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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2017

La literatura y el mal

Santiago Alba Rico
Ctxt

Sobre la novela El caparazn, en la que el autor, Mustafa Khalifa, exiliado en Francia, narra su experiencia en las crceles sirias de Hafez Al-Asad entre 1981 y 1994


La experiencia de la lectura viene siempre determinada por dos coordenadas, si se quiere, materiales. Una tiene que ver con el texto, que nos llega en diferido, en la distancia de un pasado que, cristalizado y conservado entre las tapas del libro, como en una lata de conservas, dej de existir hace ya tiempo y nos alcanza por tanto amortiguado, despuntado y vencido: es lo que llamamos ficcin. La otra coordenada tiene que ver con el cuerpo del lector. La lectura reclama la postura sedente y condiciones ms o menos confortables para la concentracin; ponerse a leer es, de alguna manera, aburguesarse. Se puede leer tambin, es verdad, en una trinchera o de pie en un vagn de metro, pero hasta tal punto el libro impone unas reglas ergonmicas de recepcin que, apenas abrimos sus pginas, incluso baqueteados en medio de una tormenta, la lectura nos protege tanto de las verdades que contiene el libro como del mundo en que lo leemos. Esta diferencia en el tiempo y esta comodidad en el espacio constituyen la fuente de todos los peligros asociados a la literatura: el de que nos tomemos demasiado en serio lo muy lejano, como Don Quijote, y el de que, al revs, nos tomemos como imposible o increble lo ms cercano.

El primer riesgo es apenas la patologizacin de la experiencia literaria misma como contrato y compromiso, y como condicin, por tanto, de ampliacin del mundo y de progreso moral y emocional. El segundo riesgo, al otro lado, est asociado a la resistencia del lector, protegido por el marco de la ficcin, a relacionar lo que lee con el mundo en el que vive; y a su insistencia, por tanto, en encerrar la experiencia literaria en el cajn del libro. Don Quijote se crea las novelas de caballera porque estaban en un libro; pero preferimos igualmente no creernos las torturas sufridas por Mustafa Khalifa porque estn en un libro.

El propio Mustapha Khalifa, en el prlogo a la edicin espaola, recuerda las dudas que le embargaron a la hora de escribir y publicar la obra. Se tema una de estas dos cosas: que el lector en general, sobre todo el europeo, considerase falso o al menos exagerado su testimonio; y que el lector sirio considerase invencible, y aceptase con resignacin, un rgimen capaz de someter a sus ciudadanos, de manera arbitraria, a una violencia semejante. Pero, de qu libro estamos hablando? De El caparazn, publicado por Ediciones del Oriente y el Mediterrneo, en el que el citado Khalifa, hoy exiliado en Francia, novela su experiencia en las crceles de Hafez Al-Asad, el padre del actual dictador sirio, entre 1981 y 1994. El libro, publicado en 2008, ha sido trgicamente reactualizado por el mundo mismo en los ltimos seis aos, verificado desde fuera por una realidad que, de pronto, convierte casi en travesuras las atrocidades que el autor vivi en la nefanda prisin de Tadmur, junto a Palmira. Atroz contrapunteo y desbordamiento entre la realidad y la ficcin, lo que en 2008 era inalcanzable para la conciencia hoy es inalcanzable para la literatura.

Toda lectura es lectura del pasado; y toda lectura es la lectura que hace un cuerpo a salvo. Son precisamente estas dos coordenadas las que estallan mientras seguimos a Mustapha Khalifa, ingenuo y apoltico, a los bratros de las agencias de seguridad del rgimen y al infame campo de exterminio en el desierto. Todo lo que cuenta ah ha seguido ocurriendo y sigue ocurriendo en Siria mientras lo leemos, y no porque lo estemos leyendo (que es la experiencia contractual rutinaria de la ficcin), sino porque Bachar Al-Asad y sus sicarios siguen cometiendo los mismos crmenes. Al mismo tiempo, la escritura sobria de Khalifa, casi clnica, despojada de todo victimismo y toda complacencia literaria, boicotea la comodidad del cuerpo sedente del lector. Incluso cuando leemos de pie una novela, estamos virtualmente sentados. Salvo en este caso, en el que, incluso si estamos sentados, estamos virtualmente de pie y atados y colgados y golpeados.

