueblo trabajador), termina sintindose enajenada del poder poltico que ya solo formalmente le pertenece, el impacto de esto sobre las nuevas generaciones es desbastador, es como el avance de una enfermedad silenciosa cuya consecuencia fatal es la despolitizacin de la juventud[9], ahora adems impactada por la fuerte propaganda poltica, cultural y comercial de los medios masivos de comunicacin que montado en las nuevas tecnologas han derribado todas las fronteras y han puesto a su alcance una audiencia universal.

Esto obliga a enfrentar y resolver tambin un reto comunicacional que supere el primitivismo, la opacidad y el carcter reactivo, cerrado y defensivo de los sistemas de informacin pblica que ha caracterizado al socialismo histrico, tambin aqu Cuba incluida.

El socialismo histrico no supo superar con creatividad las restricciones a la cual obligaron los primeros aos de guerra directa que de una forma o de otra afectaron a todas las experiencias revolucionarias, tampoco superaron con creatividad las definiciones clsicas que solo delinearon en sus aspectos ms esenciales las formas del nuevo estado (aquellas no podan hacer otra cosa, puesto que esa era entonces una experiencia an por vivir).

Las formas cerradas de gobierno que las agresiones imponan como una necesidad para la defensa ya no slo del nuevo sistema, sino incluso para la defensa de la soberana nacional, fueron convertidas con el tiempo en rasgos definitivos, casi principios incuestionables del sistema donde la burocracia, que generaba sus propios intereses, encontr una forma cmoda de gobernar, sin entender que con ello se estaba cerrando el paso al futuro del sistema mismo, las lecciones de la historia son duras, pero o se entienden y se asumen o se condena el porvenir.

Cuba est hoy en esa encrucijada y est adems sola. Para decirlo de otra manera, el socialismo del futuro ser democrtico o no ser, pero esto no quiere decir reproducir las deformaciones de la democracia de los sistemas polticos capitalistas, sino construir una nueva concepcin que se abra a libertades crecientes y a la mayor participacin a la vez que preservando la esencia social del sistema.

Es preciso construir una esfera pblica para la circulacin abierta de las ideas, las opiniones, las propuestas y las demandas sociales, sin esta el cuerpo poltico se debilita y el futuro queda comprometido.

Se puede argumentar que las agresiones no cesan y que los intereses antinacionales, como el dinosaurio de Monterroso, todava estn ah! y es cierto, pero esta realidad ya hoy no exime la necesidad de superar las torceduras de la historia. Difcil reto, pero hay que asumirlo y tambin en Cuba, esto por supuesto que hace ms complejo la construccin del consenso, el arte de la poltica y la reproduccin misma del sistema poltico, pero a esa ruta no hay alternativa, ya no hay atajos, creo yo.

La diversificacin de la economa, el sector privado, el mercado y la descentralizacin, imprescindibles hoy,as como su inevitable impacto en diferenciaciones relativas en los niveles de ingresos monetarios de los ciudadanosno impiden perseque el mercado este subordinado a la poltica y el inters privado al inters pblico.

Las instituciones, la participacin democrtica y las regulaciones constitucionales y legalesestablecidas desde el poder polticoson los nicos garantes de esa condicin. Por ello, el sistema poltico debe representar la diversidad social a la que la reforma econmica da lugary a la vez la reforma econmica por profunda y diversa que deba ser no debe dar lugar a una clase econmicamente dominante que adquiera el control de los medios fundamentales de produccin y por lo tanto los destinos delpasy eso no excluye ni al mercado ni a la empresa privada en el contexto de un sistema y un estado (que no digo solo gobierno) autnticamente socialistas.

Notas:

[1] Julio Carranza, Luis Gutierrez, Pedro Monreal: Cuba: La reestructuracin de la economa (Una propuesta para el debate). Libro Edit. C. Sociales, Cuba 1995; Edit. IEPALA, Espaa 1996; Edit. Nueva Sociedad, Venezuela 1997; Edit. Alerce, Chile 1997; Edit. Institute of Latin American Studies. London University, Inglaterra 1997 (dos ediciones)

[2] Ver notas de J. Gmez Barata: De Adam Smith a Marino Murillo: La Riqueza de las Naciones en Moncada 5 de junio 2017, H. Perez, comentario al texto de Gmez Barata, P. Monreal: Desarrollo, pobreza y normas sociales en blog El estado como tal, 31 mayo 2017, Ricardo Torres, Riqueza, propiedad y otros males en Progreso Semanal 6 de junio 2017, etc.

[3] Ver diversos textos de destacados economistas como por ejemplo J. Triana, H. Perez, P. Monreal, J. L. Rodriguez, M. Figueras, F. Vascos, J. Diaz Vzquez, etc.

[4] Marie-Monique Robin Escuadrones de la Muerte: La Escuela Francesa Editorial: SUDAMERICANA 2005

[5] Ver Julio Carranza Dinamizar el cambio y retener los mayores niveles de justicia e igualdad social posibles en Cuba Posible 7 de junio 2015

[6] Ver la notable entrevista realizada a Juan Valds Paz El socialismo no puede posponer la democracia que ha prometido en Catalejo, 15 de abril 2016.

[7] Sobre esto hay varios textos fundamentales, pero por su carcter sinttico recomiendo repasar la carta de K. Marx a J. Weydemeyer del 5 de marzo 1852 en K. Marx Obras Escogidas, en tres tomos, Editorial Progreso, Mosc, 1974, t. I.

[8] Recordar las advertencias de Rosa Luxemburgo sobre las negativas restricciones de la libertad por parte del nuevo estado revolucionario, ella no negaban la fuerte defensa del nuevo sistema frente a la amenazas de la poderosa reaccin interna e internacional, pero sealaba que en nombre de esa defensa no se podan cerrar las libertades del individuo y los colectivos aun cuando estas no coincidieran con la poltica oficial: el socialismo, segn su naturaleza, no se deja otorgar, imponer por Ucase. Tiene como condicin una serie de medidas por la fuerza contra la propiedad privada, etc. Lo negativo, la reduccin, se puede decretar; la construccin, lo positivo, no. Tierra nueva. Miles de problemas. Slo la experiencia es capaz de corregir y abrir nuevos caminos. Solamente la vida desenfrenada, desbordante cae en miles de nuevas formas, improvisaciones, recibe fuerza creadora, se corrige ella misma todas sus equivocaciones. La vida pblica de los estados con libertad restringida es justamente por eso tan indigente, tan pobre, tan esquemtica, tan infecunda, porque a travs de la exclusin de la democracia se cortan las fuentes vitales de toda la riqueza espiritual y del progreso. Luxemburg, Rosa. Sobre la revolucin rusa en: OC, tomo 4, p. 360

[9] Ver la interesante reflexin de Carlitos en No hay tercera va, hay participacin o habr despolitizacin en blog A mano y sin permiso, 3 de junio 2017

Fuente: http://elestadocomotal.com/2017/06/12/julio-carranza-cuba-y-sus-circunstancias-socialismo-mercado-y-propiedad-privada/



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