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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2017

Cmo vencer a la barbarie contra Altsasu

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Una de las debilidades del reformismo es su pueril engreimiento consistente en menospreciar la capacidad de previsin estratgica del Estado. Desde hace aos circula el chiste sobre el oxmoron de la inteligencia militar como supuestamente incompatible en sus dos trminos. Es una frivolidad sostener que es imposible la inteligencia militar porque ambos trminos son irreconciliables. La historia demuestra lo contrario, y tambin lo confirma el objetivo de la peticin fiscal de 375 aos de crcel para los jvenes de Altsasu: al margen de lo que decida el subpoder judicial, la primera parte del objetivo buscado ya est cumplida; la segunda parte ser la de la sentencia, y la tercera la de la definitiva normalizacin social bajo los efectos de la pedagoga del miedo.

El Estado necesita ms que nunca antes reafirmar que slo l tiene el poder y el derecho de definir lo que es paz y lo que es terrorismo, porque l es la forma poltica en la que se presenta al exterior la dictadura del capital. En cuanto careta poltica del capital, el Estado tiene ante todo el deber de asegurar la extraccin de plusvala y su realizacin en beneficio, en ganancia burguesa para as facilitar la acumulacin ampliada. Aqu est el secreto ltimo, y si no lo entendemos o lo negamos porque rechazamos la teora marxista del Estado, entonces nuestra interpretacin de la represin contra la juventud vasca simbolizada en la de Altsasu no pasar de ser una queja llorosa de la aberrante injusticia que est a punto de cometerse. Es cierto que esta queja tiene dosis de razn pero no llega al fondo del problema por lo que no permite extraer lecciones prcticas, y lo que es peor, abre la ventana por la que pueden colarse tesis como la de la desproporcin y el exceso en la condena.

El Estado intensifica la pedagoga del miedo porque sabe que es la nica forma de controlar la Gran Crisis que zarandea a las burguesas occidentales, y sobre todo a la espaola. Excepto el fascismo y el militarismo, todo sistema represivo democrtico compagina dosis de palo con dosis de zanahoria segn las necesidades del momento pero sobre todo en funcin de sus previsiones de futuro. Desde hace aos la Unin Europea, el Estado espaol, el capitalismo en su conjunto, prioriza los golpes a las recompensas, centrndose contra la juventud trabajadora, porque, por su situacin, es la que ms rpidamente puede tomar conciencia crtica sobre su presente y su futuro.

En Euskal Herria, una vez pinchado el globo de la normalizacin social que se lograra con la paz, etc., reaparece de entre el silencio y la propaganda la realidad cruda y dura de la opresin nacional y la explotacin de clase y patriarcal, situacin cotidiana que se endurece da a da. Los aparatos del Estado, desde el gobiernillo vascongado hasta los analistas del CNI, son conscientes de que tiende a agrandarse el corte generacional entre el poder adulto y el incipiente poder juvenil, y hacen lo imposible por reforzar el primero y destruir el segundo. Hay que impedir que emerja una conciencia revolucionaria organizada desde el interior de las opresiones estructurales que asfixian el potencial emancipador de la juventud trabajadora. Las condenas que pueden arruinar la vida de los jvenes de Altsasu, de sus familias y de los amplios y crecientes grupos solidarios, son una amenaza oficial lanzada contra la juventud vasca y por extensin contra el pueblo trabajador en su conjunto.

La conciencia revolucionaria que incipientemente est surgiendo en sectores juveniles surge de la realidad estructural impuesta por el retroceso de la lucha poltica de clases que logr la burguesa en los ltimos aos, lo que unido a los efectos de la larga ofensiva neoliberal, ha destruido la fase en la que la juventud poda esperar un futuro menos malo, un futuro con los derechos que haban conseguido sus padres. Esta esperanza ha sido destruida y con ella se han desplomado tambin las promesas reformistas para este sector de la juventud trabajadora. Los derechos sociales y democrticos estn siendo dinamitados uno a uno, incluso los derechos burgueses estn siendo recortados. La juventud trabajadora empieza a sentir que ya malvive en la precariedad indefensa, en la incertidumbre empobrecida. Sectores de ella avanzan de esa sensacin difusa a otra ms concreta, como paso previo a su conocimiento terico. La burguesa slo le ofrece represin y austeridad, y el reformismo, significantes vacos y pasividad parlamentaria.

