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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-07-2017

Octubre rojo un siglo despus

Higinio Polo
Rebelin


Un siglo despus de su triunfo, la revolucin bolchevique sigue suscitando furiosos ataques de la derecha poltica y de sus terminales ideolgicos en la prensa y en las televisiones, en la investigacin universitaria dirigida y subvencionada, y en los centros de elaboracin ideolgica liberal, que, sin embargo, apenas se interrogan sobre el infierno capitalista del que surgi la revolucin: el barro y la muerte en las trincheras de la Primera Guerra Mundial y la oprobiosa autocracia zarista que ahogaba al pueblo ruso y lo condenaba a la miseria y la explotacin. Para los beneficiarios del capitalismo realmente existente y para los vendedores de mentiras, el socialismo sovitico se resume en error y represin, en furia y crueldad, mientras que el horror causado por el capitalismo, en las dos guerras mundiales y en la esclavitud colonial, en las guerras imperiales y matanzas lanzadas desde entonces en cuatro continentes, en Vietnam y en Corea, en Indonesia y en Afganistn, en Yugoslavia y en Ucrania, en Brasil y en Argentina, en Angola y en Libia, en Siria y en Iraq, por citar slo algunos ejemplos de la infamia, ese horror, se diluye en lejanas causas y dcadas perdidas de las que, como por ensalmo, el capitalismo no es responsable.

Los marineros y milicianos que se lanzaron al asalto del Palacio de Invierno, que vemos en las imgenes recreadas de Eisenstein, no son un accidente de la historia; los obreros que se atrevieron a derribar el trono imperial, a convertir las iglesias en almacenes tiles, y a dispersar las sombras de la explotacin, no eran una rfaga transitoria de aos convulsos, sino el rumor de siglos de protestas y de gritos de honestidad y trabajo proletario. En 1917, los bolcheviques supieron expresar el ansia de justicia de los rusos, la ambicin de una vida digna que dejase atrs las argollas de la miseria y la opresin bajo los zares; supieron traducir el deseo de los trabajadores de terminar con la explotacin en las fbricas. y de los campesinos de romper la soga que les ataba a una nobleza parasitaria y casi medieval. La exigencia de paz, en el matadero de la gran guerra, los gritos reclamando pan, los campesinos exigiendo la tierra, y los trabajadores las fbricas, resumen la decisin de Lenin y los bolcheviques protagonizando la revolucin que cambi el mundo. Porque fue la aspiracin a la igualdad y la justicia la que cre el poder sovitico, la que levant el socialismo en condiciones difcilmente imaginables hoy: suele olvidarse, pero la revolucin bolchevique tuvo que construir el socialismo en un pas que perdi, en un lapso de treinta aos, a casi cuarenta millones de personas, vctimas de la guerra civil impuesta tras la revolucin por veinte pases capitalistas, y por las dos guerras mundiales desatadas por las rivalidades de esas mismas potencias. Slo en la guerra de Hitler, la Unin Sovitica vio morir a veintisiete millones de trabajadores y soldados.

Tras 1017, la revolucin bolchevique se extendi por el mundo, y su voz lleg a los campesinos malayos y a los obreros de los frigorficos argentinos, a los labradores chinos y a los trabajadores alemanes; desde entonces, las ideas y propuestas del socialismo y del comunismo han seguido galopando por el planeta, iluminando revoluciones, en China o en Vietnam, en Cuba o en Nicaragua, cambiando el mundo, aunque esa voz haya sufrido duras derrotas, como la matanza en Indonesia, los campos de la muerte de Oriente Medio, o la desaparicin de la propia URSS y el retroceso social en Europa y Amrica durante las dos ltimas dcadas. Pero, ni en Mosc ni en Madrid, la revolucin bolchevique no se ha olvidado, y la historia no ha terminado.

Hoy, de forma abrumadora, los rusos siguen viendo a Lenin como un dirigente excepcional, que desempe un papel histrico trascendental, y siguen juzgndolo de manera positiva: apenas un 14 % de la poblacin aceptara retirar sus estatuas de las ciudades rusas, y una abrumadora mayora lamenta la desaparicin de la Unin Sovitica. La popularidad de Lenin crece, y, segn el centro Levada, en la ltima dcada ha aumentado de forma notable el nmero de ciudadanos rusos que consideran positiva su aportacin al pas y al mundo. Las estrellas rojas siguen coronando las torres del Kremlin moscovita, y la presencia de Lenin, aunque no se traduzca todava en cambios polticos y sociales, no va a desaparecer, pese a los interesados augurios de la derecha.

