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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-07-2017

Una aproximacin gastronmica al catolicismo (y subdesarrollo) hispano-espaol

Juan Jimnez Herrera
Rebelin


Y ahora voy a probar que la causa de todos nuestros males est en el cocido...

(Benito Prez Galds Lo prohibido)

 

En realidad, sobre la mercanca se erige, prcticamente, todo el entramado jurdico, es decir, la superestructura jurdica de la sociedad burguesa. La relacin entre el esclavo y su amo; entre el siervo y el seor eran unas relaciones de facto, que se desarrollaban y ejecutaban, en lo esencial, sobre actos de fuerza, sin, apenas, necesidad de andamiaje jurdico. Eran unas relaciones de fuerte componente personal (fidelidad, servidumbre, proteccin, etc). La posterior proletarizacin de grandes sectores de la poblacin, su liberacin de los feudos, los convertir en mercancas, esto es, en propietarios de su fuerza de trabajo, en cosas.

A partir de ah, las relaciones entre explotados y explotadores, desde esa presunta "libertad" del propietario de la mercanca de la fuerza de trabajo, se complican y necesitan de mayor andamiaje jurdico, el propio de una sociedad basada en el intercambio; desaparecen las dependencias personales, florece el comercio y el derecho se expande. La sociedad burguesa es, por naturaleza, una sociedad juridificada. Lo jurdico, que descansa sobre la mercanca, santifica y "legaliza" las relaciones sociales y la propiedad o apropiacin privada. Eso explica la querencia enfermiza de la burguesa por la "seguridad jurdica", por el principio de legalidad, etc.

Sin el derecho, que la mercanca segrega como exigencia de su propia existencia, el mundo burgus sera impracticable. Y, si en el feudalismo, la religin era la forma en la que, esencialmente, se expresaba, a nivel estructural, la lucha de clases; en el capitalismo, es en el derecho, en el nivel jurdico, donde se concentra, quiz, el nudo gordiano, la mayor dificultad que el socialismo tiene para introducirse en la conciencia individual, de quin, en el capitalismo, sintindose hombre libre y con derechos, no atiende a proyectos sociales que, manipulados, se les presentan como negadores de ese estatus alcanzado. Pasukanis, un jurista sovitico de la dcada de los 20 y 30 del siglo pasado, mantuvo la tesis errnea de que, siendo el derecho un producto esencialmente burgus, desaparecera y se extinguira con el Estado burgus. La posterior jurisprudencia sovitica vino a decir que el derecho, como expresin de la legalidad socialista, del Estado Socialista de derecho, tena plena vigencia y mucho recorrido an en su desarrollo y enriquecimiento. A mi juicio, en los estudios marxistas hay una fuerte carencia en el anlisis y comprensin del fenmeno jurdico y no es asunto balad.

Y, en el cristianismo; concretamente, en sus versiones ms humanistas, luteranismo y calvinismo, Marx afirm que el desarrollo de la mercanca encontr su mejor aliado. El hombre igual y abstracto, que esa religin predica, es el que ms se ajusta al hombre abstracto, de igual condicin jurdica, con el que tiene que intercambiar en el mundo de las cosas. Por eso el cristianismo, como superestructura religiosa, no fue nunca un obstculo insalvable para el desarrollo del capitalismo. Otras religiones, en las que el hombre no se presenta ante su Dios como una criatura de libre albedro e igual ante sus semejantes (budismo, islam), s han constituido un obstculo de tal entidad, que han impedido el surgimiento y desarrollo posterior del capitalismo, condenando a sus civilizaciones a un estancamiento material secular. Eso explica el sorpasso tecnolgico del occidente capitalista frente al oriente espiritualista. Y ello es una prueba de que, an siendo lo econmico, en ltima instancia, lo que determina el devenir histrico, ciertos elementos superestructurales (religin, en este caso), pueden ser, sin embargo, tambin muy determinantes.

De hecho, dentro del mundo cristiano, el catolicismo, con un mayor contenido de boato, ceremonia y aparato religioso (en consecuencia, un dios cristiano ms endiosado ante el hombre), y que tard en ser expropiado en sus riquezas materiales, insertadas en el entramado del rgimen seorial, y defensor, pues, hasta ltima hora, de la servidumbre, y, como ese mismo rgimen, refractario a la produccin y el trabajo (espiritualismo, ascetismo, renuncia, etc), se erigi en un verdadero freno al desarrollo capitalista de las formaciones socioeconmicas en las que tal credo lleg a ser mayoritario. Tal y como aconteci en Espaa.

Escriba Galds, que Por fin, al despertar en pleno siglo XIX, despus de haber dormido la mona mstica, nos encontramos con que los dems se nos han puesto por delante. Ellos viven bien, nosotros mal. Viendo lo que ellos son, hemos cado en la cuenta de que el dinero es bueno, de que la propiedad es buena, de que el lavarse no es malo. Si el insigne novelista hubiera despertado y contemplado la Espaa posterior a la Gran Recesin de 2008 no se habra sorprendido por el resurgir de una amplia constelacin de diocesanos comedores sociales (del consabido y decimonnico puchero y de los ms actuales macarrones con tomate frito) y de una renovada beneficencia catlica, presurosos ambos a cubrir las necesidades de la gran pobreza sobrevenida.

En el contexto actual, salvando, claro, todas las distancias, siguen vigentes las palabras del cuasi socialista Galds: Y claro, cmo ha de haber agricultura, cmo ha de haber industria en un pas as? En una palabra, comparemos la raza que ha tenido por maestros a Dominguito de Guzmn y a Teresita de vila, con la que ha seguido a los dos Bacones, Rogerio y el Verulamo... S, seoras, los dos Bacones... Ustedes no saben quines son estos caballeros? Lo explicar otra noche. En cambio, conocen la vida de San Pedro Regalado y de otros tales que estn en el Cielo por predicar que no debamos comer ms que tronchos de berza y algn pedazo de suela mojada en vinagre.

Es la Espaa de la Constitucin del 78, la del Concordato y la de la especial consideracin que se tiene hacia la Iglesia Catlica.

Mientras en el centro y norte de Europa, el protestantismo, con su Reforma, acerc las masas a la letra impresa y las alfabetiz con ayuda de la traduccin de la Biblia a las lenguas vernculas y el desarrollo del culto a Dios en las mismas; aqu, en nuestra pennsula, el Catolicismo mantuvo el latn en el culto y a las masas catlicas en el analfabetismo. All se desarroll un espritu nacional, burgus y ciudadano; aqu, un espritu caballeresco, monacal evangelizador y servil. All se construyeron Estados y Naciones; aqu, un Imperio y un vasto solar peninsular subdesarrollado, escasamente interconexionado y pasto de mil y un localismos. All, la industria, el comercio y el atesorar capital; aqu las penurias y deudas.

Incluso, hasta las burguesas hispanas ms avanzadas, la vasca y catalana, pero tan catlicas como la castellana (el carlismo, ese engendro ideolgico que desangr, por dos veces, a la Espaa del XIX y sin el cual no se explican los nacionalismos hispanos, lleg a abrazar el propsito de una repblica pontificia para Espaa) slo consiguieron desplegar un nacionalismo de mdula blanda y de dbil alcance (alimentado, a menudo, desde el ruralismo de la masa y el casero, por la xenofobia) que les impidi, en su da, (cuando tocaba), hacerse de un estado propio, malogrando, por tanto, sus propias realidades nacionales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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