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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2017

Sillones vacos (que avergenzan a Espaa)

Carlos Hernndez
eldiario.es

Cada ao me encuentro con ms sillones vacos en las casas de los espaoles deportados a los campos de concentracin nazis; me corroe saber que se fueron sin haber salido del olvido al que les conden y sigue condenando Espaa


Me aterroriza esa imagen; cada da ms. Llego a una casa y siento el vaco infinito que ha dejado la persona ausente. Entro en el saln principal y all est; silencioso, inofensivo, sereno, pero profundamente inquietante.

Hace ya varios aos que visito, peridicamente, a los ltimos espaoles y espaolas que fueron deportados a los campos de concentracin nazis. Hombres y mujeres que pueden relatar mil epopeyas por cada una de las arrugas que cubren sus rostros. Son seres admirables que, por defender la/nuestra libertad, sacrificaron su juventud, renunciaron a sus familias y sufrieron los peores tormentos ideados por el ser humano. Lucharon contra el fascismo ms que ningn otro; mucho ms que quienes desembarcaron en las costas de Normanda aquel famossimo Da D o que aquellos que empezaron a cavar la tumba del nazismo entre las ruinas de Stalingrado.

Fue as porque ellos y ellas, nacidos en Barcelona, Laredo, Mlaga o Murcia, tuvieron que librar ese combate por duplicado. Primero para intentar impedir que el fascismo, como tristemente termin ocurriendo, cubriera de fosas, celdas, miedo e intolerancia su querida Espaa. Despus, implicndose en una segunda contienda blica, esta vez contra el nazismo, que pagaron an ms cara. Capturados por las tropas alemanas, habran permanecido confinados en campos de prisioneros de guerra de no ser porque Franco y su brazo ejecutor, Serrano Suer, pidieron a Hitler que los deportara a campos de concentracin para ser exterminados.

Cada ao que les visito puedo comprobar cmo les vuelven a brillar los ojos al recordar sus aos de lucha. Todos, sin excepcin, mantienen intacta la dignidad y sus ideales, a pesar de que su deterioro fsico es, cada vez, ms evidente. Ninguno baja de los 90 aos de edad y la mayora est a unos pocos pasos del siglo de vida. Sus semblantes ajados solo se entristecen con el recuerdo de los compaeros que acabaron sus das en el interior de los hornos crematorios y cuando constatan que su patria, por la que tanto pelearon, les sigue dando la espalda.

Cada ao que les visito veo con envidia la forma en que Francia les trata como lo que son: verdaderos hroes. El cordobs Juan Romero me ense con enorme humildad la Legin de Honor que le haba concedido el Gobierno francs y despus me invit al acto oficial que l mismo presida, con todos los honores, en la localidad de la Champaa, que le adopt tras pasar cuatro aos en Mauthausen.

El asturiano Vicente Garca, prisionero en Buchenwald por pertenecer a la Resistencia, me permiti acompaarle el da en el que bautizaban con su nombre la calle en que reside desde hace ms de 40 aos. Con el cntabro Ramiro Santisteban, encerrado con su padre y su hermano durante 52 meses en Mauthausen, tuve la suerte de asistir al gran homenaje que la ciudad de Pars brind a Francesc Boix, el prisionero-fotgrafo que testific contra la cpula del III Reich en los Juicios de Nremberg. Cada ao que les visito me siento un privilegiado estando a su lado, pero cada ao que les visito me encuentro con ms sillones vacos.

Sus viudas o sus hijos conservan intacto ese lugar en el que se acomodaban durante los ltimos aos de su vida para leer algn viejo libro, ver Canal Sur a travs del satlite o, simplemente, dormitar. Sobre el silln de Virgilio Pea reposa, perfectamente doblada, su manta favorita con la que se abrigaba en los das ms crudos del invierno francs. Este cordobs, combatiente contra Franco, miembro de la Resistencia y superviviente de Buchenwald, se nos muri hace justamente un ao.

El pasado mes de octubre sigui sus pasos el barcelons Marcial Mayans; su inseparable Olga no ha querido tocar nada del despacho en el que pasaba las horas recordando su paso por el siniestro subcampo nazi de Ebensee y su posterior militancia en la guerrilla antifranquista. A Marcial tambin le gustaba escuchar las noticias en la radio y reflexionar sobre ellas; as intentaba aliviar el desprecio que senta por sus malditos ojos ya que, desde haca algunos aos, le haban privado del placer de la lectura.

En enero qued vaco el silln de Jos Alcubierre, el eterno nio de Mauthausen que lleg al campo de concentracin con solo 14 aos de edad y que vivi siempre atormentado por no haber podido evitar que asesinaran all a su padre. Tal y como supona, fue un viaje doloroso, aunque en visitas anteriores ya haba tenido que enfrentarme al hueco dejado por el toledano Esteban Prez, al silln hurfano del socuellamino Luis Perea y a la mecedora abandonada por el siempre risueo Eduardo Escot.

Marcharse es ley de vida; hacerlo a esas edades tan avanzadas y despus de todo lo que sufrieron, les convierte en unos verdaderos afortunados. Soy consciente de ello y, por eso, no es su muerte lo que ms me duele al ver esos sillones vacos. Lo que me corroe es saber que se fueron sin haber salido del olvido premeditado al que les conden y les sigue condenando Espaa. Me duele mirar los cascos con que Virgilio Pea escuchaba la televisin y, a la vez, pensar que el genocida que origin su desdicha y la de todo el pas sigue enterrado como un faran en el Valle de los Cados.

Sangro por dentro al ver el sombrero de Eduardo Escot, mientras percibo la indiferencia y el desprecio que nuestro Gobierno sinti por l y por el resto de sus compaeros. Un Gobierno que manda a su presidente a hacer de hooligan en un partido de ftbol y se limita a enviar a un funcionario de quinto nivel al homenaje a Francesc Boix que presidi la alcaldesa de Pars. Un Gobierno que mira para otro lado mientras se produce un goteo de reconocimientos a estos hombres y mujeres en ayuntamientos y comunidades autnomas. Un Gobierno que se declara insumiso al Congreso de los Diputados e incumple, sin ms, el mandato parlamentario que recibi en 2015 para brindar un homenaje estatal a todos y cada uno de los espaoles y espaolas que murieron o sobrevivieron a los campos de la muerte de Hitler. Una Espaa que en 40 aos de democracia no ha sido capaz de distinguir entre libertadores y tiranos, entre resistentes antinazis y miembros de la Divisin Azul, entre repblica y dictadura, entre vctimas y verdugos

Antes de doce meses realizar, nuevamente, el mismo viaje. Soy realista y ya empiezo a asumir que habr nuevos y dolorosos vacos en los salones. No pido que sigan ocupados, me conformara con poder mirar esos otros sillones vacos y, por primera vez, no sentirme avergonzado de ser espaol.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Sillones-vacios-averguenzan-Espana_6_662193795.html



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