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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2017

Repensar las industrias extractivas

Rodrigo Arce Rojas
Ecoportal

Con la colaboracin de Marina Irigoyen


Aludir a las industrias extractivas rpidamente genera pasiones que generalmente se van a los extremos, o se la ensalza por su contribucin al crecimiento econmico o se la cuestiona cidamente por los impactos sociales y ambientales que genera.

Una posicin intermedia es aquella que seala la necesidad de desarrollar las industrias extractivas tomando en cuenta consideraciones sociales y ambientales, reconociendo su importante peso en la economa nacional. En esta perspectiva integradora se ha avanzado una serie de iniciativas tanto desde el sector pblico (estatal, e interestatal), privado o en espacios multiactor que han formulado diversos estndares, cdigos y pactos orientados al desarrollo de industrias extractivas responsables. No obstante, los frecuentes conflictos socioambientales (llamados tambin ecoterritoriales) dan cuenta que estos esfuerzos, aunque valiosos, no son suficientes.

Poblaciones que se ven afectadas y ambientes contaminados ponen en evidencia que an falta mucho para poder afirmar que en verdad estamos frente a un movimiento generalizado de industrias extractivas responsables. Si bien son muchas las empresas que asumen cdigos de conducta altamente innovadores y socialmente responsables e incluso lderes de connotadas empresas mineras han avanzado en generar una Visin Compartida de la Minera, sta no llega a calar en las instancias gremiales representativas, valga decir la Sociedad Nacional de Minera y Petrleo (SNMPE). De otro lado, destacan los esfuerzos concertadores de lderes sociales, empresariales y del Estado al constituir el Grupo de Dilogo Minera y Desarrollo Sostenible como colectivo multiactor.

De esa forma, constatamos una evidente resistencia a construir una visin compartida de la minera responsable. Las relaciones que se han desarrollado entre los diversos actores involucrados en las industrias extractivas no han logrado estructurar un marco de confianza y visin compartida y cada uno de estos actores piensa que est haciendo bien las cosas siendo el resultado final que se mantienen las distancias, los temores y los recelos mutuos. Ello nos invita a repensar las relaciones que se verifican en las actividades extractivas superando los enfoques lineales, sectoriales y deterministas.

La heterogeneidad dentro de un aparente actor homogneo

Lo primero que habra que reconocer es que no hay actores homogneos con posiciones e intereses compactos. Los aparentes conflictos entre comunidades locales y empresas extractivas son en realidad conflictos mltiples y multidireccionales que se dan no solo al interior de cada uno de los actores (por temas de poder, gnero, edades, entre otros factores) sino tambin conflictos implcitos con el Estado que a veces se vuelven explcitos. El Estado mismo es complejo porque existen diferentes posiciones (en funcin a sus objetivos, competencias y funciones) respecto al papel que deben jugar en el desarrollo de industrias extractivas responsables. Asimismo, hay terceros actores que intervienen con diversos roles y con impactos tangibles en la conflictividad, en una direccin u otra.

Ante esta diversidad de actores habra que preguntarse bajo qu paradigmas, creencias, modelos mentales se acercan a la relacin cada uno de los grupos y subgrupos. Tambin habra que preguntarse con qu tipo de pensamiento desarrollan la relacin cada uno de los actores con sus especificidades. Asimismo, qu emociones y sentimientos se despliegan y que en conjunto con los otros factores se convierten en narrativas, discursos, actitudes, comportamientos y prcticas. Qu duda cabe entonces que estamos frente a sistemas complejos y habra que abordarlo como tal.

Frente a la constatacin que las actividades extractivas de todas maneras generan impactos sociales y ambientales, la frmula planteada en la mayora de los casos en que se acepta los proyectos- es que se amplifiquen los beneficios para todos y se disminuyan hasta donde sean posible los daos. La frmula parece sencilla pero habra que preguntarse si en realidad se produce una (re)distribucin equitativa de los beneficios y cul es el grado del impacto aceptable, adems por parte de quin. A todas luces la ecuacin est mal resuelta y es lo que abona la conflictividad.

Los actores, sus objetivos planteados y su naturaleza

Habra que preguntarles entonces a cada uno de los actores involucrados (incluyendo su propia diversidad social) cules son sus verdaderos objetivos y si todos estn conscientes de ellos. Son objetivos personales, colectivos o una integracin entre lo individual y lo colectivo? Son objetivos materiales, son objetivos trascendentes o una mezcla de ellos? Son objetivos de inters inmediato o tienen la capacidad de abordar el mediano y el largo plazo? Corresponden a miradas coyunturales o a miradas que incorporan estratgicamente el mediano y largo plazo? Son objetivos fundamentalmente econmicos o son objetivos que abordan la sostenibilidad en su integridad?

La definicin clara de objetivos tiene que ver la claridad de las posiciones, los intereses y la consistencia de sus propuestas. Se aprecia que en muchos casos priman objetivos transaccionales de intercambio y se pierden de vista objetivos ms estratgicos como aquellos que buscan el bienestar individual y colectivo en el marco del desarrollo territorial sostenible y por tanto con perspectiva de sostenibilidad. Habra que preguntarse en qu medida todos los actores toman como referencia los Objetivos de Desarrollo Sostenible al 2030 que como humanidad nos hemos autoimpuesto cuando lderes mundiales adoptaron un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos en la Organizacin de Naciones Unidas, ONU, hace unos aos. Al no considerar necesariamente una mirada ms estratgica los actores se pierden en visiones ms sesgadas y pragmticas a sus objetivos e intereses inmediatos lo que afecta la calidad de las relaciones. Bajo esa perspectiva la relacin es considerada buena en la que medida que todos logren satisfacer sus legtimas necesidades inmediatas aunque no necesariamente sea buena para las propias comunidades y para el ambiente.

Un caso evidente es el del empleo. Son muchas las veces en que, bajo condiciones de pobreza y pobreza extrema las comunidades locales se aferran legtimamente a las posibilidades de trabajo lo que afecta su capacidad de negociacin. Un enfoque que se centra nicamente en las necesidades finalmente puede llevar a una relacin clientelar y asistencialista y que adems desvirta el mercado de trabajo local, afectando por lo general la actividad agrcola que no puede sostener esos niveles de salarios.

Las necesidades son legtimas, el problema es cuando la relacin solo o principalmente se concentra en ellas. Si cada uno de los actores solo piensa en satisfacer sus necesidades entonces prima el inters particular y no genera una relacin de interdependencia colaborativa, sinrgica y constructiva. Depender del otro, en una relacin asimtrica, tambin anula o afecta la capacidad de liberar tus propias capacidades, facultades y potencialidades. Todo ello nos lleva a pensar cmo se estn manejando las relaciones de poder entre todos los actores involucrados (y al interior de sus organizaciones o instituciones) para ver si se est construyendo sostenibilidad o solo se est actuando coyunturalmente.

Vista as las cosas, no se trata nicamente de quin est a favor o quin est en contra de las industrias extractivas. Tenemos situaciones extremas en que se presentan dilemas sobre generacin de empleo y contaminacin. Es engaoso apelar al hecho que la poblacin apoya a la industria extractiva cuando est de por medio una relacin clientelar. Es artificial decir que las industrias extractivas generan desarrollo econmico y prosperidad cuando hay poblaciones que tienen que convivir con agua, suelo y aire contaminado. Tampoco se trata nicamente de redistribuir la riqueza si por ms ingresos que el poblador reciba tiene que ser a costa de incorporar metales pesados en sus organismos.

La calidad de las relaciones entre actores por tanto no puede reducirse nicamente a la medicin econmica de la contribucin de las industrias extractivas, sea en el nivel nacional o local. En la ecuacin final necesita incorporarse derechos humanos, dignidad, salud, alegra y no considerar los atentados a los derechos humanos de las poblaciones locales en mbitos de las industrias extractivas como efectos colaterales del progreso.

Es preciso reconocer que en la forma actual cmo se estn desarrollando las relaciones entre los actores de las industrias extractivas tienen varias distorsiones y sesgos que no permiten ver la realidad en su cabal dimensin. Si las poblaciones locales sacrifican su salud por contar con ingresos entonces la tarea est imperfecta. Si las poblaciones locales concentran todas sus posibilidades de desarrollo nicamente en funcin a la presencia de las industrias extractivas entonces no hemos generado condiciones para la autonoma.

Por ltimo, si las poblaciones locales perciben que el Estado est ms interesado en sacar adelante las industrias extractivas que en garantizar sus derechos entonces podemos reconocer que la tarea no est completa. Lo que nos lleva a preguntarnos, est el Estado en capacidad de administrar la minera, tenemos las capacidades institucionales para gestionar un sector de esta importancia o qu ms tenemos que hacer para contar con industrias extractivas responsables? Y de otro lado, En qu aspectos deben las organizaciones sociales, de nivel intermedio y local, fortalecerse para llevar a cabo dilogos y negociaciones de calidad?

Todo ello nos lleva al imperativo moral y ciudadano de repensar las relaciones entre los actores de las industrias extractivas. El crecimiento econmico no puede llamarse prosperidad si no ayuda a la liberacin de las capacidades, facultades y potencialidades de las comunidades locales y si es que no garantiza salud fsica e integridad psicolgica.

Se constituye un reto para el dilogo promover acercamientos entre las partes, cuidando de no afectar la exigibilidad de derechos humanos fundamentales, apuntando a ser un dilogo genuino y transformador.

Consideremos noms que en el 2016, segn cifras del Banco Central de Reserva del Per, las exportaciones mineras representaron el 65% del total del valor de las exportaciones del pas y generaron empleo directo e indirecto para dos millones de personas.

Fuente: http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Mineria/Repensar-las-industrias-extractivas



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