Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2017

La frmula populista (y racista) noruega para llegar al poder

Sindre Bangstad
Statsministerens kontor


El 11 de septiembre de 2017, los ciudadanos noruegos acudirn de nuevo a las urnas para decidir si la actual coalicin de gobierno entre el Partido Conservador y el Partido del Progreso, en el poder desde octubre de 2013, continuar o ser sustituida por una coalicin en la que el socialdemcrata Partido Laborista desempear de nuevo un papel protagonista. El caso noruego ofrece algunos elementos que permiten comprender mejor cmo pensar y cmo no pensar acerca del reto que representa el populismo de derechas para las democracias liberales y seculares de Occidente. Como consecuencia del resurgir de la extrema derecha (que incluye a la derecha populista) en gran parte del continente europeo y de las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2016, que otorgaron el poder a Donald Trump, el populismo se ha establecido como una microempresa editorial menor que convoca a un gran nmero de acadmicos de diferentes disciplinas para que ofrezcan su opinin sobre el fenmeno, segn el punto de vista de su disciplina. En la mayora de los casos, lo que est ausente del relato de muchos de estos cientficos polticos que abarrotan actualmente este campo acadmico es la explicacin de las polticas de afecto que se encuentran en el origen del ascenso de estas formaciones. Los fluctuantes patrones de voto y sondeos de opinin tienen lmites en cuanto a la informacin que pueden ofrecer sobre las emociones polticas que estn detrs de este fenmeno. Pero antes, desvimonos un instante para buscar los antecedentes y el origen de la formacin populista de derechas ms importante de Noruega: el Partido del Progreso.

Del libertarismo al populismo de derechas

El Partido del Progreso noruego se cre en 1973 como un invento del famoso libertario de derechas y poltico heterodoxo noruego Anders Lange. Como muchos otros noruegos de derechas, Lange flirte brevemente con el naciente fascismo noruego durante la dcada de 1930 mediante su participacin en la Fedrelandslaget --una asociacin en la cual el otrora legendario hroe polar y Premio Nobel de la Paz, Fridtjof Nansen, representaba una figura central-- pero opt por oponerse a la ocupacin nazi de Noruega (1940-1945) durante la II Guerra Mundial. Lange edit un peridico libertario titulado El noticiero del perro, que, a pesar de su carcter bastante idiosincrtico, albergaba claras ideas de derechas y racistas (era un ferviente defensor del apartheid en Sudfrica. Su legado sobrevivi en la defensa de este rgimen racista que sus sucesores en el Partido del Progreso realizaban habitualmente en los debates parlamentarios hasta su abolicin definitiva en 1990). No obstante, sera razonable suponer que Lange, conocido por su caracterstica pipa de fumar y su licor de huevo, difcilmente reconocera a la actual cosecha de polticos del Partido del Progreso en el poder como los herederos de la formacin fundada por l en 1973 en el cntrico cine Eldorado de Oslo. Porque ese partido, conocido entre 1973 y 1977 como el partido de Anders Lange, se fund en una poca, que el fallecido historiador noruego Francis Sejersted diagnostic acertadamente como la poca socialdemcrata noruega, y en unos principios libertarios de oposicin enfervorizada a los impuestos y a la burocracia estatal. Fue el legendario sucesor de Lange --fallecido en 1974--, Carl Ivar Hagen, quien convirti realmente al partido en la mquina poltica bien engrasada y eficaz que conocemos hoy en da.

Y Hagen lo consigui superando tcticamente a muchos de los polticos aficionados y chiflados de los que Lange se haba rodeado, renombrando la formacin como Partido del Progreso en 1977, en referencia a la organizacin populista de derechas danesa que fund Mogens Glistrup, y adoptando la oposicin a la inmigracin, en particular a la musulmana, como pilar central de su poltica a mediados de la dcada de los ochenta. Esto ltimo coincidi con un aumento en el nmero de solicitantes de asilo en Noruega, y result ser muy eficaz para que el Partido del Progreso calara entre los votantes noruegos.

Hagen, que no abandon la presidencia del partido hasta 2006, tras haber ocupado el puesto casi sin oposicin desde 1977, acta hoy en da como el ms ferviente seguidor de un tal Donald Trump.

