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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2017

La gestacin subrogada y la realidad de un fracaso poltico

Jess Garca de las Bayonas Delgado
Rebelin


Desde mi punto de vista, en el enfrentado y enconado debate que se est produciendo desde hace varios meses en nuestro pas relativo a la posibilidad de legalizar-regularizar la gestacin subrogada, se estara produciendo un claro enfrentamiento entre posiciones fuertemente encontradas y que chocaran de un modo que tiende a ser frontral: por un lado, estaran aquellas posiciones que lucharan por su legalizacin y consiguiente regulacin (algunas claramente vinculadas con las posiciones del colectivo LGTBI), aduciendo el derecho a la paternidad-maternidad universal y sin distinciones. Por otro lado estaran aquellas posiciones polticas que se muestran contrarias a dicha legalizacin-regulacin de dicha prctica y que esgrimen para ello la posicin de inferioridad de la mujer que terminara por ejercer y realizar tal prctica con sus rganos reproductores y, en general, con su entera corporeidad de mujer.

Parece, por consiguiente y a primera vista, muy difcil alcanzar una posicin de buenas a primeras, clara y definida, y que se decante por alguno de ambos posicionamientos polticos encontrados al respecto de una maternidad y un vientre en calidad de de alquiler; mxime cuando las dos parecen tener parecidas o casi iguales cuotas de razn y de verdad. Porque la maternidad y la paternidad podrn ser perfectamente un derecho de las familias y uniones civiles, e incluso de las personas individuales o que no cuenten con pareja. Un derecho reconocible, por tanto, indistintamente y ejercitable por igual y por cualquiera (es decir, tanto si de trata de parejas heterosexuales, como si no; tanto si se trata de parejas en edad frtil, como si no; tanto si se goza de una situacin sentimental con otra persona capaz de procrear o sta fuese, por el contrario, incapaz de hacerlo).

Pero la pregunta es entonces: hay o se debe anteponer dicho derecho de las personas o familias (sea cual sea su condicin) a la maternidad y paternidad frente a los derechos de las mujeres naturalmente capaces de concebir? O lo que es lo mismo, hay que situar a las personas con el deseo y voluntad de ser padres y/o madres por encima de los derechos de los cuerpos susceptibles y capaces de ser maternos en el sentido natural del trmino, y, por tanto, de engendrar y dar a luz a nuevas personas? Creo que, bajo cualquier circunstancia, la respuesta es negativa; que la respuesta, por tanto, es que no hay que anteponer tanto en este caso, como tampoco en ningn otro, ningn derecho por encima de otro derecho.

Pero la verdad es que resulta siempre posible pensar una justa, correcta y, al mismo tiempo, adecuada legislacin y regulacin de distintos y diferentes fenmenos sociales en base a los principios de igualdad y (de igual) libertad de cualquier otra persona; con la correspondiente vigilia exhaustiva de los poderes poderes pblicos para que dichas condiciones se cumplan en la prctica y en la realidad en todos los casos. Lo cual dara lugar a que, mediante diversos mecanismos de coercin y/o sujecin a determinados deberes, obligaciones y contraprestaciones a los distintos sujetos intervinientes en cualquier tipo de relacin social en general les sean garantizados tantos unos derechos inalienables como unos intereses legtimos a nivel particular equiparables entre s para los diferentes sujetos intervinientes en dicha relacin social y que contraponen sus intereses.

