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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2017

Arnoldo Palacios (1924-2015), el Joyce del trpico
Matar, un acto excluido de nuestras vidas

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin


A mi madre, Cecilia, quien a lo mejor pensaba como Saramago:No trabajes, escribe.

A mi padre, Luis Jorge, quien quizs pensaba al revs: Escribe, no trabajes.

A mi hija, Valentina, quien me dijo lo mismo de otra forma: No te preocupes por la plata, Pap.

Y a mi hijo, Santiago, a quien slo le preocupa que lo que escriba sea bueno

sin importar que ello produzca o no dinero ni xito ni fama.


Introduccin: En busca de su madrededis

Aunque se centra en su obra magna Las estrellas son negras (1), este ensayo sobre la vida y la obra de Arnoldo Palacios (Crtegui, Choc, 1924) recurrir tambin a su segunda novela, La selva y la lluvia (2) y a su biografa, que no novela, Buscando mi madrededis (3). A partir de estas tres obras se tratar de desentraar el misterio literario que en particular rodea a Las estrellas: el tratamiento, para algunos una especie de psicoanlisis (1998: XII), sobre el problema del hambre que padece Irra junto a su familia y que lo lleva a la violencia; la recurrencia no gratuita a la religin, ni voluntaria, en particular por influencia de la Iglesia Catlica durante los siglos XVIII y XIX, lo que en el contexto del Bicentenario se empez a conocer como periodo de la Iglesia-docente: la que dar lugar a la existencia de una forma educadora diferenciada para poblaciones negras e indgenas, a las que se considera salvajes (4) y que explican la existencia de lo que desde 1985 se reconoce como etnoeducaciones; la relacin de la novela con otras artes y la particular mirada de un narrador extra-heterodiegtico de un texto filtrado a la vez por un narrador/focalizador o autor implcito o Irra como focalizador. ste, pareciera llevar una cmara al hombro para describir lo que ve, siente y sufre, lugares y situaciones en los que se encuentra y a partir de cuya subjetividad u objetividad, le hace sentir al lector una experiencia terrible de hambre, miseria, marginalidad, exclusin y olvido del Poder central sobre las zonas perifricas, como si el mismo lector estuviera presente. Tambin, se har mencin de la obra de un coterrneo suyo que figura a la zaga de la de Palacios pero que, en realidad, la precede.

Agradezco de antemano a quienes han permitido dar a conocer mi trabajo sobre la vida y la obra de Arnoldo Palacios para as poder rendirle un homenaje en vida a un hombre que nunca le dio crdito a su enfermedad, con la ayuda de sus paps Venancio y Magdalena se par en sus propias piernas y cruz el charco en busca de su madrededis: que es buscar, ganar la subsistencia diaria, rebuscarse, igual que el grano de oro y el oro tiene vida, de acuerdo con el propio maestro. Aunque, todo hay que decirlo, hoy el oro traiga muerte, a causa de las empresas que lo explotan en Colombia desde 1905, ao en el que el ministro Vsquez Cobo hizo traspaso de su contrato a una firma inglesa para la explotacin del mineral en Marmato y otras poblaciones caldenses.

Pero si los modales nos impiden decir la verdad

Sobre el maestro Palacios, se reitera, interesa hacer un homenaje a la reedicin de Las estrellas son negras, por MinCultura; hablar de la segunda, La selva y la lluvia, lo mismo que de su biografa de infancia Buscando mi madrededis (5). Las estrellas, puede considerarse el Ulises nacional sin que nadie deba sonrojarse por ello (6): la razn es literaria, no social, toda vez que contiene un relato basado en una estructura espacio-temporal diegtica de 15 horas (entre las 3:00 p. m. y las 6:00 a. m. del da siguiente), enriquecida con seres de carne y hueso que muestran una experiencia de hambre, miseria y exclusin; una denuncia del poder reinante en su poca y una muestra no slo del mundo de la carne sino del auto reconocimiento del protagonista que descubre sus valores, dignidad y humanidad, as como un ideal de libertad. La literatura afrocolombiana debe empezar a reconocerse por su vala y sentido, no por intereses de clase o cuo poltico que por dcadas han dominado el panorama nacional.

Para realizar este trabajo me he apoyado, ya sea para compartir o para refutar algunos conceptos, en los distintos prlogos e introducciones acerca de la obra de Palacios (7). Las consideraciones que aqu se hagan slo buscan comprensin y respeto frente a una forma de interpretar la literatura. Jams se pretende decir la ltima palabra: mucho menos, revelar la verdad o hacerla pasar por irrefutable, en caso de que se diga alguna. No, se trata de mostrar una verdad sobre los textos abordados sin que ello entrae una simple opinin, palabra con la que algunos despachan un trabajo hecho con rigor porque no entra en su prejuicioso presupuesto intelectual. Si bien no pienso encontrar incondicionales, tampoco enemigos gratuitos a causa de las investigaciones que he realizado y que, reitero, no son simples opiniones. La hermenutica literaria no es ni debe ser una caja de resonancia ni un coro de ulicos, como lo fue, v. gr., la funesta poca uribestial. Todo esto lo digo porque la novela en general sirve para entender la realidad de un pas y porque Las estrellasno es una novela meramente realista, romntica o costumbrista: ms que a la escuela psicolgica, pertenece a la no muy respetada crtica social y, ms all, a la menos an respetada denuncia poltica. Por ms que muchos crticos y tantos otros autores se esfuercen por escamotearlo: aqullos, para restarle mrito; stos, para que sus propias obras sigan apareciendo por encima de tales paradigmas. Palacios asume con orgullo la cultura afrocolombiana, con su particular fraseo, sintaxis y registro coloquial, sin que en ello pueda verse un prurito regionalista, un cuadro de costumbres o un tercermundista telurismo estereotipo con el que la crtica extranjera descalific a buena parte de la novela latinoamericana de la poca, aspectos que recrea con destreza, en un hecho novedoso para su tiempo: uno (1920-30) que se corresponde con una nueva propuesta esttica lanzada en Amrica, bsicamente por dos medios de vanguardia: Revista de Avance (1927-30) de Cuba y Amauta (1926-30) de Per (8), propuestas que van tras un americanismo esencial. Operando en similar sentido, por un afrocolombianismo, Palacios nos reintroduce en la definicin de cultura que, muchos aos despus de salir Las estrellas, diera Rojas Herazo: La cultura es el refinamiento de los sentidos. Lo contrario de pretender que alguien sienta a voluntad

Dcadas de 1920, 30 y 40, que a su vez marcan la aparicin de novelas modernistas en su mayora, otras de crtica social, empezando, mucho antes, en el ya remoto 1895, con De sobremesa, de Jos A. Silva: desde La vorgine (1924), de Jos E. Rivera; Cosme (1927), de Jos F. Fuenmayor; Risaralda, de Bernardo Arias y Mancha de aceite, de CUP, ambas de 1935, hasta Las estrellas son negras (1949), de Arnoldo Palacios (9). En todas ellas hay un minucioso sentido de la observacin; una rigurosa sntesis, que no anlisis, de la realidad; un pertinente abordaje de la situacin social y poltica del pas, sin concesiones a ansias como el afn de publicar o tener xito; una toma de posesin del mundo, pero tambin una toma de conciencia del tiempo (10), que va a significar renovacin formal y la conquista plena de la expresin original y de la modernidad hasta llegar particularmente en la poesa y en la novela posterior a 1940 a radicalizar la creacin individual, la libertad del artista, la negacin de cualquier vnculo con el pasado y hacer de la ruptura una postura permanente (11). Todo ello supuso un conflicto de 120 aos (de 1930 a hoy todo sigue igual) entre dos entes, uno conservador, otro liberal: el periodo comprendido entre la Arcadia Heleno-Catlica (1810-65) y la Utopa Liberal (1865-85), pasando por la Regeneracin (1886-1909), conocida romnticamente como la Atenas Suramericana (hoy, la Tenaz Suramericana) y la Repblica Conservadora (1886-1930), que termina con el gobierno de Abada Mndez (1926-30). Luego asciende al Poder Olaya H. (1930-34). En ese lapso los conservadores publicaban poesa y ensayo, no novela. Los liberales, novelas (12). En esa misma dcada para completar el panorama vino la Seleccin Samper Ortega: cien libros publicados entre 1935 y 37, con el fin de reafirmar la tradicin literaria nacional; pero, relata el crtico Raymond Williams, su contribucin a la novela fue mnima: la mayora de lo publicado fue ensayo y poesa que haba sido reverenciada por la lite conservadora. Cul era el conflicto? Mientras los conservadores, crticos en su mayora, decan que no haba novelas, los liberales, en su mayora novelistas, decan que no haba crticos.

Una escritura que surge en medio de la muerte

Varias leyendas se han tejido alrededor de la re-escritura de Las estrellas son negras . Alfonso Carvajal dice que tras los incendios del 9/abr/1948, al perder su libro por incineracin, Palacios con el arma ferviente de la memoria lo rehace en dos semanas. En el prlogo a la reedicin de la Biblioteca de Literatura Afro-colombiana, 2010, scar Collazos confirma la versin. Por su parte, el crtico Enrique Santos M. en la presentacin de La selva y la lluvia (Intermedio, 2010), seala: La reconstruy en tres semanas, se la entreg al editor [Clemente] Air y retorn a Quibd (2010: 13). No obstante, en la pgina digital de Santos, por error de digitacin o lapsus memoriae en vez de semanas aparece meses . Para disipar las dudas, se cita al propio Palacios, quien con ocasin de una Leccin conversada en el XVI TEUC , en 1998, despeja cualquier duda: Siempre dejaba todo junto y en uno de los edificios de la Av. Jimnez [el Cadena], en donde yo escriba, un incendio acab con el libro. Y yo, aprovechando el toque de queda no se poda salir por la noche, y deseoso de que el libro existiera como yo lo haba querido, me puse a reconstruirlo y, en realidad, lo hice en tres semanas, porque si no lo haca inmediatamente no hubiera podido existir (13) .

