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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2017

Corrupcin: su moral y la nuestra

Manuel Gar
Viento Sur


Y all mismo, detrs de la estrategia / irrevocable del terror, no escuchas / el sanguinario paso de la secta, la marca repulsiva / del investido de poderes, / sus rapias, sus maas y patraas?

(J.M Caballero Bonald, Manual de infractores)

Para quienes pensamos que la poltica es la gran herramienta para la emancipacin de las clases subalternas, su uso como palanca de enriquecimiento personal o para sufragar la posicin electoral de las diversas camarillas mafiosas es algo que inmediatamente nos sita como antagonistas del orden que posibilita esta inmoralidad.

No es casualidad que el pueblo de izquierdas, el que aspira a profundos cambios, tenga una actitud ms crtica e inflexible ante los casos de corrupcin de sus lderes que la que mantiene la base popular del electorado de derechas, capaz de disculpar a Brcenas si preciso fuera. Slo en momentos muy crticos y con elevados riesgos de mayor derechizacin, ese pueblo de derechas se moviliza contra el saqueo. En un plano general hay dos enfoques ticos en disputa sobre la corrupcin y de cul sea el resultado del conflicto, depender el reforzamiento del sentido comn dominante que consolida la dominacin o, por el contario, su sustitucin por un nuevo sentido comn emancipador emergente.

La hiptesis de trabajo contra la corrupcin ms plausible es que si estamos ante un fenmeno individual y aislado, el objetivo debe ser minimizarla mediante medidas de transparencia, publicidad y control administrativo, junto a modificacin de leyes mercantiles y penales, y todo ello acompaado del clima que asegure el rechazo social ante tales casos. Pero si, por el contrario, como es el caso mayoritario, estamos ante un fenmeno sistmico, hay que plantearse actuaciones sistemticas, de amplio espectro y duraderas para lograr su erradicacin, que no excluyen las anteriormente citadas pero que deben ser integradas en un abanico ms amplio de medidas. Y tal como he venido defendiendo la adopcin de esas medidas para que sean eficaces, deben partir de la consideracin de la naturaleza del fenmeno de su relacin estructural con el tipo de capitalismo que se ha ido configurando contemporneamente y con el proceso de desmocratizacin consiguiente tal y como plantea Jaime Pastor (2010) en Corrupcin poltica vs. democracia y socialismo desde abajo 1/.

La tica de los de arriba

La clase dominante tiene una doble moral ante el delito. En su crtica a Max Weber por el estrecho mbito al que aplica la tica de la responsabilidad, el filsofo Augusto Klappenbach, refirindose al caso espaol, escriba hace un ao: sospecho que los protagonistas de los frecuentes casos de corrupcin que se han descubierto en las instituciones pblicas no practicaban sus fechoras con la misma actitud interior que un delincuente de a pie. Creo que de algn modo estaban convencidos de que su pertenencia al grupo de los elegidos les conceda ciertas prerrogativas para recibir prebendas y utilizar el dinero pblico que ellos mismos habran considerado indefendibles en otras circunstancias en las que el robo y la estafa no gozaran de esta inmunidad 2/p>

Pero el error de Weber es an ms grave que el sealado por Klappenbach. Pues en La tica protestante y el espritu del capitalismo 3/ asocia de forma gratuita el buen desarrollo capitalista burgus con unas pautas noroccidentales cristianas que en teora rechazan la falta de escrpulos para obtener dinero. Esta visin etnocentrista y sectaria, vinculada al mundo calvinista, ha servido de teora general en las facultades de economa y poltica y en las escuelas de negocio de los pases imperialistas y sus satlites. Nunca fue correcta, hoy menos que nunca. Como plantea Carlos Bez, la tesis de Weber se ha venido abajo con la supremaca del capitalismo especulativo 4/. E incluso an antes se pudo constatar que Weber mistific la realidad de la actuacin de los comerciantes e industriales anglicanos, evangelistas, episcopalianos, luteranos, calvinistas o seguidores de Zuinglio en sus actuaciones en casa, pero sobre todo en las colonias, en el saqueo de las mismas y en la explotacin de sus habitantes, que no dudaron en corromper y en servirse de corruptos locales como U Po Kyin, uno de los personajes -que resulta emblemtico a estos efectos- de la primera novela del genial George Orwell.