Aunque sera otra cosa bien distinta, si dicha regulacin o legislacin se terminara aplicando efectivamente de un modo injusto por el abuso de fuerza o de superioridad de una de las partes que intervienen y por la consiguiente posibilidad de que los poderes pblicos no ordenasen ni vigilasen simultneamente dicho fenmeno de manera tenaz y eficaz . En dicho caso se vera alterado el equilibrio entre ambas partes; pero para ello estn o deberan estar las imprescindibles funciones de vigilancia de la Administracin Pblica y las responsabilidades en que sta pudiera incumplir en los casos en que incumpliera sus deberes y obligaciones al respecto de dicha vigilia y tutela tanto de derechos como de los legtimos intereses de las personas. Por tanto, la mencionada posibilidad de una justa, correcta y, al mismo tiempo, adecuada regulacin de fenmenos sociales podra tener un correlato real y es necesario que dicha justa regulacin surja en la sociedad en su conjunto. En la sociedad hay muy a menudo distintas relaciones sociales que presumen siempre ciertas diferencias (siempre aqu en el sentido de que se trata siempre de que alguien tiene algo particular que otros pretenden obtener, mientras ellos/as ofrecen una cosa diferente a cambio o como contraprestacin).

Aunque una cuestin enteramente otra y diferente sera que en dichas relaciones sociales se terminen por establecer de manera abusiva o desptica los trminos de la misma (tanto en la prctica, como en las relaciones jurdicas que pudieran regular dichas relaciones sociales) por parte de quienes detentasen una posicin de abuso, de privilegio o de denostada fuerza social o natural. Y ello frente a quien no dispone de otra salida que aceptar aqullos trminos del sujeto que tiene la posicin de superioridad para poner una pequea solucin temporal a su plena situacin de inferioridad social. Pero para evitar que ocurra precisamente esto, est o, ms bien, deberan estar y emplearse los derechos econmico y sociales y el Derecho en general: para la justa regulacin y ordenacin de las relaciones sociales y econmicas, y de su realidad, digamos, prctica. Sera, an y con todo, imprescindible la vigilia de que dichas condiciones realmente justas y universales (es decir, vlidas para cualquiera) se cumplan de modo obligado e ineludible frente a todos/as, convirtiendo a dicha situacin de Derecho en norma y realidad jurdica.

Porque habra que ver si, en dicho fenmeno social, la mencionada desigualdad de las relaciones sociales (en el primer sentido que dijimos, de que unos/as disponen de unas cosas que enajenar o intercambiar, frente a otros/as personas que dispondran de otras cosas enteramente diferentes) es fruto o consecuencia de una situacin natural (o derivada de la misma Naturaleza, como si alguien es capaz de concebir) o si, por el contrario, dicha situacin es resultado de un privilegio instituido de forma, manera o modo social, como podra ser el patriarcado o la propiedad privada (por parte de una minora, por tanto) de los medios de produccin, como sucede en nuestras sociedades modernas. Porque ello tiene como resultado que en dichas sociedades las diferencias entre ricos y pobres son cada vez mayores, hacindose cada vez ms global el fenmeno de la pobreza, frente a la expansin internacional del capital corporativo de carcter transnacional.

Pero si esto fuera en la realidad as, la sociedad podr ser claramente injusta de hecho. Pero la poltica, mediante el Derecho (como algo que debera ser reconocible a cualquier persona sin distinciones) debera de poder regular los fenmenos sociales desiguales en las condiciones en las que concurren los diferentes sujetos y ser capaz de poder solventar, abolir y terminar con tal grado injusticia de carcter social. Porque la realidad es que con el problema de la gestacin subrogada y el debate generado estamos, parece que en bastantes ocasiones, omitiendo el problema anterior o precedente, y que es el problema que debera tenerse siempre como el primero, tanto desde el punto de vista temporal como desde un punto de vista lgico: el problema de la dominacin social tanto desde el punto de vista social, poltico y econmico, como desde el punto de vista del gnero, y que, como forma de dominacin, tiene el carcter inherente de injusta.

