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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-06-2017

A 75 aos de la muerte de Miguel Hernndez
En los veneros del pueblo

Manuel Caada Porras
Rebelin


Corran los das de octubre de 2010. Isidoro Moreno, un veterano compaero de Arroyo de San Servn, militante comunista desde su juventud, haba sufrido un derrame cerebral, seguido de pequeas embolias y su salud se deterioraba a pasos agigantados. Fuimos a visitarle a su casa y Vale, su mujer, nos cont la asombrosa historia: Isidoro llevaba meses sin hablar, la mirada perdida, fugitivo el nimo, umbro por la pena. De repente, una noche, sentados para cenar alrededor de la mesa camilla, Isidoro comenz a agitarse y a sealar nerviosamente el televisor. Qu te pasa, qu quieres, Isidoro. De sus labios salieron las primeras palabras, tras meses de silencio tenaz: Es Miguel Hernndez, el poeta, dijo, y su cara se pobl de una enigmtica alegra. Desde un rincn secreto de la memoria, el gran poeta de Orihuela le rescataba del mutismo.

Isidoro naci y muri campesino. Perteneca a la Espaa joven y jornalera, la del trabajo excesivo y el pan menguado, que cantara Miguel Hernndez. l haba sido un nio yuntero ms, un grano de avena estrujado, carne de yugo arando rastrojos. Por eso quizs, a pesar de que no frecuentaba la literatura, su identificacin con aquel poeta resultaba tan sencilla: Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a l () Era un escritor salido de la naturaleza, como una piedra intacta, con virginidad selvtica y arrolladora fuerza vital. Me narraba cun impresionante era poner los odos sobre el vientre de las cabras dormidas. As se escuchaba el ruido de la leche que llegaba a las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras (Pablo Neruda).

Pocos poetas suscitan tanto fervor entre la gente comn. Ni siquiera Lorca, ni Alberti, ni Neruda. Y tal vez una de las primeras razones del entusiasmo es que sus versos respiran autenticidad y comunin con los explotados del trabajo. Miguel Hernndez -se aprecia a simple vista- va en serio, no tiene nada que ver con el intelectual-pingo almidonado, con esa modalidad de funcionario cultural que describiera Manolo Sacristn, tan habitual en las pasarelas mediticas y acadmicas. Tened presente el hambre, dice el poeta, nosotros no podemos ser como ellos, los de enfrente, los que entienden la vida por un botn sangriento... Y, sin necesidad de hermenutica rebuscada, sabemos que el escritor nos est hablando a todos, sin distingos, no a la corporacin de los ilustrados, sino a todos, incluso a los ms humildes. Tambin a ese hombre o a esa mujer que vuelve fatigada del trabajo y va dejando por el aire impreso un olor de herramientas y de manos. Miguel Hernndez rehabilita las vidas invisibles, los objetos de las faenas ms oscuras. Las manos son la herramienta del alma, su mensaje; el sudor es el primo del sol, el hermano de la lgrima; la escoba es la espada joven y alegre, delgada de ansiedad y bravura que levanta una columna hacia la aurora. Miguel es un maestro de la metfora al que se entiende con el corazn. Porque el versear ms sublime, si no pega duro en la vida o en el hombre, se queda en fina caligrafa (Francisco Umbral). Y l no aspira ya a que sus poemas sean simple pirotecnia o ganchillo verbal. No hay belleza sin dignidad humana, no hay dignidad humana sin belleza. Queremos el pan y tambin los versos.

Nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres

Pero, como indicaba Sacristn, la afinidad excepcional con el poeta tiene adems otras motivaciones. l subrayaba la verdad popular de Hernndez: no slo de su poesa, sino de l mismo y entero, de los actos y de las situaciones de los que naci su poesa, o en los que se acall. Si la II Repblica y la guerra civil constituyen el parteaguas de la historia de nuestro pas durante el siglo XX, la obra de nuestro poeta representa, sin duda alguna, la mejor expresin de la dursima confrontacin y del envite popular por superar la alianza de heraldos, caciques, tricornios y bonetes, la Espaa clasista, clerical y reaccionaria.

