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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-11-2005

La revolucion posmaterialista

Juan Jos Domnguez
Rebelin


Una opinin que me ha llamado la atencin al comienzo del levantamiento violento de los yihadciber franceses estriba en que los ciudadanos de las ciudades ricas se preguntaban: Pero por qu protestan de este modo, qu les pasa?. Pues slo hallo una respuesta: el Estado, las universidades, los medios de comunicacin, los sindicatos de viejo cuo, los partidos polticos, la jerarqua vertical y las corporaciones burocrticas tal como las entendamos hasta ahora ya no representan a la mayora de la ciudadana mundial, ni sirven como intermediarios entre la sociedad civil y los centros de poder.

Es decir, la tormenta de rabia que ha incendiado de luz y fuego las reas metropolitanas de Francia se debe a que el sistema poltico global, con sede en el centro de las grandes capitales de Occidente, se ha desquebrajado y ya no aguanta la presin demogrfica de subsaharianos, rabes, indios, latinoamericanos y autctonos que aspiran a vivir como los ciudadanos burgueses de las urbes desarrolladas. Todos quieren vivir ms de 75 aos; no morirse a los 40, como en frica, o a los 60, como en Guatemala, o a los 68, como en los suburbios de Pars, Londres o New york...

En realidad, asistimos al preludio de la primera revolucin posmaterialista que, en breve, puede sacudir a todo el planeta. De hecho, en esos mismo puntos donde se ubica la elite econmica, comienza a producirse un desplazamiento hacia fuera de una parte de la juventud bien formada, con estudios y crtica con el sistema, pero que no puede vivir ah por el precio de la vivienda y porque se siente explotada laboralmente.

Qu pasar cuando los ciudadanos se vean empujados hacia las reas metropolitanas, como ya sucede, y levanten la voz al romperse la frontera entre el centro y la miseria? Las autoridades declararn el toque de queda y convertirn las ciudades en un gran hermano mundial -panptico de Foucault- para controlar el pensamiento, la crtica y los actos de protesta como si vivisemos en una crcel planetaria al servicio de una minora opulenta?

La globalizacin de la economa ha servido para que los ricos sean ms ricos, pero tambin para que los rechazados de las reas de poder aprendan a utilizar las nuevas tecnologas y de este modo utilicen nuevas formas de subversin. Por ejemplo, qu pasara si en la red virtual aparece la convocatoria de una jornada de luchaen toda Europa, sin jefes, porque en la red no hay jefes, slo la confluencia de muchos ciudadanos airados con el neoliberalismo? Estn los estados preparados para neutralizar miles de disturbios a la vez el mismo da?

No olvidemos que en Europa los jvenes de las ciudades y las reas metropolitanas han crecido con una cierta seguridad econmica, educacin, sanidad y prestaciones sociales. Son posmaterialistas. Sus aspiraciones humanas, aparte de un empleo digno, van ms all de valores materiales, como la participacin poltica horizontal sin tanta jerarqua ni burocracia, la democracia cosmopolita, la ecologa, la diversidad sexual, igualdad de gnero...Sin embargo, si de pronto ven que ni siquiera pueden aspirar a un empleo digno, como tuvieron sus padres, se frustrarn y surgirn identidades de resistencia en el nombre del territorio urbano, en forma de bandas, de urbaterroristas o, simplemente, de desesperados.

Los dirigentes polticos han fracasado a escala mundial con respecto a las relaciones internacionales de los estados. Los grandes del mundo han intentado imponer un modelo poltico y econmico que no satisface a todos. Han promovido guerras por petrleo. Les da igual que en los pases del Tercer Mundo trabajen nios de ocho aos para las multinacionales. La consecuencia directa es que hoy muchos ciudadanos de oriente y occidente, aunque no lo reconozcan pblicamente, ven a Al Quaeda con simpata, no por los principios religiosos que defiende Ben Laden, sino porque pone en jaque al sistema capitalista.

Quiz los polticos debieran tomar nota de esto, pues en las ciudades se empieza a notar un hartazgo entre los jvenes cuya respuesta ya la hemos visto en Francia. El modelo burocrtico y corporativo de los partidos, los sindicatos, la universidad... ya no representa a los jvenes, por mucho que los medios de comunicacin traten de edulcorar los problemas locales o globales. Y si no, por qu los airados franceses no reconocen a ningn intermediario social, educativo o poltico.



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