Pero la capacidad de caracterizar como injusta la dominacin hace posible que parezca posible, entonces, el regular los fenmenos sociales de forma justa; con lo que podran verse o ser salvaguardados tanto los derechos como los intereses legtimos de todos los sujetos intervinientes en las diferentes y distintas relaciones sociales mediante diversos mecanismos coercitivos, coactivos y toda una serie de deberes de obligacin y de contraprestacin en funcin de la operacin social en cuestin, junto a una importante batera de derechos inalienables. Con respecto al tema de la reproduccin humana es la misma y propia Naturaleza la que hace aparecer a unos cuerpos como frtiles y, por tanto, capaces de procrear; y a otros cuerpos, por el contrario, no. Pero aqu, la injusticia que emana de la propia Naturaleza no es evitable ni abolible. S sera evitable y abolible, por el contrario, la injusticia social o la injusticia que emana de la sociedad, porque all, en la sociedad, la injusticia es sencilla y simplemente evitable o abolible (o de lo contrario, sera una situacin que, al ser injusta, sera por ello sancionable de haberse producido no pudindose , por tanto, evitar al formar parte del pasado) mediante un mecanismo garantista y efectivo de derechos y libertades (tambin de carcter socio-econmico) para cualquiera y, por tanto, para las diferentes partes intervinientes. De forma que mediante la satisfaccin de los intereses de los distintos sujetos interesados y encontrados de forma diferente se pueda garantizar el derecho a la paternidad de cualquiera que no sea naturalmente capaz de ella. Porque en el problema de la gestacin la sociedad y la poltica deberan promover mecanismos reguladores para solventar aquellas diferencias que la Naturaleza otorga por s misma, sin tener con ello razn ni de algn modo Derecho en un sentido propio y puro del trmino.

Por lo que es la misma Naturaleza la que puede producir por s misma tambin diferencias que pueden ser calificadas de injustas; donde la sociedad y, dentro de sta, la poltica deberan intervenir o de poder intervenir regulando, legislando y ordenando la realidad social en base a los principios de (efectiva) igualdad e igual libertad de toda persona, para hacer posible que la misma Naturaleza, que produce por s sola injusticia, produzca tambin y por otro lado los efectos deseables desde un punto de vista objetivo e imparcial en el caso de la gestacin subrogada: la procreacin por parte de cuerpo plenamente capaz y que no contara para dicha concepcin, gestacin y alumbramiento con riesgo mdico alguno garantizado por estudios, anlisis y seguimientos mdicos rigurosos, independientes, completos y exhaustivos por la Sanidad Pblica.

Pero otra cuestin enteramente distinta sera si fuera la misma sociedad que tenemos en la actualidad (es decir, concentradora de la propiedad en crculos cada vez ms concntrico-excluyentes, desigual y diferenciadora de derechos y, por tanto, vulneradora en la prctica del principio de igualdad real y efectiva del ciudadano/a sin que fueran posibles cualesquiera distinciones) fuera el escenario inamovible e imposible de mover a mejor sobre el que ejercer dicha regulacin de la gestacin subrogada. Porque, si digo sociedad desigual y diferenciadora de derechos, lo hago en el sentido de que unos aparecen frente a los/as dems como como destinatarios nicos de derechos reconocidos, en principio, por el derecho universalmente (algo, el carcter especial del disfrute de derechos universales, que se cree falsamente y demasiado a menudo obra del indefectible carcter moral de los destinatarios de tales derechos con carcter efectivo). Digo tambin frente a otros/as, porque otros/as no son destinatarios de dichos derechos y no slo eso: se quedan fuera de la misma posibilidad de alcanzarlos. Un ejemplo de lo anterior es el derecho al trabajo: hay una gran mayora queda en la prctica fuera de ese derecho universal, o bien porque no se le reconoce dicho derecho con un trabajo, o bien porque las condiciones de dicho trabajo escapan cada vez ms a unos estndares dignos, estables y seguros.