Con respecto a sus polticas econmicas, el Partido del Progreso pas, a mediados de los ochenta, de ser una formacin antiimpuestos y libertaria a defensora del Estado del bienestar: ningn otro partido poltico ofreca una promesa de mayor gasto social si resultaba elegido. Sin embargo, haba trampa: solo lo hara con la condicin de que el gasto social del Estado se limitara a aquellos que considerasen merecedores, e inevitablemente estos eran definidos en trminos etnonacionalistas. De ah el trmino acadmico bienestar nacionalista que desde hace tiempo representa al partido.

El Partido del Progreso en el poder

A lo largo de los ochenta, los principales partidos polticos noruegos, fueran de derecha, centro o izquierda, mantuvieron una poltica de cordn sanitario que evitaba cualquier cooperacin con el Partido del Progreso.

Esta formacin tampoco se preocupaba mucho por enmendarse: todava en 1995, por ejemplo, algunas figuras centrales de la organizacin se asociaron con activistas neonazis noruegos durante una campaa electoral parlamentaria. Una exposicin meditica que no hizo mella en su popularidad.

El partido adems se opona abiertamente a los medios de comunicacin dominantes. En un ensayo de lo que en la poca de Trump se ha convertido en una invocacin constante de la derecha populista que califica como noticias falsas las noticias que les disgustan, el Partido del Progreso atribuy a la emisora estatal noruega NKR el nombre de ARK, un acrnimo que juega con las supuestas simpatas de la emisora hacia el socialdemcrata Partido Laborista. Obviamente, esto no era ms que parte de la parcela de antielitismo y antiintelectualismo caracterstica de todos los partidos populistas de derechas del mundo.

Lo que hizo que el cordn sanitario fuese cayendo de forma paulatina fue la constatacin generalizada por parte de las principales formaciones de que el Partido del Progreso haba conseguido imponer de forma hegemnica su posicin con respecto a la inmigracin y a las polticas de integracin, y que adems esta haba atrado a un gran nmero de sus antiguos votantes. Los politlogos noruegos han demostrado la forma tan drstica en que cambi no solo el tono y el sentido de los debates sobre inmigracin e integracin en los noventa, sino tambin cmo los principales partidos polticos de izquierda y derecha modificaron cada vez ms sus opiniones sobre estos asuntos en sus programas. En este sentido, sera difcil no ver una reaccin a la defensiva de los dems partidos frente a la intimidacin del Partido del Progreso por su supuesta debilidad con respecto a estos asuntos. En las elecciones parlamentarias de septiembre de 2009, durante las que la estrategia del Partido del Progreso fue atacar incesantemente a los inmigrantes y a los musulmanes mediante la amenaza de una inminente islamizacin encubierta de Noruega, esta formacin super al Partido Conservador como el segundo ms importante en el Parlamento. Fue entonces cuando los estrategas conservadores, que hasta entonces haban sido fieles en sus acuerdos con los centristas democrta-cristianos, comenzaron a realizar acercamientos hacia los populistas al darse cuenta de que la nica forma de conseguir volver a gobernar sera confiando su futuro electoral a una alianza con el Partido del Progreso.

Si se observa en profundidad, esto dio lugar a un matrimonio poltico de conveniencia entre dos socios extremadamente desiguales, ya que el Partido Conservador cuenta con los votantes con mayor nivel educativo y mayores ingresos del pas, mientras que los que eligen al Partido del Progreso son aquellos con menor nivel educativo, que ocupan puestos precarios en el sector servicios y que ms dependen de las asistencias sociales. No obstante, el trato que alcanzaron funcion bastante bien para ambas partes: el Partido Conservador ha sido el que ha marcado la pauta del gobierno en cuanto a poltica econmica, fundamentalmente en relacin con la privatizacin y los impuestos, mientras que el Partido del Progreso ha concentrado sus esfuerzos en controlar con mano frrea la inmigracin y las polticas de integracin.