Que sea Palacios mismo quien relate dnde ocurre su novela, en cunto tiempo, en qu mbito interno, con su trasfondo ontolgico: la investigacin del ser en cuanto ser, en el que lo esencial es el humanismo, ya en el espacio rural, ya en el urbano; con lo cual de paso quedan sin piso las categoras novela rural y novela urbana, slo existe la novela:

La novela, entonces, ocurre en Quibd, tal vez, en un kilmetro cuadrado, un kilmetro y medio cuadrado, y en un tiempo de pocas horas. La novela comienza, ms o menos, a las tres de la tarde y se termina al da siguiente a las seis de la maana. Haba que meter, poner, todo el argumento, todo lo que ocurre en la novela, en ese espacio, y en ese corto tiempo. Por qu? Porque lo fundamental es el hombre. Que se trate de paisaje, o que se trate de lo que se llame urbano: lo fundamental es el hombre, y donde est el hombre ah est lo esencial: Lo dems son, quizs, disquisiciones que tienen su valor, pero que no son lo esencial. Lo esencial es el hombre, y yo quise y he querido siempre hablar sobre el hombre, sus problemas, sus sueos, su vida ntima, su fuerza, su vigor, su esperanza, sus luchas, porque creo, tambin, que el escritor debe estar comprometido con todo lo que atae, a cuanto lo rodea, especialmente como hombre (HU, No 47: 39-44).

Veamos ahora una pgina que ilustra los comienzos del maestro Palacios ya no como persona sino como escritor, la historia de una escritura que surge en medio de la muerte:

Juan, hermano de mi pap, nos lea Las mil y una noches . Creo que ya comenz a formarse mi inters por el arte de hablar, de contar, aun cuando no pueda yo decir que por la necesidad de escribir. Porque hay otro mecanismo para ser escritor, o estar en medio, y sentir, y vivir en funcin artstica literaria. Miren, a la edad de doce aos muri una prima ma, con la cual jugbamos siempre, fue una muerte prematura, y cuando la iban a enterrar, en la vspera que llamamos velorio, en donde se canta y se realizan ciertos ritos conmovedores, a m se me ocurri escribir unas palabras para el momento que la iban a colocar en la tumba, y ese discurso desat una enorme emocin, traducida por aplausos, y creo que all naci la expresin directa de la necesidad de escribir por alguna razn (HU No 47).

Libro Primero: Hambre (Miseria)

Quizs lo que de entrada suscita la lectura de Hambre, en Las estrellas, sea la inconsciente asociacin del autor con lo bblico (Libro primero), hecho que se refuerza con el epgrafe de Mateo en El sermn de la montaa vinculado tambin a la pluviosidad y topografa del Choc: Y descendi lluvia, y vinieron ros, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cay: porque estaba fundada sobre la pea; tambin, la inevitable asociacin del lector (y del autor) con la novela de Hamsun titulada, justo, Hambre, publicada en 1890 que con seguridad Palacios ley. Teniendo en cuenta su humanismo, o sea la preocupacin del hombre por el hombre, quizs haya pensado como Hamsun al definir el aspecto psicolgico de Irra: si se quiere comprender a la persona, se habr de prestar atencin, como el autor noruego deca, a los:

Secretos movimientos que se realizan inadvertidos en lugares apartados de la mente, de la anarqua imprevisible de las percepciones, de la sutil vida de la fantasa que se esconde bajo la lupa, de esos devaneos sin rumbo que emprenden el pensamiento y el sentimiento, viajes an no hollados, que se realizan con la mente y el corazn, extraas actividades nerviosas, murmullos de la sangre, plegarias de huesos, toda la vida interior del inconsciente.

Y el viaje que Irra realiza, no slo fsico sino tambin interno o si se quiere psicolgico, pero no psicoanaltico, lo hace al tiempo con la mente y el corazn, en medio de la anarqua imprevisible de las percepciones y de la transmisin sinptica, de la sutil vida de la fantasa que se esconde bajo su cmara, con la que lo ha dotado el autor para llevarlo a filmar, con una minuciosidad que asombra, lo externo para revelarse luego a s mismo a travs de los Otros, de su familia, de su luz interior. Y cuando se dice pero no psicoanaltico es porque, siendo la ciencia-arte de Freud una labor intelectual, cmo podra ser psicoanaltico un texto sin el ms leve soplo del intelectualismo que ha solido desvirtuar muchas tentativas de novela acometidas en Colombia, como seala en el prlogo a la edicin de 1949, Jos Mara Restrepo Milln, mentor de Palacios?

Esto conduce al nexo Las estrellas/ cine, el que se manifiesta desde el inicio cuando debilitado por el hambre le pareci a Irra que entraba la noche, metfora de romanticismo, melancola, oscuridad. Entonces, el narrador hace mencin del Lucero de la Boca de Quito, la ms inmensa de todas las estrellas, y en ese momento cruza por su mente una sensacin como las de las pelculas en serie que daban en el teatro: Tim McCoy Warner Baxter El macho como denominaban ellos, los muchachos, a los protagonistas batindose en el corazn de la selva (1998: 47). Aqu se alude a dos figuras dominantes en el precario cine que entonces llegaba al Choc y pudieron conocer nios y jvenes: Tim McCoy (1891-1978), actor y oficial gringo, nacido Timothy J. F. McCoy en Saginaw, Michigan (14). Estrella por sus roles en westerns, tan popular entre los jvenes que apareci en portada del cereal Wheaties (que, eso s, los nios chocoanos no conocieron). A los 28 aos tena fama de ser el ms joven general de brigada en la historia del ejrcito gringo. Su primer largo en MGM, War Paint (1926), con escenas picas de indios en el ro a caballo, fue organizado por McCoy y el director Van Dyke: fragmento reutilizado en muchos westerns de bajo presupuesto, hasta casi finalizar la dcada de 1950. War Paint marc la pauta para el futuro de los westerns de McCoy, en que los indios fueron retratados con simpata, no como salvajes sedientos de sangre: esto fue lo que quizs pudo llamar la atencin del maestro Palacios.  

El otro macho, tambin gringo, Warner Leroy Baxter naci en Columbus, Ohio, en 1889 y muri en 1951 en Beverly Hills (15). Su actuacin ms famosa, como vaquero que canta Mi Toni en In Old Arizona, le report el Oscar al Mejor Actor. Western de 1928/29 dirigido por Irving Cummings y Raoul Walsh, nominado a cinco Oscar, incluyendo mejor pelcula, que supuso una gran innovacin en Hollywood: fue el primero que us la nueva tecnologa del cine sonoro y que se film en exteriores. Para 1936 Baxter era el actor mejor pagado all; siete aos despus pas a realizar filmes de serie B. En el viejo Arizona est basado en el relato de O. Henry El camino del caballero que cuenta la historia de Cisco Kid, 25 aos, asesino en serie por el amor de su amada Toni Prez, al final muerta a manos de quien pretende matar a aqul. Historia que debi cautivar a Palacios, quien probablemente ha ledo el cuento de aqul autor gringo llamado William Sidney Porter (1862-1910), muerto por cirrosis y quien antes de pasar a mirar las flores desde la raz llevaba en sus bolsillos 23 centavos de dlar.

El propsito de la referencia a estos dos machos, McCoy y Baxter, es evidenciar cmo lo inofensivo en apariencia se transforma en lesivo e intolerablemente intolerable; y recordar los nexos del asunto con algo fundamental: el mundo de la imagen. De acuerdo con su cita en Las estrellas a ese fenmeno, el del machismo, y sin que importe que haya ledo a otro humanista, Philip French, autor de Westerns (16), puede verse cmo los artistas genuinos como Palacios, igual que grandes hombres de la historia, tienen la virtud semi-proftica de Bolvar, Malcolm X, Camilo Torres R., Che Guevara, Martin L. King, algo que va ms all de la casualidad. La de prever, sin proponrselo, que las figuras de McCoy y Baxter se fundan al filo del tiempo con el prototipo de la imagen no slo flmica sino social del actor que encarna valores como carcter, honor, coraje, aplicacin de la ley, machismo: John Wayne, quien en un futuro va a desenmascarar, contra su voluntad, las intenciones de los gobiernos gringos, desde la remota Doctrina Monroe (1823) pasando por el Manifest Destiny (1845), (17) el Plan Marshall (1947), la pandilla de Nixon (1971), y el neoliberalismo de Reagan y Thatcher (1989): combatir al comunismo (18), hasta la guerra preventiva (2001) de Bush. En Westerns, French dice:

Despus de terminar esta obra descubr alborozado que Eric Bentley comparta mis puntos de vista. Su Theatre of War (Eyre Metheun, Londres, 1973) contiene un ensayo titulado The Political Theatre of John Wayne en el que observa: El [estadounidense] ms importante de nuestra era es John Wayne. Si damos por sentado que todas las cosas buenas vienen de California, veremos que Richard Nixon y Ronald Reagan son meros discpulos de Wayne, actores de reparto en el Western ms grande del mundo, con las carretas amarradas a la estrella de Wayne. En una era en que lo principal es la imagen, Wayne es la imagen principal, y si el alma de esa imagen es el machismo (tema que dara lugar a otro ensayo o, ms bien, a un libro entero, el libro de nuestro tiempo), su cuerpo es el cuerpo poltico, y su nombre anticomunismo (1973: 38) No creo que deba explicarme Lo que hace ms curioso y valiente su alegato es que Bentley, nacido en Bolton, Reino Unido, en 1916, es desde 1969, gay: lo que quiere decir, cundo se haba visto a un marica criticando a un macho?