Por tanto, en una sociedad tal y como la que nos es actual y contempornea, en el que las diferencias sociales y la polarizacin de las rentas es cada vez mayor desde las dcada de los 70 (en lo que fue la primera Gran Crisis tras la del ao 29 y que dio origen a la globalizacin neoliberal, tanto a nivel internacional como a nivel interno en los distintos Estados), tiene como resultado que cada vez ms gente entra en la pobreza de forma indefectible y sin, adems, tener posibilidad real de salir de ella; quedndose fuera, por consiguiente, de las mnimas capacidades econmicas bsicas (como pagar servicios bsicos como la calefaccin, la luz y el agua). Dnde dentro de todo ello, adems, las ficticias recuperaciones econmicas consisten consisten ms bien en un re-direccin y re-agrupamiento de la demanda solvente o dineraria en el mercado hacia cada vez mayores concentraciones de capital privado monoplico y teniendo, por tanto, cada vez ms el carcter de mayor minora social las personalidades (fsicas y jurdicas) que detentan y poseen el capital o los medios de produccin (y de distribucin o mercados) de la economa y, por consiguiente, el poder econmico.

Pero hablar de que fenmenos como la gestacin subrogada suponen una mercantilizacin de los cuerpos corre el riesgo de parecer una autntica moralina y una mera declaracin de buenas intenciones , cuando la realidad es que no hay un programa poltico detrs que se considere a s mismo capaz de transcender lo existente a nivel social yendo ms all de lo existente, estableciendo un orden socio-econmico diferente en el que haya para cualquier persona una autntica y plena independencia civil en un nivel bsico-fundamental. Porque, cuando a uno/a (en un sentido indeferenciado y/o universal que se refiere a cualquier persona) no le pertenecen de suyo las condiciones sociales y econmicas para mantenerse (fenmeno que es resultado de la acumulacin -originaria- del capital), esa persona no es en la prctica independiente civil y socialmente. Entonces, como digo, es cundo se produce o es susceptible de producirse una mercantilizacin de todas las cosas; frente a la que hay que establecer siempre lmites. Lmites no solamente negativos y no solamente mediante derechos civiles y polticos; sino tambin a travs de derechos econmicos y sociales que hagan de contrafuerte y cortapisas frente a una ms que probable ausencia de lmites o de restricciones y que tendran la obligacin de cumplirse ineludible y obligatoriamente. Ejemplos de ello podran ser un Salario Mnimo digno y decente, por muy lejos que en la prctica y la realidad lo est cada vez ms de aqullos parmetros bsicos y fundamentales de dignidad y justicia. Tambin lo sera la Renta Social Universal, pero no como lmite negativo, sino positivo.

Pero, en este escenario social como en el que vivimos, si se constata y asume simplemente la imposibilidad de un cambio poltico y, por ende, social por parte de quienes deberan de poder y ser capaces hacerlo, los partidos polticos alternativos al neoliberalismo y la austeridad; resulta indudable, entonces, que no cabra otro resultado que, de ser legalizada sin ser correctamente regulada dicha prctica seran efectivamente las mujeres ms vulnerables las que optasen por ejercer con sus cuerpos reproductores la prctica de la gestacin subrogada.

Pero la verdad es que la imposibilidad misma y de facto de un escenario social diferente en lo esencial al que tenemos, y en el que el trabajo no resulte imposible para mucha gente en nuestro pas (principalmente mujeres, jvenes y parados de larga duracin) predice un resultado como el que se vaticina por parte de quienes desde la izquierda o la pretendida izquierda se oponen a la legalizacin y a la correcta regulacin de la prctica de dicha prctica de gestacin: a saber, que la gestacin subrogada no la ejercern sino las mujeres pobres y que carecen de otro tipo de recursos.

Aunque creo, por otro lado y al mismo tiempo, que optar por la va de no regular la gestacin subrogada de una forma altamente garantista y proteccionista para la mujer en nuestro contexto social; optando por la va de no permitir en absoluto la regulacin de tal prctica sea en los trminos que sean (unos trminos reguladores que podran ser, como he dicho con anterioridad, protectores al mximo y salvaguardar tanto los derechos como los intereses legtimos de las mujeres que opten por ella), podra consistir en una suerte de reaccin ante un fracaso poltico anterior y ante una imposibilidad precedente de cambiar el escenario social sobre el que nos movemos y que me parecera hasta cierto punto altamente evidenciable: la imposibilidad real polticas sociales y econmicas alternativas por parte de partidos polticos que pretenden (con mayor o menos acierto, o con mayor o menor veracidad) ser alternativa a las polticas neoliberales. Una imposibilidad que debera ser analizada en otro sitio.

Porque creo, sin duda, que lo que sucede es que: o a dicha posibilidad poltica y social a la se renuncia antemano (como tanto ha hecho el socio-liberalismo, yendo ms lejos incluso que algunos partidos conservadores en algunas cuestiones) o es, por el contrario, la imposibilidad del cambio poltico y social la que se asume por s misma, siendo dicha situacin de hecho sobre la que se opera polticamente, asumindola como inamovible o con efectos irremediablemente pro-futuro. Pero el resultado de ambas opciones es el mismo: el de renunciar o el de constatar la imposibilidad a la pretensin de abolir en lo fundamental la diferenciacin entre ricos y pobres (o, al menos, el creciente e incipiente proceso de reproduccin ampliada del capital y de dichas diferencias; lo que es o sera lo mismo que frenar y revertir la austeridad) mediante polticas sociales y econmicas correctoras y guardianas de derechos y garantas bsicas del ciudadano/a.

Porque el problema residira en que, en la sociedad actual, la posicin y el discurso contrario a la regulacin de determinadas prcticas, tanto sexuales (como la prostitucin, es decir, el pagar por tener u obtener relaciones sexuales) como reproductivas (en el caso de la gestacin subrogada), correra el grave riesgo de poner en contra de dicha postura a los mismos sujetos a los que dicha posicin pretende proteger y salvaguardar, es decir, a la mujeres que, por su carcter especialmente vulnerable en lo econmico, lo social y en lo relativo al gnero quieren, debido a dicha vulnerabilidad, ejercer dichas prcticas an sin un marco regulatorio y al mximo garantista.

Por consiguiente, la cuestin no termina por ser otra distinta a que hay o existen ineludibles condiciones materiales para la libertad del ciudadano/a y, tambin, para lo que la Ilustracin llam mayora de edad o, lo que es lo mismo, condiciones sociales y econmicas sin las cuales la libertad y la independencia civil es una mera ficcin y pantomima. Por lo que si el problema es que la gestacin subrogada nicamente la llegaran a ejercer mujeres pobres, la mejor va entonces para que ello no suceda esto no es prohibir la gestacin subrogada y no regularla de ningn modo. La solucin pasara, por el contrario, por abolir precisamente en lo fundamental las diferencias entre ricos y pobres, mediante mecanismos de distribucin y/o limitacin de la riqueza; de manera que no haya mujeres pobres que, para procurar subsistir, mantenerse y pagar las facturas, se vean o se encuentren obligadas materialmente a ejercer prcticas de tales tipos por las circunstancias en que se encuentren. De forma que si, an en esas condiciones de plena igualdad y disfrute de derechos socio-econmicos se continuara considerando como no-deseable el que las mujeres incurrieran en tal prctica, la mejor solucin sera entonces dejar dicho tema, una vez terminada la servidumbre econmica, social y de gnero de las mujeres y demostrada su capacidad econmica, civil y material para desenvolverse por s mismas, a la propia autonoma y discrecin de las propias mujeres en dichas condiciones iguales en lo fundamental a las de cualquier otro/a.