A la clase dominante el robo del erario pblico, evadir impuestos, la comisin de delitos financieros o enviar sus botines a parasos fiscales no le repugna tanto como el robo de carteras en el metro por un raterillo. Cuando esa moral se hace mayoritaria en el pueblo, se explica que haya trato de favor a muchos de los corruptos imputados o que delincuentes fiscales y financieros como Trump o Rodrigo Rato hayan llegado a la cima del poder. Tanto por parte de los gobiernos, de la fiscala como de la judicatura, o de algunos medios de comunicacin y de los voceros de los partidos que juegan el papel de abogados de los delincuentes se considera que el ladrn de guante blanco es un gentleman que cometi un error: le pillaron. Eso es tambin lo que explica que el FMI, el santa sanctorum capitalista, haya tenido al frente en los ltimos aos como directores a insignes sinvergenzas: adems del citado patriota Rodrigo Rato le han sucedido Dominique Strauss-Khan y Christine Lagarde. Son de los suyos. Son muestras de la doble moral burguesa.

Poderoso caballero

Es un lugar comn recurrir a la afirmacin atribuida a Lord Acton el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Es una afirmacin incompleta porque no considera que, en una sociedad regida por el afn de lucro y la riqueza, en la que el discurso poltico se reduce al presupuestario, en la que la gestin, incluida la pblica, tiene como criterio fundamental el coste/beneficio, la atraccin que ejerce el dinero es determinante. El poder social del dinero, la ocupacin de las mentes por el dinero es enorme y, por tanto, con esa metstasis de la mercanca dinero viaja su husped la corrupcin. Dinero y corrupcin se constituyen en una fuerza clave en el entramado de la sociedad burguesa.

Como teln de fondo ideolgico de la doble moral burguesa, est la ideologa econmica liberal que parte de dos premisas, ambas indemostradas. Por un lado, la superioridad de la gestin privada frente a la pblica, o sea del mercado respecto al plan para asignar recursos, y, por otro, la existencia de una separacin drstica entre la esfera pblica y la privada, que coexisten, pero no se contaminan. Por eso los gobernantes y sus corifeos no ven problema alguno en las puertas giratorias, que los seores diputados procedan de ciertas empresas, formen parte de ciertos despachos de abogados o ingenieras, o que acaben formando parte de consejos de administracin en sectores-premio; ni atisban corrupcin en la aprobacin de las innecesarias y ruinosas autopistas de peaje radiales en Madrid que se han realizado para ms INRI con aval financiero pblico. Tampoco ven problema a declarar de inters nacional el grueso de las obras pblicas sean infraestructuras viarias del AVE o autopistas o las derivadas de la poltica hidrulica, cuando realmente esas decisiones quien realmente las tom fueron las empresas que se dedican a la obra pblica. Para conseguirlo las grandes compaas cuentan con importantes bazas: amigos en partidos, presiones y el lubricante monetario.

Mandel (1994) desarrolla la idea que es el poder econmico y su concentracin en pocas manos el factor decisivo en la corrupcin porque el poder corrompe. Mucho poder engendra mucha corrupcin. Pero en la poca del capitalismo, no puede haber poder [poltico] absoluto, pues en ltima instancia la riqueza y el dinero dominan. La gran riqueza corrompe tanto como el poder, si no es que ms 5/. Idea que tambin esboz aos antes Gramsci, al afirmar en las Notas sobre Maquiavelo que la acumulacin de poder econmico genera corrupcin 6/. Ambos autores corroboran algo evidente: en el capitalismo, las sacas de billetes, acciones y obligaciones otorgan un gran poder a quien las poseen y corrompen lo que tocan en su entorno social.

salvar las instituciones o defender el inters pblico

Situar la posicin respecto al dilema que encabeza el apartado es bsico. El riesgo que comporta la corrupcin sistmica no es que acabe con las instituciones. De hecho, algunas de ellas estn precisamente diseadas para poder saquear las arcas, bienes y servicios pblicos. Puede perpetuarse la corrupcin y seguir funcionando la institucionalidad.

Lo incompatible con la corrupcin es el inters de la mayora social y el ejercicio real de la democracia en condiciones de igualdad y libertad porque la corrupcin mina las bases mismas de la sociedad e impide que se fundamente en la persecucin del bien comn. Lo incompatible con la corrupcin por tanto es el inters pblico.

