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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2017

Edison Llanos: Testimonio de un ex interno
Detrs de los muros del Servicio Nacional de Menores

Alejandra Lavquen


Edison Llanos (Coquimbo, 1977), ex internado en el Centro de Orientacin y Diagnstico del Servicio Nacional de Menores (Sename) y del Centro de Rehabilitacin Conductual Cereco o Crcel de Menores, es el autor del libro Mi infierno en el Sename (Ansias de libertad) (Ceibo Ediciones, 217 pgs.). Entrega un testimonio de los abusos que sufri, junto a sus compaeros, mientras estuvo internado y cmo logr escapar hacia la libertad. El libro es una denuncia contundente y desgarradora acerca de una institucin del Estado destinada a la proteccin de los menores en situacin de riesgo, que finalmente termina convirtindose en un infierno. Los abusos de funcionarios, monjas e incluso de un obispo que relata el libro, son aberrantes y recuerdan los horrores de la Dina-CNI.

Qu lo motivo a escribir este libro?

Era para mi hija: cuando estuviera en esa etapa llamada adolescencia y tuviera comportamientos rebeldes, se lo entregara y le dira as vivi tu padre. Pero en el transcurso del tiempo junto a Marcela Concha, abogada de los nios, vi que esto sigue repitindose 23 aos despus de yo haber egresado, y la sociedad sigue sin saberlo o derechamente sin querer saberlo. Fue cuando cambi mi percepcin, y decid publicarlo como una forma de hacer justicia social y acercar al pas a esta realidad.

Por qu lleg al Sename, a qu edad?

Unicamente por pobreza. Habr tenido entre dos aos y medio y tres.

El libro habla de torturas, violaciones, muertes. Quines cometan estos delitos?

Cuidadores externos integrados a contrata por el Sename y por las casas cuidadoras u Ocas (Organismos Colaboradores del Sename). As como tambin terceras personas, ajenas al internado pero que entraban como Pedro por su casa y sacaban a pasear a los nios; uno en especial, con un alto cargo en la Iglesia Catlica de aquellos aos. Esto deja en claro la vulnerabilidad que exista, puede que ahora hayan cambiado, pero tambin puede ser que en el listado, que ni el Sename maneja, acerca de la identidad de nios de-saparecidos, estos hayan sido secuestrados o quin sabe qu cosa le ha sucedido. Las Ocas funcionan cuando ya no hay cupo en hogares administrados directamente por el Sename.

Cul es el nombre de ese miembro de la Iglesia Catlica?

En el libro aparece.

(En la pgina 149 del libro aparece el testimonio de la violacin de un nio por el obispo Francisco Jos Cox).

Qu pasa con el gobierno, el Parlamento, la polica?

Haba supervisiones pero hacan caso omiso de ellos. Hay parlamentarios que tienen casas colaboradoras (Ocas), y no les conviene acabar con el sistema. Hablamos de millones de dlares por concepto de subvencin. Facturan con el dolor de los nios. Por otro lado, existe proteccin al gobierno, que pidi blanquear el informe de la comisin investigadora. Responsabilizo al diputado Ramn Faras: me consta que hizo cuanto estuvo a su alcance para encubrir estos horrores.

Qu parlamentarios tienen estas Ocas?

La familia Walker.

Quines son responsables directos de las aberraciones en el Sename?

El Estado. Los cargos directivos son otorgados por compadrazgos polticos. La directora del servicio, Solange Huerta, que como fiscal de la Zona Sur haba tenido ms de 300 denuncias por abusos sexuales en casas colaboradoras y de administracin directa, decidi no perseverar en las investigaciones y cientos de nios quedaron sin justicia. Hoy ella dirige el Sename, cargo obtenido, evidentemente, porque se neg a formalizar a quien ahora dirige al pas por el caso tsunami. Tambin est Alicia del Basto, quien se encarga de archivar sumarios internos en contra del personal. Hablamos de torturas, violaciones y otras brutalidades. Ella es la presidenta del sindicato de funcionarios (Afuse). Ninguno de los sumarios logra terminar, ya que se encargan de lograr la prescripcin y el victimario sigue cumpliendo funciones.

Usted estudi y logr salir adelante. Qu porcentaje de internos del Sename logra lo mismo?

