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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2017

La RAE compra la "posmentira"

Jess Maraa
Infolibre


El pleno de la Real Academia Espaola (RAE) ha decidido incorporar el prximo diciembre al Diccionario la palabra posverdad. Aunque todava no est decidida la definicin exacta, el director de la RAE, Daro Villanueva, ha anticipado que la posverdad nombra las informaciones o aseveraciones que no se basan en hechos objetivos, sino que apelan a las emociones, creencias o deseos del pblico. Si finalmente va por ah la cosa, la institucin que supuestamente cuida de la salud de nuestra lengua estar haciendo un enorme favor a quienes utilizan las palabras como armas de manipulacin masiva. Porque lo hemos repetido ya muchas veces: la posverdad es sencillamente mentira. La posverdad consiste en manipular los hechos con el objetivo de engaar a la ciudadana utilizando todas las herramientas posibles, que con la revolucin digital son muchas, tremendamente eficaces y con efectos inmediatos en la llamada opinin pblica.

Lo que no se nombra no existe. Lo saben muy bien las mujeres, que han padecido el sexismo en el lenguaje (en todos los idiomas en distinto grado) y lo siguen sufriendo a da de hoy por ms que hayamos avanzado. Pero tambin se da el proceso inverso: no hay mejor forma de instalar una falsa realidad que ponerle nombre a la cosa. Porque no slo se logra desvirtuar de ese modo una gigantesca manipulacin sino que adems se traslada la responsabilidad de sus efectos a las propias vctimas.

Viene adjudicndose la paternidad del concepto al dramaturgo y novelista serbio Steve Tesich, quien en 1992 y en referencia a la Primera Guerra del Golfo denunciaba en un artculo en la revista The Nation que en Occidente habamos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad, o sea un mundo en el que lo importante es que algo parezca cierto aunque no lo sea. Un mundo en el que, como apunta el profesor Villanueva, los elementos subjetivos (las emociones, creencias y deseos del pblico) pesan tanto o ms que los hechos objetivos. Hasta el punto de que Donald Trump y su macrocirco populista se permiten hablar de hechos alternativos, que obviamente sern los que desde el poder se decidan, intentando demaggicamente conectar con los supuestos deseos de los ciudadanos-electores-consumidores.

De este modo se pretende asentar que los principales culpables de que se instale la posverdad no son quienes manipulan la realidad o inventan una paralela sino quienes desde sus casas, sus puestos de trabajo, sus coches, sus mviles o sus mecedoras se emocionan viendo, escuchando o leyendo un serial de disparates o infamias, hasta el punto de desear que esos disparates o infamias se multipliquen, sin que importe en absoluto su veracidad.

No asistimos a una discusin balad. Incorporar el trmino posverdad al Diccionario no es como aceptar el trmino gilipollas despus de siglos de existencia. No se trata de ocultar el uso de un neologismo. Bastara en todo caso con sealarlo como sinnimo de mentira, manipulacin, engao o como simple eufemismo con el que pretenden disfrazarse grandes operaciones dirigidas por poderes polticos, econmicos o mediticos con el objetivo de manipular a la ciudadana y condicionar sus decisiones. Es exactamente lo que hizo el famoso tro de las Azores (Bush, Blair y Aznar) con el invento de las armas de destruccin masiva para justificar la invasin de Irak; o lo que hicieron el PP y varios medios de la derecha situando a ETA tras los atentados del 11-M; o lo que siguen haciendo aqu y en el resto de Europa quienes culpan a los inmigrantes de los problemas de empleo o de seguridad.

El origen de la crisis de confianza en la poltica, como en el periodismo, es la prdida de credibilidad. En lugar de abordarla reivindicando en uno y otro mbito valores como la honestidad, el rigor, la coherencia, la distincin clara entre hechos y opiniones, el respeto a las diferencias lo que se viene intentando es normalizar el uso la mentira, relativizar su gravedad, diluir sus consecuencias e imponer un discurso nico en el que caben informaciones falsas sin que ello desgaste a sus autores y difusores. Incluso cuando se desmuestra la evidencia del engao, lo que importa es sencillamente que haya tenido ms audiencia o eco la falsedad que su desmentido: calumnia que algo queda. (Por cierto, esta expresin no surge con las redes sociales, ni siquiera con el periodismo amarillo; proviene de un dicho popular en latn y fue utilizada ya en el siglo XVII por Francis Bacon).

Mientras esperamos a conocer la opinin de ilustres acadmicos que despachan sus mltiples indignaciones con el resto del mundo desde tribunas privilegiadas (lean aqu esta impagable carta de Joaqun Reyes a Javier Maras ), conviene recordar que la realidad digital y las nuevas vas de comunicacin sirven tanto para denunciar las intoxicaciones masivas como para propagarlas. Y a una velocidad desconocida hasta ahora. Slo en la ltima semana y sin salir de Espaa hemos visto circular unas cuantas posverdades: la ausencia de Juan Carlos I en la celebracin del cuarenta aniversario de las primeras elecciones democrticas fue un problema de protocolo; la amnista fiscal inconstitucional de 2012 fue decretada para evitar el rescate de la economa espaola, segn el Gobierno; Espaa est en cabeza de la lucha contra el cambio climtico, segn Rajoy (ver aqu los datos reales del informe del Observatorio de la Sostenibilidad); los resultados negativos del grupo Prisa son culpa de Hacienda y de los "confidenciales", en palabras de su presidente (y acadmico) Juan Luis Cebrin Todo el mundo tiene derecho a vivir en una realidad paralela, pero no a imponrsela a los dems.

Desde 1713 mantiene la RAE un lema envidiable para cualquier anuncio de detergente: limpia, fija y da esplendor (a la Lengua espaola). Aceptar la palabra posverdad, justificando adems el concepto en las emociones, creencias o deseos del pblico ms bien contribuye a blanquear una prctica que siempre ha existido, que los poderosos siempre han utilizado y que la democracia debe intentar contrarrestar. Asimilar la manipulacin masiva como un nuevo concepto llamado posverdad viene a ser una solemne posmentira .

Fuente: https://www.infolibre.es/noticias/opinion/2017/07/03/la_rae_compra_posmentira_67129_2002.html



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