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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2017

De aquellas Trece Colonias a hoy

Luis Toledo Sande
Rebelin


Cuando el 4 de julio de 1776 se firm su Declaracin de Independencia, las que haban sido Trece Colonias britnicas merecieron admiracin y suscitaron grandes esperanzas. Fue el primer territorio de las Amricas convertido en nacin soberana, libre de un dominio europeo, y nimbada con la imagen de una repblica nacida para consumar ideales de democracia y libertad.

Pocos aos despus se da contra el colonialismo francs la Revolucin de Hait, que el 1 de enero de 1804 proclamar su independencia. Fue el primer pueblo que la alcanz en tierras latinoamericanas. Pero se le hizo pagar muy caro la osada. Lo castigaran y siguen castigndolo hoy los representantes, beneficiarios y sirvientes del pensamiento dominante de entonces, que perdura, regido por intereses materiales y calzado por espejismos. Entre estos tena y tiene gran peso en s, y como virus que infecta todo el entramado social incluidas las vctimas, una lacra cultivada como instrumento para dominar a grupos humanos y a pueblos enteros, y que durante siglos se ha llamado racismo, aunque est demostrado que en la humanidad no existen razas.

Tal pensamiento no poda dejar impune el desacato que para los poderes hegemnicos representaba el ejemplo de un pueblo que, formado primordialmente por esclavos negros, se permiti desafiar a la Francia esclavista. All la burguesa, como en la generalidad del planeta, capitaliz para s las aspiraciones de Libertad, Igualdad y Fraternidad con que la emblemtica Revolucin Francesa de 1789 se haba hecho admirar en el conjunto humano.

A la repblica instaurada en una parte de la Amrica del Norte, y cuya Declaracin de independencia postulaba que todos los seres humanos haban sido creados iguales, la prestigiaba la aureola de s misma propalada por una nacin que se form a partir del ncleo de ingleses llegados a esa comarca para zafarse de la dominacin monrquica en su nacin de origen. El prestigio de esa nacin llegado a la actualidad por muchos caminos: entre ellos la cancin Now!, que idealiza a sus fundadores y dio lugar al memorable documental cubano homnimo lo propala una poderosa maquinaria cultural, que edulcora lo hecho por las armas, la dominacin y el saqueo.

La fuerza dominante en las Trece Colonias, aquellos colonos que procedan de Inglaterra, y sus descendientes, arremetieron contra los pobladores originarios del territorio. A los sobrevivientes los confinaron en reservas equivalentes al apartheid que el propio colonialismo britnico impuso en Sudfrica. Simultneamente explotaron la mano de obra esclava, negra, trasladada de frica a tierras americanas con los criminales manejos de la trata.

Si todos los colonialismos y modos de esclavitud son odiosos, el britnico sobresali entre ellos por la tenacidad con que segreg a los seres humanos que consideraba inferiores. A los arrancados de frica y a los descendientes de estos en todo el mbito dominado por l los discrimin no solo hasta el punto de mantenerlos esclavizados despus de firmarse la independencia nacional. Tambin, marginacin mediante, se las arregl para privarlos masivamente del pensamiento que pudo haberlos estimulado a considerarse a s mismos como lo que son: hijos de pases incluyendo los Estados Unidos que, al igual que todos sus otros pobladores, tenan y tienen derecho a transformar.

En tal prctica asociable asimismo al modo como en general se ha tratado a los inmigrantes se halla uno de los ms perversos recursos de dominacin empleados particularmente en los Estados Unidos antes y despus de constituirse como nacin. Ese pas represent y privilegi el triunfo de la avanzada britnica trasladada a la Amrica del Norte, y, si de podero e influencia se trata, no tard en desplazar a la madre putativa de la cual procedan. Ello explica las relaciones de complicidad, paternalismo y supeditacin apreciables entre la vieja metrpoli y la nueva surgida de sus Trece Colonias, y esa realidad se torn ostensible en el siglo XX, no solo con la OTAN.

