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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-06-2017

Maritegui, a 123 aos de su nacimiento

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


El tiempo transcurrido desde el nacimiento y la muerte de Jos Carlos Maritegui permite revisar sus enseanzas, reflexionar en torno a su mensaje, y someter otra vez sus ideas a un anlisis profundo; sobre todo porque crea condiciones para observar los hechos de manera comparativa, reconociendo los avances y los retrocesos del pensamiento y de la historia, as como las victorias y derrotas de los pueblos. Y es que el aporte de Maritegui a la concepcin humana tiene sentido ecumnico, valor universal. Sobre todo, si como lo advirtiera ya hace muchos aos Jorge Basadre, su obra tuvo como primordial propsito servir a los intereses de la clase proletaria.

Aunque sobre todo en las ltimas dcadas se ha escrito mucho y se ha profundizado sustantivamente en la vida y en la obra de Mariategui, ella presenta siempre nuevos elementos y se torna inagotable. Brota como manantial fecundo y claro, no slo en el estudio de los pensadores, sino tambin en el accionar de los pueblos que se empinan para batir la adversidad combatiendo en las condiciones ms complejas.

La evolucin de la crisis contempornea en las ltimas dcadas del siglo pasado, se tradujo en la desaparicin de la Unin Sovitica y en la quiebra de la experiencia socialista en Europa del este. En nuestro pas, los acontecimientos estuvieron signados por la derrota de diversos modelos y proyectos de avance y transformacin social y la preeminencia de un sorprendente e indito pragmatismo de corte neoliberal.

Este escenario comienza a cambiar en los primeros aos del siglo XXI. El capitalismo afronta una grave crisis financiera, pero tambin poltica, y pierde peso la tesis del mundo unipolar hasta hace poco en boga. Los nuevos sucesos aportan elementos al debate, pero cuestionan tambin concepciones del pasado. Sirven, adems para incorporar nuevos interrogantes que los revolucionarios de nuestro tiempo tenemos el deber de encarar con valor y sin prejuicios.

En una circunstancia en la que la clase dominante en el plano mundial an entona clarines de victoria, resulta indispensable salir al frente de los propagandistas del sistema que proclaman entusiastas el fin de las ideologas y la derrota de los pueblos; al tiempo que asestan duros golpes a los trabajadores y a las fuerzas progresistas en todos los pases a los que aspiran a someter, de una vez y para siempre, al dominio definitivo del Gran Capital y de los monopolios, valindose para el efecto no slo de los grandes recursos del mundo financiero, sino tambin del poder de las armas y de la guerra como instrumento de opresin contra Estados y Naciones.

Las sociedades consumistas de nuestro tiempo se atiborran de sesudos panegiristas del capitalismo y alientan un bienestar artificial y transitorio que slo llega a nfimos sectores de la vida social, montado sobre la miseria galopante de los pueblos.

Experiencias contemporneas como la guerra interna que desmembr Yugoslavia, el resurgimiento del fascismo en diversos pases de Europa, el surgimiento de profundos odios nacionales y las rivalidades tnicas que se multiplican, las guerras en Africa y Asia; pero sobre todo los sucesos de Afganistn e Irak, golpean la conciencia de los hombres en todos los confines del planeta y plantean retos que la humanidad debe afrontar en nuevas condiciones. Los hechos de hoy confirman que, ms all de las grandes palabras, el rgimen de dominacin vigente en buena parte del mundo, augura derrotas y desastres a la humanidad entera y no constituye, por cierto, camino de salida para pueblos y naciones.

El crisis del sistema se siente severamente en nuestro continente e incluso en los Estados Unidos, donde se multiplican las protestas y crece el descontento social. En ese contexto, los pueblos de Amrica Latina asoman al escenario mundial presentando una batalla sostenida en procura de su liberacin, pero, adems, en lucha por el progreso y el desarrollo.

Ms all de diferencias puntuales, los procesos que se viven hoy en la regin abren posibilidades de avance en un mundo crecientemente multipolar, en el que se ahoga el monopolio de la fuerza. Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y El Salvador -despus de Cuba, por cierto- sealan una ruta que hay que observar con detenimiento y seguir en buena medida; pero las experiencias de lucha que se afirman tambin en Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina e incluso Chile; son para nosotros lecciones a asimilar en el afn de construir una verdadera alternativa capaz de interesar a nuestro pueblo.

En un contexto complejo y difcil como ste, para decirlo en palabras de Toms Borge, los revolucionarios no deben caer en la tentacin de negarse a s mismos, sino reafirmar principios que para algunos perdieron vigencia, pero que siguen presentes al no haber desaparecido las causas que los originaron. Ser esa una manera de renovar, para los hombres de nuestro tiempo, el optimismo histrico.

Reflexionar sobre la vida y la obra de Jos Carlos Maritegui es precisamente una manera de llamar a ese optimismo, renovando la vigencia de principios y concepciones de clase que no han sido vencidos y que tampoco han caducado, que subyacen en las luchas de los pueblos y se proyectan incluso ms all de ellas. Y es que, contrariamente a lo que se sostiene por parte de los propagandistas del Gran Capital, la historia no ha terminado. Comienza otra vez, slo que en condiciones diferentes, por cierto ms difciles para los pueblos.

Hacerlo, entonces, presupone tambin superar el periodo de confusin que se vive en determinados segmentos de la sociedad y la poltica, y al amparo del cual campea el oportunismo y el sentimiento de acomodo de algunas gentes que renuncian a su ideologa, a sus concepciones y a sus prcticas de lucha porque en el fondo, se sienten intimidados por lo que juzgan la apoteosis del imperialismo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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