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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2017

Homofobia y gestacin subrogada

Pablo Prez Navarro
Rebelin


Hace unos das, a travs del mvil, en el grupo preparativo de una charla sobre la gestacin de moda, otra de las ponentes comparti la imagen de un musculado cuerpo masculino, tatuado y sin camiseta, con un beb en brazos. La leyenda, sobreimpresa en letras grandes: gaypitalismo. Si la ocurrencia hubiera antecedido a una charla en Hazte Or, no habra tenido mayor inters. Apenas habra sido una forma ingeniosa de advertir que si les concedes el derecho a las mujeres para gestar para terceras personas, imagnate, alguna podra concebir el beb de la musculoca del quinto. Qu grotesco.

Solo que aquello no era Hazte Or, sino un espacio transfeminista. Pese a lo cual, all estaba aquella imagen, con el aire condescendiente de quien se pasea por su propia casa, asociando la crtica anticapitalista a esta tcnica de reproduccin asistida con cierta imagen de la paternidad gay. Llegando a fundirlas en un despreciativo lema. La subrogada no slo es propia de gays normalizados esttica y polticamente, gritaba la imagen para anticipar el debate, sino que refleja todos los males, adems, del sistema de explotacin capitalista. La de quin? Sin duda, la del cuerpo ausente, el de la gestante que pari al beb que termin, va explotacin reproductiva, en los brazos de la paternidad sin madres.

Ms all de lo anecdtico, conviene tener muy presente que la crianza de nacimiento sin figuras maternas que permite la gestacin subrogada no es algo que inquiete slo a la homofobia ms fcilmente ubicable y reconocible. Ni muchsimo menos. Al calor del debate, no es raro encontrar incluso a feministas de este milenio sbitamente preocupadas por cosas tales como el derecho de los bebs a recibir leche materna. Quin amamantar al beb del gaypitalismo? Se preguntan. Entre la gestante que no asume relacin maternal alguna y las crianzas de nacimiento sin madres, el orden simblico de la madre salta hecho pedazos.

En la prctica, a un amplio sector de la poblacin feminista y de izquierdas, no digamos ya de la otra, le importa bien poco que ms del ochenta por ciento de las subrogaciones las lleven a cabo parejas heterosexuales con problemas de fertilidad. Al menos estas solo sustituyen a una madre por otra. Entretanto, llueven artculos, alusiones, y hasta cuadismos transfeministas, que por supuesto tambin los hay, explicando que el problema de la subrogada radica en el privilegio masculino para explotar la feminizacin de la pobreza.

Hay cosas que resultan ms sencillas de pensar o, ms bien, de dejar de hacerlo, cuando puedes reducirlas a la imagen de un hombre explotando a una mujer. Es la misma regla de tres que hace desaparecer a los chaperos junto a las clientas mujeres, como por arte de magia, de la mayor parte de los debates sobre el trabajo sexual. Con el agravante de que, en este caso, un abrumador porcentaje de subrogaciones corresponden a mujeres que recurren a la capacidad gestante de otras. Tanto se demoniza esa explotacin de gnero y la paternidad sin madres que en pases como Portugal la coalicin de izquierdas acaba de aprobar el uso de la subrogada slo cuando est involucrada una madre de intencin. Como resultado, las parejas heterosexuales pueden subrogar, mientras que solteros y gays afrontan penas de crcel. Recordemos que s, en Portugal, los gays podemos casarnos, adoptar y hasta darnos la mano por la calle. Lo que no se puede es subrogar.

Y es que, al igual que ese sorprendentemente desdibujado nexo entre mujeres con y sin capacidad gestante, ya sea solidario, pecuniario o mixto, las familias heterosexuales creadas por subrogacin tienen ese don, el de pasar cotidiana y polticamente mucho ms desapercibidas. A veces ni los vecinos se preguntan de dnde sali el beb. Ni los consulados. En la subrogada, como en casi todo, la heterosexualidad ampla posibilidades, abarata costes, agiliza trmites.

No existe, por el contrario, ningn sper poder de invisibilidad para los padres no heterosexuales. A ese beb no lo ha gestado ni su pap ni su pap, se comenta all por donde pasan. Hasta el cnsul de California, ese que nunca dijo nada cuando las parejas hetero aterrizaban despus de que nacieran sus hijos en suelo americano, se dio cuenta, generando un revuelo administrativo que dura ya casi una dcada y que acumula toneladas de ensayos de derecho internacional privado. El de California, y el de cualquier otra de esas carsimas latitudes donde permiten subrogar a parejas gays, con mejor o peor suerte. Lugares donde, por cierto, la tan sealada relacin de desigualdad econmica entre las privilegiadas del norte y las gestantes del sur tiende a invertirse, especialmente si tenemos en cuenta que las gestantes han de demostrar su estabilidad econmica para poder serlo y lo poco al norte que queda, para segn qu cosas, el sur de Europa.

