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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2017

Resea del libro No tengis miedo de lo nuevo, de Jos Luis Lpez Bulla y Javier Tbar Hurtado
Por un sindicalismo innovador y global

Javier Aristu
Mientras tanto


Espaa ha tenido una historia obrera nada despreciable a pesar de haber sido un pas donde el desarrollo industrial fue escaso y de poca dimensin comparado con otros como Reino Unido, Francia o Alemania. El siglo XX fue el periodo marcado por el conflicto de clase y donde se producen los principales episodios y teorizaciones acerca del mismo. Dos sindicatos asumen el protagonismo exclusivo de dicho proceso, CNT y UGT, hasta la guerra civil. No es posible entender la evolucin poltica de Espaa sin prestar atencin, y no escasa, precisamente al conflicto obrero. La poltica de izquierda, desde la fundacin del PSOE en 1879 y el surgimiento del PCE en 1921, adems de otros partidos provenientes de esa cultura obrera, se halla impregnada, como no poda ser de otro modo, por esa percepcin de la vida social entendida como conflicto entre capital y trabajo.

La dictadura franquista marc un hiato histrico y cultural que todava hoy estamos pagando. Solo a partir de finales de los aos cincuenta del pasado siglo y durante los siguientes quince aos renace un proyecto social y poltico ligado a la temtica industrial, obrera o de conflicto de clase. Es la poca de las comisiones obreras, esa cuadrilla variopinta trmino que, usado por uno de los autores del libro que tenemos entre manos expresa muy bien las caractersticas informales y magmticas de las primeras organizaciones obreras. Luego la cuadrilla se convertir en sindicato en 1976, con cientos de miles de afiliados y una potente organizacin que, a pesar de sus debilidades actuales, es, sin lugar a dudas, un baluarte indispensable y un ariete decisivo para acometer cualquier poltica social en estos aos.

Los autores del libro que comentamos proceden y han dado vida y teora a Comisiones Obreras. El primero, Jos Luis Lpez Bulla, form parte desde principios de los sesenta de esa cuadrilla variopinta; es por tanto uno de sus primeros dirigentes, y ha sido el secretario general de la CONC (las Comisiones Obreras de Catalua) durante veinte aos. El segundo, Javier Tbar, es de la generacin de la Transicin y se incorpora ya al sindicato organizado de CC.OO. desarrollando en el mismo, desde la Fundacin Cipriano Garca, un trabajo de historia, memoria y teora sin duda necesario en estos tiempos de mudanzas. Estamos, pues, ante dos generaciones y dos miradas: la del sindicalista y la del historiador.

El libro es una pieza a dos manos, o tres si tenemos en cuenta tambin el Prlogo de Antonio Baylos, importante jurista del trabajo, en el que desarrolla algunos aspectos generalmente descuidados dentro y fuera del sindicato. Cada autor se responsabiliza con su firma de la parte que le corresponde aunque en algunos casos se entiende un cierto dilogo sobre cuestiones que ciertamente habrn sido motivos de intercambio intelectual entre ambos a lo largo de estos aos. Otras publicaciones de Lpez Bulla y Tbar demuestran la actitud colaboradora y sinrgica que han desarrollado estos autores en los ltimos aos.

Veamos la primera parte, firmada por Lpez Bulla y que da ttulo al conjunto del libro: No tengis miedo de lo nuevo. El uso del verbo se dirige a sus antiguos y nuevos compaeros en el mundo del trabajo sindical, en los que seguramente ha pensado cuando escriba el libro, como si Lpez Bulla se viera en un cierto compromiso tico y sindical para hablarles de cmo deben actuar como sindicalistas. Y el mensaje es claro: ante lo nuevo, ante los innovadores e inmensos cambios que se estn produciendo en el mundo del trabajo, la peor actitud que se puede tener es acobardarse y encerrarse en un fortn. Al contrario, el dirigente sindical apuesta por lanzarse a la confrontacin intelectual, cultural y activa con esa novedad y tratar de, como se hizo en periodos anteriores, ganar el terreno para conseguir beneficios para la clase y para el conjunto de la sociedad.

El autor parte del convencimiento de que no son buenos tiempos para el sindicalismo, que est sufriendo en carne viva los continuos procesos de mutacin tecnolgica en el mundo productivo. Su convencimiento es ntido: el antiguo centro de trabajo industrial fordista est liquidado, muerto, enterrado. Un nuevo concepto y prctica de centro de trabajo l lo denomina ecocentro est expandindose por toda el rea donde el capital se desarrolla, que es el orbe. Y tratar de combatirlo con viejas recetas sindicales aprendidas en las fbricas y tcnicas fordistas es iluso e intil (p. 48). Una de las causas de la actual crisis sindical (desafiliacin, prdida de influencia social, exceso de institucionalizacin, envejecimiento de su afiliacin, burocratizacin de los procesos de concertacin y negociacin, etc.) estara ah: el desajuste entre cambios productivos y tecnolgicos y una estrategia sindical ya superada.

Ya en su propia introduccin al libro, Lpez Bulla es claro al decir dnde ve el corazn del problema: ste no es la globalizacin sino la revolucin tecnolgica y productiva de esta fase con sus consecuencias de innovacin y reestructuracin (p. 34). El asunto no estara, por tanto, en combatir la anatoma del mercado como tal (globalizacin de mercados) como las profundas mutaciones que se estn produciendo dentro del moderno, global e innovado centro de trabajo. Por tanto, el objetivo de la lucha sindical (y poltica, dira yo) no es tanto combatir la globalizacin como incidir en el desconocido pero inmensamente importante universo de las relaciones sociales productivas. De nuevo surge la alternativa de replantear la lucha de los contrarios, el capital y el trabajo, de una nueva forma, con una nueva gramtica, reconstruyendo viejos cdigos y adaptndolos a la nueva situacin. La apuesta es polmica pero esencial si la izquierda social quiere encontrar un sitio desde donde poder seguir siendo fuerza influyente.

Son bastantes ms aspectos los que Lpez Bulla trata en su breve ensayo. Al otro instrumento que ha servido para ampliar el dominio del capital, el taylorismo, le dedica bastantes lneas. Javier Tbar, en su segunda parte, analiza tambin con buenos aportes histricos este mismo problema. Sin duda, segn Bulla y Tbar, ah radica una parte considerable de la derrota de la izquierda social. Y no es casual que sea Lpez Bulla quien trate este asunto de forma peridica y detenida: l ha sido introductor de las ideas de Bruno Trentin en el mbito sindical espaol. Lpez Bulla tiene traducida buena parte de la obra del desaparecido dirigente italiano, entre ella la cannica La Ciudad del Trabajo, sin duda uno de los tratados ms sugerentes e interesantes de los ltimos treinta aos sobre el mundo del trabajo en el rea capitalista. En opinin de Alain Supiot, Trentin ha sido no solo un hombre comprometido en la accin sindical y poltica sino que se le puede considerar un pensador de primer orden. En su Ciudad, Trentin sealaba la herida decisiva en la derrota de la izquierda occidental: la asuncin acrtica por parte de la izquierda de la llamada organizacin cientfica del trabajo (Tbar, p. 113). Esto es, que a travs del taylorismo la izquierda, fuera esta reformista o revolucionaria, asumi el cuerpo terico e ideolgico del sistema de management del capitalismo industrial. Es sorprendente que segn nos cuenta Fernando Dez Rodrguez en su Homo faber tanto Lon Blum como Trotsky y Lenin fueron defensores de este mtodo de gestin de la empresa. Dicho cuerpo terico, el ncleo de la filosofa taylorista, estara en la ruptura dentro del mismo trabajador entre saberes y ejecucin, lo que significa a nivel de fbrica la ruptura entre planificacin y ejecucin de la produccin. Tanto Bulla como Tbar subrayan con rotundidad esa lnea de argumentacin consistente en desembarazarse de las filosofas del management industrial (sea taylorista o sus continuadores) si se quiere construir en verdad un proyecto de liberacin en y del trabajo.

Finalizando con la parte del dirigente sindical me gustara aludir a dos propuestas que, en la perspectiva de la renovacin o innovacin sindical, formula Lpez Bulla. Una se refiere a lo que l denomina Pacto Social por la innovacin tecnolgica. Con dimensin europea, lo aplica al mbito espaol afirmando que para el sindicalismo espaol es el camino para reconstruir las consecuencias de la crisis econmica, trascender la reforma laboral y sus efectos y, finalmente, resituar al sindicalismo en esta fase de innovacin-reestructuracin (pp. 53-54). Ese pacto, nunca entendido como un tpico acuerdo concertado en clave de rentas ni salarios, sera un itinerario que pone en el centro de sus preocupaciones y reivindicaciones [entiendo que quiere decir las del sindicato, J.A.] el hecho tecnolgico y los derechos de ciudadana dentro y fuera del ecocentro de trabajo (p. 54), y que afectara no solo a las estructuras confederales sino a los territorios y sectores as como a los ecocentros. Las resonancias de aquel Piano del Lavoro que la central italiana CGIL de Giuseppe Di Vittorio acometi en 1949 me parecen evidentes. Tal Pacto social por la Innovacin Tecnolgica recuerda tambin, o se inspira?, en la etapa ms fecunda que ha podido tener la experiencia institucional y social de Europa, cuando durante el periodo del mandato de Jacques Delors, en los aos entre 1985 y 2000, se pusieron en marcha polticas de dilogo social que afectaron al conjunto de la Unin y que supusieron en algunos casos avances interesantes en ciertas plataformas reivindicativas de los sindicatos. Hoy, lamentablemente, asistimos a polticas desde la Comisin y desde la UE diametralmente diferentes y contradictorias con aquellas.