El afn de conquista mantenido por las fuerzas sociales que formaron para s la nueva nacin, no terminara en su territorio. Al bautizarse Estados Unidos de Amrica mostraran lo han sealado distintos autores su voluntad de apoderarse de todo el continente. No poco han logrado si, incluso, se tiene en cuenta la inercia o desprevencin no se mencione, de momento, la complicidad lacayuna, que sera ingenuo descartar con que tambin en otras lenguas, como el espaol, y hasta por parte de antimperialistas conscientes, se acepta de hecho, si no que los Estados Unidos son Amrica, como se autodenominan en ingls, s que a sus naturales les corresponde la primaca, cuando no el derecho absoluto, en el uso del gentilicio los americanos. A falta de un nombre propiamente nacional, les corresponde el derivado de su estructura poltica, estadounidenses, ni siquiera de manera exclusiva norteamericanos, que pertenece por igual a Mxico y a Canad.

La voraz geofagia qued lejos de expresarse solamente en el nada neutro plano lexical: tuvo, sobre todo, caminos polticos, prcticos. En lo relativo a Cuba, no fue necesario esperar a que en 1923 se acuase la expresin fruta madura, smbolo de toda una poltica nacida mucho antes. El mismo Thomas Jefferson que redact la Declaracin de Independencia, en 1805 expres el inters de apoderarse de Cuba por razones estratgicas, y en 1820, ya tercer presidente de la nacin, instruy a su secretario de Guerra dar pasos para que esa finalidad se cumpliera pronto. Naca contra este pas un proyecto imperial que no ha cesado, aunque unas pocas veces el imperio haya cambiado de apariencia y de tctica, y sustituido, a nivel de promesas, el garrote por la zanahoria.

Las razones indudables por las que Simn Bolvar merece el ttulo de El Libertador incluyen no solamente su colosal aporte a la lucha por la independencia de Amrica contra la metrpoli espaola, sino tambin su temprana previsin sobre el peligro que para estos pueblos encarnaba la nacin representada por George Washington, su primer presidente, y por Jefferson, entre otros. Cuando por ilusin o ignorancia creca la imagen de esa naciente potencia como un modelo a imitar o posible garante de libertades, en carta fechada el 5 de agosto de 1829, en Guayaquil, y dirigida al coronel Patricio Campbell, representante de Gran Bretaa en los Estados Unidos, el zahor Bolvar los caracteriz al decir que parecan destinados por la providencia para plagar la Amrica de miseria en nombre de la libertad. Es una realidad que asedia a numerosos pases y, de hecho, a la humanidad toda. No est a la vista hoy en Venezuela? No lo ha sufrido Cuba? La han sufrido y sufren muchos pueblos del mudo.

Para guiarse por tal luz no necesit Bolvar siquiera que ocurriese la guerra que, azuzada a partir de conflictos fabricados con ese fin, los Estados Unidos lanzaron contra Mxico entre 1846 y 1848, y les sirvi para arrebatar a la patria de Jurez ms de la mitad de su territorio. En el afn de zafarse de Espaa, como en el caso de Cuba y de Puerto Rico, an sometidos a ella hacia finales del siglo XIX, o de revertir el atraso material dejado por la decadente metrpoli en sus otrora colonias, todava bien avanzada la centuria haba quienes volvan la vista a los Estados Unidos como supuesto paradigma de desarrollo o posible aliado en ansias de emancipacin. Pero ello no se explica por falta de hechos que mostrasen la verdad sobre los rumbos de esa nacin, ni porque no hubiera latinoamericanos y caribeos dignos y veedores.

Apenas contaba dieciocho aos cuando en 1871, a poco ms de dos del estallido en su patria del levantamiento del 10 de octubre de 1868, Jos Mart se refiri en trminos clarsimos a la naturaleza de los Estados Unidos. En el cuaderno de apuntes numerado 1 en sus Obras completas anot: Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento.Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad. Tal observacin le permiti hacer inferencias en cuya base situ lo que no cabe tomar sino como alusin a los Estados Unidos que, sin reconocer la causa cubana, comerciaban con Espaa mientras esta lanzaba todo su podero contra Cuba: Y si hay esta diferencia de organizacin, de vida, de ser, si ellos vendan mientras nosotros llorbamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fra y calculadora por nuestra cabeza imaginativa, y su corazn de algodn y de buques por un corazn tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazn cubano, cmo queris que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan? // Imitemos. No!Copiemos. No!Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.

