Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2017

Precariedad: bacteria mutante del capitalismo depredador

Joan Coscubiela i Conesa
El blog del Coscu


Durante las ltimas dcadas, la precariedad laboral ha pasado de ser una patologa de los sistemas de relaciones laborales nacionales a un componente gentico del mercado de trabajo global.

Este cambio tiene mucho de ver con el trnsito del capitalismo industrialista de base nacional a un capitalismo financiero global. La razn no debe buscarse en el terreno de la tica. El capitalismo en todas sus modalidades, como cualquier forma de organizacin y dominacin social, solo apuesta por la tica si le sale ms caro no hacerlo.

Las causas ms bien debemos buscarlas en el terreno del modelo productivo, la organizacin social dominante y la ideologa que los sustenta.

La precariedad laboral acta hoy como la ms mutante de las bacterias . Responde con una gran celeridad y eficacia y neutraliza todas las formas sociales, polticas y legales que se usan para combatirla. De ah su gran peligrosidad para el Estado social y, de rebote, para el propio sistema democrtico.

Tengo para m que an no hemos analizado bien el cambio cualitativo que supone el paso de la precariedad como patologa a la precariedad como elemento gentico del mercado de trabajo global.

Aunque algunas de las formas en que hoy se manifiesta la precariedad laboral (empresas de servicios integrales) puedan recordarnos viejas conductas (prestamistas laborales), esa identificacin lo es, solo y en parte, en los efectos que causa. Pero no en su naturaleza, y por ende en la respuesta que necesitamos para neutralizarla.

El paradigma de mercado de trabajo global tiene poco que ver con los modelos de relaciones laborales construidos en Europa durante la segunda mitad del siglo XX, acumulando las fuerzas de dos siglos de lucha. No solo en el uso del lenguaje (mercado de trabajo versus relaciones laborales), sino tambin y fundamentalmente en su naturaleza, sus reglas de juego.

Los modelos de relaciones laborales del Estado Social europeo consiguieron, despus de muchos aos de lucha y conquista de derechos, una cierta distribucin de riesgos entre trabajadores y empresas frente a los cambios e incertidumbres de la economa. La regulacin de la contratacin y el despido causal es una de estas formas de distribuir riesgos, a partir de la proteccin de la parte ms dbil de la relacin laboral qu lejos que suena hoy esta msica.

En cambio, el modelo de mercado de trabajo global, como expresin de un modelo productivo y social, est construido sobre el paradigma de la externalizacin de riesgos y costes.

Esta externalizacin de riesgos y costes a terceros por parte de los que ostentan el poder econmico y en consecuencia, el poltico se produce en todas las esferas econmicas y sociales. Baste ver cmo se comporta el capitalismo concesional en relacin al sector pblico, privatizando ganancias y socializando prdidas los rescates de las autopistas, sin ir ms lejos. O el eje sobre el que se articula la solucin privada a los conflictos entre Estados y empresas inversoras en los mal llamados tratados de libre comercio. En estos tratados se parte de la idea de que el bien superior a proteger es el de la seguridad de los inversores, aunque sea a costa de transferir costes a la ciudadana y de la prdida de soberana poltica por parte de los Estados.

En el terreno del trabajo es donde este proceso de externalizacin de riesgos est siendo ms intenso y con consecuencias ms profundas. En el paradigma del mercado de trabajo global encontramos, en la parte ms alta de este modelo productivo, las empresas, mayoritariamente transnacionales, que controlan mercados y productos, internalizan beneficios y externalizan riesgos y costes. En la parte ms baja, aquellos que producen bienes y servicios, asumiendo todos los riesgos porque no tienen a quien externalizarlos. Un ejemplo tradicional es el autnomo dependiente, cnicamente apodado como autoemprendedor, sin vnculo laboral con la empresa para la que trabaja, pero con una gran dependencia econmica. Y un ejemplo ms moderno es el de los colaboradores de la economa depredadora, mal llamada economa colaborativa.

Entre la parte ms alta y la ms baja de este modelo de mercado de trabajo nos encontramos una diversidad de situaciones que tienen todas en comn la externalizacin de riesgos y costes. Empresas centrales versus perifricas, trabajadores asalariados con distintos niveles de proteccin versus precarios o autnomos y colaboradores situados fuera de cualquier crculo de proteccin del derecho y de las organizaciones sindicales y sociales.