A Rafael Chirbes le gustaba recordar una frase del pintor Juan Gris, refirindose al nacimiento del cubismo: Todo sistema de esttica debe ir fechado. Pues bien, la potica de Miguel Hernndez va a transformarse en intensa relacin con el devenir histrico de Espaa. El trayecto del poeta mozo e ilusionado de Perito en lunas al creador precozmente maduro de El rayo que no cesa y de ah al abnegado combatiente de la Repblica y bardo de sus trincheras (Buero Vallejo), avanzar en paralelo a la revolucin social, poltica y cultural que vive el pas. El poeta catlico y gongorino de los inicios experimenta una metamorfosis profunda, al comps de las sacudidas colectivas. La revolucin de octubre del 34 en Asturias, la relacin con Alberti, Aleixandre, Ral Gonzlez Tun y, sobre todo, con Neruda, su participacin en las Misiones Pedaggicas, todo ello le arrastra sin remisin hacia la poesa impura. El 29 de noviembre de 1935, poco antes de su fallecimiento, su amigo y primer mentor, Ramn Sij, le enva una carta llena de reproches por su giro esttico e ideolgico. Caballo impuro y sectario, asevera aludiendo a la revista Caballo Verde, que coordina Pablo Neruda y en la que Miguel ha empezado a participar. Nerudismo (qu horror, Pablo y selva, ritual narcisista e infrahumano de entrepiernas, de vello de partes prohibidas y de prohibidos caballos!; aleixandrinismo, albertinismo!). Pero la evolucin de Hernndez es ya imparable: Vengo muy satisfecho de librarme de la serpiente de las mltiples cpulas, la serpiente escamada de casullas y clices, escribe en Sonredme, un poema de principios de 1936. Agrupo mi hambre a vuestras hambres, voy a donde estis vosotros, los de siempre, los que conmigo en surcos, andamios, fraguas, hornos, os arrancis la corona del sudor a diario. La primavera del Frente Popular y el levantamiento de los militares golpistas no harn ms que clarificar su evolucin potica y poltica. Ya ser para siempre un poeta del pueblo.

El 18 de julio y el 7 de noviembre de 1936 son las dos grandes fechas abreojos, los momentos cruciales que ahondan definitivamente la sima entre el pueblo y la oligarqua, entre la democracia y el fascismo; el huracn que esparcir el corazn y aventar la garganta de Miguel Hernndez y de tantos otros. El 18 de julio, la guerra eriza su lomo de bestia desesperada. Su ntimo amigo Jos Herrera Petere, otro gran poeta de la generacin de la Repblica, apenas conocido en nuestros das, describe en tono vibrante lo ocurrido ese da en Madrid: En los barrios obreros comenz la efervescencia; comenz el herosmo. Cuando todo eran dudas y vacilaciones apareci la solucin, all, por los barrios extremos. Cuatro Caminos, Ventas, Puente de Vallecas Era la voz de los obreros, que tambin existan en Madrid, la voz de las fbricas, de los tranvas, del Metro, de las obras, de las estaciones, de las imprentas, de los garajes, de los talleres. Era la voz que peda armas! armas!! armas!!!. La burocracia venal estaba recostada y silenciosa, pero el pueblo emergi apartando la cobarda y haciendo fracasar el golpe militar. El viento del pueblo pas a mi lado y pas hacia el 5 Regimiento, escribir ms tarde Miguel. Haba escrito versos y dramas de exaltacin del trabajo y condenacin del burgus, pero el empujn definitivo que me arrastr a esgrimir mi poesa en forma de arma me lo dieron aquel iluminado 18 de julio... Me met, pueblo adentro, ms hondo de lo que estoy metido desde que me parieran, dispuesto a defenderlo firmemente.