Hay otras propuestas interesantes e innovadoras que se presentan (en relacin con los modelos organizativos, la participacin en el centro de trabajo, la representatividad, el papel del conflicto y la huelga en la vida social, etc.) pero si tengo que cerrar esta parte del comentario del libro lo hara resumiendo lo que el autor formula en el Tercer Tranco de la obra. Se trata de un cuarteto de objetivos que debera tratar de alcanzar el sindicato de estos tiempos y que dibuja las caractersticas de su batalla: 1) interpretar los procesos reales que se producen en el centro de trabajo; 2) intervenir en la organizacin del trabajo a travs de una reformulacin de la codeterminacin que, como aclara Bulla, no es precisamente la cogestin ; 3) proponer una panoplia de derechos en el trabajo entre los que destaca el derecho al saber, al conocimiento, a la formacin, y 4) aclarar con quin se quiere acometer ese proyecto de renovacin, es decir, cules seran los amigos y socios del sindicato, aquellos aliados que dentro y fuera de la empresa estn por construir ese espacio o reino de la libertad en el trabajo.

El historiador Javier Tbar asume la segunda parte del libro a la que titula Volver al trabajo, volver al sindicato. En la misma desarrolla algunos de los asuntos que con la firma de Lpez Bulla ya hemos comentado (taylorismo, management, crisis del sindicato, etc.) y, adems, introduce nuevas perspectivas relacionadas con otros asuntos de indudable actualidad. Vayamos con ellos.

Tbar parte de la base de que el trabajo sigue siendo una categora central en la vida de las personas y que son falsas o interesadas esas profecas acerca del fin del trabajo; lo que est ocurriendo, sin duda, es un proceso de transformacin con dimensiones histricas de ese factor en la vida de las personas y en el mundo social y que, por tanto, se trata de leer esa mutacin y saber incorporar a la institucin sindical en tal proceso. En un resumen muy breve: el final del fordismo, de la dimensin industrial del trabajo y de la manera de relacionarse el capital y el trabajo que ha sido dominante desde finales del siglo XIX, no significa que este haya terminado su ciclo de vida. Seguir pensando eso, y precisamente desde posiciones de izquierda, es contribuir precisamente a mantener el trabajo subordinado al capital, a la corriente de pensamiento dominante.

Paralelo a este debate, carente muchas veces de hondura en los medios de comunicacin y por el que se deja llevar cualquier listillo que aparece por la escena pblica, est el del fin de la clase obrera (este mucho ms interesado y posiblemente ms antiguo). Tbar, acompandose de ejemplos de autoridad, repasa en una breve sntesis ideas bsicas acerca de esta cuestin. De nuevo asistiramos a un entierro de la sardina esa es la expresin usada por el autor acerca de esa clase. Para l, la evaporacin del trabajo industrial hecho constatable en Europa en los ltimos decenios no ha significado el final del trabajo manual; este se ha transformado en bastantes casos hacia el sector terciario y al mismo tiempo ha hecho crecer de forma impresionante la fuerza de trabajo industrial en otras partes del planeta (Asia, por ejemplo). Lo que s se ha activado es un proceso, complejo y decisivo para la prdida de resortes de la izquierda poltica, de difuminacin o desfiguracin del mundo obrero y de sus culturas. Nunca como en estos ltimos aos se nota este abandono de la escena poltica, seguramente involuntario, por parte de los trabajadores y de sus representaciones polticas. Recientes elecciones en Espaa, en Francia, en Italia muestran cmo esa clase obrera no ha ido precisamente al paraso sino parece ser que ha sido enviada al limbo. Haba o hay inters en que eso se produjera y, al parecer, incluso desde sectores de la izquierda poltica −vieja y nueva− hay inters en despintar el proyecto poltico de cualquier textura relacionada con el trabajo. Da la impresin de que se tiene inters en que los trabajadores, la clase trabajadora, dejen de tener esa identidad colectiva y vuelva a ser una cuadrilla variopinta. No de otro modo se puede interpretar algunas posturas intelectuales que insisten en destacar, a la hora del conflicto social, valores de segundo orden (precariedad, gnero, nacionalidad, procedencia, etc.) para debilitar o hacer ms invisible el significado unificador de clase, de conjunto social sometido a un trabajo subordinado. Tbar es radical en este asunto: alguien tendr que revelar cmo y cundo se ha producido ese final, dando una explicacin a partir de pruebas y no de prejuicios (p. 95).

Tbar nos dice que el trabajo, sin embargo, ha venido aumentando en las ltimas dcadas en el mundo; la fuerza de trabajo mundial es mayor que hace veinte aos. Y ello en un contexto de innovacin tecnolgica permanente, de automatizacin y robotizacin sin precedentes. Est ocurriendo, delante de nuestros ojos, un proceso de transformacin de las fuentes del trabajo, de mutacin de los nichos de empleo, de trasferencias geogrficas a nivel mundial de esa fuerza de trabajo. Una autntica revolucin, sin adjetivos. Esta no puede ser puesta en duda ni es posible impedirla: hay que asumir que, en esta poca de comienzos del siglo XXI, la humanidad vive ya en el interior de una membrana tecnolgica (pp. 101-103) que est dando como consecuencia muchos y variados resultados. Unos, por ejemplo, de impulsos y recualificacin decisivos al valor del trabajo intelectual, y otros con consecuencias desastrosas para la vida de la gente: subempleos, desvalorizacin del trabajo humano, carencia de derechos, infotaylorismo, aumento de la fragmentacin y parcelacin de las tareas, en definitiva, mayores dosis de alienacin y cosificacin del ser humano respecto de su actividad. Una dualizacin que es a la vez laboral, educativa y social. Es todo un reto de dimensiones utpicas lo que la humanidad tendra por delante: acompasar a nivel humano la actividad del trabajo.

En ese contexto de mutacin histrica, Tbar sita otros aspectos relacionados con el trabajo sindical que, por no extendernos en exceso, no podemos sino citar: la recomposicin del trabajo directo asalariado en trabajo autnomo, la degradacin de los yacimientos de empleo, el nomadismo laboral de las nuevas generaciones, la relocalizacin del empleo segn reas geogrficas y culturales, etc. Todo en el marco de un intenso y profundo cambio de los clsicos modelos productivos. La crisis de la forma sindicato viene de ah. Frente al populista discurso acusador de un sindicato como minora extractiva, hay que ser ms serio y consecuente y tratar de distinguir el grano de la paja. El manido y socorrido sintagma de la crisis del sindicato no es una pelcula de liberados que no quieren trabajar o de clientelismo laboral. Responde a las causas que he tratado de resumir y con las que tanto Bulla como Tbar se baten en las pginas de este libro.

Pero no todo es objeto de crtica, ni mucho menos. A pesar de ese mainstream que desprecia al sindicalista y su funcin social, contamos con una plataforma de conquistas consolidada que no se puede despreciar. Existe ya un nuevo panorama sindical a nivel internacional: la Confederacin Sindical Internacional (CSI), producto de la fusin de las antiguas CIOSL y CMT, agrupa a 166 millones de trabajadores, afiliados en 309 organizaciones de 156 pases (p. 129). No es ninguna tontera y nadie que se dedique en serio a la actividad pblica debera despreciar este hecho. Es indudable que si estos sujetos sociales globales van asentndose, madurando formas de movilizacin y profundizando sus lazos de comunicacin e intercambio entre ellos y con las dems organizaciones, podamos asistir en un futuro a acciones de tipo global, en el marco de la empresa global o mundializada. Con este libro, Lpez Bulla y Tbar entran claramente en ese terreno de la no frontera o, mejor dicho, del ms all de las fronteras, de la superacin de nacionalismos sindicales o de patrimonios corporativos. O el sindicato se globaliza, traspasa fronteras, sin perder sus seas de identidad cercana y su memoria histrica, o puede quedar como reliquia de un tiempo que fue.

Una apostilla: no s cuntos ejemplares ha impreso la editorial. Imagino que una parte importante ser leda por sindicalistas y otros trabajadores, por socilogos del trabajo, juristase incluso por algn economista. Pero sugiero a los autores o a la editorial que un porcentaje de ejemplares lo destinen a polticos en activo. Me parece que la distancia entre la poltica profesional que hoy se practica en Espaa y el mundo del trabajo el verdadero mundo, en mi opinin es de dimensiones siderales. El parlamento espaol y tomo esta referencia como paradigma de la poltica en su totalidad, pero podra usar otros parlamentos autonmicos es una campana vaca respecto de la vida de la gente, al menos en su dimensin del trabajo. Pocos polticos son capaces de mantener una tertulia televisiva sobre estos asuntos y ellos mismos son los que estn contribuyendo a esa invisibilizacin del trabajo en el que el capital estara interesadsimo. Y, sin embargo, el trabajo est ah. Este libro ayuda a desvelarlo y comprenderlo.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-159/la-biblioteca-de-babel/no-tengais-miedo-de-lo-nuevo

 



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