Para quienes puedan estar del otro lado de lo descrito, no se preocupen: hay para todos los gustos. En su libro, French permite inferir la transformacin poltica desde los tiempos de la URSS hasta la Federacin Rusa de hoy, desde Stalin hasta Medvedev, pasando entre otros por Kruschev, es decir, del ms radical realismo socialista al ms laxo, por mafioso, libre mercado: el de, por ejemplo, turbios negocios de petrleo entre los distintos gobiernos rusos, del primer lustro de la dcada de 1990 hasta hoy, con el lder libio Gaddafi: ayer lvido por las hipcritas amenazas de EE.UU y sus perritas falderas Reino Unido y Francia y hoy ya asesinado por los gringos que corrieron tras el botn: unos nada despreciables 237 mil millones de euros que el lder libio, por exceso de confianza e ingenuidad, recin haba depositado en los bancos europeos (19):

El inters manifiesto de Nixon en el gnero [western] tiene un extrao paralelo con el de Josif Stalin, segn se admite en Kruschev Remembers, donde leemos que, para las exhibiciones cinematogrficas realizadas en el Kremlin, el jerarca sovitico sola seleccionar el material l mismo. Por lo general se trataba de autnticos trofeos de guerra que traamos de Occidente. Muchos eran filmes [estadounidenses]. A l le gustaban en particular los de cowboys. Sola maldecirlos y evaluarlos adecuadamente desde el punto de vista ideolgico, pero de inmediato encargaba una serie nueva (Traduccin de Strobe Talbott Andr Deutsch, Londres, 1971: 297). Perrita faldera llam Harold Pinter (Nobel, 2005), al Reino Unido; slo el plural es mo.

Tras hablar de McCoy y Baxter, Palacios hace un balance entre realidad/cine y literatura, imagina una selva enmaraada, repleta de leones, serpientes y toda suerte de bichos venenosos como los que hormigueaban en la selva chocoana y sugiere a la vez un cambio de escenarios teniendo en cuenta la fortaleza de los artistas, mxime dadas las adversas condiciones en que all viven: Por qu a los que hacan pelculas no se les ocurra venir a filmarlas en el Choc? Tal vez all podran conseguirse artistas tan machos y mucho ms verracos que Tim McCoy (1998: 48) Aunque se han hecho filmes en el Choc desde 1929 hasta hoy, muy pocas son producciones internacionales, entre ellas La misin (1985), de Joff, con una que otra secuencia rodada all y la participacin de indios waunana y embera. Por ser zona de conflicto y territorio no libre de paracos y guerrilleros, muy pocos directores se le miden a filmar en el Choc. Mientras, hay que ver lo que el focalizador fue capaz de hacer con su cmara en mano: Irra se detuvo un instante, disparando una mirada hacia la casa, enfocndola (98: 49). Aunque ya en Risaralda, Arias hace nfasis en la cultura negra y a su estilo de prosa lo atraviesa, fuera del discurso homoertico, una lnea potica igual que una promesa original de tcnica cinematogrfica (20); aunque ya en Mancha de aceite Uribe P. logra una disposicin en planos narrativos que consideran el montaje cinematogrfico [] y la insercin de textos documentales paralelos a la accin narrativa (. Medina, 1977, en Escobar M.), lo que entraa un buen conocimiento y una perfecta asimilacin del Dos Passos de Manhattan Transfer, con lo que se adelanta en casi 30 aos a la concepcin similar de Cepeda en La casa grande, Palacios logra un cometido similar. 

Entonces: Ya dentro de la casa, en la primera pieza, Irra rociaba vistazos por aquellas paredes mugrosas, amarillentas (1998: 50). Luego: Con el rabo del ojo mir pendiente de la puntilla clavada en la viga carcomida el tiple mohoso, desencordado, astillado el costado, y con tres clavijas nada ms. Y ms adelante: Dispar la mirada al pequeo armario de madera [] Y pase sus ojos por toda la cocina. [] Contra uno de los ngulos de la cocina, hacia el ro, el fogn, armatoste de barro, tosca mampostera de madera; ocupando la mitad del fogn se levantaba el horno, cpula de barro fino. No se notaba una chispa de candela. Todo aquello vease muerto, inanimado; los maderos inmviles y la hoja de un cuchillo oxidado, enterrada de punta. [] Por la mitad de la cocina, a la altura de la cabeza pasaba un alambre, del cual pendan piezas de ropa mojada, cuya agua se escurra trazando una lnea hmeda en el piso. [] Mir hacia la desembocadura del ro Quito. [] Irra sinti deseos de defecar. [] Qu! Imposible! El ro estaba atestado de gentes [sic] bandose. [] Era una vaina que la casa no tuviera un sanitario, por malo que fuera (Ibd.: 53).

Mediante la visin de lo externo Irra pasa a revelarse a s mismo a travs de los dems, del hambre de su familia que es, al tiempo, la miseria colectiva del Choc. Lo que hace sin estridencia, como quien est acostumbrado a privarse de lo elemental, a la vez fundamental, hasta llegar a preguntarse por la ausencia, no presencia, de un ser superior:

Le dola fuerte el estmago El hambre Cierto No haba comido Ni su mam ni sus hermanos tampoco haban pasado bocado, como no fuera esa saliva amarga, pastosa, que l se estaba tragando ahora trabajosamente Tuvo entonces la nocin clara de que en todo el da slo haba tragado un pocillo de caf negro Y ayer? Qu haba comido ayer? Nada. Exactamente, haba almorzado cada cual con un pedazo de pltano asado, sin tomarse una gota de agua de panela. Dnde estaba Dios? Por qu Dios no se compadeca de ellos, y les dejaba algo a la entrada de la puerta? Por qu no vena Dios una maana, o una noche, y les dejaba un poco de arroz y pltano, o unos dos pesos siquiera en la cocina? (bid.: 48).

En el prlogo a la edicin de 1998, Antonio Cruz C. escribe: Hambre! Y cita a la propia novela Por qu [Irra] no se mora? Era preferible morir. Al menos la muerte ofreca oportunidad ineludible de comer barro y gusanos bajo la tumba (p. 93). Y pasa directo a pensar en el crimen del intendente. He ah, buena parte (la gran parte es la tenencia de la tierra) de la razn de la violencia en Colombia: el hambre como partera de la violencia al tiempo que la tierra partera de la expoliacin. Y, claro, la violencia como partera de la historia. Lo que, en ningn caso, significa una justificacin de la tierra como partera del despojo, ni del hambre como partera de la violencia, ni de esta como partera de la historia. Apenas, una referencia para comprender los tres fenmenos.

En su ensayo Mariela Gutirrez pone de presente la anomia de la madre de Irra, su no-identidad, la nulidad de su ser y hace nfasis en un hecho:

qu esperanza de educacin puede tener una mujer sola y pobre que debe criar a cinco hijos! Da a da se va a la [quebrada] Yesca a lavar la ropa de los blancos (2000: 24). Y cita el texto de Palacios: trabajando da y noche. Lavaba ropa, planchaba, cocinaba, haca vendajes Sin embargo, siempre lo mismo; Dios no se acordaba de ellos? (1998: 59)

Claro que no. De acuerdo con el narrador de Las estrellas son negras a nadie le importan los pobres ni, si existiera, Dios se acuerda de ellos, slo de los ricos, es decir, de los que no necesitan, mientras a los pobres se les niega hasta un pedazo de pan e incluso, como en El da del odio, una gota de agua de panela, por eso nadie cree ya: 

Nadie se conmueve hoy por la suerte de los pobres. Tampoco Dios se acuerda de los pobres. Todo se lo da a los ricos, a los que no lo necesitan. En tanto que a nosotros nos niega un pedazo de pan Por qu, Dios mo?... J, j!... Nadie cree ya! (1998: 72)

Y como nadie cree ya, la religin empieza a ser reemplazada por la (mala) msica y, de acuerdo con Saramago en La caverna, por esas nuevas catedrales que son los shopping centers. Pero, el asunto no para ah. Cuando Irra piensa que debera irse a Cartagena para cambiar su vida, como en un lamento in crescendo vuelve a recordar el hambre y suelta su diatriba contra Dios, la religin y los curas fariseos que engaan y roban a los pobres o, como dice Yupanqui en Preguntitas sobre Dios, Que Dios vela por los pobres/ tal vez s y tal vez no/ pero es seguro que almuerza/ en la mesa del patrn. (21):

Qu hambre! Bendito sea Dios! Cmo poder admitirse que Dios fuera tan? Que se vaya a la porra con su religin y sus curas embusteros, que se mantienen engaando y robando a los pobres!... Lo que deca el peridico tal vez fuera cierto. Los audaces engaan, verdad A los ignorantes y pobres, peor No creo nada (1998: 96).

Y si Dios tena el propsito de destrozarme por completo? (1890: 41) [] La idea anterior de Dios volvi a ocupar mis pensamientos. Me pareci muy irresponsable por su parte meterse en medio cada vez que solicitaba un empleo y estropearlo todo, teniendo en cuenta que lo nico que yo peda era el pan de cada da. Me haba fijado en que cuando llevaba algn tiempo pasando hambre era como si el cerebro se me escapara de la cabeza a pequeos chorros, dejndome vaco. Mi cabeza se volva ligera y ausente, ya no senta su peso sobre mis hombros y tena la sensacin de que mis ojos miraban demasiado fijamente cuando diriga la vista hacia alguien. [] Sentado en el banco, sumido en estas meditaciones, iba sintiendo una creciente amargura contra Dios por sus continuas molestias. Si pensaba que atormentndome y poniendo obstculo tras obstculo en mi camino conseguira que me acercara ms a l y me volviera mejor persona, se equivocaba ligeramente, podra asegurrselo. Y mir al cielo llorando de obstinacin y se lo dije en mi interior de una vez por todas. Me vinieron a la memoria fragmentos de las enseanzas religiosas de mi infancia, el tono de la Biblia resonaba en mis odos y hablaba conmigo mismo en voz baja, moviendo irnicamente la cabeza. Por qu me preocupaba qu iba a comer, qu iba a beber y con qu iba a vestir ese miserable saco de gusanos que era mi cuerpo terrenal? (1890: 42, Google).