La ley Mordaza no fue un arrebato de autoritarismo aislado, sino una mejora ms de la estrategia, sistema y doctrina represiva pensada para derrotar las inevitables reacciones defensivas sobre todo juveniles- que saba que surgiran ms temprano que tarde como est sucediendo. Sobre el subsuelo de una personalidad dependiente formada por la educacin infantil y juvenil, la precarizacin laboral y las reducciones en las becas universitarias, actan como otros tantos medios de intimidacin si no son contrarrestados por una sistemtica pedagoga revolucionaria. Las presiones afectivas y emocionales de la familia y del poder adulto para que la juventud no se meta en problemas refuerzan la densa y flexible red de obediencia que paraliza gran parte de la lucha juvenil. Si estos sistemas fallan, entonces interviene la represin ms visible.

Pero la destruccin de derechos est siendo tan arrasadora que estos mecanismos tienden a ser desbordados en franjas juveniles por la fuerza de las contradicciones. Aun siendo globalmente irracional, la burguesa tiene equipos de estudio que s prevn lo que se avecina. Sin bucear mucho en la prensa especializada, hoy mismo pueden encontrarse como mnimo cuatro informes alarmantes: dos sobre el Estado espaol que advierten de la fragilidad de la industria turstica que ahora mismo es el motor econmico fundamental gracias a la sobreexplotacin que practica, y del dficit estructural de la fiscalidad espaola; otro tercero nada menos que del Financial Times sobre los riesgos que siguen existiendo en la economa mundial, confirmando otros muchos estudios de los ltimos tiempos; y un cuarto, ahora del tristemente clebre Goldman Sachs, en el que se relaciona la situacin actual de los EEUU con la crisis de 1929 sugiriendo como nicas alternativas la guerra o la recesin: ambas destruyen fuerzas productivas reactivando as la economa por un tiempo. Pareciera que Goldman Sachs ha ledo algo sobre la teora marxista de la crisis. No debe extraarnos que as fuese porque el pasado 13 de mayo The Economist, vocero del neoliberalismo ms maltusiano, publico la columna de uno de sus ms afamados idelogos reconociendo que Marx tiene mucho que ensear.

Efectivamente y cindonos slo al tema que nos ocupa, el marxismo tiene cinco cosas que ensearnos: Una, que su mtodo sigue siendo el mejor, o si se quiere el que menos se equivoca. Dos, que este mtodo tiene un teora de la opresin nacional que nos permite descubrir la razn concreta espacio-temporal de la represin de la juventud trabajadora vasca simbolizada en estos momentos en el castigo al pueblo de Altsasu. Tres, que adems tiene la teora del Estado que nos ensea cmo se aplica la ley espaola contra las naciones que oprime. Cuatro, que tambin pone a nuestra disposicin la teora de la crisis, que nos explica el por qu se ha llegado a esta situacin y qu funcin juegan las violencias del Estado para descargar sus tremendos costos sobre la humanidad explotada. Y cinco, que nos ofrece la teora de la organizacin revolucionaria para luchar con eficaz perspectiva histrica contra el capitalismo.

En lo que concierne a la barbarie que se cierne sobre Altsasu las cinco aportaciones del mtodo marxista se resumen en dos: aunar fuerzas de toda ndole que desbaraten la poltica del castigo y de la amenaza, y elaborar una estrategia revolucionaria que nos oriente hacia la independencia en el infierno de contradicciones de toda ndole que minan al capitalismo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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