Claro que esa inversin geogrfica no es el nico error de matrix que provoca la paternidad sin madres. Leamos si no al juzgado de primera instancia de Valencia, orculo metafsico del llamado caso cero y que, por supuesto, corresponde a una familia homoparental: ello que al menos formalmente es cierto pues as consta en la certificacin californiana, no lo es, ni puede serlo a efectos materiales pues biolgicamente resulta imposible, surge con ello la existencia de la duda sobre la realidad del hecho inscrito. Y as pasamos de la inmutabilidad del ser (El Ser es, el no Ser no es, pontificaba Parmnides) a la del mater sempre certa est . Inmutabilidad, al menos hasta que el Tribunal Constitucional decida por fin pronunciarse al respecto de si el certificado de nacimiento con dos padres es no vlido, y se dilucide si Espaa tendr o no que seguir el camino de los estados europeos condenados por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por no respetar las filiaciones establecidas en el extranjero, en nombre del mayor inters del menor.

Podra parecer que este tipo de problemas administrativos solo atae a esas pocas privilegiadas que se pueden pagar los costes de una gestacin subrogada en el extremo norte del norte global. Aunque para eso tengamos que olvidarnos de que muchos se hipotecan a muy largo plazo para poder subrogar y tambin, por supuesto, de esa pareja gay (oh, casualidad) a la que se separ como medida cautelar de su hija en Almera, en espera de juicio, por subrogar sin pasar por el carsimo exilio reproductivo. Nunca est de ms recordar, llegados a este punto, que hemos pasado de 2891 adopciones internacionales en 2010 a tan slo 799 en 2015, segn el Ministerio de Sanidad, y no es por falta de demanda. Por retorcer el rizo, un buen porcentaje de los pases de origen excluyen directamente la adopcin homoparental. A lo mejor parte de la fijacin viene de la conciencia de que, en la prctica, la regulacin de la subrogada es la puerta para que la marica del quinto, musculoca o loca a secas, la de clase obrera, pueda de hecho tener hijxs. Que se disparen todas las alarmas, entran Almodvar y Mcnamara al escenario y suena voy a ser mam.

Relativos privilegios aparte, creo que es precisamente porque se alude con tanta frecuencia en estas lides a los hombres (expresin que funciona aqu como eufemismo de gays, que a su vez lo es de maricas que quieren jugar a paps y mams, como deca Fernando Savater) sin ms objeto que el de aliar la discusin con un poco de homofobia soterrada, por lo que estos debates nos ataen muchsimo ms directamente de lo que nos gusta pensar al conjunto de la poblacin elegetebec .

No slo por esa homofobia que campa a sus anchas por las desubicadas cruzadas contra el gaypitalismo y en esa eterna mistificacin de la gestacin y la crianza maternas (que alcanza sobre todo a los gays pero tambin a las madres lesbianas no gestantes) sino, adems, porque no tenemos precisamente buenas relaciones histricas con las imposiciones estatales sobre lo que podemos hacer con nuestros cuerpos en general y nuestros sexos y capacidades reproductivas en particular. El derecho a gestar para otras personas no se puede pensar aisladamente de otros derechos sexuales y reproductivos como el derecho a inseminarse, a hormonarse, a congelar gametos, a donarlos, a esterilizarse, a no hacerlo, a abortar, a las cirugas de reasignacin, a criar fuera de los mandatos de la monogamia y a ser o a no ser madre o padre en los trminos que cada una decida.

Bastante sabemos de todo ello como para no solidarizarnos, as sea un poco y solo por esta vez, con esa inmensa mayora de heteros que han recurrido a la subrogada, o que lo harn en el futuro, y que estn soportando un ataque de una virulencia creciente y que llega preado de una cantidad de esencialismos, moralismos, biologicisimos y tambin, como cohesionndolo todo, de abolicionismos bastante preocupante. Aunque solo sea porque sabemos bien, por experiencia o hipersensibilidad poltica adquirida, lo que supone que todo el mundo se permita opinar sobre si tu familia es o no lo bastante normal como para considerarla una familia legtima, moralmente aceptable, digna o no de reconocimiento legal y, a la postre, real.

Pablo Prez Navarro. Doctor en Filosofa e investigador del Centros de Estudos Sociales de la Universidad de Coimbra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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