La Iglesia-Docente: Un sincretismo involuntario

El prrafo anterior, que podra intercambiarse con varios de Las estrellas pertenece a Hambre (1890), de Hamsun, y guarda inaudita similitud con el espritu que anima a Palacios, en cuanto a su asimilacin inconsciente de la religin y al papel que juega ella tanto dentro de la novela como en el imaginario chocoano; en particular, a partir de lo que se conoce como la Iglesia-docente: la evangelizacin forzada de la Iglesia Catlica en las que el Gobierno llam tierras de misin (22). Esa labor evangelizadora se dirigi a los indios pero con el aumento gradual de esclavos para las minas, stos se convirtieron tambin en objetivo laboral de los misioneros, para quienes los indios eran infieles, idlatras y herejes, como seala G. Bonfil (23). Desde el siglo XVIII hasta fines del XX, en medio de los cambios administrativos y polticos que operaban por cuenta de los procesos de independencia frente a la Corona espaola, hacia 1820 la Iglesia-docente:

se instal como horizonte de discursos y prcticas educadoras para las poblaciones integradas al mapa de la nueva Repblica. Indgenas confinados a territorios de resguardos, y negros libertos y dispersos por las geografas de las haciendas, las minas, las plantaciones y algunos poblados cntricos. El desenvolvimiento del proceso independentista dio lugar a varios fenmenos de tipo jurdico y poltico que determinaron el devenir de la Iglesia-docente en el marco del republicanismo (Ibd.: 112).

Axel Rojas y Elizabeth Castillo recuerdan que en 1825 Bolvar firm en Cuzco un decreto de reparticin individual de las tierras de usufructo colectivo y que en Colombia la Ley del 11 de octubre de 1821 defini que las comunidades indgenas no se llamaran ms pueblos de indios sino parroquias de indgenas, permiti el ingreso y residencia de los no indgenas en ellas y previ la disolucin de los resguardos que seran entregados a las familias bajo la forma de propiedad privada. Y sealan:

Aunque la Constitucin de 1821 reconoca la ciudadana a los indgenas, los ubicaba en la clase de miserables, lo cual los exclua de la posibilidad del voto.[] Dado que el texto de la Constitucin de 1886 omiti explcitamente referencia alguna a la existencia de indgenas y negros como integrantes de la Repblica, queda establecido que estas poblaciones no cuentan con un lugar en la declaratoria poltica de la carta constitucional, y, por tanto, quedan confinadas a una marginalidad jurdica que slo ser superada a finales del siglo XX, con la constituyente que tiene lugar en Colombia en 1991 [] A partir de 1825, los censos nacionales oficializaron el silencio sobre la raza [negra] al no mencionarla entre los datos registrados (sino de manera parcial y tcita a travs del registro de los esclavos hasta la abolicin en 1851) (Aline Helg, 2004: 28) (Ibd.: 113).

Para fines del siglo XX, cuando se hace definitiva la formalizacin de las relaciones con el Vaticano y las nacientes repblicas manifiestan su inters por mantener vigente el catolicismo en sus territorios, bajo la figura del Concordato, en plena poca de Nez (1880-82; 84-86; 86-88; 92-94) y Caro (1892-98), pero tambin de Jos Ma. Campo y Eliseo Payn (1886-87) y de Carlos Holgun M. (1888-92), la Iglesia catlica adquiere estatus para administrar, junto con el Estado, la educacin nacional. Hecho que define para todo el siglo la ruta de la Iglesia-docente, la que dar lugar a una forma educadora diferenciada para poblaciones negras e indgenas a las que se considera salvajes:

Con la firma del Concordato, la Iglesia catlica recibi del Estado el rol de reduccin y evangelizacin de los salvajes, evidenciando el resurgimiento de una alianza que haba demostrado su efectividad durante el periodo de colonizacin europea: Estado e Iglesia como agentes civilizadores. Adicionalmente, la figura de los territorios nacionales supuso una imagen homognea: de territorios habitados por indgenas, desconociendo la numerosa presencia de afrodescendientes y de otras poblaciones, desde entonces sometidas a la accin de las misiones (Rojas y Castillo, 2005: 35).

No es casual que en La selva y la lluvia (24) al describirse un incidente entre un tranviario y la dama rola Leonor, cap. IV (108-45), a raz de una revuelta entre calle 26 y Plaza de Bolvar, en la que unos impiden acostados el paso de ciertos vehculos contra la unidad de la huelga, se hagan estos juicios: Indios horrorosos, no estn viendo que los voy a aplastar! grit, haciendo una embestida. Ante el peligro evidente, los obreros se desparramaron; Leonor avanzaba impetuosa como si la ciudad entera fuese apenas un jardn que le perteneciera por completo. [] Luego, cuando vio su Packard con las llantas despedazadas, la parte trasera apachurrada y llena de raspones, al ver en el Pote Rodrguez la causa del accidente, le quit la gorra y musit: Aqu est el cuerpo del delito []. Transida de clera, regres al anochecer: S, son unos indios horrorosos!... unos miserables!... [] El indio ese me las pagar: [] Yo misma ir con el polica hasta su casa! S, pap tiene la culpa por haber tambin ayudado a que se les conceda demasiada libertad [] Ah, yo le pegar en la cara al muy indio. Tranquilzate, mija, que gracias a Dios no te mataron esos indios salvajes Lo del carro no importa, t sabes que est asegurado. (p. 125) Bastar este ejemplo sobre los indios salvajes allende los campos, con el don de ubicuidad entre la selva y la lluvia?

Como sealan Castillo y Caicedo, la Iglesia-docente fue a todas luces til a los afanes polticos y culturales de la clase dirigente pues sus preocupaciones en torno al progreso favorecieron la disposicin de las misiones a administrar poblaciones que por su pasado aborigen y africano eran vistas como una amenaza para la narrativa fundacional de la Repblica (2010: 114). Esta segunda etapa, republicana, de la Iglesia-docente, fij en las misiones el derrotero de la educacin de los otros a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Para hacer referencia a ese camino por las formas de educar a los otros que se dieron en el pas, se pueden reconocer al menos tres tendencias:

  1. La evangelizacin [forzada] como dispositivo de escolarizacin requiere humanizar a quienes estn fuera del mundo moral y cultural catlico: as, se funda una nocin que asocia diferencia cultural y religiosa con el fenmeno de lo salvaje.

  2. La escolarizacin-evangelizacin se erige en el mecanismo central de integracin/asimilacin de los pueblos indgenas planteado para el siglo XIX en el marco de construccin del Estado-nacin.

  3. La Iglesia-docente dio lugar a un tipo de escuela fundada en la idea de tutelar a los pueblos tnicos respecto al tipo de educacin que (supuestamente) requeran: entonces, surge a la par una idea de escuela, maestro y saber misionero como ejes del modelo (Castillo y Caicedo, 2008: 18, citado en 2010: 117).

En medio del mbito descrito, podra decirse, de un sincretismo involuntario, por no decir impuesto, creci Palacios: en un lugar, Choc, en el que, como masa homognea, los salvajes impedan reconocer la innmera presencia de afrodescendientes y de otros grupos. As, entre el desconocimiento y la invisibilizacin, entre la evangelizacin forzada y la asimilacin inconsciente de la religin, cmo no entender la recurrencia a las citas bblicas en su literatura, cmo pretender ignorar semejante influencia tanto en su vida como en su obra, cmo hacer para ocultar su reconocimiento personal de dicha influencia, as como su rebelda frente a ella? Por eso, cabe reiterar: Cmo poder admitirse que Dios fuera tan? Que se vaya a la porra con su religin y sus curas embusteros, que se mantienen engaando y robando a los pobres! [] No creo nada.

Cuando Irra es posedo por la ira entra en la desesperacin al reconocer cmo el hambre, la miseria y la marginalidad derivan en su degradacin, en la de cualquiera que se halle como l: Tampoco vala la vida siendo perro o gato o gallina: hombre o perro era lo mismo, a diferencia de que el perro no tena conciencia de lo perro que era y en cambio el hombre padeca la tremenda certeza de ser menos que perro! (1998: 61-62). El odio invade la habitacin de Irra cuando ste solt sobre su madre una mirada fulminante (Ibd.: 73). As se va forjando un odio de esos que conviene no olvidar

Libro Segundo: Ira (Odio)

Cuando Irra sale de la trastienda del turco don Jos sintindose aplastado por el mundo, ms que el hambre y la humillacin lo que l evidencia es el fardo de la culpa, la mayor/peor herencia de la religin institucionalizada: la que la Iglesia Catlica ha inoculado no slo en las poblaciones negras e indgenas, sino en los hermanos menores, durante ms de cuatro siglos. Entonces, corri hacia el parque, con un terrible ardor en la espalda, ardor causado por los ojos de toda la humanidad clavados en l. Y es que acaba de convertirse en una vctima ms de la sodoma, fornea, turca o siria da igual: Irra, arrellanado pesadamente sobre la banca, sobrellevaba el humillante escozor en el trasero, y el calor de la banca soleada. Ms adelante, con la cara perlada de sudor y enjugndose con la palma de la mano lanza imprecaciones mentales: Maldito turco! [] Nadie habra visto?... No se habra enterado alguien a travs de la ranura del piso de arriba? (1998: 103) Dura experiencia de formacin, duro abandono de esa lnea de sombra que separa al adolescente del adulto, duro paso para hacerse hombre: por eso, al revisar la arquitectura de la Iglesia, se tortura con la irrupcin repentina de la idea del suicidio. En las hondas grietas de su conciencia se agitaba la desesperacin nutrida por el hambre, la ignorancia, la incapacidad (Ibd.: 104). He ah, por contraste, un llamado desesperado a que el pueblo tenga acceso a la comida, a la educacin, a la cultura. Precisamente, para que no haya violencia, los cuarteles no se tomen las escuelas, los cementerios sean reemplazados por hospitales. Pero, no para que estos sean cerrados, sino para que cada da que pase, la prevencin vaya dejando atrs a la enfermedad y por ende a la muerte. Y haya menos desempleo: para que as Irra no tenga que sentir envidia y para que de esta no pase a la violencia. Para que ni piense en pisotear al ingeniero de la carretera que lo ha humillado al buscar empleo: Fuera de aqu, so mierda!... Estoy ocupado! (bid.: 105). Una carretera que, entre otras cosas, no se ha terminado la de Medelln-Quibd, para no pasar por la penosa experiencia de decir Quibd-Medelln.

