Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2017

Tenemos que hablar de Israel

Mara Landi
Brecha


Al cumplirse este mes 50 aos de la conquista israel de los territorios palestinos que la ONU inequvocamente considera ocupados (Cisjordania, Gaza y Jerusaln Este), han circulado variados anlisis en los medios convencionales y especializados, periodsticos y acadmicos. Buena parte de ellos, basndose en documentos desclasificados en los ltimos aos, se enfocan en cuestionar o directamente refutar la versin oficial israel sobre los motivos de la Guerra de los Seis Das: la exitosa aventura blica fue una accin defensiva y preventiva ante el inminente ataque de sus vecinos rabes. Curiosa guerra defensiva, que en menos de una semana triplic el territorio que Israel haba adquirido (tambin por la guerra) en 1948, pues tambin ocup la pennsula del Sina egipcia y los Altos del Goln sirios (ocupados hasta hoy).

Dejando de lado las controversias sobre las razones que tuvo Israel para atacar a sus vecinos en 1967, la mayor parte de los anlisis serios se centran en los resultados de medio siglo de ocupacin militar, y coinciden en que no hay nada que celebrar. Desde el punto de vista del Derecho Internacional Humanitario, se sigue definiendo al rgimen como ocupacin beligerante, de la cual derivan deberes para Israel como potencia ocupante. Los numerosos informes y resoluciones de distintos organismos de la ONU -desde el Consejo de Seguridad hasta los relatores y comits especializados-que condenan a Israel y le exigen poner fin al statu quo se basan precisamente en su sistemtico incumplimiento de sus responsabilidades hacia la poblacin ocupada (cuyos derechos humanos tambin son violados segn el otro gran cuerpo legal: el Derecho Internacional de los Derechos Humanos).

Desde el punto de vista poltico, lo que Israel ha hecho en estos 50 aos es la mejor prueba de cules eran sus verdaderas intenciones en 1967: la apropiacin y colonizacin de la totalidad del territorio de la Palestina histrica. Ese proyecto comenz enseguida de terminada la guerra y contina imparable hasta hoy: ms de 250 colonias inundan Cisjordania y Jerusaln Este[1] algunas, verdaderas ciudades donde viven cientos de miles de israeles−, todas ilegales segn el Derecho Internacional y la Corte Internacional de Justicia. Miles de millones de dlares fueron invertidos en construir la infraestructura que sostiene las colonias: carreteras segregadas, servicios pblicos, sanitarios y educativos (incluidas universidades) exclusivos para ellas, grandes parques industriales, el Muro o barrera de separacin, y por supuesto instalaciones militares y policiales para controlar el territorio, proteger a los colonos y reprimir a la poblacin palestina que resiste el despojo.

Cuando una viaja por ese territorio fragmentado, entre comunidades palestinas cada vez ms estranguladas, aisladas y hostigadas por las colonias en constante expansin, todos los discursos y justificaciones de Israel sobre la seguridad y la necesidad de defenderse se caen, y el proyecto original sionista se revela en toda su dimensin: tomar la mayor cantidad posible de tierra con la menor cantidad posible de rabes. Nadie invierte durante medio siglo en levantar ciudades y poblar un territorio, trasladando a l a 700.000 compatriotas, si tuviera la remota intencin de devolverlo algn da a sus legtimos dueos. El proceso de negociaciones iniciado hace un cuarto de siglo en Oslo no fue otra cosa que una cortina de humo para ganar tiempo y seguir creando en el terreno hechos consumados irreversibles que hicieran imposible la existencia de un Estado palestino con Jerusaln Este como capital. Quien afirme lo contrario es hipcrita o est mal informado. Y no hay un solo gobierno del mundo que no lo sepa.

Pero si los gobiernos no estn dispuestos a ir ms all de su hueca retrica condenatoria, la sociedad civil est tomando el protagonismo y desplegando estrategias con impacto real, tanto en la economa como en la imagen internacional de Israel. Y eso s est cambiando en la ltima dcada, desde que la sociedad civil palestina convoc a una campaa internacional de boicot, desinversin y sanciones (BDS) para que el costo de mantener el statu quo sea cada vez ms alto para Israel.

Uno de los cambios ms exitosos est dndose en las nuevas generaciones de la comunidad juda. Este mes el diario The Times of Israel dio a conocer el resultado devastador de una encuesta realizada por el Brand Israel Group de Estados Unidos: Israel est perdiendo apoyo de manera acelerada en ese pas, especialmente entre la juventud universitaria juda. La encuesta revela que la campaa para presentar al Israel ms all del conflicto (sobre todo sus logros high-tech) no ha sido efectiva. Mientras en 2010 el apoyo a Israel era del 73%, en 2016 baj al 54%. Y entre la juventud universitaria juda, el apoyo cay un 27%. El estudio encontr que la sociedad estadounidense sabe ms sobre Israel desde 2010, y que cuanta ms informacin tiene, peor es su opinin. Lo cual desmuestra que los esfuerzos del BDS y la solidaridad con Palestina estn siendo eficaces.

Como ilustracin de ese fenmeno, en mayo una delegacin de 133 jvenes judos/as(principalmente de Estados Unidos, pero tambin de Canad, Australia, Reino Unido, Blgica) estuvo en Cisjordania apoyando a comunidades palestinas en su resistencia a la ocupacin[2]. Hay imgenes impactantes del numeroso grupo vistiendo camisetas con el slogan Occupation is not our Judaism, levantando un campamento de protesta junto a una comunidad beduina en su propia tierra y resistiendo con ella la agresin de los soldados, que tres veces destruyeron con gran violencia el campamento. Esos jvenes volvieron a sus familias, comunidades y universidades a contar lo que vivieron[3].


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