Para conmemorar el centenario, el Partido Comunista ruso organizar una gran manifestacin en Mosc, el 7 de noviembre, as como otros actos en la gran mayora de las ciudades del pas, y el gobierno de Putin tambin ha publicado un calendario de actividades para destacarlo, intentando atraer hacia el partido del poder las movilizaciones populares de celebracin de la revolucin de octubre, hasta el punto de que el comit gubernamental encargado de organizarlas est lleno de anticomunistas: el poder actual no puede obviar la importancia de la revolucin bolchevique, ni tampoco las aportaciones de la Unin Sovitica, como no puede ignorar el prestigio creciente de Lenin y del socialismo entre la poblacin, por lo que se ve obligado a nadar entre dos aguas.

No ser slo en Rusia. En los cinco continentes habitados, se sucedern las celebraciones entre los trabajadores, acompaadas por la montona y reiterada condena de los centros del poder capitalista, que busca arrojar a la hoguera el persistente susurro de dcadas de la revolucin bolchevique y del socialismo. De Bolivia a China, de Cuba a Alemania, de Venezuela a Vietnam, de Sudfrica a Australia, ese centenario recorre durante este ao conferencias y congresos, seminarios y libros, ondea en las banderas rojas de las manifestaciones y en las huelgas que siguen reclamando el fin de la explotacin y un mundo mejor; se interroga por los excesos y errores cometidos, trabaja en los laboratorios que alumbran el progreso humano, y brilla en los ojos de las mujeres del mundo que contemplan la desventura y la marginacin de la mitad del cielo sin renunciar a nada; se manifiesta en el esfuerzo de los campesinos por salvar la vida y el planeta, se escucha en el ruido de las cadenas de montaje y centellea en el parpadeo de las pantallas de ordenador, y se revela en la noche maltratada de los pobres, en las gargantas de los esclavos, en las lgrimas de los aptridas y en el sufrimiento de los inmigrantes perseguidos por el odio.

Un siglo despus, el capitalismo se empea en desacreditar la idea de una sociedad justa e igualitaria, y destruye paulatinamente las conquistas obreras; reduce salarios, convierte la seguridad en el trabajo en la precariedad de empleos temporales o de trabajadores autnomos, y mantiene legiones de operarios con empleos-basura, mientras sus terminales ideolgicas y sus medios de comunicacin siguen intentando demoler la razn socialista, destruir el recuerdo de la dignidad obrera y de las luchas por la emancipacin social; al tiempo que los empresarios arrojan el socialismo y la revolucin bolchevique a las tinieblas como un prescindible vestigio del pasado, y presentan a sindicatos y partidos obreros como herramientas intiles superadas por la historia, atrevindose a postularse a s mismos como los creadores de la modernidad y del progreso, aunque tengan las manos sucias de la explotacin y la mentira.

Sin embargo, la huella de la revolucin bolchevique est ah, y se encuentra en los territorios cotidianos conquistados por las mujeres y en las leyes que aseguraron los derechos de los trabajadores (en la reduccin de las horas de trabajo diarias y en el derecho a vacaciones pagadas, en la asistencia sanitaria gratuita y en los permisos de maternidad, en el derecho a tener pensiones y en la jubilacin a una edad antes impensable), como se encuentra en la derrota del monstruo nazi y en el proceso que dio inicio de la emancipacin de las colonias que los pases capitalistas oprimieron, y en los espacios de libertad contempornea que se salvaron por el esfuerzo sovitico de ser enterrados en la cal viva del nazismo.

Cien aos despus, el impulso de la revolucin bolchevique no ha desaparecido, aunque los partidos comunistas vivan aos de debilidad, que no les afecta slo a ellos, sino a toda la izquierda. Ese agotamiento debe terminar con el abandono de cualquier esperanza de reforma capitalista y con la adopcin de un programa radical que luche por el socialismo en todos los continentes, porque el capitalismo ahoga a millones de trabajadores, ensucia el mundo, aplasta a la humanidad, vende nuestro futuro, pero alberga tambin en su seno a quienes tienen el fermento de la revuelta, con la seguridad de que el comunismo y la revolucin bolchevique son la juventud del mundo de la que nos habl Alberti, y la fraternidad que le dio a Neruda el verso tierno del comunismo chileno: un siglo despus del octubre rojo, son los trabajadores que se manifestaron en la gigantesca huelga general de la India en 2016, son las manos que acarician a los nios en medio de las catstrofes con las que nos hace convivir el capitalismo, y las que se aferran a las alambradas de los campos de refugiados.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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