Ya no hay duda: l, Irra, por fin iba a realizar algo en servicio del pueblo [matar al intendente]. El mal gobierno era el culpable de la miseria. Todos los gobernantes que l haba conocido, psimos. Al principio llenaban qu cantidad de papeles con promesas de trabajo, de abaratamiento de vveres, de yo qu s qu. Cmo era eso de que ni siquiera hubiera una solita obra pblica en construccin? Bello que los pobres se apoderaran del mandato Y esta tarde l, Irra, colocara un grano de arena. Luego toda la nacin entendera su deber. El gobierno era malo. Irra tena una vaga idea de lo que llamaban re-vo-lu-cin Gobierno en las manos de los ricos que no saban cmo era aguantar hambre, no ponerse un vestido, caminar descalzo o con zapatos rotos, vivir dentro de un rancho podrido. La gente se mantena anmica. Los nios moran a montones. El pabelln antituberculoso estaba repleto. Qu le iba a llamar la atencin a los ricos la estrechez de los pobres, cuando Dios mismo no haca caso! Ni siquiera haba logrado que los curas levantaran templos decentes (1998: 107). De ah la alusin a las estrellas de los blancos y a las de los negros; en la cultura ashanti las estrellas son las hijas del sol y de la luna; como relata J. Ocampo a travs de E. Flicit, segn algunas creencias ashanti, el dios Amma cre el sol y la luna moldeando dos vasijas blancas, la una rodeada de una espiral de cobre blanco, y cre las estrellas arrojando bolillas de tierra al espacio. Los negros nacieron bajo el sol y los blancos bajo la luna. En Las estrellas se narra: Oh, influjo implacable de los astros sobre el alma de los mortales! Oh, Dios! En cul estrella pusiste mi llave? Algunos nacemos para morir sin tregua Otros nacen para la alegra. Son estrellas diferentes. Las de ellos titilan eternamente y tienen el precio del diamante. Y la ma, Seor, es una estrella negra Negra como mi cara, Seor! (1998: 109). La vergenza es que habindose publicado en 1949 este alegato siga vigente. El de Irra sigue siendo, como el del boxeador Gatica respecto al general Pern, un odio que conviene no olvidar (25). El Libro segundo, que se inicia con la humillacin de Irra, muestra la violencia y el compromiso social que, en conjunto con los mitos ashanti y bblicos del Primero, marcan la pauta ideolgica de la novela. As, si la humillacin lo impele a buscar un cambio por impotencia, incertidumbre o incapacidad, lo acaba llevando al sexo sin freno, al estupro, al asesinato de la inocencia.

La bruja de las minas: Novela precursora

En este Libro segundo hay una mencin del bolero Bsame mucho (1940), de Consuelo Velsquez (26). Luego, una nueva referencia al cine, la del filme Qu verde era mi valle (1941), de John Ford, segn la novela de Richard Llewellyn, britnico que se senta gals, en la que Huw, en primera persona, habla del trabajo en las minas de carbn de un pueblo gals, a fines del siglo XIX y primer tercio del XX. All viven los Morgan, orgullosos de ser mineros y de respetar tradicin, familia y propiedad. La baja salarial en la mina enfrenta al padre con sus hijos, que ven en la unin sindical la nica forma de enfrentar a los patrones. Argumento que tiene no poco que ver con la preocupacin de Palacios por estos asuntos siempre simpatiz con las ideas socialistas, as como con la explotacin minera en Colombia: en especial, las de oro y platino en el Choc (27). Lo que antes de que Palacios hiciera en sus obras un coterrneo, Gregorio Snchez (Istmina, 1895-Cali, 1942) haba hecho en las suyas, que vena escribiendo desde 1924.

En otras palabras, aunque por razones de su calidad literaria se le atribuya a Palacios el ttulo de Padre fundador de la literatura afrocolombiana, en rigor y aunque pudiera considerarse su obra menor a la de aqul, Snchez lo precede con La bruja de las minas, cinco aos despus de la muerte del escritor (28). Podra decirse, dada su propia historia, la de Aspasia, que La bruja renace de sus cenizas con la reedicin, en 2010, por Mincultura en su Biblioteca de Literatura Afrocolombiana, de 19 libros, en la que, no en vano, el primer volumen le fue asignado a la obra de Snchez G.; el segundo, a Las estrellas, de Palacios; y el tercero, a Chang, el gran putas, de Zapata O. (29). As, la intencin aqu no es herir susceptibilidades, sino hacer un cotejo histrico ms cercano a la verdad. Al respecto podra decirse, sencillamente, que el crtico es un descubridor de descubrimientos, como sostiene el checo/francs Milan Kundera.

Los tres primeros captulos de La bruja..., hablan del Marmato antiguo, ocupado por pequeos propietarios de minas como Florencio Botero, con cuya muerte termina la parte inicial tras la llegada de un destacamento del Ejrcito al mando de Mandbulas, general que desaloja a los dueos de las minas mientras un soldado mata de un disparo a Botero, en presencia de su mujer y de su hija, con el pretexto de estar aplicando la ley. Como recuerda Jairo Arroyo en el prlogo, ese pasaje alude a uno de los hechos claves en la historia de dicho distrito: la ocupacin llevada a cabo por Eduardo Vsquez C. en 1906 que, como afirma Otto Morales B. [], fue una posesin violenta con la que pretenda toda la regin aurfera de Supa y Marmato (2010: 11). O sea, la misma poca en que el general Alfredo Vsquez C., hermano de aqul y ministro de RR.EE de R. Reyes (1904-09) era arrendatario de gran variedad de minas en esas poblaciones que desde la poca colonial formaron la unidad poltico-administrativa de Popayn. Vsquez obtuvo dichos privilegios gracias al reconocimiento oficial de su abnegada participacin en la Guerra de los Mil Das, conflicto que conducir a la entrega de Panam, por parte del alcohlico-gobierno de Marroqun, en 1903 (30). Un ao antes de la ocupacin de Marmato, en 1905, como si se tratara de ahora, del Varito de entre 2002 y 10 y de unos Nule mineros, el min-Vsquez hizo traspaso de su contrato por 20 aos a The C. W. Sindicate Limited, lo que le permiti a aqul asegurar unos dolo/honorarios importantes. Escribe Arroyo, en un pasado que parece presente, que la concesin de la novela no fue otra cosa que la apropiacin de los recursos mineros nacionales por parte de empresas trasnacionales, con la complicidad de los funcionarios ms prestantes del Estado colombiano haciendo uso de la fuerza y la violencia (bid.: 11). El de la concesin o apropiacin de recursos por multinacionales es un hecho parecido al que ocurri con la UFCO en Cinaga y que llev en 1928 a la Masacre de las Bananeras que, en forma similar al caso Palacios/Snchez, se reconoce ms por Garca Mrquez en Cien aos, aunque sea Cepeda quien lo haya hecho antes y mejor respecto al tratamiento mtico y narrativo en La casa grande, trabajo padre de Cien aos los tos son Cosme, 1927, de Jos F. Fuenmayor y Respirando el verano, 1962, de H. Rojas (31).

En la segunda parte de La bruja, cuarto captulo en adelante, la empresa inglesa, nica propietaria de las minas y en libertad de explotar el oro a travs de la tecnologa de los molinos, es protagonista. Propietarios, masa de obreros en socavones, un ingeniero, un abogado, un contador, el administrador y el mdico juegan un rol esencial en un texto que se construye a partir de lo cotidiano: el casero; el da de mercado; la fiesta de negros y mulatos; el derrumbe y la muerte en las minas; la xenofobia hacia los gitanos; el conflicto entre mujeres a causa de un hombre La novela termina como se abre: la muerte de Florencio y ms tarde la de Aspasia; la nia Mary en medio del peligro, la violencia, la destruccin; la pugna entre la empresa minera y los trabajadores.

Libro Tercero: Nive! (Sexo Pasin)

La lluvia tiene horro [], como llanto de nio quicato a Irra. Viene su experiencia sexual, la de un negro, de 18 aos que no ha posedo!, una hembra (1998: 140) con Nive, muchacha, mulata, de 14 aos que ya se estaba desarrollando (bid.: 139). Lo que equivala a que: La voz de la tierra le gritaba a Irra acerca del imperio de la fusin de las sangres. Y como en pelcula proyectada lentamente le mostr concretamente las casas de los extranjeros, con mujeres negras como la madre de Irra y como la madre de Nive y unos hijos mulatos (bid.: 141). Mariela Gutirrez en AP y el despertar psicosocial del negro chocoano: para la familia de Nive el que ella se case con Irra sera dar un paso atrs racialmente. No obstante, Irra la sigue deseando y no se detiene ante el tab cuando encuentra la oportunidad de poseerla (2000: 30). Pues socialmente no se acepta la unin de negro y mulata. Y cita al crtico Marvin Lewis: En un sentido darwinista, el hambre, la ira y el sexo son los tres impulsos naturales que Israel trata de satisfacer. A pesar de su miserable estado fsico su urgencia sexual no ha disminuido. Si no se permite satisfacer el hambre, qu ms queda si no rabia, sexo y/o pasin?

