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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2017

Emergencia histrica de la mujer

Felipe Portales
Punto Final


Como en el resto del mundo, en nuestro pas la emergencia histrica de la mujer se produjo tardamente. Pero adems conocemos muy poco de dicho proceso. Notablemente, quien primero abog por ello fue el lder conservador del siglo XIX, Abdn Cifuentes. As, en un discurso que pronunci el 16 de agosto de 1865 promovi la extensin del derecho a voto a las mujeres. Y en sus fundamentos seal que las sociedades polticas, tal como estn constituidas al presente, reposan bajo cierto aspecto sobre una base esencialmente injusta, contraria al progreso, contraria a todos los principios fundamentales y constitutivos del orden social. Ellas despojan de los derechos polticos nada menos que a la mitad del gnero humano (la mujer), y precisamente a la mitad ms dbil y por consiguiente a la que ms inters debe tener en el bienestar y progreso de las sociedades, la que reclama y necesita con ms imperio la proteccin social ( Discursos , Tomo Primero; La Gratitud Nacional, 1916; p. 223). Por cierto, no tuvo resultado alguno.

Un avance efectivo lo obtuvo el ministro de Educacin, el liberal Miguel Luis Amuntegui, en 1877 al autorizar la entrada de las mujeres a la Universidad de Chile, nica en ese entonces en nuestro pas. De este modo, en 1887 Eloisa Daz Insunza y Ernestina Prez Barahona se convirtieron en las primeras mdicos chilenas y de Hispanoamrica. Sin embargo, hasta el siglo XX la mujer no slo no tuvo derechos polticos, sino tambin qued completamente disminuida respecto del varn en cuando al disfrute de sus derechos civiles. As por ejemplo, la mujer casada slo con la autorizacin del marido () poda dedicarse al ejercicio de una profesin, industria o comercio y los ingresos resultantes de ello deban estar bajo la administracin del marido (Felicitas Klimpel; La mujer chilena. El aporte femenino al progreso de Chile. 1910-1960 ; Edit. Andrs Bello, 1962; p. 56).

MUJERES Y CLASES SOCIALES

Por cierto, la situacin de las mujeres era muy diferente segn la clase social. La peor era naturalmente la de los sectores populares, que deba desempear trabajos de muy baja calificacin recibiendo remuneraciones bastante menores a la de los varones, adems de las labores domsticas. Por otro lado, las mujeres oligrquicas eran cultoras del ocio y consumo conspicuos propios de su clase, pero tenan prcticamente vedado -por los prejuicios de la poca- dedicarse a actividades productivas incluyendo las intelectuales. Era en el mbito de la clase media donde la mujer se favoreca ms, en la medida que aumentaban sus posibilidades de educacin. As, en el Censo de 1920 se apreciaban 150.154 mujeres estudiantes y el nmero de profesoras de todos los tipos se eleva a 8.078 y los servicios pblicos se ven aumentados con 813 funcionarios mujeres (Ibid.; p. 151). Por otro lado, la matrcula de alumnas que en 1900 era de 1.228 en los liceos, aument en 1925, a 20.492 y en 1919 todos los liceos femeninos del pas seguan los mismos programas de los liceos de hombres (Ibid.; pp. 223-4).

Sin embargo, los partidos polticos de clase media fueron muy reticentes a luchar por los derechos de la mujer -especialmente el derecho a voto- porque teman que ello reforzara a la oligarqua y al clericalismo, dada su orientacin poltico-cultural ms tradicional. A tal punto, que fueron varios diputados conservadores los que en 1917 presentaron por primera vez un proyecto de ley para darle el voto a la mujer -siguiendo la huella planteada en 1865 por Cifuentes- lo cual ni siquiera fue considerado en su momento por la Cmara (ver Sofa Correa, Consuelo Figueroa, Alfredo Jocelyn-Holt, Claudio Rolle y Manuel Vicua; Historia del siglo XX chileno ; Edit. Sudamericana, 2001; p. 86).

PRIMERAS ORGANIZACIONES

En todo caso, las primeras organizaciones de mujeres surgieron en los sectores populares como mutuales, en el contexto de actividades que incorporaban fundamentalmente mano de obra femenina (ver Gabriel Salazar y Julio Pinto; Historia contempornea de Chile , Tomo IV: Hombra y feminidad ; Edic. LOM, 2002; pp. 153-5). Y luego como organizaciones feministas a raz de las conferencias de la espaola Beln de Srraga, dirigente feminista y anticlerical que vino a Chile en 1913 invitada por Luis Emilio Recabarren. De este modo, se formaron en Iquique y Antofagasta, y en casi todas las oficinas salitreras, los Centros Femeninos Anticlericales Beln de Srraga, aunque decayeron prontamente en 1915 (ver Jorge Arrate y Eduardo Rojas; Memoria de la izquierda chilena , Tomo I; Jorge Vergara Editor, 2003; p. 96).

