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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-06-2017

The Knick
Clnica de la razn impura

Guillermo Paniagua
Hala Bedi/ SerialK


Con un poco de generosidad se podra entender la histrica tendencia de la ciencia a presentarse como un espacio hermtico, impermeable e indiferente a las vicisitudes mundanas, abstrada del mundo para poder abstraer mejor, como el efecto colateral y duradero de una desesperada estrategia de supervivencia desplegada hace ya miles de aos. Todo empez all por la Grecia clsica cuando una nueva comensal, un poco sosa y tmida, la Razn, lograba hacerse or e imponerse en un alborotado banquete poblado por locuaces poetas y kuadrillas de fornidos superhroes. Como era de esperar, estos ltimos, enfurecidos tras verse arrebatado el protagonismo, decidieron contratacar, institucionalizndose como opinlogos y obligando a la razn a replegarse y pasar a la clandestinidad. Habra que esperar casi mil aos y una dursima travesa del desierto para que unos valientes astrnomos renacentistas, subyugados por la perfeccin de los movimientos de los cuerpos celestes, decidieran destronar al barbudo -opinlogo en jefe- que se haba apropiado ilegtimamente del control de los cielos y dar as a la razn una segunda y definitiva independencia ante los promotores de opiniones y mitos. Haba nacido la ciencia moderna. Ahora bien, en esta batalla por desplazar a los regmenes de discurso que durante tanto tiempo haban hegemonizado nuestra capacidad de comprensin e intervencin en el mundo, la ciencia no saldra indemne.

En efecto, celosa por obtener el lugar y el reconocimiento merecido, por preservarlo a toda costa, la ciencia tuvo que construirse una coraza, caricaturizar las diferencias existentes con los dems contrincantes y simplificar los trminos de una contienda de la que haba salido solo parcialmente vencedora. Por un lado y de forma un tanto malagradecida, la ciencia se sinti obligada a olvidar que la todopoderosa capacidad de razonar de la que tanto alardeaba haba sido generosamente confeccionada y cedida -al igual que la de opinar y de crear mitos- por la madre naturaleza. As, con tal de asegurar la especificidad y descendencia de su ms preciado tesoro - la razn- la ciencia opt por renegar de sus orgenes naturales. Por otro lado y de forma un tanto socipata, la ciencia, en su afn por blindar su indudable y privilegiada relacin con la verdad, se sinti impelida a ignorar las condiciones histricas en las que los hombres y mujeres haban podido y visto la necesidad de parirla. As, con tal de asegurar la autonoma y objetividad de su ms preciado tesoro- la razn- la ciencia opt por renegar de sus orgenes sociales. En pocas palabras, como consecuencia de una batalla sin cuartel tanto la razn como su expresin social consagrada, la ciencia, un poco groguis de tantos golpes, entendieron errneamente y curiosamente que su acceso a lo universal haba pasado y tena que pasar por renunciar a su pertenencia al universo. Como si del retorno de los poetas muertos se tratase, The Knick (2014), obra maestra de la nueva narrativa serial, nos recuerda que en verdad ni se tuvo ni se tiene que pagar semejante peaje.

Creada por Jack Amiel y Michael Begle e integralmente dirigida por el reconocido, multigalardonado y el que fuera smbolo en los 90 del cine independiente estadounidense, Steven Soderbergh, The Knick nos cuenta los pormenores del nacimiento de la ciruga moderna en los albores del siglo XX tomando como marco de este difcil parto el tumultuoso hospital Knickerbocker de Nueva York. En una operacin simtrica y contraria a la explicada en nuestro boceto introductorio, esta serie se propone mediante una hibridacin de gneros narrativos- el de poca y el mdico- hacerse cargo de la hibridacin del gnero humano -un poco animal, un poco social- presentndola como lo que es: la materia prima, el soporte contradictorio del que dispone la verdad para poder expresarse. As, seguiremos durante las dos temporadas de esta serie las intricadas relaciones que se establecen entre una sociedad -saturada de racismo, machismo y clasismo- unos personajes -frgiles, crueles y soberbios- y una ciencia- artesanal, despiadada y muchas veces mortfera- sin por ello tener que renunciar a observar a la razn ejercitndose. Una gimnasia intelectual que reluce a veces gracias y otras a pesar de las adicciones y fechoras de uno de los protagonistas, el Dr. John Thackery, impecablemente interpretado por Clive Owen, y en el otro mdico, Dr. Algernon Edwards, condenado a ser brillante y negro, es decir, a sobrevivir a base de dar y recibir puetazos -literales y figurados- en una sociedad, no muy diferente a la actual, donde el color de la piel es sinnimo de desahucio estructural.

En unas escenas de inusual belleza, con una cmara en mano tan febril como el pulso del paciente destripado, con unos grandes angulares y filtros sepias que recuerdan a la inquietante maestra de un Lars Von Trier o de un Sokurov, Soderbergh despliega una exquisita direccin trasladndonos del fro naturalismo gore del bloque operatorio al depravado y almidonado antro de fumadores de opio para terminar arrojndonos a la calles pestilentes de una gran manzana podrida en la que se trapichea cadveres, concesiones inmobiliarias, parsitos y derechos. Una atmsfera pegajosa y opicea cuyo pulso se ve marcado por una oscura banda sonora electro minimalista compuesta por Cliff Martinez, ex batera de los Red Hot Chili Peppers, que se ubica junto a las desgarradoras y tambin minimalistas composiciones clsicas de Max Richter en The Leftovers (2014) y los ritmos tribales de Cristobal Tapia de Veer en Utopia (2013), en la cumbre de la musicalizacin de la ficcin seriada. Sonidos electrnicos que desde su contemporaneidad ms radical, es decir, depurados, acuticos e intrauterinos logran acoplarse coherentemente, tal como un anfibio, a los diferentes ecosistemas que componen esta historia adems de lograr retroceder sin anacronismo a tiempos pasados de nuestra Historia. En fin, una muestra ms de una universalidad que se puede reivindicar sin complejo y sin tener que renegar ni del tiempo ni de la bestia frgil e iracunda que anidan en ella.

Probablemente semejante hazaa, semejante sobredosis de naturaleza y sociedad inyectada en un relato que aborda las conquistas cientficas no poda ser otra que obra de poetas. Esos que como Soderbergh y su equipo, rectificando una enemistad histrica y haciendo buen uso de la capacidad de la poesa en revelar analogas, son capaces de entender y homenajear el soporte hbrido del que dispone la verdad para poder expresarse al tener ellos mismos una experiencia similar en su praxis, al tener ellos mismos un trato preferencial con otra subyugante sntesis de lo natural y lo social, ese otro universal que llamamos belleza.


Fuente: http://halabedi.eus/2017/06/07/serialk-clinica-de-la-razon-pura-knick-guillermo-paniagua/




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