El 7 de noviembre se produce el segundo inmenso aldabonazo. Las tropas de Franco han tomado Toledo y tienen sitiada la capital. El asalto del ejrcito fascista es inminente y el gobierno de la Repblica huye a Valencia. Quin te salvar, Madrid, si van dejando tus puertas solas y de par en par ante el paso de las fieras?. Pero de nuevo aparece en la escena el intempestivo pueblo de leones que al grito de No pasarn organiza la resistencia. Esa fecha histrica, a la que no podr superar ninguna en grandeza, es cuando nos dimos cuenta de lo que era la guerra. Los versos del poeta ruiseor estremecen las trincheras. Aunque te falten las armas, pueblo de cien mil poderes, no desfallezcan tus huesos. Mientras que te queden puos, uas, saliva, y te queden corazn, entraas, tripas, cosas de varn y dientes.... No hay apenas armas, no hay municiones, pero Madrid resiste.

Un poeta gigante, Miguel Hernndez, se yergue en los hombros de un pueblo gigante, que desafa al fascismo. No, aqu no ser un paseo como en Italia o Alemania. Aqu, a pesar de su apabullante superioridad militar, la gavilla de generales fanfarrones necesitar tres aos para derrotar a un ejrcito sin apenas armas, inventado casi desde la nada, formado por obreros y campesinos. Es ah, en el herosmo del pueblo, en su orgullo antifascista, en la pasin y la impetuosidad colectiva con la que responde a la rebelin militar donde cobran sentido los nuevos versos, su nueva forma de entender el arte. El poeta ocupa su lugar en la trinchera y nace una poesa nueva. Nuestro destino es parar en las manos del pueblo. Slo esas honradas manos pueden contener lo que la sangre honrada del poeta derrama vibrante. El pueblo espera a los poetas, con las orejas y el alma tendidas al pie de cada siglo.

Hasta el final de sus das, el escritor de Orihuela asumir las consecuencias de su compromiso, ya sea cavando trincheras o escribiendo poesa. Podemos decir que si hay verdaderamente un poeta que lucha activamente en los frentes, convive plenamente con los milicianos, y al mismo tiempo cultiva las letras, escribe poesa y teatro de urgencia y trata de ser portavoz del pueblo en lucha, ste es Miguel Hernndez (Santiago lvarez). Eduardo Galeano afirm refirindose al novelista peruano Jos Mara Arguedas que nunca escribi sobre los vencidos, sino desde ellos. Otro tanto podra decirse de nuestro poeta.

Miguel levantar desde ah su escritura pica, vinculada a los acontecimientos histricos. Una poesa proletaria, concebida tambin para la oralidad, para ser leda en la radio o en las trincheras. Una creacin de ritmo trepidante que demuestra cunto de cierto hay en la afirmacin de Carmen Martn Gaite: Lo importante es que la urgencia de lo por decir sea grande. La urgencia arrastra la forma. Olvidarse de la literatura es vehculo para escribir la mejor literatura.

Extremeos de centeno

He pasado por Extremadura. All se defienden hombres como leones, comiendo hierbas. Quien pronuncia estas palabras ante el Ateneo de Alicante el 21 de agosto de 1937 es Miguel Hernndez. Nuestro poeta se ha sumergido fervientemente en la defensa de la Repblica y desde finales de 1936 forma parte de la Brigada Mvil de Choque que dirige Valentn Gonzlez, el Campesino. El comisario poltico de una de las compaas es Pablo de la Torriente, un escritor cubano, miembro de las Brigadas Internacionales, uno de aquellos hombres que contienen un alma sin fronteras, con el que Miguel trabar una intensa relacin.

En febrero, el poeta se incorpora al Frente Sur, junto al legendario Comandante Carlos. Desde esa fecha hasta julio se afanar entre Jan y Extremadura, como comisario de cultura y jefe del Altavoz del Frente, involucrado en la publicacin de peridicos y otras tareas de agitacin y propaganda. En uno de sus reportajes da cuenta de un combate en la sierra de Yelbes, frente a Santa Amalia, el 31 de marzo, donde treinta milicianos resisten la ofensiva del ejrcito franquista, mucho ms numeroso. El texto termina as: Atencin a Extremadura. En los frentes de Extremadura, en su corazn, hay un material humano, combativo, insuperable. Es preciso aprovecharlo en toda su heroica extensin para que d plenamente su fruto.