Es una opinin pacfica que esta estrategia de externalizacin de riesgos viene favorecida por un sistema de produccin de bienes y servicios que utiliza lasposibilidades productivas y organizativas que brindan los cambios tecnolgicos y las innovaciones de las ltimas dcadas. Como siempre, tampoco en esto nuestra poca es distinta a anteriores momentos histricos.

Por supuesto, pretender combatir esta degradacin social intentando parar la globalizacin econmica o los cambios tecnolgicos que la sustentan sera algo parecido a intentar evitar la ley de la gravedad, tal como en su momento explic de manera lcida el presidente Lula. Pero, como demuestra la historia, los cambios tecnolgicos, la globalizacin econmica, no tienen una nica manera de ser gobernados. Y en ese intento estamos, aunque con grandes dificultades.

El carcter gentico de la precariedad del mercado de trabajo global, que le da una gran capacidad de mutacin, es lo que dificulta que las respuestas sociales y polticas dadas hasta ahora sean tiles.

En Espaa tenemos diversos ejemplos de esa mutacin de la precariedad como estrategia dominante. Es el caso de la mutacin de la precariedad que llevan a cabo las empresas usuarias, dejando de utilizar las ETT para hacer lo mismo con las llamadas empresas multiservicios. Al aumento de la precariedad que supuso la legalizacin en 1994 de las ETT se le dio una respuesta sindical y poltica, con la negociacin colectiva y los cambios legales, que propiciaron, entre otras cosas, la igualdad salarial entre los trabajadores de la empresa cedente y la cesionaria que realizaran igual trabajo o trabajo de igual valor. Pero poco tard la precariedad en contraatacar, mutando de las ETT a las empresas multiservicios o empresas de servicios integrales.

No deberamos perder de vista que las ETT o las empresas de servicios integrales, o ms recientemente las plataformas digitales de la economa depredadora mal llamada colaborativa no son la causa ni estn en el origen de la precariedad, son solo las autopistas por las que la bacteria mutante de la precariedad circula a gran velocidad y coloniza el cuerpo econmico y social.

Ejemplos de esta mutacin constante de la precariedad los tenemos a miles. En apariencia son distintos, pero tienen en comn dos caractersticas: la huida de los espacios laborales protegidos legal y sindicalmente y la bsqueda de nuevas formas de trabajo desprotegidas que posibilitan la externalizacin de riesgos y costes.

Ello nos debe llevar a una reflexin en profundidad sobre la respuesta a dar a la precariedad gentica del mercado de trabajo global. Sin renunciar a las concretas actuaciones sociales y polticas para combatirlas, esta es una batalla que solamente se puede ganar si actuamos sobre los hbitats en que la precariedad gentica nace, se reproduce y muta. Su hbitat ideolgico, su hbitat productivo, su hbitat social.

No creo que hoy nadie tenga la frmula mgica, ni en el sindicalismo ni en la poltica . No en vano esta es una de las causas profundas de la crisis de todas las formas de organizacin social y poltica que estamos viviendo y de la prdida de legitimidad del sistema democrtico. La debilidad de la sociedad frente al mercado y de la poltica frente a la economa. Pero necesitamos encontrar nuevas formas de respuesta.

El principal campo de batalla ha de ser el ideolgico . No olvidemos que la revolucin conservadora y ultraliberal de los aos 80 se fundamenta en su gran triunfo ideolgico.

Algunos apuntes de esta batalla pasan por impugnar los valores dominantes. Y como siempre a lo largo de la historia, se trata de recuperar el equilibrio de valores frente a la hibrys desmesura- que nos domina.

De la competitividad salvaje y destructiva a la cooperacin creativa . Del individuo a la persona no es lo mismo una relacin de trabajo personalizada que individualizada. Del beneficio individual como motor de la economa al bien comn como valor prioritario a proteger. Se trata de valores que a lo largo de la historia siempre han estado en conflicto y que en los perodos en que se han desequilibrado han terminado provocando grandes sufrimientos sociales.

