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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2017

Los derechos de los ros

Jens Benhr y Toms Gonzlez Astorga
Rebelin


Cuatro lmites planetarios ya han sido transgredidos (Rockstrm & Steffen, 2015): el calentamiento global, la extincin de especies, el ciclo del nitrgeno y el cambio de uso de suelo de bosques a pastizales. Otros tres estn cerca de superarse: el uso del agua dulce, la acidificacin de los ocanos y el ciclo del fsforo. Actualmente gran parte de las iniciativas polticas verdes, en vez de revertir estos procesos de degradacin del planeta, han sido cmplices de empeorarlo y de generar pobreza y guerras. Modelos de gestin centralizados, que en definitiva no son democrticos, generan desconfianza entre las poblaciones locales, acostumbradas a luchar contra alianzas entre Estado y empresas bien dispuestas a la extraccin, pero sin inters en la proteccin de los bienes comunes.

De esta manera, podemos sealar una profunda contradiccin en nuestro sistema jurdico, el cual trata a los seres vivos como objetos o propiedades mientras que las corporaciones (que son una forma de propiedad), son tratadas como sujetos de la ley con personalidad jurdica y derechos. Esto alimenta un paradigma econmico basado en el crecimiento ilimitado a costa de la naturaleza, modelo que en ltima instancia no beneficia a nadie. Dentro de este panorama, en los ltimos aos han surgido una serie de propuestas legislativas, fundamentadas en cosmovisiones indgenas y filosofas ambientales, las cuales proponen el reconocimiento de los derechos de la naturaleza, y entre ellos, los derechos de los ros.

Derechos de la naturaleza

 La idea de los derechos fundamentales de la naturaleza proviene de la comprensin de nuestra especie como una ms entre muchsimas otras que habitan el planeta, donde cada ser tiene derecho a vivir y ser respetado. Estos seres no son slo aquellos que tradicionalmente hemos definido como vivos; tambin se incluyen montaas, glaciares, ros, lagos y bosques, elementos del paisaje y el territorio que son considerados seres sintientes y sagrados por diversas culturas. Esta idea no es nueva, pues hace siglos que gran cantidad de pueblos originarios de todo el mundo han pedido un reconocimiento distinto de la naturaleza, desde que los reinos europeos comenzaron a entrar en contacto con ellos y a explotar las riquezas naturales de sus territorios. Sin embargo, hace apenas unos 10 aos que esta idea ha cobrado fuerza y voz en los sistemas de legislacin occidental. Al respecto, en Sudamrica desde hace algunos aos puede identificarse la proliferacin de declaraciones y normas jurdicas que claramente se posicionan afirmando los derechos de la naturaleza.

En este contexto, destaca la Constitucin de Ecuador de 2008, en la que en el captulo sptimo, en el artculo 71, se expone que la naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneracin de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. De esta forma, Ecuador se ha instaurado como el primer el pas en el mundo en reconocer formalmente los derechos de la naturaleza y establecer una Constitucin biocntrica.

Otros ejemplos que le siguen son: la Ley de Derechos de la Madre Tierra de Bolivia anunciada el 2010; la Declaracin Universal de los Derechos de la Madre Tierra, en el marco de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climtico y los Derechos de la Madre Tierra, celebrada el 2010 en Bolivia; y la Declaracin del Foro Alternativo Mundial del Agua, desarrollado en 2012 en Marsella, Francia, en el que se afirm el reconocimiento de los derechos de los ecosistemas y especies, para su existencia, su desarrollo, su reproduccin y perpetuacin. Se apela a la elaboracin y el reconocimiento de los derechos de la naturaleza para garantizar a la biosfera, y a sus habitantes, la proteccin necesaria de su equilibrio y perennidad. (Berros, 2013).

Un caso en el que esta visin de la naturaleza propici resultados concretos es el de Colombia. El domingo 26 de marzo de 2017 y bajo el lema el agua vale ms que el oro los habitantes del municipio de Cajamarca votaron en plebiscito en contra de la explotacin de oro en su territorio. De esta manera, se opusieron al proyecto minero La Colosa, de la multinacional Anglo Gold Ashanti, que pona en riesgo a 161 ros que surten a 27 municipios del Tolima.

Derechos de los ros

Los ros son una parte clave del gran sistema terrestre llamado bisfera. Son el soporte de diversos ecosistemas, repercuten en la regulacin del clima, en el aprovisionamiento de agua y renuevan los suelos. Adems, la relacin entre los ros y el bienestar humano se refleja directamente en nuestra supervivencia a travs de la disponibilidad de agua potable y de riego. En su nacimiento en las montaas, los ros obtienen sedimentos y minerales esenciales para la vida que redistribuyen aguas abajo, en los valles y desembocaduras.

