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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-06-2017

Civilizacin versus lucha de clases

Juan Jimnez Herrera
Rebelin


El problema est en saber si se est verificando una transformacin de las bases materiales de la civilizacin europea, lo que a largo plazoconducir a una desarticulacin de la forma de civilizacin existente y al nacimiento forzoso de una nueva civilizacin (Antonio Gramsci).

 

La historia en general, la que concierne a la humanidad como objeto indivisible y universal es un producto intelectual de la poca contempornea; fundamentalmente, de una civilizacin, la occidental, que, consciente de una superioridad material, derivada de un sorpasso tecnolgico cientfico datado en los siglos del renacimiento, adquiere vocacin de dominacin mundial. A ese propsito ayud, inconmensurablemente, la construccin del universalismo cristiano, oriundo de la poca y emparentado, a la perfeccin, con el poder poltico y econmico.

En fin, historia y vocacin de dominacin mundial devienen en conceptos ntimamente conexionado. No existe el uno sin el otro. Si la historia de la humanidad, asimismo, no es sino lucha de clases, lo cierto es que, adems, en cuanto historia consciente, es, fundamentalmente, vocacin de dominacin de una civilizacin, la occidental, que la narra y esculpe, a lo largo de los siglos, con la servidumbre del resto del planeta. Sus luchas intestinas -de clase- , a la postre, han actuado como acicates para acelerar la necesidad de dominacin.

Los episodios de la Primera y Segunda Guerras Mundiales- paradigmas de conflicto derivado por el reparto del planeta-, bajo la apariencia del enfrentamiento interno entre distintas potencias occidentales, constituyeron, en realidad, la definicin y perfeccin de la dominacin: la constatacin de que slo, dominando territorios y pueblos extramuros, podra asentarse, con estabilidad, la civilizacin europea-occidental, conjurando, en lo esencial, el peligro de la desintegracin por sus propias contradicciones (de clase). Aquellas contiendas blicas fueron, no obstante, medios de dominacin rudimentarios, superados, al abrigo de nuevas brechas tecnolgicas favorables del lado dominador y de una extraordinaria y creciente productividad, por los vigentes y actuales, que sacian, sin necesidad de guerras y por convenio, los intereses de las distintas facciones occidentales.

El capitalismo, modo de produccin que eleva a occidente, desde el punto de vista material, por encima del resto de las civilizaciones, al punto de configurarlo como sujeto activo de la historia, lo empuja, espoleado por sus contradicciones internas, a actuar, en el escenario mundial, como agente imperialista, en tanto que otras civilizaciones, hurfanas de catalizadores econmicos determinantes, duermen en el sueo de la inmovilidad, siendo presas- al primer contacto- del colonialismo y otros medios de servidumbre y dominacin.

As, pues, si la primera historia universal- la de su definicin y estructuracin- que slo existe, en cuanto fenmeno histrico, con occidente- es, en lo primordial, una historia de lucha de clases intestina, la de su madurez, es la de la superacin o exportacin de los conflictos o luchas al exterior, concluyndose, en cierto modo, en que los movimientos antisistmicos- protagonistas de la lucha de clases- han coadyuvado a tal fin, acelerando la necesidad de dominacin. Grficamente expresado, aquellos han contribuido a engendrar la criatura; son, por fracasados, responsables histricos de la actual dominacin, aunque, bien miradas las cosas, ms bien han sido arrollados por las incontenibles tendencias histricas de dominacin y servido de vigoroso alimento para las mismas. La Unin Sovitica, en el fondo, fue defenestrada, por activa o pasiva, por su poblacin, ansiosa de incorporarse a la sociedad de consumo/civilizacin occidental y al proceso de dominacin que le es inherente.

Derivar de lo que antecede la precipitada conclusin de la inutilidad e, incluso, perniciosidad de las luchas libradas, en estos dos ltimos siglos, por las fuerzas por el socialismo y las de otras, en pocas ms lejanas, contra modos de produccin que, necesariamente, las generaban, no parece ser las forma ms justa de conducirse en el anlisis cientfico de la sociedad. Muy al contrario, se trata de afirmar que lo que pareca, en un principio, nacido- el socialismo- para triunfar en un determinado mbito geogrfico- el europeo occidental- ms bien, las tendencias histricas dominantes, lo han exportado, a la par que sus conflictos, al exterior de sus fronteras. Es, por as decirlo, un cambio de escenario que los primeros socialistas (dicho con absoluta humildad) no adivinaron a dibujar, ms interesados por el fenmeno modo de produccin capitalista que por el de civilizacin occidental, a la postre, con mayor carga de determinacin histrica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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