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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2017

Memoria de la militancia obrera y social, pasin por el ideal

Agustn Ortega
Rebelin


Como ha sido estudiado por la filosofa, por ejemplo en la escuela de Frankfurt con autores como W. Benjamin, una patologa de nuestra poca histrica es el olvido o negacin de la memoria. La memoria passionis del sufrimiento e injusticia, que se realiza en la experiencia actual de la com-pasin y justicia liberadora con las vctimas de la historia, con los pobres de la tierra y con los testigos (mrtires) por este compromiso y militancia por un mundo mejor, ms libre, justo y fraterno. Una de esas realidades que hay que re-cordar, llevar en el corazn y hacer memoria es del movimiento obrero y social con sus militantes ejemplares. Tal como fueron, por ejemplo y solo dar unos nombres, Diego Abad de Santilln, Rosa Luxemburg. Salvador Segu (el Noi del Sucre), Cipriano Mera, ngel Pestaa, Melchor Rodrguez, Julin Besteiro, Guillermo Rovirosa, Simone Weil, Enmanuel Mounier, Lorenzo Milani, Dorothy Day, Manuel Sacristn o Francisco Fernndez Buey.

Todos estos hombres y mujeres o tantos militantes annimos que se desconocen y podramos citar, con sus luces y sombras (aciertos o errores), desde sus diversos ideales o motivaciones ticas, polticas, culturales, espirituales o religiosas nos presentan una serie de rasgos y caracteres comunes, compartidos que debemos tener en la memoria. Estas claves comunes nos dan el perfil e ideal de una ms autntica militancia tal como transmiti lo ms valioso o bueno, verdadero y bello de todo este movimiento obrero y social. Lo primero que queremos resaltar es que estas personas y militantes entregaron toda su vida de forma desinteresada (a fondo perdido), gratuita y radical (profunda) a estos valores e ideales solidarios y de justicia con los obreros, pueblos y pobres de la tierra. Y pusieron estos valores e ideales por encima de cualquier ideologa e ideologizacin de la realidad, que para ellas no eran absolutas, sino dichos valores e ideales con las relaciones fraternas, justas y solidarias con los otros seres humanos que es lo esencial.

Frente a todo sectarismo e integrismos, era una mentalidad abierta, cooperativa y solidaria: que valoraba todo lo bueno, verdadero y bello del otro, que buscaba la unin en los valores e ideales compartidos con los otros; respetando las diversas creencias, ideas y diferencias que no restaban para esta militancia comn e ideales o valores compartidos; que pona en primer lugar la vida y dignidad de la persona, el respeto a la integridad fsica, moral y social del otro. De ah que la militancia se realizaba desde una lucha activa no violenta y pacfica por la justicia, sin dejarse atrapar por el odio, la venganza y la violencia hacia el otro. Experimentaron en sus propias carnes que, como se sabe, la violencia ensucia el alma y las causas ms justas como nos muestra la historia. En esta lnea, trataron de evitar el prejuicio y sectarismo con el otro, con sus creencias e ideas, que no deja fructificar la relacin, el encuentro y convivencia fraterna.

Es una militancia vivida desde la honradez, moral y espiritualidad o mstica (que no slo se reduce al hecho religioso, aunque lo incluye desde la fe que tenga cada persona) con los principios, valores e ideales compartidos, universales que nos constituyen como humanos. Ellos comprendieron y experienciaron muy bien que el problema o la cuestin no slo se centra en la estructura o sistema totalitario e injusto como es el capitalismo, los fascismos o un comunismo tipo colectivista (colectivismo). La cuestin de fondo asimismo es el hombre burgus, individualista, posesivo e insolidario que es esclavizado por los dolos de la riqueza-ser rico, del poder y poseer, de la violencia y del consumir, del lujo y del tener que se pone por encima del ser persona, fraterna y solidaria. Adems, al mismo tiempo, que buscaron una sociedad distinta y un mundo renovado, vivieron y promovieron una conversin (cambio) personal, una humanidad nueva con una transformacin del ser humano en su mentalidad, conciencia, corazn, alma y espritu.