Son unos meses decisivos para el desarrollo de la guerra, en los que irradia con fuerza la esperanza en el triunfo: Este mayo, mientras la plvora exige fuego con ms ansia que los dems meses, va, tal vez, a decidir la victoria del pueblo que lucha como las espigas paneras contra el fascismo de malos jaramagos y tizones, escribe el Primero de Mayo, justo el mismo da que termina el asalto al Santuario de la Cabeza en Jan por parte del ejrcito republicano.

Pero, adems, es una etapa trascendental en el acontecer personal de Miguel Hernndez. El 9 de marzo contrae matrimonio con Josefina Manresa y el 1 de julio entrega el original del libro Viento del pueblo para su publicacin. Extremadura constituir uno de los emplazamientos para este tiempo de encrucijada y esclarecimiento. Y Castuera ser la poblacin donde se asiente junto a los miembros del Altavoz del Frente. Las tropas republicanas proyectan abrir una ofensiva en Extremadura y esta localidad es la capital de la bolsa de la Serena, un frente casi olvidado en el suroeste del pas pero de una gran importancia estratgica. Precisamente en Castuera es donde se realiza la fotografa ms conocida del poeta- tu imagen ms exacta y sencilla, de hombre de pueblo y viento en flor de fiera, escribir Santiago Castelo-, con el fusil en bandolera, recitando sus poemas a los soldados.

Junto a Pedro Garfias, Herrera Petere y otros milicianos, impulsa la publicacin de Frente Extremeo, desde donde alientan a las tropas y a la poblacin. El peridico se edita dos veces por semana y en l se difunden algunas de las composiciones de Miguel Hernndez que meses despus conformarn Viento del pueblo. Esta obra recoge los poemas que reflejan el momento cenital de la combatividad y euforia pica (Saray Campos). Entre ellos figuran elegas, manifiestos poticos como Sentado sobre los muertos, cantos a la justicia social como Aceituneros o un autntico himno nacional que da ttulo al poemario, el asombroso Vientos del pueblo me llevan. El libro sintetiza la concepcin de la poesa como arma de combate.

Una de las composiciones que contiene es Cancin del esposo soldado, un estremecedor poema escrito en Castuera slo unos das despus de que Josefina le comunique que est embarazada. He poblado tu vientre de amor y sementera, he prolongado el eco de sangre a que respondo. El vientre de la mujer ana amor y humanidad, erotismo y gnero humano. Amor e ideales caminan juntos, sobre los atades feroces en acecho. Y la causa del poeta no es una abstraccin, un credo huero, sino la inmediata concrecin en la felicidad de la mujer amada y del hijo: Para el hijo ser la paz que estoy forjando. Curiosamente, la Cancin del esposo soldado, constituir una de la piezas de acusacin en el sumario por el que ser condenado a muerte. El fascismo repugna la belleza.

Dejadme la esperanza

Avanza la guerra y con ella, el presagio de derrota y crcel. Hoy el amor es muerte, y el hombre acecha al hombre. El crimen acecha, llega la rabia, el desaliento, la represin. Las crceles buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen, lo absorben, se lo tragan Los burcratas del terror, las sentenciosas tinajas vacas, pero hinchadas, los hombres viejos, los hijos de puta ansiosos de politiqueras, publicidad y bombo, la decrepitud andante y maloliente, huelen ya el final y preparan la venganza.

La guerra se pierde, la resistencia se va apagando y a Miguel le ofrecen la escapatoria institucional. Mara Teresa Len lo cuenta en Memoria de la melancola. Le habamos llamado para explicarle nuestra conversacin con Carlos Morla, encargado de negocios de Chile. Miguel se ensombreci al orlo, acentu su cara cerrada y respondi: Yo no me refugiar en una embajada. Me vuelvo al frente. Miguel iba a desaparecer tambin como haba desaparecido Federico () Caoneaban Madrid. Miguel Hernndez, la cabeza rapada, todo sacudido por una rabiosa decisin, nos repiti: Me voy al frente.