Desde que alcanzara el poder en octubre de 2013, el partido ha cumplido su promesa de favores polticos: la presidenta del Partido del Progreso y ministra de Economa, Siv Jensen, sin ninguna formacin econmica y que admite de buen grado no leer libros de ningn tipo, ha recurrido ms que ninguno de sus predecesores al Fondo Petrolero de Noruega, el instrumento establecido por el gobierno socialdemcrata del ex primer ministro Jens Stoltenberg para asegurar la viabilidad econmica futura de las prximas generaciones. La burocracia del Estado y los empleos del sector pblico se han multiplicado como resultado, sobre todo, de los faranicos proyectos en infraestructuras viarias y ferroviarias. Y, adems, el gobierno ha concedido rebajas y recortes de impuestos sin precedentes al 1% ms rico de Noruega. Por supuesto, no es ninguna coincidencia que algunos de los empresarios noruegos ms ricos estuvieran entre los principales artfices de la coalicin gubernamental entre el Partido Conservador y el Partido del Progreso: el gobierno no ha hecho sino devolver el favor en metlico. Mientras tanto, el desempleo, aunque es relativamente bajo en trminos comparativos, ha crecido hasta alcanzar niveles no vistos desde los noventa, como consecuencia de los bajos precios internacionales del petrleo y de la reduccin del sector petrolero, que supone aproximadamente un 40% de la recaudacin pblica. Las desigualdades socioeconmicas han aumentado y son adems cada vez ms raciales, puesto que los hijos de los noruegos de origen inmigrante representan un nmero desproporcionadamente mayor entre los nios que viven en la pobreza, rodeados por la abundancia de Noruega. Los programas de asistencia social para los pobres, los parados, los enfermos o los discapacitados tambin han sufrido recortes.

Qu conclusiones se pueden sacar sobre la naturaleza del populismo de derechas a partir del caso noruego?

Resulta de alguna manera paradjico que algunos de los partidos populistas ms poderosos actualmente en las democracias liberales de occidente --ya sean los Verdaderos Finlandeses, de Finlandia, el Partido Popular Dans, de Dinamarca, los Demcratas de Suecia o el Partido del Progreso de Noruega-- se hallen en los pases nrdicos, puesto que al fin y al cabo estos se caracterizan por unas desigualdades socioeconmicas comparativamente bajas (aunque cada vez mayores), unos altos niveles de educacin entre la poblacin y por haber sido capaces de capear razonablemente bien las todava presentes y recurrentes crisis financieras y econmicas mundiales.

Si el resentimiento de la clase trabajadora masculina blanca, como consecuencia de la desigualdad socioeconmica, de la falta de representacin poltica y social, de la precariedad y de la globalizacin, fuese todo lo que haba en el auge del populismo de derechas, el actual escenario nrdico no tendra mucho sentido. Esto no quiere decir que los condicionantes socioeconmicos no sean importantes: es un hecho demostrable que los votantes del Partido del Progreso suelen tener niveles bajos de educacin y cualificacin y que son blancos en su mayora. Pero el caso noruego nos habla de la profunda atraccin que provocan las narrativas culturales centradas en la marginacin sentida (no necesariamente real) por una cierta concepcin de la blanquitud masculina en condiciones de neoliberalismo y globalizacin. Resulta caracterstico de una gran parte de la teora politolgica actual que la poltica identitaria que, por lo general, nadie nombra en estos contextos sea la poltica identitaria blanca; una poltica que los populistas de derechas han sabido alimentar en una poca de terror y crisis continuada de la legitimidad poltica. El populismo de derechas (al contrario de lo que quieren que pensemos algunos sectores de la extrema izquierda) no es fascismo, aunque la obra cumbre de Robert O. Paxton sobre la historia del fascismo moderno nos recuerde que este lleg al poder gracias a las alianzas polticas estratgicas que estableci con los conservadores durante el perodo de entreguerras en Europa. De casi igual manera, el caso nrdico y noruego nos demuestra que hasta ahora los populistas de derechas no han llegado solos al poder, sino que son los conservadores quienes les han recibido con los brazos abiertos. Por mucho que les moleste a los conservadores noruegos, la realidad poltica muestra, por regla general, un tipo de pacto faustiano, segn el que los populistas de derechas en el poder ignoran los principios conservadores relacionados con los derechos humanos, la ley internacional y los compromisos humanitarios, que en realidad nunca les importaron un comino. De forma sorprendente y en contra de la lgica ms bsica, los polticos del Partido Conservador de Noruega han comenzado, a imitacin de Trump, a hablar del populismo como una amenaza existencial, mientras fingen no darse cuenta del hecho de que gobiernan junto a un partido populista de derechas, y han llegado hasta el extremo de calificar tanto a los centristas como a los socialdemcratas noruegos como populistas. Queda por ver si el electorado noruego seguir los pasos de los votantes holandeses, franceses y britnicos y rechazar este pacto faustiano en las elecciones de septiembre.


Sindre Bangstad es investigador asociado del KIFO (Instituto de Investigacin sobre Iglesia, Religin y Cosmovisin), Oslo, Noruega. 

Traduccin de lvaro San Jos.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter