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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-07-2017

La crcel, seal de venganza en menos de un metro cuadrado

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


En Colombia las huellas de dolor de cinco dcadas de guerra que atravesaron el milln de kilmetros cuadrados de territorio terminan convertidas en historias que siempre ocurren en menos de un metro cuadrado. Algunas pueden meterse en el marco de la Economa y la desigualdad cuyos protagonistas son mafias que se aduean de calles, andenes, pasillos, patios, parques, senderos y espacios colectivos que cuadriculan y controlan en las ciudades y las instituciones para producir rentas, obtener informacin y controlar su uso. No todo lo que se expone y vende en ese metro cuadrado de calle es de iniciativa y usufructu de informales, la mayora corresponde a negocios fragmentados, que obedecen a una directriz, hay jefe, patrn, chulo, matn y trama de poder. El espacio usurpado es ocupado por particulares apndices de la maquina mafiosa, de manera similar han controlado y usado el servicio de transporte publico como herramienta de espionaje y comunicaciones. En el marco de Poltica clientelar y antidemocrtica pero legitimada en un discurso democrtico, el modelo empieza en el Congreso donde cada parlamentario parece tener asignado a perpetuidad su metro cuadrado de curul usado para negociar dividendos de poder para si mismos y obtener inmunidad (impunidad) a cambio de mantener la estabilidad del rgimen de turno y de no poner en riesgo privilegios. Ese metro cuadrado se ha transferido de padres a hijos, esposas, primos, hermanos, parientes, socios o allegados, desde all justifican lo injustificable, incitan al odio, absuelven o condenan, all unos duermen, otros debaten o gritan, otros ni siquiera van.

Como lugar sntesis de decisiones y modos de accin y estrategias que en un metro cuadrado provocan violaciones masivas a derechos, la crcel ocupa el primer lugar. Lo que ocurre al interior de las 142 prisiones responde a la lgica contraria de resocializacin y rehabilitacin pregonada, el discurso de los derechos y la dignidad es usurpado y el castigo es lo que se impone. Los presos son convertidos en victimas y violentados ante la aceptacin social que ha naturalizado el horror y asume que lo que ocurre debe ser as, cruel, despiadado, inhumano. La crcel polticamente es un territorio en crisis humanitaria, social, sanitaria, tica y econmica, donde lo que se dice es contrario a lo que se dice pero sirve para esconder el horror padecido en cada metro cuadrado. Su interior responde perfectamente a la imagen del vientre de una bestia, hay discriminacin, exclusin, negacin, olvido, persecucin, corrupcin, maltrato, hostigamiento, acoso, y resulta pattico que tambin ocurran hoy situaciones similares en otras instituciones inclusive educativas, arrastradas a actuar como en el modelo de la crcel, donde las reglas son interpretadas al arbitrio del mas autoritario.

En Colombia en el vientre de la bestia (Obra de Henri Miller) hay varios miles de perseguidos y encerrados por ejercer el derecho de rebelin, lo que Jos Mara Arguedas llam en su obra el sexto, los compas, distanciados de los eros, con los que entra en alianza temporal para tolerarse y sobrevivir a tanto horror institucional, legal, mafioso, autoritario, arbitrario que tiene asignado el papel de absolver a quienes le sirvan y condenar la voz critica del que se niega a ser convertido en instrumento.

Mejor que la ciencia y la retorica, los hechos de la crcel le dicen a la historia lo que una sociedad entiende y acepta como sentido de ser humano. La crcel se replica en las calles y las calles se sintetizan en la crcel, se impone lo que aprueba el congreso, se ejecuta lo que deciden los jueces y se realiza lo que indique la venganza. La sola existencia de la crcel como lugar de castigo para invalidar al ser humano y someterlo tendra que producir vergenza colectiva en cualquier democracia. De la tragedia dan cuenta en Colombia alrededor de 175000 personas, con una tendencia creciente de presos, a pesar del populismo punitivo, el aumento sucesivo de penas y los llamados de ultraderecha a la castracin, la pena de muerte, la cadena perpetua y seguramente la mutilacin. Todos los presos (salvo los detenidos exfuncionarios y militares del rgimen Uribe) son tratadas como desechos en un deposito de humanos puestos a descomponer, en virtud del arbitrio de las mismas elites ya descompuestas institucional, moral y materialmente que deciden, ejecutan y vengan.

La crcel permite entender el significado del tiempo y del espacio de los derechos humanos en su mas cruda realidad, est hecha para hacer sufrir, inhumanizar, negar, eliminar, dejarle al prisionero solo el derecho a respirar. En todas las crceles el nmero de presos triplica o duplica su capacidad, donde caban 3000 hay hasta 9000, en unas un orinal y una taza de bao para doscientos presos, en otras las mujeres duermen encerradas con sus hijos y homosexuales, afro, indios son despreciados. La crcel modelo de Bogot es un modelo visible de fabrica de horror, la picota una maquina de exterminio, donde desaparecen, descuartizan y envilecen, la tramacua de Valledupar una fabrica de tortura y terror y as cada una suma su particularidad hasta componer un universo de vejaciones, un todo organizado por el espritu comn de inhumanizar, descomponer al ser humano, afectar la dignidad humana bajo la tortura visible en el insomnio provocado, la inseguridad personal, el riesgo latente a ser violado, golpeado, maltratado, ofendido, presionado psicolgicamente, acosado, intimidado o asesinado. Violadores, asesinos, drogadictos, rebeldes, ladrones, funcionarios corruptos, bandidos e inocentes son llevados a la condicin de victimas, incluidos los guardianes siempre insuficientes, sobreexplotados laboralmente y expuestos al soborno, chantaje y oportunidad de compensacin que ofrecen los pocos paramilitares o polticos que controlan la televisin, las drogas, el sexo, el licor, las fiestas y visitas y que cuadriculan y arriendan mas de un metro cuadrado a quien pueda pagar dos o mas millones de pesos (revista semana: el ahogo de una prisin, marzo, 2012) u ofrecer privilegios (en 2016 se descubri que un poltico preso resida en el apartamento asignado al director del penal). Las crceles de mujeres, cuya cifra es de una mujer presa por cada seis hombres presos, son centros de discriminacin y misoginia en los que se pide sumisin y se refrenda la culpa.

Las elites histricamente han negado a sus presos de conciencia, el presidente Turbay con las crceles llenas de rebeldes acu la frase de que el nico preso poltico era l, los dems gobernantes repitieron la frase hasta que el rgimen Uribe clausur toda discusin negando la existencia del conflicto mismo con todo y sus componentes conceptuales, metodolgicos, polticos e ideolgicos. Sin embargo en virtud del proceso de negociacin poltica del conflicto armado el estado no pudo seguir negando esta realidad y tuvo que poner al descubierto la existencia de varios miles de rebeldes y presos polticos. Despues de este precedente de reconocimiento es necesario capacitar a los funcionarios de alto y medio mando para que comprendan e interioricen que el pacto poltico esta por encima del sistema de justicia ordinaria y que deben aplicarse con urgencia los acuerdos de la Justicia Especial de Paz y sin dilacin cambiar su percepcin y lgica frente a las crceles y al sentido y eficacia de las penas. El Estado y el Gobierno estn obligados a cumplir lo pactado en relacin con la amnista de quienes firmaron el acuerdo de paz y poner en publico conocimiento que la la amnista no ha expirado ni como concepto ni como practica, y que la liberacin de presos esta sealada por el DIH cuando termina una contienda y los enemigos se convierten y reconocen como adversarios.

El ejemplo a seguir para una paz con sentido de justicia y animo para entender los orgenes de los delitos, lo representa de entrada y si es cierto lo informado y no solo formalidad la crcel distrital (informe oficial (bogota.gov.co, la mejor crcel de Colombia, abril de 2016) de la que se dice es un lugar donde los derechos humanos son los protagonistas, que funciona para hombres y mujeres, con 10 talleres de trabajo, nutricionistas encargadas de ofrecer tres comidas, dos refrigerios y un tinto al da, atencin con dos mdicos, dos odontlogos y cincuenta profesionales encargados de la salud fsica y mental, con presos que reciben uniforme, colchoneta, cobija y crema dental y la drogadiccin es tratada con mdicos, psiclogos y terapeutas. Un lugar donde no hay hacinamiento, hay circuito cerrado de televisin, 96 cmaras y monitoreo tcnico y los cerca de 900 presos de 1200 que caben son tratados como humanos. La crcel que diseada para atender la venganza de la guerra, debe ser reformulada, repensada, transformada y esta es un buen ejemplo para empezar a pensarla y construirla de otra manera para pocas de paz con justicia social, democracia y respeto por el ser humano entendido como el mayor valor de una sociedad de derechos.

 

P.D. Con lo del Fiscal anticorrupcin (Gustavo Moreno) el pas de las victimas y de los sectores populares incorruptible e insobornable, podr entender y tomar nota de la existencia de un perverso modus operandi, seguido por funcionarios corruptos y agazapados que se apropian, se roban o suplantan un discurso de defensa del inters colectivo como democracia, derechos humanos, paz, anticorrupcin que usan en beneficio propio para sostener y ocultar sus practicas criminales, esos son impostores, farsantes, los verdaderos agentes del horror, no son infieles, son delincuentes.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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