Como un desdichado ms, el poeta busca infructuosamente la salida. Es detenido por la polica portuguesa en la frontera, entregado a la espaola y encarcelado. Pero no desfallece e incluso se toma con humor el traslado sistemtico por diversas prisiones, que denomina como turismo penitenciario. Desde el presidio, el 5 de febrero de 1940, escribe a Josefina: Vindome la cabeza cagada por las ratas me digo: qu poco vale uno ya! Hasta las ratas se suben a ensuciar la azotea de los pensamientos. A pesar de todo, Miguel sigue creando algunos de los poemas que compondrn el Cancionero y romancero de ausencias, y, entre ellos, las maravillosas Nanas de la cebolla, dedicadas a su hijo Manuel. Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, crcel me arranca

Pero la crcel y la mquina represiva continan su meticuloso aplastamiento. El 18 de enero de 1940, Miguel es condenado a muerte por la Auditora de Guerra de Madrid. La sentencia termina as: Resultando probado que el procesado Miguel Hernndez Gilabert, de antecedentes izquierdistas, se incorpor voluntariamente en los primeros das del Alzamiento Nacional al Quinto Regimiento de Milicias, pasando ms tarde al Comisariado Poltico de la 1 Brigada de Choque, interviniendo, entre otros hechos, en la accin contra el santuario de Santa Mara de la Cabeza. Dedicado a actividades literarias, era miembro activo de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, habiendo publicado numerosas poesas, crnicas y folletos de propaganda revolucionaria y de excitacin contra las personas de orden y contra el Movimiento Nacional, hacindose pasar por el poeta de la Revolucin () Fallamos que debemos condenar y condenamos al procesado Miguel Hernndez Gilabert, como autor de un delito de adhesin a la rebelin, a la pena de muerte. La suerte est echada y, aunque el 25 de junio de 1940 le es conmutada la condena por la pena de 30 aos de reclusin mayor, se adivina la tragedia.

En 1941 le visitan en el penal de Ocaa Dionisio Ridruejo, Ernesto Gimnez Caballero y Jos Mara Cosso. Los tres son viejos amigos de Miguel y, al tiempo, intelectuales vinculados al rgimen franquista. Han ido a ofrecerle la libertad y un trabajo bien remunerado a condicin de que firme el arrepentimiento. Lo cuenta Miguel Nez en La revolucin y el deseo, su libro de memorias: El corneta se encontraba en el despacho del Jefe de Servicios de la crcel cuando tuvo lugar la entrevista. Por l conocimos lo sucedido: en un momento de la conversacin, Miguel cogi del brazo a Gimnez Caballero, le llev hasta la ventana que daba al patio de la prisin coincidiendo con la hora de los paseos de los presos- y le dijo: Mira, Ernesto, estos son mis camaradas, con ellos he luchado, con ellos sufro la derrota, y con ellos me quedo, porque sin ellos no soy nada.

El 28 de marzo de 1942 Miguel Hernndez muere en la enfermera de la prisin de Alicante, de tuberculosis y de comunismo, como dira con irona Manuel Vzquez Montalbn aos despus. Los fatales balazos de la insidiosa enfermedad crecida entre el hambre y la falta de cuidados, en palabras de su compaero de prisin, el dramaturgo Antonio Buero Vallejo, culminan la ejecucin lenta.

Crepsculo de los bueyes

El franquismo decreta el ostracismo contra el poeta. El poder sabe que sus versos y su ejemplo suscitan una admiracin y un cario inmensos. Es necesario borrar la huella de uno de los smbolos ms respetados de la Espaa republicana y para ello se establece una frrea prohibicin sobre su obra. 

