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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2017

Un tren fantasma

Editorial Revista Insurreccin


La revolucin es indispensable porque ahora el poder se encuentra en manos de una minora de ms o menos cincuenta familias incapaces de afectar sus intereses por los de la mayora, lo que significa que esta minora posee tambin el control poltico, el de las elecciones, el de todos los medios y de todos los factores del poder y que al derribarse, se ejecuta lo que considero una revolucin: el cambio de la estructura del poder de manos de la oligarqua a manos de la clase popular
Camilo Torres Restrepo 1965


Luego de la entrega realizada el martes 27 de junio, del ltimo nmero de armas en manos de las FARC a la Comisin de Naciones Unidas, en cumplimiento de los Acuerdos pactados en la Habana, y tras la finalizacin del segundo ciclo de negociaciones entre el Ejrcito de Liberacin Nacional y el Gobierno Santos el pasado 30 de junio; muchas voces se atreven a asegurar que el pas y los revolucionarios estamos ante un momento histrico irrepetible, donde estn dadas las condiciones y garantas para el ejercicio de la lucha poltica legal, no slo para la insurgencia, sino para el conjunto del pueblo.

Esta visin sesgada, en algunos casos improvisada, y en otros malintencionada, persigue dos objetivos: en primer lugar legitimar el rgimen oligrquico y su democracia representativa, como proyecto viable para el pueblo colombiano, y en segundo lugar desdibujar el carcter poltico de la insurgencia y en especial presentar las posiciones polticas del ELN como impertinentes y dogmticas.

La idea de un pas montado en el tren de la paz no se corresponde con la realidad de la cotidianidad colombiana y menos que el puerto de llegada de dicho tren, sea la actividad poltica legal para la insurgencia y el movimiento popular, en la disputa por el poder poltico.

Esta contradiccin obedece principalmente a un desencuentro de intensiones en la bsqueda de la paz, pues mientras por un lado la insurgencia y la sociedad ven en la paz la oportunidad de abrir las compuertas de la democratizacin, como punto de partida para construccin de una nacin en paz y equidad; por otro, el rgimen se abandera en la pacificacin, como medio para conseguir el desarme de la insurgencia y desatar la feria de entrega de todo el territorio nacional a los capitales extranjeros, as como la pretensin de llevar la insurgencia a que renuncie al derecho de Rebelin.

Es evidente la falta de palabra y compromiso del rgimen para cumplir lo pactado, tal como lo demuestran las ltimas movilizaciones y protestas de diversos sectores del pas, quienes ante el incumplimiento de los gobiernos se ven obligados a la movilizacin y la protesta social, como nico recurso para exigir sus derechos. A esta larga lista de incumplimientos se le suma la reciente preocupacin de los integrantes de las FARC, que como mencion Jess Santrich, miembro del Estado Mayor Central de esa organizacin en recientes declaraciones, luego de creer en la palabra del gobierno se les est incumpliendo; augurio de que una paz verdadera no est en la voluntad del rgimen y muy mal presagio para el proceso con el ELN.

Una condicin ineludible para montar a Colombia en el tren de la paz es la renuncia irrevocable por parte del Estado al uso de la violencia legal e ilegal, como poltica para mantenerse en el poder situacin que no trasciende de la retrica, pues de todos es conocido el contubernio de los polticos, funcionarios de gobiernos, las Fuerzas Armadas y grupos paramilitares para la accin contra-insurgente, el despojo y saqueo de los territorios. As mismo lo demuestra el creciente paramilitarismo en las zonas dejadas por las FARC o el reciente escndalo de corrupcin y parapoltica en la Fiscala General de la Nacin.

Sin duda que los esfuerzos por la paz de Colombia no deben frenarse y que estas adversidades deben convertirse en un aliciente para mantener en alto la bandera de la paz, tanto por la insurgencia como por la sociedad y en dicho esfuerzo nos hemos comprometido como ELN, reiterando nuestra voluntad de poner fin a la confrontacin armada; sin embargo, esta meta no puede ser a cualquier precio y la carencia de voluntad de paz por parte del establecimiento, aleja cada da ms la paz real a la que aspiramos todas y todos los colombianos.

A propsito del 53 aniversario del ELN el prximo 4 de Julio, los hombres y mujeres que lo integramos nos mantenemos fieles a los principios e ideales, que nos dieron origen como organizacin rebelde alzada en armas aquel 4 de julio de 1964, pues lejos de todo dogma o capricho la realidad nos obliga a hacerlo. La conciencia y la razn nos acompaa al decir que el tren de la paz an no ha ni encendido sus calderas y que echarlo a andar requiere la voluntad real por parte del Estado, as como de la participacin activa y protagnica de la sociedad, en la construccin de esa nueva Colombia en paz, que queremos y soamos.

Fuente: http://www.eln-voces.com/index.php/editorial-insu/1153-un-tren-fantasma



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