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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-06-2017

Embajador de Palestina en Argentina
La Guerra de los Seis Das signific la prdida total de nuestro territorio

Husni M.A. Abdel Wahed
Pressenza


No resulta sencillo intentar resumir en un artculo la tragedia de la ocupacin a la que sigue siendo sometido el pueblo palestino luego de 50 aos. Ms de alguno podra incluso pensar que ya, a estas alturas, se trata de un asunto rutinario; de cumplir casi mecnicamente con la recordacin de esta efemrides como un rito ms que cada mes de junio, en un nuevo aniversario de una Guerra de los Seis Das que signific la prdida total de nuestro territorio, se hace indispensable para sostener una demanda, una mecnica expresin de deseo o alimentar una quimera que en el da a da se hace cada vez ms inalcanzable.

Pero todo cambia drsticamente cuando nos enfrentamos a la demoledora realidad de un pueblo conformado por una identidad nacional, personas con nombre, con apellido y con una historia individual y colectiva que trasciende y pervive pese a todos los intentos de invisibilizacin meditica que se proyecta a un nivel casi global, lo que nos lleva a una sola conclusin cierta: Palestina existe, Palestina vive, Palestina sigue siendo una herida abierta en el corazn de la Humanidad, en el alma de las luchas solidarias, en la conciencia profunda de aquellos que han cerrado sus ojos y de quienes han cado presos de un sistema de propaganda que asocia a todo lo palestino con las peores expresiones del terror, olvidando quin ocupa en esta ya larga injusticia el rol de vctima y de victimario.

Podramos llenar pginas y pginas con fros e incontrastables datos estadsticos emanados de las ms incuestionables fuentes que muestran en implacables cifras la degradacin en la calidad de vida de todo un pueblo en su recorrido diario por la subsistencia, siempre sometida al escarnio, a la represin y a la conculcacin de Derechos Humanos inalienables por parte de la potencia ocupante; pero junto con eso o, adems de eso, quiero resaltar el espritu de resistencia y lo que significa que un pueblo a lo largo de 50 aos, mantenga viva la llama de una revolucin que es inherente y hermanada a todas las luchas que se han dado en el mundo a lo largo de la historia y hasta nuestros das, por quienes han defendido su irrenunciable derecho a la libertad, a la dignidad, a la autodeterminacin y a la independencia. Cada lector podr imaginar lo que significa vivir rodeado de un vergonzoso muro de apartheid erigido por el ocupante que alcanza hoy la friolera de 800 kilmetros de extensin. Puesto sobre el territorio argentino y para no dejarlo en el aire como un concepto abstracto, es la misma longitud de la ruta que cubre la distancia entre la Ciudad Autnoma de Buenos Aires y la Ciudad de Crdoba. Pero claro; hablamos de un territorio que alcanza apenas los cinco mil kilmetros cuadrados, s; 5000 km2, un poquito menos de la quinta parte de la provincia de Tucumn. Este muro serpentea sobre el terreno separando nios de sus escuelas, a campesinos de sus tierras de cultivo y a familias de familiares. Es decir, es el ejercicio draconiano de la segregacin por parte de quien presume de ser un estado democrtico o, dicho en palabras de ellos, la nica democracia en Medio Oriente.

Lo mismo ocurre con los casi 600 check points que el ocupante ha puesto sobre el territorio palestino. En proporcin, si la provincia de Buenos Aires tiene algo ms de 300 mil km2 y estuviera ocupada militarmente, equivaldra a tener 33 mil puestos de control militar extranjero sobre su territorio. Dicho en palabras simples, para ir desde la Capital Federal hasta La Plata, deberamos atravesar decenas de controles, donde cada uno de ellos exige documentos, impone largas esperas y el derecho a continuar viaje solo depende de la voluntad del ocupante. O sea, un viaje que tarda normalmente una hora, podra demorar varias horas para cubrir la distancia existente entre la capital del pas y la capital de la provincia. Pero no son solo esos impedimentos. Lo realmente cruel, es que se ha otorgado al ocupante extranjero el poder sobre la vida y la muerte de las personas. La libertad impune de expulsar habitantes y destruir sus hogares. El derecho de irrumpir violentamente en una vivienda a altas horas de la madrugada para realizar un allanamiento que slo tiene el cruel propsito de quebrar la voluntad de luchar y continuar as desarrollando un largo y sostenido proceso de expulsin y limpieza tnica de la poblacin originaria, el Pueblo Palestino. La impudicia arbitraria de arrestar ciudadanos independientemente de cul sea su condicin: adultos, ancianos, mujeres o nios.

Existe all una retorcida Ley de Detencin Administrativa que permite al ocupante detener y llevar a la crcel a cualquier persona sin cargos especficos, sin derecho a tener un abogado que lo defienda, liberado a su suerte en manos de la ocupacin. Son 500 presos bajo esa abusiva norma, amn de los 6500 prisioneros condenados que se mantienen en condiciones infrahumanas en las crceles del ocupante. 1800 de ellos llevaron a cabo hace muy poco, una heroica huelga de hambre encabezada por el diputado Marwan Barghouti, en la que ni siquiera pedan por su libertad, sino, cuestiones de una elementalidad absolutamente primaria: modificar el rgimen de visitas y que, en lugar de 45 minutos al mes, las mismas fueran de una hora y media de duracin. Acceder a la instalacin de telfonos pblicos en las crceles del ocupante, desde los que pudieran al menos comunicarse con sus familias. Poder estudiar, continuar con la formacin escolar o acadmica segn fuera el caso. Cuestiones de la ms elemental humanidad en medio del dolor y la incertidumbre que genera la separacin de los seres amados. Es entonces que no quiero solo conmemorar una fecha en el calendario. Quiero exaltar el derecho a la vida comn y normal a la que accede cualquier ciudadano en el mundo. A la vida en que no existan ni un ocupante ajeno en mi tierra palestina ni el riesgo de morir acribillado en cada control militar porque un guardia se levant de mal humor.

La paz con todos y esencialmente con nuestros enemigos de hoy, que es con quien se resuelve, sigue siendo nuestro anhelo ms sagrado, en el entendido de que ella no significa solo la ausencia de violencia ni un concepto abstracto y vaco del que se aprovechan quienes abrigan inconfesables intenciones vacindolo de contenido, sino que la concebimos como un bien superior y supremo que se basa intrnsecamente en hechos de justicia sobre el terreno. Una justicia que significa el respeto irrestricto a la Ley Internacional, al acatamiento a las Resoluciones de la ONU y, sobre todo, una paz en que esa justicia lleve a mirar al otro como un igual, descartando toda idea de excepcionalidad o privilegios otorgados por derecho divino. La divinidad est en las acciones de los hombres justos y no en su manipulacin para justificar la barbarie.

S, son 50 aos. Cincuenta aos de oprobio, de un verdadero baldn en la conciencia de una humanidad que sigue en deuda con Palestina. Con un pueblo que sigue su vida bajo las peores e inimaginables prcticas fascistas de opresin por parte de un pas que ni siquiera tolera el disenso en el seno su propia sociedad y que persigue a quienes levantan su voz en defensa de los oprimidos bajo ocupacin. Pero seguimos de pie. El mundo es testigo de la inquebrantable lucha de un pueblo que anhela vivir como cualquier otro, en condiciones de respeto y dignidad. Pero intrnsecamente libre y en pleno ejercicio de la libertad que han consagrado todas las naciones de la tierra.


Fuente DSL



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