Por ello es errnea la idea que subyace en la afirmacin del filsofo Gustavo Bueno (2010) cuando afirma que la democracia no muere por la corrupcin, solamente hiede 7/. Las que pueden sobrevivir a la corrupcin son las instituciones del Estado, bajo forma y apariencia ms, menos o nada democrtica, pero la democracia, entendida como el gobierno del pueblo por el pueblo sufre un importante deterioro y quebranto con la corrupcin porque sta va contra el inters pblico y merma el espacio material de lo pblico. El catedrtico de Derecho Administrativo Alejandro Nieto afirma que La corrupcin no ataca al Estado en general pero s al democrtico 8/.

Dados los debates en curso, conviene recalcar que institucionalidad y democracia no son sinnimos; como tampoco lo son democracia y capitalismo. Y tambin que el Estado no es un artefacto neutral en el conflicto entre las clases con capacidad para acabar con la corrupcin. Depende del momento, el Estado, puede jugar diferentes papeles dependiendo de los intereses generales de la burguesa con el objetivo de perpetuar su dominacin. Por ello en las sociedades burguesas con libertades polticas el sensor primordial del Estado para actuar frente a los casos de corrupcin es el del grado legitimidad social del poder en esa situacin.

El conocimiento pblico de la proliferacin de casos de corrupcin con grados muy altos de latrocinio puede producir tal alarma social que ponga en riesgo la legitimidad de los gobiernos e incluso del sistema que amparan. En el caso de que haya un descenso de esa legitimidad, Adam Smith, fundador del pensamiento econmico capitalista en los albores del mismo, para defender lo esencial del sistema (el negocio), adverta que El comercio y las manufacturas, en pocas palabras, no pueden florecer fcilmente en un Estado en el que no haya un cierto grado de confianza en la justicia del gobierno 9/.

Asimismo en ciertas condiciones la mezcla de esa fractura social como la que enfrenta a la ciudadana con la `clase poltica no podemos sorprendernos de que la hiptesis de un `estallido social sea vista como algo ms que probable incluso por quienes no participan en l () difcilmente se puede encontrar desde 1978 un proceso de deslegitimacin tan rpido de un gobierno que contara con mayora absoluta en el parlamento espaol, tal como plante hace cuatro aos Jaime Pastor (2013)10/.

Ante esa eventualidad el padre de la ciencia poltica moderna, Nicols Maquiavelo, es tajante "Advirtase tambin la facilidad con que los hombres se corrompen () Bien estudiados tales sucesos por los legisladores en las repblicas o en los reinos, les inducirn a dictar medidas que refrenen rpidamente los apetitos humanos y quiten toda esperanza de impunidad a los que cometan faltas arrastrados por sus pasiones 11/. Actualmente la burguesa, inspirada en la idea de Maquiavelo de que en casos graves hay que hacer tabla rasa y modelar de nuevo el poder, es posible que se vea obligada a sacrificar algunas piezas para asegurar la estabilidad de su dominacin.

Llegado un punto crtico de ebullicin y para enfriar la caldera social una de las opciones en manos de la burguesa es sacrificar peones para defender los intereses del conjunto del sistema e incluso realizar reformas para regenerar el sistema si afectar a su naturaleza. Incluso en situaciones extremadamente graves como la que vive Brasil en estos momentos, sectores de la burguesa representada por el ex presidente Cardoso o la cadena Globo estn pidiendo la dimisin del todava presidente Michel Temer. Por ello Mandel (1994), advierte que el remplazo de las camarillas ms corruptas por otras fuerzas polticas no significa que se altere la dinmica fundamental si sigue imperando el criterio del enriquecimiento 12/. Cosa que se pudo constatar en los aos posteriores a ese escrito con los gobiernos italianos de Silvio Berlusconi.

Por ello nuestra apuesta en el para instituciones / democracia antes planteado, debe superar los marcos formales y situar sus respuestas en torno a los elementos que sustancian la democracia, la justicia y la igualdad que son los que efectiva y materialmente son incompatibles con la corrupcin.

Tres consideraciones sobre los instrumentos

Para conjurar el mal del latrocinio de arcas y bienes pblicos y sus consecuencias, y tambin el peligro de aparicin de cavalieri populistas, debemos ser conscientes de tres cuestiones:

El laissez faire liberal es un suicidio social

Dejar pasar la corrupcin genera indignacin, pero tambin impotencia cuando no cinismo social que puede ser caldo de cultivo de la derechizacin de sectores de masas que buscan en lderes demagogos parafascistas las soluciones mgicas. Hay que hacerle frente desde el primer momento con todos los medios y decisin.