Adems, Luis Emilio Recabarren se distingui especialmente por su valoracin de la mujer. As, escribira el 30 de abril de 1914: Mujer: sin ti no hay humanidad ni vida posible. La vida no vale nada, si no est impregnada de amor. Se vive para amar. Ha vivido la Humanidad una existencia? No. La Humanidad ha recorrido un camino abyecto, dejando huellas de sangre y dolor () Qu es el hoy? () El hombre se disputa predominio, privilegio, relegando a la mujer que ya no quiere ser esclava de nadie () Qu ser el maana? () El maana es de la mujer. Porque ella es la que mecer en su seno los seres componente de la Humanidad Futura cuyo esplendor ya divisamos y nos satisface siquiera concebirla. Madre-mujer tu frente ser el sol futuro. Tus labios hablarn tierno cantando la Paz de los Hombres. Tu regazo ser el lecho perfumado del Hombre creador de la nueva vida Nace pronto, pues! El socialismo es tu cuna (Ximena Cruzat y Eduardo Devs; Recabarren. Escritos de prensa , Tomo 3 (1914-1918); Edit. Nuestra Amrica y Terranova, 1986; pp. 27-8).

No obstante, las organizaciones femeninas ms relevantes en la promocin especfica de los derechos de la mujer fueron las estructuradas en torno a la clase media y a mujeres oligrquicas, pero crticas del sistema vigente. La primera de ellas fue el Crculo de Lectura, creado en 1915 por la educadora radical Amanda Labarca siguiendo un modelo estadounidense, y cuyo directorio lo conformaron adems Sofa Eastman de Huneeus, Elvira Santa Cruz Ossa (Roxane), Delia Matte de Izquierdo, Ins Echeverra de Larran (Iris), Ana Swinburn de Jordn, Luisa Lynch de Gormaz, Delfina Pinto de Montt y Ana Prieto de Amenbar. A su vez, Gabriela Mistral fund otro crculo asociado en provincias (ver Manuel Vicua, La belle poque chilena ; Edit. Sudamericana, 2001; pp. 130-1 y 171).

EL CLUB DE SEORAS

Vinculada a la anterior surgi en 1916 el Club de Seoras, con objetivos ms amplios que comprendan la educacin literaria, musical y artstica de las mujeres, el patrocinio de las artistas y escritoras con necesidad de estmulo y apoyo, amn del examen crtico de la posicin de las mujeres al interior de la sociedad chilena (Ibid.; p. 132).

Tanto estas organizaciones y la promocin educacional de las mujeres generaron oposicin en el establishment masculino. As, Matilde Throup, la primera abogada que se titul en Chile en 1892, tuvo que llegar hasta la Corte Suprema para que se le permitiera acceder a ser notario y secretario de Juzgado de Letras (ver Klimpel; pp. 168-72). A su vez, en 1913 Elvira Santa Cruz sostena que la clase alta miraba muy mal que la mujer trabajase, sealando que con ello la mujer queda borrada del escalafn social; el trabajo es una especie de degradacin; se dira que el preferirlo (la mujer) a la limosna que de mala gana le dan los parientes, comete un acto reprensible y (es) marcada con un ignominioso baldn (Gonzalo Vial; Historia de Chile (1891-1973) , Volumen I, Tomo I; Zig-Zag, 1996; p. 282).

En efecto, distinguidas personalidades como Marcial Martnez (poltico) y Ricardo Dvila (escritor) decan que la mujer ocupaba un natural plano secundario -y esto, todava por excepcin- en ciencia, literatura y arte; que raciocinando, le faltaban la inventiva, la constancia y la fuerza masculinas; que era slo apta para la imitacin y para el romance y la poesa, dada su ndole fantstica; y que otorgarle el voto (salvo el municipal) o hacerla elegible en cualquier cargo pblico era un error: Los defectos del parlamentarismo se agravaran con la presencia de individualidades que obedecen generalmente a sus nervios, a sus pasiones, a sus caprichos y al espritu de novedad, de brillo, de apariencia, de lujo, boato y superfluidad, sin por eso quitarles (a las mujeres) los mritos de otro orden que todos les reconocemos (Ibid.; pp. 282-3).

Incluso, un joven escritor de clase media como Pablo de Rokha escribi en 1918: Literatas de club, no tenis un marido? () Buscadle, y si lo hallis, sed simplemente esposas; mirad que el mundo no es lo que dicen los libros, que un folletn no es ms que un beso honrado y digno. Queris hablar? Muy bien; ms sazonad la sopa! (Ibid.; p. 283).

LA IGLESIA CATOLICA MANIOBRA

Pero la oligarqua ms conservadora no slo repudi el feminismo laico y emancipador, sino que adems, en estrecha coordinacin con la Iglesia Catlica, estimul organizaciones de mujeres para defender los valores tradicionales As, en 1912 se cre la Liga de Damas Chilenas, con la que las mujeres de la elite asumieron el papel de censoras de la moralidad pblica y de las entretenciones urbanas (Vicua; p. 198). Sus primeras autoridades fueron Amalia Errzuriz de Subercaseaux (presidenta), Ana Ortzar de Valds, Sofa Linares de Walker, Elena Calvo de Bulnes y Rosa Puelma de Rodrguez; integrantes del comit de censura. Este comit estuvo tambin originalmente integrado por Ramn Subercaseaux Vicua, Ismael Valds Vergara, Antonio Huneeus Gana y Francisco Concha Castillo (ver Ibid.; p. 227).