Y de esto trata el Libro tercero, escrito con una minuciosidad e intensidad inusitadas, con lo que Palacios parece corroborar la tesis de Lewis en el sentido de que si Irra sufre es por no poder satisfacer el hambre, en su casa; la ira, con el intento de matar al Intendente; el sexo, con su amada de infancia Nive. Bastaran unas pocas citas para entender el abordaje que de tan delicado asunto hace el escritor; la elegancia con que describe algo que hubiera podido perderse entre la bruma del morbo o del hard-core (como en el filme de Schrader); en fin, la actitud patolgica hacia la mujer que l esconde detrs del deseo sexual (Slo una vez estuvo con una puta del Batacln). Deseo que podra relacionarse de forma lcita con el ansia de Poder, el que se revela en Irra cuando desea poseer a Nive y piensa por qu diablos tiembla (Resultado de instintos sexuales? Temor a alguien?) y, sin embargo, al tiempo que procura calmarse al pensar que ella lo quiere desde hace mucho tiempo, el autor implcito hace un revelador y poco acostumbrado retrato de los conquistadores y de la dupla sexo-poder:

De continente apartado por ocanos vinieron hombres blancos, desembarcaron con las manos vacas, zapatos rotos, ropa deshecha por el viento y la sal de los mares. E instalndose en cualquier pueblucho comenzaron a trabajar. Levantaron el primer tinglado, bajo el cual fundaron hogar. Y fue la madre una mujer negra, pobre analfabeta, de estirpe igual (1998: 141).

En este pasaje reaparece el cine y al unsono el dolor de la realidad con la autoconfesin de Irra acerca de la certeza de l ser negro y Nive mulata, lo que implica el grito de la tierra a la fusin de las sangres; y, la ensoacin del arte, con la referencia al filme que le muestra en ralent las casas de los extranjeros con mujeres negras y sus hijos mulatos que vivan en hogares en los que vibraba la alegra en torno a la mesa, lo que conlleva la abstraccin romntica del protagonista al pensar en embriagarse al calor de una muchacha virgen, cuyos muslos semidesnudos eran una marejada envolvente:

Irra senta ya el advenimiento del milagro. Y vio cmo cargaban frutos los campos de todas las orillas. Y vio cmo el oro de las minas no hua de la noche a la maana. Y vio cmo los peces venan a las propias manos de los pescadores (1998: 142).

En otras palabras, el choque entre el principio del placer y el de realidad, segn Marcuse en Eros y civilizacin: o cmo esta, se apoya sobre la represin del instinto humano.

Libro Cuarto: Luz interior (Libertad)

Irra teme que la lancha de carga Santa Teresita haya partido. Se levanta de la cama, la boca le sabe amarga, igual que la saliva. Se viste, no se pone camiseta, calzoncillos ni menos saco. Piensa que es un mendigo y se pregunta qu lo diferencia de la mujer que vio el da anterior arrastrndose en el pavimento. Mientras ella extenda la mano para obtener una limosna, l se revienta los sesos pensando en la nueva manera de postrarse ante el tendero para fiar una libra de arroz y ocho pltanos. Irra advierte un cuerpo cuyo resoplido llenaba el cuarto, el de Jess, cuyo porvenir era idntico al de aqul: tal vez peor porque la vida all rodaba hacia el aniquilamiento del hombre El porvenir de Jess en el Choc es incierto. Como el de los dems: La vira no vale un galgajo, dice Ivn a Irra, poco antes de que se sepa que la carne fresca que comi un perro es calne e gente. Lo importante era v al muelto Lo em no tiene chijte (1998: 153-154).

Cuando Irra fracasa en su intento de irse en el buque, aquel proyecto en que sembr su esperanza de redencin, o sea, ante la frustracin externa, surge imparable del fondo de su mente/cuerpo, de su luz interior, un sucedneo de la liberacin, con lo que queda claro que a lo primario se impone lo sublime: la libertad. El sentimiento de libertad, ms poderoso que el estar libre. Por eso, no en vano, la novela al marcar su fin, con la palabra libre, entre signos de admiracin, al tiempo marca el comienzo de la liberacin del protagonista (lo mismo que la del autor): as, logra su autoafirmacin en el mundo al tiempo que descubre sus valores, su dignidad, su humanidad, como reconoce para s un camino a la libertad. En defensa de la vida, contra el acto de matar, no de morir.

Todo ello a travs del lenguaje oral y haciendo predominar en el texto el discurso de la cristiandad para sugerir a la postre, en las continuas quejas de Irra, reflejo de un odio inefable, el desamparo del hombre por Dios, como sostiene Marvin Lewis en Pisando el camino de bano: Ideologa y violencia en la prosa de ficcin afro-colombiana contempornea (32), que se refiere a los cinco principales escritores negros de ficcin en el pas: entre ellos, Juan Zapata O., quien con una de sus obras, de 1984, le da ttulo al ensayo (33); all tampoco aparece Snchez G. como figura literaria afrocolombiana. Las estrellas por su manejo del lenguaje hablado, contiene el discurso de los marginados que as mantienen su raz africana y de paso se niegan a ser asimilados; y otro, que se opone al oficial para constituirse en paradigma de lo que el crtico Greene, llam la estrategia de la mscara: usar el lenguaje oral, jergal, como defensa frente a la intromisin, opresin y represin del sistema (34). Como anota Flicit, el autor implcito de Las estrellas trasciende la crtica a la burguesa del Choc, a la que nada le importan los pobres: se interesa por el origen que lleva al colapso a esta sociedad y cmo afecta la corrupcin a los grupos marginados. En este plano los aspectos mticos se proyectan a travs del nihilismo de Irra (35). La tradicin histrico-religiosa (catlica) se refuta con el rompimiento del orden moral y, ms, con el quebrantamiento de la tica dirigente. Los disturbios polticos reflejan la ideologa (liberal) del autor implcito, mediante la denuncia de la oligarqua (centralista) que ha llevado al Choc al atraso, a la marginalidad, al olvido. En lo que no tiene razn Flicit es en que Las estrellas son negras inicia la narrativa afro-colombiana. S en tanto que: La temtica general de esta novela ser una de las muchas aportaciones de Palacios a la esttica afro-colombiana, hasta el punto de ser uno de sus pioneros. Tambin respecto a que:

En la esttica de la narrativa afro-colombiana se observa una situacin marginal en el individuo que no pertenece a la raza blanca. Esta marginacin entrelazada con la poltica, la religin catlica y el proceso cultural refleja una falta de reconocimiento del legado africano o indgena en la cultura de la costa (1995: 127).

Quizs por sus muchas aportaciones a la esttica afro-colombiana es que un personaje tan conservador como Luis Lpez de Mesa, lo que hace desconcertante su elogio, a comienzos de la dcada de 1950, tras leer Las estrellas..., dijo que las dos grandes promesas de la literatura colombiana son Arnoldo Palacios y Gabriel Garca Mrquez.  

Eplogo a manera de conclusin

La dedicatoria inicial obedece a que siempre he visto en la obra de Palacios el nimo exclusivo de escribir, sin pensar en ello como un trabajo, ni preocuparse por el dinero, el xito o la fama: slo porque lo que escriba sea bueno o al menos lo deje satisfecho. Tambin porque de su voz se desprende un humanismo que se puede emparentar con el de Gramsci, otro sabedor de la pobreza a partir de s mismo, as pudiera especularse con que AP no ley al intelectual orgnico italiano, preso por Mussolini y aun as libre (36):

Porque lo fundamental es el hombre. Que se trate de paisaje, o que se trata de lo que se llame urbano: lo fundamental es el hombre y donde est el hombre ah est lo esencial. Lo dems son, quizs, disquisiciones que tienen su valor, pero que no son lo esencial . Lo esencial es el hombre, y yo quise y he querido siempre hablar sobre el hombre, sus problemas, sus sueos, su vida ntima, su fuerza, su vigor, su esperanza, sus luchas, porque creo, tambin, que el escritor debe estar comprometido con todo lo que atae a cuanto lo rodea, especialmente como hombre (Origen de un escritor, Arnoldo Palacios en Hojas Universitarias No 47, abr/1999: 39-44).

Y con la conciencia clara de una nica certeza: He escogido el arte como ceba de mis actividades, porque el arte es fiel y nico merecedor de sacrificio (bid.: 11). Acerca del sacrificio podra recordarse al maestro del cine y de la vida, el ruso Tarkovski, para quien en eso consiste la libertad: Libertad: sacrificio hecho en nombre del amor. Lo que en el caso de Palacios lo lleva a uno al sacrificio en nombre del amor a la literatura, lo que de paso se asimila a la idea de Baudrillard sobre la verdadera evolucin del hombre, sujeto esencial para Palacios: El verdadero ascenso espiritual del hombre est en el retorno al abrazo de las cosas humildes. Idea contenida en Buscando mi madrededis, La selva y la lluvia, Las estrellas son negras. Y, ante todo, en su vida

El fin de este ensayo fue hablar de Palacios desde la ptima comunicacin: la que se establece de forma tcita entre el autor que escribe en su soledad y el lector en su soledad leyndolo. En otras palabras: la lectura verdadera es una re-creacin y es que el libro tiene una vida que en soledad le da su autor y otra que va naciendo en el encuentro con el alma solitaria del lector. Ensayo que se escribi pensando siempre en la puesta en prctica de las palabras de pap Venancio, padre del maestro Arnoldo de los Santos Palacios M. a ver si algn da en Colombia, siendo lo esencial el hombre, matar pasa a ser un acto excluido de nuestras vidas. Quin se negara a hacer parte de semejante conjura contra el acto de asesinar, no de morir, mucho ms ahora que ha habido un cese parcial de la guerra, as an no pueda hablarse de paz ni por ende de pos-conflicto? (37)

Nadie, salvo los defensores a ultranza de la guerra, los pobres diablos sin voluntad poltica para hacer la paz, los apologistas de la sinrazn, del consumo, del pensamiento nico: en suma, los denominados sanos que, como sentencia Domnico en Nostalghia, han llevado al mundo al borde de la catstrofe. Si Dreyer film en Ordet un milagro, el de la resurreccin profetizada por Johannes de una Inger en embarazo, Tarkovski en Nostalghia ofrece una accin de fe sublime: atravesar una piscina con una vela encendida para salvar al mundo Entretanto, Palacios hizo el milagro que no logr con su pera-prima: atraves un ocano para no slo salvarse l. Al tomar su decisin, al enfrentarse a la realidad del querer, al perder el miedo, logr que el Choc quedara esculpido en el tiempo, pese a la amnesia de los polticos, a la desidia del poder central, a la indiferencia de los colombianos. Y al mismo tiempo puso en accin el deseo, que es en lo que consiste la libertad, para lograr sus propsitos, los mismos de su madre, Magdalena: encontrar su madrededis. Que, en el fondo, no es nada material: simplemente, la consolidacin de los sueos, los que siempre estn detrs de toda obra artstica, en este caso de la obra del autntico Joyce del trpico.

He ah una sutil diferencia entre el artista y el poltico. Lo que a su manera Palacios logra con el gesto existencial ulterior de su magna obra: al aparente fracaso de Irra por no poder viajar, se opone el sentirse libre, que al tiempo significa, nos aferramos al arte para que no nos mate la vida; slo el arte se opone a la muerte; sin la ilusin el hombre es paja ardiente de la realidad. Gracias, A. Palacios, Joyce del trpico y a su epopeya de 15 horas por recordarnos con ella a Bachelard: Imaginar siempre ser ms grande que vivir, lo que por gracia de Las estrellas son negras y dems obras adquiere un cariz an ms especial si se considera el amor al hombre y a la vida que ha tenido el maestro: vivir, a veces, es tan grande como imaginar. Y mucho ms sencillo que matar: acto que debera ser excluido de nuestras vidas si, a la vez, logrramos prescindir de los polticos.

NOTAS, REFERENCIAS BIBLIOGRFICAS Y OTRAS FUENTES:

  1. 1949, Editorial Iqueima, 1 ed.; 1971, Editorial Revista Colombiana, Populibro, 2 ed.; 1998, Min. de Cultura, Homenajes Nacionales de Literatura (de la que se cita), 3 ed.; Intermedio, 2007, 4 ed.

  2. 1958, Editorial Progreso, de Mosc, 1 edicin; 2010, Intermedio Editores, 2 edicin.

  3. 1989, 1 ed.; 2009, 2 ed., U. del Valle y MinCultura, 344 pp. Este ensayo fue presentado en el II Congreso Internacional de REIAL, Cap. Colombia, Izquierdas, Movimientos Sociales y Cultura Poltica en Colombia, Universidad Nacional, Bogot, 6-8 nov/2013. Una primera versin fue impresa por MinCultura y presentada en la XXIV FILBO, invitado por el mismo MinCultura (13/may/2011).

  4. Revista Nmadas No 33, oct/2010: 114.

  5.  Palacios: Ahora tengo el libro de que hablaba Isaas Pea, Buscando mi madrededis . En el Choc, la expresin buscar su madre de Dios significa andar a la caza de un trabajito diario, que le permita subsistir a la persona, con qu comprar, ganar un diario, con qu comprar un poco de sal, de manteca, algunos bananos, eso es buscar su madre de Dios. Qu est haciendo usted por ah?, digo: Buscando mi madre de Dios. Madre de Dios no es que est buscando a la Virgen Santsima, a la Madre de Cristo. Entonces, yo hice una sola palabra de Madre de Dios, ya es un sustantivo, entonces cre la palabra Madrededis, que es buscar, ganar la subsistencia diaria, rebuscarse. De ese libro est publicada la primera parte en francs, en una traduccin de mi seora, una traduccin perfecta, que yo la hubiera podido firmar. Hecha por Beatriz y titulada La Fort et la Pluie . Agrega Palacios: Yo dije, entonces, en realidad, escribo la biografa de m mismo, y entonces, me sent tranquilo y pude escribir sobre m porque estoy escribiendo sobre el Choc, sin pensar ni en la gloria, ni en que va a tener tal o cual repercusin para m mismo. Ahora lo que dice su madre Magdalena sobre la madrededis , cuando Arnoldo quera irse del pueblo, a estudiar: Si esa es su suerte, que se vaya. Esa ser su forma de conseguir algn da su madrededis (2009: 339).

  6.  Arnoldo Palacios es, para m, el Joyce del trpico y en particular el Ulises, mucho antes de que J. S. de Montfort hablara del bogotano Rafael Chaparro M. (1963-1995), como El Joyce del trpico http://www.fronterad.com/?q=chaparro-madiedo-joyce-tropico 

  7. Los de Jos M. Restrepo M., Antonio Cruz C., Gustavo Vasco, scar Collazos y Mariela Gutirrez, sobre Las estrellas son negras; el de Enrique Santos M., sobre La selva y la lluvia (2010); el de Antonio Cruz C. en el prlogo, sobre Buscando mi madrededis (2009); el de Palacios en el prefacio al mismo texto.

  8. La primera, dndose a la tarea del rescate y divulgacin de la poesa afrocubana: al redescubrimiento de las races tnicas y culturales del caribe, con sus ritmos populares de cadencias musicales y el deleite verbal de vocablos negros que estimulan la imaginacin (Verani, 1977, citado por AEM, sobre Mancha de aceite, CUP: 13). La revista peruana opta, a su vez, por el retorno a la tradicin indgena inserta en las nuevas corrientes y en busca de valores autctonos que posibiliten la consolidacin del espritu latinoamericano.

  9. Pasando por La casa de vecindad (1930), de Jos A. Osorio Lizarazo; Una derrota sin batalla (1933), de Enrique Pardo F., conocido como Luis Tablanca; Cuatro aos a bordo de m mismo (1934), de Eduardo Zalamea B.; La bruja de las minas (1938-47), de Gregorio Snchez G.; Hombres sin presente (1938), de J. A. Osorio L.; Tierra mojada (1947), de Manuel Zapata O.

  10. 1972: 82, citado por A. Escobar en Americanismo y Modernidad en Mancha de aceite, U. de Antioquia: 7. 

  11. Rodrguez M., Emir, 1972: 139, en Tradicin y renovacin, captulo del libro compilado por Csar Fernndez M. Amrica Latina en su literatura, Mxico, Siglo XXI-UNESCO, 1972: 139-166 (citado por Escobar M.: 7-8).

  12. Entre ellos Manuel M. Madiedo, un mulato discriminado por las altas esferas sociales de la poca logr que su novela Maldicin fuera publicada en 1859. 36 aos ms tarde, la primera novela modernista nacional, De sobremesa, del tambin poeta Silva. Luego, La vorgine, de Rivera; Cosme, de Fuenmayor; y Mancha de aceite, de CUP. No obstante, hay que aclarar que ya en 1844 se public la primera novela colombiana de corte liberal e histrico, en Jamaica: Ingermina o la hija de Calamar, de otro mulato, Juan Jos Nieto, el nico presidente negro que ha tenido Colombia, hoy borrado de la historia oficial. http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/colombia-es/article1969227.html 

  1. El 3/jun de ese ao, aula Mltiple. Versin escrita de Hojas Universitarias No 4/abr/1999: Aproximaciones Literarias: Origen de un escritor , por A. Palacios: 39-44); la digital, en revista canadiense Azularte.

  2. McCoy, hijo de un soldado irlands que luch para la Unin en la Guerra Civil (1861-65), ms tarde se hizo jefe de la polica en Saginaw. Asisti a St. Ignatius College en Chicago y despus de ver un espectculo del oeste all, dej la escuela y encontr trabajo en un rancho de Wyoming, donde se convirti en experto jinete desarrollando un conocimiento de las formas y los idiomas de las tribus nativas en la zona. Compiti en rodeos y luego se alist en el ejrcito cuando EE.UU entr en la guerra. Tambin fue condecorado en la I y la II Guerra Mundial, llegando al rango de coronel en la Fuerza Area. En 1922, fue consultado por Jesse L. Lasky, para proporcionar extras indios para el show del oeste The Covered Wagon (1923). Trajo a cientos de sus indios a Utah y fue asesor tcnico en el filme. Terminado este, se le pide traer a un grupo ms pequeo de indios a Hollywood, para una visin previa a la proyeccin de cada filme. Esta etapa, muy popular, le permiti estar ocho meses all y varios ms en Londres y Pars. Regres a su rancho de Wyoming, pero Irving Thalberg de MGM pronto le firm un contrato para una serie de aventuras que lo lanz al estrellato. McCoy hizo 92 filmes en 40 aos, de 1925 a 65. Entre los ms conocidos: The Law of the Range y Riders of the Dark , ambos de   1927, Fighting for Justice (1932), Outlaws Paradise (1938), Riders of the West (1942), The Tim McCoy Show (1952) y Requiem for a Gunfighter (1965).

  3. En 1898, Baxter se mud junto con su madre a San Francisco. Luego del terremoto de 1906, su familia tuvo que vivir en una tienda por dos semanas. En 1910, Baxter empez a actuar en vodevil, ms tarde en teatro y luego inici su carrera cinematogrfica como extra. Tuvo su primer papel protagnico en 1921 en el filme Sheltered Daughters. Durante la dcada de 1920 actu en 48 filmes. Entre 1914 y 50, en ms de cien. Estuvo casado con la actriz Winifred Bryson desde 1918 hasta su muerte. Como tena artritis, se realiz una lobotoma para reducir el dolor. Muri poco despus de neumona y fue enterrado en el Forest Lawn Memorial Park en Glendale, California. Otros filmes: Grand Canary , Broadway Bill y Kidnapped .

  4. French, Philip. Westerns, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1977, 163 pp.

  5. La voz Destino manifiesto la cita por primera vez John OSullivan en Democratic Review, New York, jul/ago/1845: El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un rbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino (Wikipedia).

  6. Bajo engaos como el de la Alianza para el Progreso, lanzada en 1961 e ideada para minar la influencia de la Revolucin Cubana; para frenar, a nivel global, la expansin del comunismo; para dar inicio a una etapa sangrienta en Amrica Latina: la que hoy se pretende reiniciar con los pretextos de que (el difunto) Chvez, Correa, Kirchner, lderes elegidos democrticamente, tratan de consolidar su poder de forma extra-constitucional, segn Arturo Valenzuela, Secretario de Asuntos Hemisfricos del Dpto. de Estado (APM: 12/abr/11), olvidando que el presidente al que l representa, Barack Obama, fue acusado por el Congreso de ordenar el bombardeo de Libia extra-constitucionalmente; y que, como si esto fuera poco, lanz ms de 26 mil bombas en siete pases apenas en el ao 2016. Olvidando, que los gringos van es por el petrleo.