An no soy abogado y lograrlo es un camino que tengo que retomar el prximo ao. Tramito causas por ms de doce aos para el magister en derecho penal, Rolando Vio Gonzlez. Tengo ttulo de contador. He avanzado con el apoyo de personas que confiaron en m y, sobre todo, con las ganas de querer cambiar mi destino. Es difcil, pero se puede.

Con respecto a cuntos logran lo mismo, es fcil la respuesta: solo un puado, ya que al salir de un internado del Sename, sales sin herramientas que te permitan sociabilizar o con habilidad en un oficio. Los das adentro son montonos: de un lado a otro, caminar, esperando que el tiempo sea compasivo y pase rpido.

Cree que en la comisin investigadora del Parlamento se lograr algo?

Fui a cada una de sus sesiones, tenamos esperanza en Claudia Nogueira, Ricardo Rincn, Maya Fernndez, Camila Vallejo, Urrutia, etc. Puedo decirte que el nico diputado que estuvo a la altura y realmente sabe de infancia, es Ren Saffirio, quien qued prcticamente solo. El resto son una vergenza, en especial, Ramn Faras y Camila Vallejo, quien nada entiende de infancia. Junto a Marcela Concha nos reunimos con cada uno. Ellos les fallaron a lo que es el maana de Chile... los nios.

Cul sera la solucin para que nunca ms ocurrieran los hechos que narra en su libro?

Crear una nueva institucionalidad del Sename. Pero con otras personas, no con los mismos de siempre, o ser un Transantiago ms.

 

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RECUADROS

 

Monjas torturadoras

 

La hora del rezo era el momento en que quedbamos ms descuidados y desprotegidos, ya que en muchas ocasiones las auxiliares usaban este momento para holgazanear; tanto as, que si algo nos ocurra, al menos durante una hora no tendramos atencin oportuna. Aquel da, como de costumbre, las auxiliares desaparecieron de la faz de la tierra y las hermanas se fueron a preparar el rezo de la semana. Entonces, un grupo de internas que estaban cansadas del maltrato, aprovecharon dicha hora, saltaron la reja principal y huyeron del internado. Mariana, Olavia, Alicia, y no recuerdo a las otras dos, corrieron hasta donde pudieron, no s cmo ni quin las delat, pero volvieron en un furgn policial.

Al preguntar la polica por las auxiliares, dijimos que nos encontrbamos solos. Los uniformados esperaron por dos horas, hasta que se asom una monjita y detrs de sta la madre superiora. Fue ella quien recibi a las internas, con amor inconmensurable las abraz, las acarici y hasta le brotaron una que otra lgrima. Nosotros estbamos asustados, era la primera vez que veamos un acto de amor semejante. Eran contadas las veces en las que ramos receptores de tanta armona. Mientras observbamos atnitos la escena, comenzamos a acercarnos a los carabineros y ellos nos saludaban, hasta nos dejaban tocar sus esposas y decan que eran para atrapar delincuentes, gente mala, y que esperaban que nosotros furamos gente buena. En eso comenz una absurda conversacin entre los uniformados y la hermana superiora, ellos dijeron que no levantaran un reporte y que era una bendicin conocer su obra; ella les sonri, les bes las manos y ellos partieron.

Apenas desapareci el mvil en la esquina, la monja que estaba como directora en ese instante, tom a dos de las fugadas del cabello, arrastrndolas hacia el comedor; las otras tres fueron llevadas a golpes.

Detrs de las murallas de aquel comedor se forj una de las palizas ms fuertes de la que hayamos sido testigos. Las golpearon con las sillas; las arrastraban del pelo de un lado a otro; las golpeaban con los pies, dndole patadas en el estmago. La monja y otras dos auxiliares que estaban fuera de s, eran verdaderas energmenas atacando a un par de nias que no superaban los 13 aos de edad. Garabatos varios e insultos resonaban.

-Huachas, hijas de perra! Sus madres fueron putas! Por eso estn ac!.

 

(Del libro Mi infierno en el Sename )

 

 

El monseor violador

 

Ese fin de semana, a eso de las 5 de la tarde nos llevaron a visitar el Arzobispado de La Serena, lugar al que asistiramos en ms de una ocasin y en donde fui testigo de la ms deplorable abominacin en contra de uno de mis compaeros.