Sin dar y ganar esta batalla ideolgica no ser posible construir un nuevo equilibrio social . Por eso es una buena noticia que el sindicalismo confederal haya apostado fuerte por abrirse y buscar todo tipo de alianzas sociales y polticas. Como dijo Ignacio Fernndez Toxo en su ltima intervencin como Secretario General de CCOO, el sindicalismo no puede hacerlo todo y no lo puede hacer solo.

Otro aspecto clave es el del mbito territorial en el que dar la batalla. Pretender dar respuesta a la precariedad gentica del capitalismo global encerrados en las paredes estrechas de los Estados nacionales es una ingenuidad que nos est costando muy cara. Hay que terminar cuanto antes con el espejismo de las respuestas polticas nacionales frente a estrategias globales y armonizadas. Recuperar espacios de soberana para la poltica no es factible solamente en el terreno de los Estados nacionales cada frontera poltica es una oportunidad dedumping social y fiscal para los mercados globales.

En este objetivo, el papel de la Unin Europea, con sus limitaciones y dficits, debera ser clave . Hoy, la prioridad del sindicalismo y de las opciones polticas de izquierda debiera ser reforzar el papel poltico de la Unin Europea, ampliando su campo de actuacin. Y por supuesto, cambiando algunos de sus valores dominantes, por ejemplo el que sita la libertad de establecimiento empresarial y de inversiones como un valor superior a los del empleo, su calidad, los derechos sindicales y de negociacin colectiva. Es la nica manera de evitar sentencias como las del Tribunal de Justicia de la Unin Europea que, primando la libertad de establecimiento e inversin, dejan en papel mojado los derechos colectivos de los trabajadores. O las del propio Tribunal Constitucional espaol que, sin que se haya producido ninguna reforma constitucional, ha efectuado un giro copernicano en la interpretacin de los valores y principios constitucionales, como se ha comprobado en las sentencias sobre la Reforma Laboral de 2012.

Siendo importante el papel de la Unin Europea, no es suficiente frente al proceso de armonizacin legal impuesto va mercados . Mientras algunos luchbamos por ampliar las competencias de la Unin Europea en materia laboral y social para favorecer la armonizacin va poltica, la armonizacin ha llegado va mercados con la colaboracin imprescindible de los Estados nacionales. Mientras los poderes econmicos se oponan y oponen a la armonizacin democrtica de las leyes, con la colaboracin de los Estados nacionales, que pretenden mantener el espejismo de la soberana estatal, el mercado global ha impuesto una armonizacin sin ninguna legitimidad democrtica.

Un ejemplo evidente son las reformas laborales, todas cortadas por el mismo patrn , impuestas como parte de las polticas de austeridad y reformas, especialmente a aquellos Estados fiscalmente dbiles, que han necesitado la financiacin por parte de los mercados, a elevados tipos de inters y sobre todo con grandes contrapartidas sociales y prdida de soberana.

En el terreno de la armonizacin de condiciones de trabajo, desde la izquierda social y poltica, tambin deberamos apostar por que el mercado juegue su papel. Me explico para no ser malinterpretado. Una de las maneras de dificultar la estrategia de precariedad de un capitalismo global que utiliza su gran capacidad de movilidad para imponer condiciones de trabajo sera acelerar los procesos de mejora de condiciones de trabajo de los pases con un menor grado de desarrollo. No hace tanto tiempo en trminos histricos las condiciones de trabajo de Corea se identificaban como un factor de competitividad a la baja que incida negativamente en las condiciones de trabajo de los pases con los que las empresas coreanas competan. Eso ha dejado de ser as, y este papel lo estn jugando otras economas, siempre con estrategias de externalizacin. Sera un error pensar que la externalizacin es un fenmeno limitado a la relacin entre empresas de pases ricos y las de pases pobres. Baste ver las relaciones existentes entre China, Vietnam, Bangladesh, en las cadenas de produccin industrial.