A medida que aumentaba la decadencia del sistema oligrquico, las mujeres ms ilustradas de la clase media, en conjunto con las ms crticas de la oligarqua, fueron desarrollando un feminismo cuestionador del sistema. De este modo, en 1919, desde el Crculo de Lectura se desprende un grupo de mujeres que forma el Consejo Nacional de Mujeres; comienza un decidido debate feminista, y se presenta un programa de accin que va a traducirse, en 1922, en un proyecto sobre derechos civiles y polticos de la mujer (Julieta Kirkwood; Ser poltica en Chile. Las feministas y los partidos ; Flacso, 1986; pp. 106-7). Sus creadoras fueron Amanda Labarca y Celinda Reyes de Rodizio; y su primer directorio estuvo compuesto, entre otras, por Adriana Valdivia, Beatriz Letelier, Fresia Escobar Morales, Mara Ramrez, Julia Mac Iver de Cousio, Josefina Day y Margarita Escobedo (ver Klimpel; p. 238). El Consejo desarroll innumerables actividades: fund un hogar para estudiantes; apremi la dictacin de la ley de instruccin primaria obligatoria y estudi la ley que ampli la capacidad de la mujer. En su sede se dictaron una serie de conferencias dedicadas a la juventud femenina; se dictaron cursos de idiomas, de higiene, de puericultura y de literatura. Se fundaron Consejos Departamentales y realiz una intensa labor social (Ibid.).

Todo lo anterior llev al Consejo en la misma direccin reformista que planteaba la Alianza Liberal a fines de la dcada de 1910. Fue natural, por tanto, que su constitucin y su labor recibieran el apoyo explcito de Arturo Alessandri y Pedro Aguirre Cerda, entre otros (ver Kirkwood; p. 107).

DERECHO A VOTO

En este contexto el Consejo hizo en 1922 una peticin al Presidente Arturo Alessandri para que se le concediera a la mujer el derecho a voto en las elecciones municipales a modo de campo de experimentacin al sufragio cvico () que les permitira paulatinamente su aprendizaje en materias polticas (Ibid.). Esto lo lograra Alessandri en 1933 al comenzar su segundo periodo presidencial.

Asimismo, en 1919 surgi la idea de formar el Partido Cvico Femenino, con una composicin de clase media y donde notablemente -para la fecha- se reunieron mujeres laicas vinculadas al radicalismo y otras del mundo catlico. Su fundadora y primera presidenta fue Ester La Rivera de Sanhueza, acompaada de Berta Recabarren Serrano, Graciela Mandujano, Graciela Lacoste Navarro, Sara Valds, Flora Heredia Bez, Leticia Repetto, Isabel Avils y Berta Santiago Hernndez (ver Klimpel; p. 238). Su creacin formal demor algn tiempo, ya que sus estatutos fueron elaborados despus de un interesante intercambio epistolar con todos los movimientos feministas de habla hispana de la poca (Kirkwood; p. 108).

Finalmente, en 1922 se constituy como tal, con los siguientes objetivos: Conseguir reformas legales para que la mujer pueda tener los derechos que por tanto tiempo se le han negado (voto y derechos civiles); uso consciente (por las mujeres) de las prerrogativas que les aportarn sus legtimos derechos; mejorar la condicin de la mujer y el nio; tutela y proteccin de la infancia, proteccin a la maternidad; abolir todas las disposiciones legales y constitucionales que colocan a la mujer en una inferioridad indigna (Ibid.; pp. 108-9).

Su publicacin, la revista Accin Femenina , fue especialmente exitosa, ya que lleg a un tiraje inusitado de diez mil ejemplares. En ella se difundieron las diversas aspiraciones de emancipacin poltica, social y cultural de la mujer, dando cabida tambin a la situacin especialmente desmedrada de la mujer proletaria (ver Ibid.; pp. 109-12).

La constitucin de estos movimientos feministas, adems de contribuir a la sustitucin de la repblica exclusivamente oligrquica, consagr un rol histrico de la mujer en Chile que en los aos treinta se consolidara con el surgimiento del Movimiento Pro Emancipacin de la Mujer Chilena (Memch), que entre sus logros ms destacados obtuvo el reconocimiento pleno de los derechos polticos de la mujer, en 1949.

 

(*) Este artculo es parte de una serie que pretende resaltar aspectos o episodios relevantes de nuestra historia que permanecen olvidados. Ellos constituyen elaboraciones extradas del libro del autor, Los mitos de la democracia chilena, publicado por Editorial Catalonia.

 

Publicado en Punto Final, edicin N 878, 23 de junio 2017.

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www.puntofinal.cl



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