  7. http://www.voltairenet.org/article171730.html Gaddafi fue linchado por asesinado. https://falsasbanderas.wordpress.com/2013/07/12/libia-y-gadafi-la-gran-mentira-que-nos-colaron-y-nos-creimos/ 

  8. John Brushwood, La novela hispanoamericana del siglo XX Una vista panormica, FCE, 2001: 120.

  9. https://www.youtube.com/watch?v=hAlPysjCFHg 

  10. Si el Concordato de 1887 reafirmaba a la Iglesia como orientadora moral de la sociedad colombiana, reafirmando por ejemplo su injerencia en la educacin, para la costa pacfica su rol protagonista se reforzaba por la caracterizacin como tierras de misin que les haba dado el gobierno a dichos territorios, seala C. Agudelo en Retos del multiculturalismo en Colombia. Poltica y poblaciones negras, Medelln, La Carreta (Citado por E. Castillo y J. A. Caicedo en Rev. Nmadas No 33, U. Central, oct/2010: 114).

  11. En El concepto de indio en Amrica: una categora de la situacin colonial (1995, citado en Nmadas No 33: 111): Esa categora colonial (los indios) se aplic indiscriminadamente a toda la poblacin aborigen sin tomar en cuenta ninguna de las profundas diferencias que separaban a los distintos pueblos y sin hacer concesin a las identidades preexistentes. Tal actitud generalizante la comparten necesariamente todos los sectores del mundo colonizador y se ejemplifica bien en los testimonios que revelan la mentalidad de los misioneros: para ellos, los indios eran infieles, gentiles, idlatras y herejes.

  12. Ed. Progreso, Mosc, 1958; Intermedio, Bogot, 2010, edicin de la que se cita.

  13. https://www.dyskolo.cc/breve/nb010/ Pgina 17 (de 22) del pdf

  14. Quien a su vez se bas en La Maja y el Ruiseor de Enrique Granados, de su famosa suite Goyescas. Muy rpido fue una de las canciones ms populares del siglo XX. Emilio Tuero fue el primero en grabarla, pero el que la reg por el mundo fue Lucho Gatica. Hay incluso una versin de The Beatles, 1962.

  15. En La selva y la lluvia se evidencia la simpata de Palacios por la lucha sindical y obrera, a travs de Julio Matiz y Luis Anbal (suerte de alter ego chocoano, no tanto literario, del autor): El aspecto de la empresa minera [gringa] Choc-Pacfico, ah me tiene un problema del cual nosotros nos hemos ocupado muy poco, casi nada dijo Matiz, como hacindose un reproche personal Cmo es posible que no exista all un sindicato! (2010: 148). Luchar S seor Yo por lo menos definitivamente me entregar a poner mi granito de arena en la organizacin de la clase obrera, le dice Matiz a Luis Anbal. (Ibd.: 150)

  16. Escrita en 1938 y publicada finalmente por Editorial Amrica en 1947, 219 pp.; reedicin, 180 pp.

  17. Figuran tambin en ella Vivan los compaeros Cuentos completos, de Carlos A. Truque, Ensayos escogidos del narrayista Rogerio Velsquez, Tambores en la noche, de Jorge Artel, Evangelios del hombre y el paisaje Humano litoral, de Helcas Martn Gngora, entre otros ttulos de poesa, ensayo y narrativa.

  18. Marroqun es el autor de una pieza a la que si se le cambia el gnero puede devolverse contra l, La perrilla: Es flaca sobremanera/ toda humana previsin/ pues en ms de una ocasin/ sale lo que no se espera/. Sali al campo una maana/ un experto cazador,/ el ms hbil y mejor/ alumno que tuvo Diana/. Seguale gran cuadrilla/ de ejercitados monteros/ de ojeadores, ballesteros/ y de mozos de tralla.

  19. Y de paso De sobremesa (1895), de Silva, La vorgine (1924), de Rivera, Casa de vecindad (1930), de Osorio, y Mancha de aceite (1935), de CUP, pueden ser las cinco primeras obras modernistas y liberales (no de partido) de la literatura colombiana y de las primeras en Amrica Latina (lase Literatura y cultura Narrativa colombiana del siglo XX, tres volmenes compilados por Mara M. Jaramillo, Betty Osorio y ngela I. Robledo para MinCultura, 2000). Palacios a propsito de La vorgine: Y en cuanto al inters por nuestra literatura, desde mi llegada en 1949 a Pars, yo conoc unos hispanistas que fueron los pioneros, despus de la Guerra del Catorce o antes, en hacer conocer la literatura latinoamericana, pero no, no lograban tener mayor xito. Vi una edicin de La Vorgine, traducida precisamente por George Villement.

  20. Lewis, Mervin. Columbia, University of Missouri Press (1987: 21)

  21. Palacios, Carlos A. Truque (1927-1970), Jorge Artel, (Cartagena, 1909-1994), Manuel Zapata O. (Lorica, 1920-Bogot, 2004) y Juan Zapata O. (Lorica, 1922-C/gena, 2008).

  22. J. Lee Greene: Con seguridad, los mltiples disfraces que los esclavos usaron para engaar a sus amos y a los blancos en general son un indicativo de la estrategia que los negros han utilizado por siglos para sobrevivir en [EE.UU] (El sur de los EE.UU Retrato de una cultura, El ncora, 1994, 451 pp.: 330).

  23. Flicit-Maurice, Evelina. La novela afro-colombiana: Palacios, Rojas Herazo, Zapata Olivella: Mito, mestizaje cultural y afrocentrismo costeo. Tesis para el Doctorado en Filosofa, dirigida por Raymond L. Williams, en la U. de Colorado, en Boulder (1995: p. 49).

  24. Una ancdota de infancia ilustra la pobreza y, adems, la enfermedad que lo aquej hasta su muerte temprana, tuberculosis osteoarticular, en un paralelo con la vida de Palacios que no puede ser ms coincidente: Gramsci (1891-1937) comienza a asistir a la escuela primaria a los siete aos y la concluye en 1903 con el mximo de calificaciones. Sin embargo, las condiciones de la familia no le permiten inscribirse a la secundaria y da su pequeo aporte a la economa domstica trabajando en la Oficina del Catastro por 9 liras al mes, lo que es igual a un kilo de pan al da. Trabajaba diez horas diarias removiendo registros que pesaban ms que yo y muchas noches lloraba a escondidas porque me dola mucho el cuerpo (Wikipedia).

  25. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222754 

Luis Carlos Muoz Sarmiento (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Estudios de Zootecnia, U. N. Bogot. Periodista, de INPAHU, especializado en Prensa Escrita, T. P. 8225. Profesor Fac. de Derecho U. Nacional, Bogot (2000-2002). Realizador y locutor de Una mirada al jazz y La Fbrica de Sueos: Radiodifusora Nacional, Javeriana Estreo y U. N. Radio (1990-2014). Fundador y director del Cine-Club Andrs Caicedo desde 1984. Colaborador de El Magazn de El Espectador. Ex Director del Cine-Club U. Los Libertadores y ex docente de la Transversalidad Hum-Bie (2012-2015). Invitado al V Congreso Internacional de REIAL, Nahuatzn, Michoacn, Mxico, con Roberto Arlt: La palabra como recurso ante la impotencia (22-25/oct/12). Invitado por El Teatrito, de Mrida, Yucatn, para hablar de Burgess-Kubrick y Una naranja mecnica (27/oct/12). XXIV FILBO (4-16.V.11): Invitado por MinCultura a presentar el ensayo Arnoldo Palacios: Matar, un acto excluido de nuestras vidas (MinCultura, 2011), en Pabelln Juvenil de Colsubsidio (13/may/11). Invitado al II Congreso Internacional de REIAL, Cap. Colombia, Izquierdas, Movimientos Sociales y Cultura Poltica en Colombia, U. Nacional, Bogot, 6 a 8/nov/2013. Invitado por UFES, Vitria, Brasil, al I Congreso Int. Modernismo y marxismo en poca de Pos-autonoma Literaria, ponente y miembro del Comit Cientfico (27-28/nov/2014). Escribe en: www.agulha.com.br www.argenpress.com www.fronterad.com www.auroraboreal.net www.milinviernos.com Corresponsal www.materika.com Costa Rica. Co-autor de los libros Camilo Torres: Cruz de luz (FiCa, 2006), La muerte del endriago y otros cuentos (U. Central, 2007), Izquierdas: definiciones, movimientos y proyectos en Colombia y Amrica Latina, U. Central, Bogot (2014), Literatura, Marxismo y Modernismo en poca de Pos autonoma literaria, UFES, Vitria, ES, Brasil (2015) y Guerra y literatura en la obra de J. E. Pardo (U. del Valle, 2016). Autor ensayos publicados en Cuadernos del Cine-Club, U. Central, sobre Fassbinder, Wenders, Scorsese. Autor del libro Cine & Literatura: El matrimonio de la posible convivencia (2014), U. Los Libertadores. Autor contraportada de la novela Trashumantes de la guerra perdida (Pijao, 2016), de J. E. Pardo. Espera la publicacin de sus libros El crimen consumado a plena luz (Ensayos sobre Literatura), La Fbrica de Sueos (Ensayos sobre Cine), Msicos del Brasil, La larga primavera de la anarqua Vida y muerte de Valentina (Novela), Grandes del Jazz, La sociedad del control soberano y la biotanatopoltica del imperialismo estadounidense, en coautora con Lus E. Soares. Su libro Ocho minutos y otros cuentos (Pijao Editores, 2017) fue lanzado en la XXX FILBO, dentro de la Coleccin 50 Libros de Cuento Colombiano Contemporneo: 50 autores y dos antologas. Hoy, autor, traductor y, con Lus Eustquio Soares, coautor de ensayos para Rebelin.   

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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