Tal como ha estudiado la ciencia social, no slo basta transformar las estructuras sociales y los sistemas econmicos o polticos injustos sino el espritu que anida en el ser humano que inter-acta con esta realidad socioestructural, la mentalidad y conciencia como puede ser la burguesa, capitalista o burocrtica-estatalita. Como os enseaba Mounier, la revolucin ser econmica o no ser, pero al mismo tiempo debe ser moral o no es. De ah que lo ms valioso de toda esta militancia del movimiento obrero y social es una renovada antropologa, cultura y tica frente a estos dolos burgueses e individualistas o egoltricos como la riqueza-ser rico y el poder. Una persona con un estilo de vida sobria, austera y de pobreza solidaria en el compartir la vida, los bienes y las luchas liberadoras por la justicia los pobres, obreros u oprimidos.

Como nos ensea el pensamiento personalista o latinoamericano con filsofos como el ya citado Mounier o el jesuita mrtir I. Ellacura, que recoge muy bien todo este este espritu militante, se trata de impulsar la civilizacin del trabajo y la pobreza frente a la del capital y la riqueza. Es la primaca de la vida de la persona y del trabajador que siempre tiene la prioridad sobre el capital (beneficio, mercado, produccin). El ser humano con su trabajo, dignidad y derechos como es un salario justo est por encima de la economa, del estado o del partido que debe servir a las necesidades de la humanidad, al bien comn, a la justicia y desarrollo humano e integral de los pueblos. Y es la existencia desde la pobreza solidaria en la comunin de vida, de bienes y luchas liberadoras con los parias (pobres) de la tierra. En oposicin a los dolos de la riqueza-ser rico, de la propiedad y del tener que como falsos dioses sacrifican la vida y dignidad de las personas. Esta vida del compartir solidario con el destino universal de los bienes, con la justa distribucin de los recursos, est antes que la propiedad que no es un derecho absoluto e intocable. La propiedad tiene siempre, a la vez, un carcter personal y social con la equidad en el reparto de los bienes y recursos, para que todos tenga acceso a esta propiedad.

Se observa pues como el movimiento obrero y social se realiz en esta militancia cultural y moral, con la promocin de una tica solidaria internacionalista en la fraternidad universal con los pobres de la tierra que va ms all (est por encima) de naciones, patrias o fronteras; frente a un nacionalismo burgus, excluyente e insolidario. Una vida asociada con los otros, con el asociacionismo solidario e internacionalista que confluye y une a todo el tejido de organizaciones o movimientos emancipadores por la liberacin integral con los pobres u oprimidos, que va cristalizando en redes globales de solidaridad mundial. Dentro de este asociacionismo, el matrimonio y la familia fue una clula vital de fraternidad solidaria, sociabilidad y militancia. Un matrimonio y familia que se constitua en la fidelidad del amor, valores e ideales de la mujer y el hombre con la vida fecunda de los hijos que se expresa en el servicio, compromiso, pobreza solidaria y militancia por la justicia. En contra de la familia burguesa, posesiva, consumista e individualista encerrada en la egolatra.

Asimismo, este asociacionismo y militancia cultural promovi la lectura, formacin y educacin integral con la creacin de ateneos culturales o casas de la cultura y del pueblo, con editoriales, libros y publicaciones como peridicos o revistas. Se fue consciente de la importancia trascendental de la formacin de la conciencia, de la promocin cultural y educativa, de la informacin u opinin pblica con una sensibilizacin y concienciacin en todos estos valores, ideales y militancia. La lectura, educacin, formacin y cultura es esencial para impulsar el conocimiento y comprensin valorativa de la realidad, para una conciencia tica y pensamiento crtico que nos vaya liberando de toda esclavitud, dominacin, opresin e injusticia. Tenemos as todo este legado fecundo del que podemos aprender y nutrirnos para una cultura, compromiso y militancia ms real, para este otro mundo posible y necesario que nos vaya llevando a la realizacin humana, felicidad y un sentido ms profundo o trascendente de la vida. Como nos recordaba constantemente uno de estos militantes, J. Gmez del Castillo, podemos perderlo todo menos los ideales , con ellos todo est ganado, ellos nos posibilitarn seguir viviendo con sentido y luchando en una existencia realizada.


Agustn Ortega Cabrera, Trabajador Social y Doctor en Ciencias Sociales (Departamento de Psicologa y Sociologa, ULPGC), Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teologa (UM-ITM). Es profesor e investigador de la Pontificia Universidad Catlica del Ecuador y en el Centro Universitario de Estudios del Seminario Diocesano de Ibarra. Investigador en la Universidad Loyola Andaluca.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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