Mejorar las condiciones de trabajo de estos pases es clave a medio plazo, y en eso las polticas de proteccionismo comercial y liberalizacin financiera tienen efectos perversos. Por eso es tan importante combatirlas. Otro aspecto en el que la respuesta sindical y social debe cambiar es el de las formas de organizacin social y sindical. La organizacin sindical, si quiere ser til a las personas que organiza, debe siempre atender a las formas de organizacin de la produccin. Lo saban muy bien los dirigentes de la CNT Salvador Segu y Joan Peir, que en menos de 20 aos propiciaron dos cambios muy importantes en la organizacin sindical, pasando primero del sindicato de oficio al sindicato nico de empresa y despus a la creacin de las Federaciones. Pero desde entonces las formas de organizacin sindical no han evolucionado sindicalmente, a pesar que la empresa a la que se referencian est cambiando de manera constante. Y los pocos cambios realizados en las estructuras de las organizaciones sindicales lo han sido no mirando hacia fuera la organizacin del trabajo o la organizacin productiva, sino hacia dentro las relaciones internas.

Este es sin duda uno de los grandes retos del sindicalismo, expresado magistralmente por Unai Sordo en su primera intervencin como Secretario General de CCOO con una frase tan breve como densa de contenidos y objetivos:Lo que la empresa desintegra, intgrelo el sindicato.

No ser fcil conseguirlo porque, como tambin nos record Unai, esto no va de tener buenas propuestas escritas en los papeles de los Congresos, sino que va de correlacin de fuerzas. Y la actual no nos es favorable. Individualismo, corporativismo, precariedad laboral gentica, reduccin del papel del Estado, entre otros factores, dificultan mucho las respuestas, si se quieren dar de manera autrquica.

Para modificar substancialmente la correlacin de fuerzas, la batalla en el terreno ideolgico, el cambio de escenario territorial en el que dar las batallas deviene clave. Y tambin lo es recuperar el terreno en relacin al papel del Estado y reconsiderar las polticas propias del Estado social.

Si se quiere modificar la correlacin de fuerzas, el sindicalismo no puede hacerlo en el marco de Estados nacionales dbile s. Recuperar cierta soberana poltica pasa por fortalecer la musculatura fiscal de los Estados, por avanzar en una estructura fiscal propia de la Unin Europea que le permita hacer ms poltica. Para que las sociedades no sean rehenes de los mercados financieros, el papel de las polticas fiscales es determinante. En una economa global no hay Estados plenamente soberanos, pero lo son mucho ms aquellos que disponen de musculatura fiscal con la que poder hacer polticas pblicas de cohesin sin tener que depender exclusiva o principalmente de la financiacin de los mercados, de su poder poltico y de su capacidad de imponer polticas.

Para contribuir a mejorar la vida de las personas y la correlacin de fuerzas, algunos cambios en la concepcin y las polticas del Estado social parecen necesarios.

Aunque con diferencias, la mayor parte de los Estados europeos han construido sus polticas sociales sobre el eje del trabajo asalariado . Muchas de las prestaciones son de naturaleza contributiva especialmente las que protegen ante el desempleo o en la vejez e invalidez. Eso mismo pasaba tambin hasta hace poco y pasa an en algunos pases con el derecho a la salud.

Hacer depender ingresos, prestaciones econmicas y derechos nica y exclusivamente de un mercado de trabajo , que tiene una gran capacidad de desagregacin de intereses y en consecuencia de desagregacin social, dificulta e impide la construccin de respuestas solidarias y propicia respuestas corporativas. Sobretodo en unos momentos en que la estrategia de la precariedad mutante pasa por organizar el trabajo fuera de las esferas protectoras del trabajo asalariado.

Creo que ha llegado el momento de combinar la lucha por internalizar de nuevo los riesgos y los costes a quienes los crean este es un terreno que no podemos abandonar con un cambio en la configuracin del Estado social. Y ello pasa por construir polticas de ingresos mnimos no vinculadas nicamente al factor trabajo, que no reproduzcan la segregacin que genera el mercado de trabajo.

Ese sera un buen objetivo a compartir por toda la Unin Europea . En momentos como estos, adems de intentar intuir el horizonte, deviene imprescindible construir propuesta sencillas que puedan ser compartidas por amplios sectores sociales y nos permitan avanzar en la relegitimacin social y democrtica de Europa, que no vendr de la mano de grandes Libros Blancos, sino de la reconexin emocional con la ciudadana europea.

Fuente: http://www.joancoscubiela.cat/2017/07/precariedad-bacteria-mutante-del.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter