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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2017

La dejacin de armas no es una fiesta

Alfredo Molano Bravo
Nodal


Asist a la dejacin de armas en una de las llamadas por ahora Zonas Veredales Transitorias de Normalizacin, en Cesar; para ms veras, en una loma desde donde se mira Valledupar y toda esa riqueza asentada al sur del puente Salguero: tierras ganaderas con tres vacas y un hipdromo sin caballos.

El da estaba claro y hmedo. Cuando comenz el acto, unos 25 guerrilleros se asfixiaban bajo el techo de fuego de uno de los campamentos donde se alojan otros 250. Sentados de cualquier manera ms ablicos que interesados, miraban el evento en un aparato de televisin desvencijado de imgenes borrosas. Al finalizar almorzaron lentejas con arroz y agua de panela, como siempre. El silencio andaba de lado a lado. Algunos miraban hacia la Serrana del Perij donde haban vivido y combatido. Otros deambulaban. Para nosotros, me dijo el comandante Sols Almeida, esta joda no es una fiesta.

Aquellas armas que haban conseguido durante ms de medio siglo y que haban costado tanta sangre y tantos muertos quedaban depositadas en los contenedores de la ONU. En realidad dejaban ah, inertes como los fusiles, sus propios muertos. El saldo prrico de la guerra. La dejacin no fue ni el primero ni el ltimo hecho del camino que tomaron.

El primero fue la indita experiencia del cese bilateral del fuego. Entonces aunque no podan dormir a pierna suelta, los sobresaltos de un bombardeo eran menores y poco a poco la prevencin disminuy. Al mismo tiempo, mermaron tambin los recorridos de vigilancia sobre el Ejrcito, hasta que, desde hace un par de meses, las guerrillas se concentraron. La inmovilidad era para ellas una experiencia desconocida que implic, de por s, la prdida de libertad de movimiento. Y con la inmovilidad tambin el criterio del tiempo cambi: ahora, la rutina dej de tener ese sabor de aventura que tan intensos vnculos crea entre la guerrillerada y que la hace ser, de verdad, un solo cuerpo. Los mens tambin variaron. El Gobierno les envi alimentos a los que no estaban acostumbrados granola con yogur, por ejemplo y que a muchos les descompusieron el genio y el estmago.

Cambio trascendental fue la dejacin del uniforme camuflado, que, por lo dems, era idntico a los del Ejrcito. Era su identidad frente a los otros, los que estn fuera del monte. Con uniforme se sentan parte de una colmena; sin l, las diferencias de matiz se instalaron. Fue sin duda una medida para aclimatarse a la vida civil, complicada para la mayora. En la guerra la presencia de la muerte era diaria y el uniforme lo recordaba; en la cotidianidad civil el valor de la vida se diluye y la rutina se apodera del tiempo.

La dejacin del arma personal, con la que haban defendido su vida en los combates, con la que pensaban estar contribuyendo a fundar un mundo nuevo de justicia y paz, fue triste. Fue un acto ntimo y silencioso de cada guerrillero y cada guerrillera, que no pocas lgrimas cost. Las guerrilleras tenan un apego emocional a su arma; para las jvenes eran como muecas que haba que cuidar, limpiar, consentir y tener a mano. Eran el osito de dormir que tanta seguridad da frente a la noche. Los fros funcionarios de la ONU les arrancaron cintas, collares, pines, manillas y hasta los dibujos con que las muchachas adornaban el can o el culatn de su fusil, y se los reemplazaron por un nmero. Un comandante medio, que haba salido a una misin civil, al regresar busc su fusil en la caleta. Encontr un vaco doloroso. Le pidi a la ONU que le permitiera despedirse de su fierro y tomarse una fotografa juntos. El funcionario convino. Fue recuerda como cuando uno se despide de un ser querido antes de enterrarlo: quiere verle la cara por ltima vez.


Alfredo Molano Bravo, Socilogo, periodista y escritor colombiano.

Fuente original: http://www.nodal.am/2017/07/colombia-la-dejacion-armas-no-una-fiesta-alfredo-molano-bravo/



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