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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2017

Las calzadas romanas y los medios de comunicacin

Juan Jiomnez Herrera
Rebelin


Hay pocas histricas en las que parece no ocurrir nada en 20 aos y otras en las que parece que ocurre todo en 20 das (Federico Engels)

Centrmosnos en la etapa histrica que, actualmente, nos toca vivir: la inmediatamente posterior a la que Amin califica de tercera fase de la mundializacin capitalista; esto es, la que se construye sobre la base de las cenizas de la extincin del bloque socialista, de los abortados intentos perifricos de desarrollo independiente y del inicio del desgace del Estado del Bienestar Social en los pases del centro. Tres escenarios histricos que tuvieron como sustrato la realidad histrica de la nacin soberana, del Estado-Nacin y que, en la etapa actual, el capitalismo globalizado quiere definitivamente dinamitar. Capitalismo globalizado que, como acertadamente seala Amin, no es sino imperialismo. En cierto modo, este fenmeno- el imperialista-, aunque bajo otras formaciones sociales histricas y medios de produccin distintos y ya fenecidos y, por tanto, con lgicas econmicas diferentes al del de naturaleza capitalista, ya se ha enfrentado al producto histrico de los Estados Nacin. Pero, llamativamente, reproduciendo esquemas generales muy similares. La fagocitacin, en particular, de las ciudades helnicas y mediterrneas, en primer trmino, por obra y gracia del imperio alejandrino, y despus, por el imperio romano, con la prdida que ello supuso de la autonoma y libertad de aquellas realidades estatales en beneficio de las construcciones imperialistas, arrastraron al mundo mediterrneo, foco fundamental de civilizacin de la poca, a un especial momento histrico. Los desarrollos tericos polticos hasta entonces alcanzados, en lo fundamental, insertados en el marco de la filosofa griega, se haban circunscrito a la polis (el ESTADO de la poca histrica, equiparable, mutatis mutandis, al actual Estado Nacin), a la que, finalmente, engullira el imperialismo macednico y romano, como, ahora, engulle el capitalismo imperialista al Estado Nacin; porque, como no poda ser de otra forma, aquel tiende naturalmente a dotarse de una superestructura poltica tambin imperialista.

De aquel especial momento histrico deben subrayarse notas caractersticas que, sorprendentemente, tambin seran atribuibles al momento histrico presente, a saber: creciente movilidad, confusin de razas, lenguas y culturas (inmigracin), menores posibilidades de progreso local (imposibilidad o dificultad de desconexin en la terminologa de Amin) y un predominio del elemento militar como perpetuador, en el tiempo, y propagador, en el espacio, del imperio (las legiones romanas y sus calzadas versus el actual podero militar americano y su superioridad tecnolgica).

Al trmino de las libertades de las pols griegas no se dispona de ningn modelo histrico de pensamiento progresivo o de dinmica social- la filosofa griega no haba alcanzado ese nivel-, ni, por ende, la idea o conciencia de la historicidad de su momento presente. La filosofa poltica de la poca estaba, pues, presa de las concepciones de la inmutabilidad y estaticidad del orden social e histrico, en unos momentos en los que, paradjicamente, se estaban produciendo cambios catastrficos y revolucionarios. Este desfase entre la magnitud del devenir histrico o precipitacin histrica de nuevas formaciones sociales y el escaso bagaje filosfico poltico coadyuvaron a que, en interaccin con otros factores, posiblemente ms determinantes, transcurrieran varios siglos hasta que empezaran a formularse concepciones del mundo, en cierto modo antiimperialistas, como pudo ser el propio cristianismo. En ese amplio periodo de tiempo, predominaron tendencias vitales esencialmente individualistas, el hedonismo, nihilismo y estoicismo (resignacin individual a la adversas circunstancias) y colectivas, marcadas por el florecimiento de variadas religiones populares.

Al fin de la tercera etapa de la mundializacin capitalista, aquella que, igualmente, termina (proceso an no concluido) con los Estados Nacin, y que se inicia con la interiorizacin de la derrota de los intentos de desconexin local en la conciencia de la vanguardia y en el inconsciente de los pueblos, cunde la desesperanza; tanto como, si al igual como aconteciera en la poca histrica que nos sirve de analoga, tampoco dispusiramos de ningn modelo de pensamiento progresivo o de dinmica social, ni, por ende, de la conciencia de la historicidad del modo de produccin capitalista. Es ms, cobran vigencia, con inusitada virulencia o violencia, las nociones de inmutabilidad y estaticidad: no hay historia y ha concluido en el momento presente, se nos inculca de mil maneras.

Sin embargo, aquel desfase entre la precipitacin histrica y el escaso bagaje filosfico-poltico de la poca imperialista romana no es extrapolable a la poca actual. S disponemos de esos modelos de pensamiento progresivo o de dinmica social (el marxismo, como paradigma) y, adems, en concurrencia con cambios catastrficos y revolucionarios; pero, enfrente, nos topamos con un fenmeno histrico nuevo que, al parecer, lo neutraliza: el poder inmenso que ha alcanzado la (des)informacin, y la segmentacin, resignacin y desesperanza que ello provoca; en fin, el monopolio de los medios de comunicacin, en su papel de medios poderossimos de manipulacin, en manos de quienes estn interesados en difundir la idea de que la historia, si no se ha acabado, al menos, est muy empantanada y por largo tiempo. Pero como, sabiamente, condes Engels en la cita que encabeza esta reflexin, la regularidad histrica nos alecciona que en 20 das se precipita todo lo que se ha intentado contener y reprimir durante 20 aos.



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