Ahora, al ser adulto, agradezco no haber tenido una apariencia llamativa cuando nio, sino todo lo contrario. No tena ojos claros, ni dentadura perfecta; tena una cicatriz que haba hecho parte de m y mi mejor aliada. Mientras que del resto de mis compaeros era, la mayora, de ojos claros, tez blanca. Quizs por ese motivo..., o quizs fue su belleza infantil que se convirti en su desgracia y maldicin.

En uno de los paseos que ya eran rutina, unos 6 nios, incluyndome, nos encontrbamos en el Arzobispado. Por alguna extraa razn el trato hacia m, por parte del obispo y sacerdotes, era ms que displicente. Quizs por ello, tena la libertad para recorrer hasta el ltimo rincn de la casa pastoral como si fuera ma y fue en uno de estos recorridos que escucho quejidos fuertes, era una mezcla aguda, como si uno proviniera de un nio y otro de goce de un adulto.

Estbamos tan acostumbrados a hablar del ms all que me embargaba la intriga y curiosidad por descubrir de dnde provenan esos sonidos. Era tal mi inters que, de descubrirlo, tendra algo que contarle a mis compaeros; esto significaba popularidad, respeto por parte de ellos, y no por poco tiempo.

Camin por el pasillo hacia el fondo, en el segundo piso; mientras ms avanzaba hacia el dormitorio principal, ms agudas y fuertes oa las voces. La luz tenue se haca ms y ms grande a medida que mis pies avanzaban a ella. Por un instante imagin que as debera ser estar en el mundo de los muertos, hasta creo que pens que aquello podra ser un purgatorio, un pasillo oscuro y una luz al fondo.

Este momento era mi oportunidad, por lo que comenc a orar, para que Dios tomara mi alma, como si fuese un halo de suspiro y me llevase a su presencia, disfrutando de aquel camino de las maravillas que ofrece el mundo del ms all, definido por muchos, como la paz eterna.

El palpitar del corazn me daba la clara seal que estaba caminando hacia algo desconocido, eso hasta aumentaba mi presin arterial. Por primera vez en mi vida vera con mis propios ojos un alma en pena, tendra algo que contar a mis nietos e hijos.

Estaba emocionado, mi aliento era fro. Ya estaba a uno o dos pasos del lugar de donde provenan los sonidos, cuando noto que la luz no era un ente, sino que eran rayos sobrantes y traviesos que salan de una ampolleta desde la habitacin ms grande del lugar: las habitaciones de monseor Francisco Jos Cox; la puerta estaba entreabierta...

No alcanc a cruzar cuando vi notoriamente una imagen que me provoc la confusin ms grande de mi vida, sent una mezcla de odio, rencor, repulsin, asco y curiosidad. No comprenda bien lo que estaba viendo, no saba si hablar o huir, mi cuerpo temblaba y mis piernas se estaban convirtiendo en una hilacha de lana. Era tanta la mezcla de sentimientos que tena que, en un cambio de segundos a milisegundos, mi cuerpo fue acechado por el miedo y el temor y sin poder contenerme, sencillamente reaccion y termin orinando mis pantalones.

Mi compaero, de quien reservar su nombre, estaba de rodillas a un costado de una cama gigante, mientras que el seor obispo, de apellido Cox, estaba detrs, completamente desnudo, abusando de l como si fuera un mueco de trapo, as como a su vez, lo acariciaba grotescamente. Me es difcil describir detalladamente la escena, toda vez que la recuerdo y an me tiemblan las manos, fue chocante. Recin ahora comprendo que aquello era una violacin, era un vejamen a un nio, a mi compaero.

Poda notar su llanto apagado, y de haber llorado a viva voz, por la distancia que haba entre este dormitorio y el lugar donde se encontraban todos, era seguro que nadie lo habra escuchado. Algo en m me dice que muchos trabajadores que en aquel entonces cumplan funciones all, estaban en conocimiento de estos abusos. Solo ahora hablo de esta situacin de la que fui testigo; solo ahora, a esta edad en que entend.

Debo decir que estas visitas fueron varias veces, y cada vez el obispo Cox desapareca largas horas con uno u otro compaero.

 

(Del libro Mi infierno en el Sename ).

 

Publicado en Punto Final, edicin N 879, 7 de julio 2017.

[email protected]

www.puntofinal.cl



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