Papel y lmites de la tica

Desde la tica y el cambio de valores y parmetros culturales se puede denunciar e impugnar la corrupcin, pero no erradicarla o al menos minimizarla dada su textura y las causas que la originan. El cambio de las mentes y los valores es condicin sine qua non para luchar contra la corrupcin, pero ni la corrupcin es un asunto de meras desviaciones morales individuales, ni se erradica a (simple) golpe de una nueva ideologa regeneracionista; es preciso modificar las condiciones materiales y el marco institucional concreto que en cada caso le sirven de base.

Papel y lmites de las medidas jurdico institucionales

Las medidas jurdicas y administrativas para su deteccin, control y castigo son necesarias e imprescindibles, pero no suficientes, precisamente porque la corrupcin sistmica tiene relacin directa con el modelo productivo vigente y con el mismo modo de produccin. Sin la accin poltica no se puede erradicar o minimizar la corrupcin, pero la esfera de la poltica es una parte, un ingrediente, que sin el concurso de los cambios materiales tiene muy limitada su capacidad de cambio.

Hannah Arendt, en sus interesantes consideraciones sobre la naturaleza corruptora de la mafia italiana, afirma que para acabar con la injusticia social que genera esta gangrena es necesaria la poltica como materializacin de la libertad de eleccin, cosa que es cierto, pero, a la vez, critica innecesaria e incomprensiblemente a Marx porque, segn la autora, ste subordina la poltica a la produccin -afirmacin que jams hizo el alemn- 13/.

Para luchar contra fenmenos como la corrupcin que atraviesan la esfera cultural, moral, institucional y material, se necesita la accin poltica desde ya, inmediatamente, sean cuales sean las condiciones y las correlaciones de fuerza, pero a medio y largo plazo o se modifican las relaciones de produccin o no se lograr combatir efectivamente la lacra social ni habr democracia real.

hitos de una hoja de ruta anticorrupcin

Si acertamos en las tareas en las instituciones y en la organizacin, movilizacin y expresin poltica de la indignacin popular, es posible que conozcamos la crisis de la Tangentpolis a la espaola pero sin el desgraciado resultado de la aparicin de los Berlusconi. Vamos a estar atentos a los posibles efectos que a medio plazo tengan las muy oportunas mociones de censura en la Asamblea de Madrid y en el Parlamento espaol presentadas por Podemos. Mociones que tienen como primer objetivo exigir pblicamente responsabilidades polticas para dar paso, si es posible, en el futuro, a cambios de gobierno y responsabilidades penales. Y por qu no?, empujar en el sentido de la ruptura democrtica que posibilite la apertura de procesos constituyentes.

Si logramos hacer patente ante la mayora de la sociedad que la corrupcin anida en el rgimen y se alimenta del sistema habremos dado un paso positivo en la senda de ahondar las grietas del rgimen poltico y de aumentar la desconfianza y rechazo de las masas respecto al capitalismo.

En este caso como en tantos de la vida social y econmica la clave sigue siendo tanto en la sociedad actual como en una sociedad pos capitalista lo que el marxista alemn Stefan Heym perseguido por el nazismo y represaliado por el estalinismo denominaba control social desde abajo. Esta es la base de una democracia real, basada en la iniciativa y participacin popular, en el control de las decisiones de los representantes y en la permanente deliberacin del conjunto de la sociedad sobre los asuntos que les atae creando mecanismos para poder decidir en ltima instancia de forma colectiva y soberana.

En el plano de la actividad poltica

La batalla exige ejemplaridad y contencin en el ingreso de los cargos pblicos como han ejercitado Podemos, las confluencias y las candidaturas municipalistas del cambio. Y tal como se plantea en sendos trabajos de Pastor en viento sur, entender la actividad poltica como compromiso voluntario con la transformacin social y no como un oficio o profesin en la que escalar, terminar con la profesionalizacin mediante la limitacin de mandatos, la aplicacin de incompatibilidad con otras actividades remuneradas y rendir cuentas al electorado, asegurar la regulacin de mecanismos como las primarias y la rotacin y revocacin de cargos 14/ y asimismoacabar con la presin derivada del incremento de las necesidades de financiacin de los partidos polticos y de las campaas electorales estimulada cada vez ms por el nuevo estilo de hacer poltica a la americana 15/ cosa que solo se puede hacer limitando el gasto de las actividades en campaas y fuera de campaas, y la total transparencia en las cuentas de los partidos e instituciones en tiempo real.

Se trata de convertir instituciones, partidos, sindicatos y cualquier asociacin que se nutra de fondos pblicos en autnticas casas de cristal, dnde prime el derecho de la informacin ciudadana sobre cualquiera otro, informacin ergonmica para las personas o sea accesible y ordenada. Lo que exige una nueva legislacin que regule el estatuto de los cargos electos, el funcionamiento y la financiacin de los partidos polticos y el sistema electoral.

Sigue el dinero y encontrars el corrupto

La batalla exige una legislacin que condene al ostracismo total a los parasos fiscales y a las empresas e individuos que esconden sus patrimonios en los mismos. Asimismo, es preciso modificar la legislacin de contratacin pblica para erradicar absolutamente cualquier grado de discrecionalidad y legislar ex novo sobre los bienes estratgicos como el suelo, el agua, la energa y el dinero para impedir la especulacin que suele llevar aparejada la corrupcin. Los cambios en la administracin pblica implicarn minimizar los cargos de libre designacin en beneficio del desempeo de los profesionales de la funcin pblica que debern estar sometidos al escrutinio ciudadano permanente mediante modos claramente establecidos. La batalla exige que se pongan en pie los mecanismos de alerta y control, los protocolos de actuacin, los procedimientos de seguimiento y denuncia en manos de una ciudadana moralmente rearmada.

Ms democracia asegura menos corrupcin

Ms all, si establecemos el horizonte civilizatorio al que queremos encaminarnos, si pensamos en trminos de proyecto de sociedad, podemos concluir que se pueden eliminar las consecuencias negativas del poder absoluto o casi absoluto que tienen los gobernantes y las lites econmicas sobre su ciudadana si, y solo si, se combate y elimina a la vez el Estado fuerte y la gran riqueza del dinero. A eso se le llama transicin post capitalista en ruta hacia la sociedad de iguales y libres, pero exige luchar contra el capital y sus desmanes, y la ruptura con el sistema poltico que lo ampara para poner en pie una nueva arquitectura econmica y poltica, social y cultural. Ello va ms all de la estatalizacin de la economa, se trata de socializar las fuentes de riqueza y la gestin de los bienes comunes, de impulsar la autogestin y, por supuesto, el propio poder para evitar que una nueva oligarqua acabe adoptando las decisiones fundamentales en los temas que afectan a la dignidad de las personas y el equilibrio de la biosfera.

Manuel Gar, economista y miembro del Consejo editorial de viento sur


1/ Pastor, J. (2010) Corrupcin poltica vs. Democracia y socialismo desde abajo, viento sur , nm 108, febrero 2010, disponible en http://vientosur.info/spip.php?article3119

2/ Klappenbach, A. La tica del poltico, de Maquiavelo a la corrupcin actual, Pblico, 18/06/2016.

http://blogs.publico.es/dominiopublico/17117/la-etica-del-politico/

3/ Weber, M. La tica protestante y el espritu del capitalismo, Pennsula, Barcelona, 1975

4/ Bez, C. (2012:41) La modernizacin fallida, Betania.

5/ Mandel, E. (1992:276) El poder y el dinero. Contribucin a la teora de la posible extincin del Estado. Siglo XXI, Mxico, 1995

6/ Gramsci, A. Notas sobre Maquiavelo, sobre la poltica y sobre el Estado Moderno. Edicin Nueva Visin, Buenos Aires, 1980

7/ Bueno, G. (2010:pp 367) El fundamentalismo democrtico. Temas de Hoy, Madrid, 2010

8/ Citado por Bez, ibidem pp 43, en referencia al libro de Alejandro Nieto Corrupcin en la Espaa democrtica, Ariel, Barcelona, 1997

9/ Smith, A. La riqueza de las naciones, Libro V Captulo III

10/ Pastor, J. (2013) Estado espaol: Brcenasgate: Corrupcin y ciris sistmica, web viento sur. http://vientosur.info/spip.php?article7608

11/ Maquiavelo, N. Discursos sobre la Primera Dcada de Tito Livio, 1, XLII

12/ Mandel. E (1994:pp 248)

13/ Arendt, H. Taking Politics Seriously: The Promise of Politics, Schocken Books, Nueva York, 2005, pgs 70 a 80

14/ Pastor, J. (2003), La poltica de los negocios y las urnas, viento sur, n 70, 16 de noviembre de 2003

15/ Pastor, J. (2010) Ibid.

Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article12751



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