Creo, por tanto, que no tiene sentido pretender salvaguardar a las mujeres en general de tal tipo de prcticas en las que su cuerpo se mercantiliza como se mercantiliza la mano de obra o la fuerza de trabajo, sin haber establecido antes o conjuntamente unos mecanismos socio-econmicos correctores en lo fundamental de la grave situacin social que padecen nuestras sociedad, y mediante unos mnimos econmicos suficientemente garantizados y, al mismo tiempo, aboledores en lo fundamental de la diferenciacin entre ricos y pobres, nivelando al mximo posible la balanza en lo social. Porque el problema creo que es que, si dichas condiciones materiales no se abordan y se hacen efectivas de modo universal e indistinto para cualquier persona, mediante polticas correctoras e imposibilitantes de las graves desigualdades y carencia de derechos de una gran mayora social, se correra entonces el grave riesgo de que esas mismas mujeres vulnerables sean los mismas que promuevan que dichas prcticas se legalicen: o por la mera va de los hechos, o por la mera y simple convalidacin legal de tales prcticas sin un marco regulatorio garantista de sus derechos y de su salud, siendo dicho marcho al mismo tiempo justo y eficaz al mximo.

Porque s, es enteramente deseable un marco regulatorio exhaustivo y garante de la dignidad y los derechos de las mujeres junto a la correspondiente e ineludible vigilia de los poderes pblicos de que tal cosa se produce en nuestra realidad social y en todos y cada uno de los casos posibles. De lo contrario, podra producirse de dicha prctica en clandestinidad, en la alegalidad o de una forma en la que fuese ilegal; aunque al mismo tiempo tolerada y consentida como sucede con la prostitucin. Dnde, adems, la ausencia de marco regulador tendr como efecto que la demanda de dichas prcticas ser cubierta por parte de aquellas mujeres que menos lmites, derechos e intereses legtimos opongan a la prestacin de tales servicios con sus cuerpos desprotegidos, como ocurre en la prctica actualmente con la cuestin de la prostitucin.

Por tanto, podramos decir que si la mujer tiene la condicin de vulnerable, lo sera en todos los casos debido a que, tanto en el plano del ordenamiento jurdico como en el de la aplicacin y vigilia por el cumplimiento de lo establecido en l, las diferencias de gnero que comportan ser mujer no son tenidas en cuenta ni por el derecho positivo en su justa y adecuada medida, ni tampoco por los derechos socio-econmicos dentro de aquel. Tampoco seran tenidas en cuenta por las medidas de cara a hacer efectivo y afirmar el ordenamiento jurdico vigente. Porque tales leyes y medidas si las hay en nuestro ordenamiento (lo que cabe dudar en gran medida) son altamente ineficaces: o por incompletas, o por incompetencia administrativa y de los poderes pblicos en general.

De modo que si la mujer no se no se encuentra en nuestras sociedades con unas condiciones sociales generales o universales, ejercitables por cualquier mujer y que la hagan independiente en lo relativo al gnero, y el sentido civil, social material del trmino; lo que ocurrir en la prctica es que la mujer deber, a consecuencia de la falta de lo anterior, sortear dicha situacin de incapacidad civil y social a travs de la dependencia arbitraria de lo que le impongan otros (es decir, o el marido o novio machista o un sujeto interesado en un beb nacido a travs del cuerpo de una mujer ajena). Por lo que nos encontramos ante un problema social de marcado carcter general y que no tendra relacin nicamente en el problema de la gestacin subrogada; sino que, ms bien, tendra relacin con cualquier mbito de la sociedad y que no tiene porqu ser necesariamente el de ofrecer sus capacidades reproductivas en el mercado como mujer.

Por consiguiente, se trata de un problema que requiere de una solucin mucho ms abarcante que lo que puede ser negarse en rotundo a la legalizacin-regulacin de una prctica reproductiva subrogante. Un problema mucho ms amplio, y que tiene o cuenta profundas races sociales, econmicas y polticas y que tendra un problema que se aade sobre l: el problema de que las polticas que pretenden terminar con dicha situacin socio-econmica son, o bien inexistentes en la realidad porque se renuncia a ellas o se las asume como imposibles de revertir, o claramente insuficientes e ineficaces en su aplicacin en el caso de que tuvieran un mnimo de realidad en la actualidad. Lo cual da ciertamente para pensar que el escenario social actual y futuro reproducir vicios en los que las y los dbiles llevarn como siempre la peor parte de todo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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