Extendindose sobre diferencias culturales y de idiosincrasia que mediaban entre los Estados Unidos y la que l no tardar mucho en llamar nuestra Amrica, aadi: Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son ms puras cmo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes? // Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado tambin al ms alto grado de corrupcin. Lo han metalificado para hacerlo prspero. Maldita sea la prosperidad a tanta costa!

Pensando en los seducidos por la nacin del Norte, a quienes seguir refutando hasta caer en combate su legado contina refutndolos de raz, escribe en el citado cuaderno: Y si el estado general de ilustracin en los Estados Unidos os seduce, a pesar de la corrupcin, de su metalificacin helada, no podremos nosotros aspirar a ilustrar sin corromper? Su vida la puso medularmente al servicio de ese afn creativo, tanto con trincheras de ideas como con trincheras de piedra. Atento a nuevas seales de pretensiones de seguir saqueando a Mxico, y, sobre todo, a las maquinaciones en el comercio con los pases que, como el propio Mxico, se haban independizado de Espaa, y a los planes que se urdan con respecto a Cuba y a Puerto Rico, Mart creci como gua de la causa independentista cubana, con alcance continental y aun planetario.

No por casualidad al pensar en Cuba poda tener la mente puesta en los Estados Unidos: saba no solamente los peligros que para su patria y nuestra Amrica toda venan de all, sino tambin las falsas expectativas de algunos con respecto a la voraz nacin. En el peridico Patria public el 14 de enero de 1893, acerca del crecimiento del Partido Revolucionario Cubano que l encabezaba y haba fundado el ao anterior, el artculo Cuatro clubs nuevos, donde sostiene: Independencia es una cosa, y revolucin otra, e ilustra sus palabras con este ejemplo: La independencia de los Estados Unidos vino con Washington; y la revolucin cuando Lincoln.

Que para l lo revolucionario radica en la erradicacin de la esclavitud lo confirma tambin al rendir homenaje a Carlos Manuel de Cspedes y a Ignacio Agramonte en el artculo que les dedica en 1888 al celebrarse el vigsimo aniversario del estallido insurreccional del 10 de octubre de 1868. Acerca en particular de Cspedes, que encabez el levantamiento, expresa: no fue ms grande cuando proclam a su patria libre, sino cuando reuni a sus siervos, y los llam a sus brazos como hermanos.

El Abraham Lincoln por cuya muerte llevaron crespn de luto el adolescente Mart y otros estudiantes de La Habana de su tiempo, ha pasado a la historia por su papel en la abolicin de la esclavitud, un mal que perdur en los Estados Unidos hasta aos despus de la independencia. Mart ciertamente lo admiraba, pero no acrticamente. Le recrimin el haber prestado atencin a un consejero que le propuso apoderarse de Cuba y convertirla en basurero donde echar a quienes el pensamiento racista dominante en los Estados Unidos menospreciaba. Resulta significativo como lo valora Mart dentro de la realidad de aquella nacin.

Ante los delegados hispanoamericanos a la Conferencia Internacional Americana celebrada entre 1889 y 1890 en Washington como parte de los planes de los Estados Unidos de dominar econmica y polticamente a la Amrica toda, pronunci Mart el 19 de diciembre del primero de esos aos, en Nueva York, el discurso conocido como Madre Amrica. Consciente de que en el auditorio, formado por personas influyentes en nuestros pueblos, haba quienes estaban ms o menos seducidos por la nacin anfitriona, dijo: De lo ms vehemente de la libertad naci en das apostlicos la Amrica del Norte. No queran los hombres nuevos, coronados de luz, inclinar ante ninguna otra su corona, y poco despus apunta: Del arado naci la Amrica del Norte, y la espaola, del perro de presa.

Pero no era l de los que idealizaban la colonizacin britnica con cuyos voceros se vincula el fomento de la leyenda negra contra la colonizacin espaola ni mucho menos a los Estados Unidos. De lo primero da fe el hecho de que, antes de lo que acaba de citarse, dej claramente dicho en el discurso: Pero por grande que esta tierra sea, y por ungida que est para los hombres libres la Amrica en que naci Lincoln, para nosotros, en el secreto de nuestro pecho, sin que nadie ose tachrnoslo ni nos lo pueda tener a mal, es ms grande, porque es la nuestra y porque ha sido ms infeliz, la Amrica en que naci Jurez. Salvo que se opte por ser ignorante, es difcil no asociar ese juicio con lo que haba padecido Mxico por la voracidad estadounidense.