Podemos repetir con certeza algo mil veces dicho: los ros son las arterias de la tierra, y al igual que en el sistema circulatorio del cuerpo humano, que transporta nutrientes hacia rganos y tejidos, el mantener un ro libre le permite transportar nutrientes hacia los territorios y el mar. Cuando alguien dice el agua del ro se pierde en el mar, est ignorando las intrincadas relaciones y procesos entre el ro y su cuenca, los bosques, la lluvia, el mar y toda la biodiversidad asociada a estos ecosistemas (existen estudios que sealan a represas y embalses en ros como agentes significativos que contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero que no estn siendo contabilizadas). Un ejemplo de esta interdependencia son las diatomeas, pequeos microorganismos que son transportadas en el agua de los ros hacia los ocanos y las cuales estn asociadas a la alta biodiversidad de los mares cercanos a desembocaduras (Pfister et al, 2009). Podramos decir, por ejemplo, que la condicin de Chile de pas largo y estrecho repleto de ros que desembocan con nutrientes en el ocano Pacfico, sumado a la corriente de Humboldt, aporta a la riqueza especfica del mar, es decir, la salud de nuestros ros est directamente ligada a la salud marina.

Los motivos por reconocer los derechos de los ros son variados; entre ellos destacan las prcticas ancestrales asociadas a estos cuerpos de agua y su importancia espiritual. Este ao han surgido una serie de leyes que proponen cuidar un ro como si fuera una persona. En Nueva Zelanda, en marzo de 2017, se ha otorgado el estatus de persona jurdica al ro Whanganui, venerado por los maores. El parlamento neozelands ha aprobado una ley que combina los precedentes legales occidentales con la cosmovisin maor. La iniciativa es pionera en el mundo. Los maores, pueblo originario de Nueva Zelanda, llevaban 160 aos pidiendo el reconocimiento del ro como una entidad viva. El parlamento firm un acuerdo para que el ro Whanganui tenga los mismos derechos que una persona y ha asignado a la comunidad whanganui su administradora legal. Curiosamente, cinco das ms tarde, el 20 de marzo, el Alto Tribunal de Uttarakhand declar los ros Ganges y Yamuna (el afluente ms grande del Ganges) entidades vivas con derechos legales. Otro caso en India es el ro Narmada, reconocido como una entidad viva hace algunas semanas.

Sin embargo, ante esta serie de reconocimientos nos preguntamos Qu significa para un ro tener los derechos de una persona? Si el derecho humano ms fundamental es el derecho a la vida y la libertad, significa que el ro debera ser capaz de fluir libremente, libre de obstrucciones como las represas? Se extiende el derecho del ro a todas las criaturas del sistema fluvial? Cmo puede un ro, sin voz propia, asegurarse de que se respeten estos derechos o pedir compensacin si son violados? Quin recibira alguna compensacin? Y esos derechos pueden deshacer los errores del pasado?

Un alentador ejemplo en Latinoamrica es el ro Atrato en Colombia. La Corte Constitucional colombiana reconoci al ro Atrato como sujeto de derechos. La decisin fue tomada en noviembre del ao pasado; establece que el ro Atrato es un sujeto de derechos que implican su proteccin, conservacin, mantenimiento y en el caso concreto, restauracin. As, el alto tribunal le orden al gobierno de Colombia que cree una comisin de guardianes del ro Atrato que proteja este afluente.

En Chile an tenemos mucho que aprender de estas experiencias; podramos partir conversando con las culturas que habitan nuestro territorio. Para el pueblo mapuche los ros, y cuerpos de agua en general, son sagrados pues poseen ngenko, espritu de la naturaleza que habita y protege los espacios de agua (Grebe, 1993). Adems, distinguen entre trayenko, lil y menoko, los que podra considerarse como esteros, vertientes y pantanos (o humedales). Estos lugares son habitados por una gran diversidad de plantas y animales, y deben ser respetados, incluso hay que pedir permiso para entrar en ellos para buscar medicina, alimento o agua para beber (Neira et al., 2012).

A la luz de la actual degradacin de los ecosistemas del planeta, producto de la contaminacin del aire y el agua, la deforestacin de bosques milenarios para el monocultivo o la construccin de enormes diques de hormign para embalsar ros; los derechos de la naturaleza, y dentro de ellos los derechos de los ros, son cambios que slo sern posibles si la voz de los pueblos originarios, y de los grupos de ciudadanos conscientes, es reconocida en las esferas pblicas, como en Nueva Zelanda o Colombia. La abogada ambientalista Gloria Amparo Rodrguez cuenta que alguna vez le pregunt a un mamo de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, cules eran sus derechos. Su respuesta la dej sorprendida: No, no tengo derechos, pero tienen derecho el ro, el viento, la montaa. Nosotros solo tenemos los deberes de protegerlos a ellos.


Bibliografa:

- Berros, V. (2013). El ro posee derecho a no ser desviado de su curso: nuevas herramientas jurdicas disponibles en defensa de la naturaleza. X Jornadas de Sociologa. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

- Constitucin de la repblica de Ecuador (2008).

- Grebe, M. (1993). El subsistema de los ngen en la religiosidad mapuche, en Revista Chilena de Antropologa, 12: 45-64.

- Neira, Z. et al. (2012). Espacios ecolgico-culturales en un territorio mapuche de la regin de la Araucana en Chile, en revista Chungar, 44(2): 313-323.

- Pfister et al. (2009). The rivers are alive: on the potential for diatoms as a tracer of water source and hydrological connectivity, en Hydrol. Process. 23, 28412845.

- Steffen, W. et al. (2015). Planetary boundaries: guiding human developement on a changing planet, en Science, 347(6223).

Jens Benhr es antroplogo y trabaja en educacin ambiental en Chile. 

Toms Gonzlez Astorga es ingeniero en conservacin de recursos naturales y activista socioambiental en Chile.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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