Nada ms terminar la guerra civil, una comisin depuradora franquista ordena la destruccin de 50.000 ejemplares de El hombre acecha. Y el rastro de persecucin continuar durante dcadas. Todava en agosto de 1960, 21 aos despus de terminada la guerra civil, se deniega la publicacin de una antologa del poeta. Y no ser hasta finales de la dcada de los sesenta cuando intrpretes como Joan Manuel Serrat, Paco Ibez, Francisco Curto o Enrique Morente puedan iniciar, en pugna permanente con la censura, un trabajo de recuperacin y popularizacin de su obra, aunque sobre muchas de sus canciones y poemas seguir pesando la prohibicin incluso hasta despus de la muerte de Franco. En 1976 la calificacin oficial de no radiables sigue en vigor sobre composiciones de Hernndez, como Juramento a la alegra. Y el 21 de mayo de ese mismo ao, treinta personas son detenidas en Alicante, tras la prohibicin de un recital-homenaje al poeta.

Pero la memoria de Miguel Hernndez es demasiado grande para que puedan apresarla los carniceros del pueblo, las sanguijuelas de la burocracia. No se han hecho para estos boigos los barbechos, no se han hecho para estos gusanos las manzanas. Y as, a lo largo de las ltimas dcadas, poco a poco, la figura del poeta se va rescatando en las plazas, en los institutos de enseanza o en las asambleas obreras.

Y entonces el poder activa el mecanismo de integracin, de desactivacin, de conversin del poeta en mercanca cultural. Ya desde muy temprano (1950), Pablo Neruda adverta sobre el intento de neutralizacin del personaje, sealando por sus nombres a algunos de los cmplices en el asesinato civil del poeta y en la edulcoracin del fascismo: sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre/ en sus libros, los Dmasos, los Gerardos, los hijos/ de perra, silenciosos cmplices del verdugo,/ que no ser borrado tu martirio, y tu muerte caer sobre toda su luna de cobardes. Jos Agustn Goytisolo, all por los 70, avisaba tambin: Se estudian sus poemas, se le cita, y a otra cosa muchachos. Y, por entonces, V. Montalbn exhortaba a que Miguel no sea arrebatado por el carro iluminado de una cultura escrita con Ka y con mayscula.

As llegamos hasta nuestros das. Se cumplen 75 aos de la muerte de Miguel Hernndez. El 28 de marzo, el actual ministro de Educacin y Cultura, igo Mndez de Vigo, publicaba un artculo con amplia difusin en los grandes medios. En l, con desparpajo, afirmaba: el legado del poeta sufri los vaivenes propios de los hijos de su tiempo, en detrimento tal vez de lo ms importante: la fuerza renovadora y la universalidad de su obra. Lo que faltaba para el duro. El portavoz de un partido fundado por siete ministros de Franco, IX barn de Claret, integrante de una de los clanes cogollo de la oligarqua, hablando de los vaivenes propios de los hijos de su tiempo, como si la crcel, el hambre, la tortura y el exterminio sistemticos que practicaron los padres, familiares y aclitos del ministro contra la poblacin fuesen fenmenos naturales, simples balanceos de la fortuna

Walter Benjamin afirmaba que articular histricamente el pasado significa aduearse de un recuerdo tal y como relumbra en un instante de peligro. Es el caso. No, los muertos de la lucha por la libertad y la dignidad no estn seguros. Convertir a mrtires del pueblo como Miguel Hernndez en instrumentos de la clase dominante, en clsicos descuajados de su clase, en monigotes de la industria cultural sin ideologa es una forma de matar por segunda vez al poeta. Miguel Hernndez muri por ser poeta comunista. Como poeta simplemente hubiera quitado la palabra a los dioses. Como poeta comunista se la quit a los dioses para drsela al pueblo, escribi Manuel Vzquez Montalbn.

Recuperemos a Miguel para la gente comn, para los yunteros y aceituneros de hoy, para las kellys y los estibadores, para quienes padecen los desahucios de vivienda o los contratos basura, para los que tienen que emigrar a buscarse la vida, para aquellos a quienes se niega el derecho a la educacin o a la cultura, para la gente de abajo que sufre y lucha. Y arranquemos al poeta del monopolio de cronistas oficiales y polticos trileros. Que los traidores del pueblo y de la poesa aparten sus mugrientas manos de la memoria de Miguel Hernndez.

Miguel Hernndez es del pueblo, no de los poderosos. Crepsculo de los bueyes, est despuntando el alba.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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