No es, pues, una lectura cmoda. Como muy bien lo expresan en el posfacio los dos traductores, Ignacio Gutirrez de Tern y Naom Ramrez Daz, El caparazn no es un libro sino una desgracia; y si es necesario escribirlo y leerlo no es porque faltara o hiciera falta en nuestros cnones literarios. La humanidad se lo hubiera ahorrado de muy buena gana si la humanidad se pareciese un poco a lo que, en Siria y en otras partes, ayer y hoy, millones de personas normalmente justas, normalmente democrticas y normalmente decentes reclaman. Lo que no es necesario, lo que no falta ni hace falta son las dictaduras, los campos de concentracin, las ejecuciones sumarias, las torturas; en definitiva, el rgimen del clan Al-Asad que aplasta Siria desde hace 41 aos y contra el que se levant en 2011 buena parte de su pueblo. Es ese levantamiento, si acaso, el que hace necesaria esta lectura, en el sentido de que revela la monstruosa continuidad del rgimen sirio y la paladina legitimidad --imperativa legitimidad-- de la revolucin derrotada. Ahora que Siria se ha convertido en una pequea guerra mundial, conviene que no olvidemos ni la responsabilidad de la dinasta Al-Asad ni la soledad acusatoria de sus vctimas.

Ahora bien, El caparazn no es slo un testimonio y una denuncia. Es, mal que le pese a su autor, una obra literaria. La crudeza expeditiva de su arranque --con esa facilidad kafkiana del que, mediante un gesto normal, deja de ser dueo de su cuerpo y de su vida-- se remansa luego en la atroz cotidianidad de la prisin. El infierno mismo tiene sus rutinas y, por lo tanto, sus defensas antropolgicas. Estos asideros de humanidad, a veces torcidos, extravagantes o casi inmateriales, son los que, en la larga tradicin de literatura carcelaria (de La casa de los muertos a Si esto es un hombre), salvan a los presos de la extincin, como salvan a los lectores de la insoportable realidad del mal. La lucha dentro de la crcel es la lucha entre los que quieren despojar al preso de toda humanidad y los que, con ms o menos conciencia, se agarran a una astilla para reconstruirla en cada minutoa duras penas (el rezo clandestino, la memorizacin colectiva de los nombres de las vctimas o el establecimiento de una jerarqua solidaria que invierte la de los verdugos). Khalifa, que es cristiano y vive dentro de un doble caparazn en una celda de abrumadora mayora musulmana, sobrevive gracias a la universalidad moral de algunos compaeros, a un agujerito en la pared y a la amistad apasionada con un inesperado afn cuya intensidad es inseparable de la tragedia que acabar destruyndola. La crcel, en definitiva, inversin paralela de la corte (segn la caracterizacin de Dino Baldi), concentra en su ms acendrada expresin la mxima inhumanidad y la mxima humanidad. La maldad gratuita y la bondad desinteresada slo la encontramos all donde la impunidad choca contra el chasis desnudo de una ltima resistencia humana sin recompensa. As como hay un arte por el arte, hay tambin una humanidad por la humanidad, por el puro gusto instintivo de seguir siendo humano; y ese instinto es la razn oculta de nuestra supervivencia antropolgica. Lo terrible es que se revele sobre todo all donde est ms amenazada.

Cuando decimos de una obra literaria que me gusta no estamos diciendo que la hayamos ledo con gusto. Slo un sdico perverso disfrutara con El caparazn. Pero hay algo en el incomodsimo disgusto que nos produce su lectura que es narrativa, poltica y ticamente reivindicable. Estas son las paradojas de la literatura, su peligro y su formidable potencia: que no podamos dejar de leer con pasin aquello que preferiramos que no estuviese ocurriendo. Por eso la actividad del lector, incluso de lejos y sentado en un silln, se vierte a veces sobre el mundo y, tras introducir cambios en la mirada, ayuda a cambiar la realidad de la que procede. Eso, creo, es lo que consigue Mustafa Khalifa en El Caparazn con la inestimable colaboracin, en este caso, de Ignacio Gutirrez de Tern y Naom Ramrez Daz, dos de nuestros mejores arabistas, cuya traduccin limpia, precisa y rica hace dolorosamente espaoles los dolores del protagonista.

Santiago Alba Rico Es filsofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos dcadas en Tnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El ltimo de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo).

@santiagoalbar

Fuente: http://ctxt.es/es/20170628/Firmas/13513/CTXT-Alba-Rico-carceles-Siria-El-caparazon-Mustafa-Khalifa.htm

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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