En cuanto a su visin de la libertad alcanzada en aquel pas, son tambin rotundos sus juicios relativos a su guerra de independencia y al camino abierto por ella. En trminos que remiten a la ayuda que la nacin nortea haba recibido de pueblos de nuestra Amrica, incluida Cuba, y a su actitud de indiferencia o de hostilidad hacia la independencia de estas tierras, dijo: El pueblo que luego haba de negarse a ayudar, acepta ayuda, y entonces plasma esta generalizacin: La libertad que triunfa es como l, seorial y sectaria, de puo de encaje y de dosel de terciopelo, ms de la localidad que de la humanidad, una libertad que bambolea, egosta e injusta, sobre los hombros de una raza esclava.

Entonces viene lo que logr Lincoln, valorado por Mart tras decir de esa masa esclavizada: antes de un siglo echa en tierra las andas de una sacudida. Es cuando emerge la figura de aquel presidente que ha sobresalido por sus virtudes entre los de su pas: y surge, con un hacha en la mano, el leador de ojos piadosos, entre el estruendo y el polvo que levantan al caer las cadenas de un milln de hombres emancipados.

Frente a las fuerzas y ambiciones desatadas, no bast el valor personal de un presidente que, como otros de su pas, morira vctima de un atentado. As vio Mart a los Estados Unidos que salieron de la contienda entre el Norte, de ms moderno desarrollo capitalista, y el Sur, que haba conservado la esclavitud: Por entre los cimientos desencajados en la estupenda convulsin se pasea, codiciosa y soberbia, la victoria; reaparecen, acentuados por la guerra, los factores que constituyeron la nacin; y junto al cadver del caballero, muerto sobre sus esclavos, luchan por el predominio en la repblica, y en el universo, el peregrino que no consenta seor sobre l, ni criado bajo l, ni ms conquistas que la que hace el grano en la tierra y el amor en los corazones,y el aventurero sagaz y rapante, hecho a adquirir y adelantar en la selva, sin ms ley que su deseo, ni ms lmite que el de su brazo, compaero solitario y temible del leopardo y del guila.

No por gusto el da antes de morir en combate, Mart quien haba inaugurado en Patria una seccin para difundir en Cuba y otros pueblos de nuestra Amrica La verdad sobre los Estados Unidos, ttulo del artculo con que la anunci le expres en carta testamentaria a su amigo mexicano Manuel Mercado que todo cuanto haba hecho, y hara, tena un propsito cardinal: contribuir a poner freno a los planes de los Estados Unidos contra nuestra Amrica. Esos planes lo saba Mart, quien lo expuso igualmente en otros textos buscaban dominar al mundo.

Del pas que, nacido de las Trece Colonias britnicas, Mart conoci y denunci, viene coherentemente la potencia imperialista que hoy sigue tratando de someter a su antojo, para usurpar sus recursos, a la humanidad toda. Poco importa que el cabecilla, el csar de turno, tenga talante de orador instruido y de buenas maneras o sea, por el contrario, un negociante burdo, megalmano y atorrante.

Que ante las poses y la pericia oratoria del primero alguien quiera creer que el imperio ha cambiado en su esencia, no es algo que deba asombrar. All quienes se hayan dejado obnubilar por l, y quienes, ante su sucesor, hayan sido capaces de considerar que en la Casa Blanca se ha alojado alguien que no representa al establishment porque exhibe ademanes de nuevo rico tipo selfmade man, o incluso hayan credo que se alejaba de la poltica imperialista al declarar que su pas deba distanciarse de la guerra, una opcin que, incluso pensada solo con sentido prctico sera mucho pedirle un sentido moral, ciertamente le convendra ms. Su modo de pertenecer al establishment est tan a la vista como su condicin de representante del imperialismo belicista se ha comprobado en su accionar, que incluye el haber lanzado en Afganistn la llamada madre de todas las bombas. Por lo dems, ya en su tiempo Mart refut a ciegos y desleales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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