Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2017

Resea del libro Derrot el smartphone al movimiento ecologista?, de Jorge Riechmann
Contra la alienacin de la "tecnolatra": una tica de los lmites y la humildad frente a la tecnociencia desarrollista

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


La respuesta a la pregunta se halla, fundamentalmente, en el captulo VI. Pero sera un error empezar por all. Los cinco captulos preparatorios no son solamente su antesala. Tienen valor en s mismos.

Para abrir el apetito lector recordemos un dato y una consideracin. El dato: las cifras apuntadas por el autor justifican la pregunta central del texto. Espaa contaba, en marzo de 2016, con 50,68 millones de lneas de telfono mvil, lo que representaba un rcord europeo (109 por cada 100 personas). La consideracin: Jorge Riechmann [JR] se adentra en otro de los nudos centrales en lo que l ha llamado, con acierto en mi opinin, el siglo de la gran prueba. Recordemos que la nocin de lmites, a la que tantas pginas ha dedicado, es una de las nociones centrales del pensamiento ecologista emancipador (que no es todo el pensamiento ecologista), asociada a una tica de la imperfeccin, la modestia y la humildad.

No hace falta presentar al autor de este nuevo libro, uno de los grandes poetas, filsofos, profesores, activistas y traductores espaoles. Seis captulos lo forman:

1. Como sonmbulos (Nota introductoria)

2. A bordo del Enterprise o ms bien del Titanic?

3. Ecosocialismo descalzo para los tiempos de descenso energtico.

4. Triunfar el nuevo gnosticismo? Notas sobre biologa sinttica, nanotecnologas y manipulacin gentica en el siglo de la gran prueba

5. El laberinto de la cibersoledad. Notas preliminares para una reflexin sobre las llamadas NTIC y el internet mercantilizado.

6. Pequea teora del smartphone.

La perspectiva de su aproximacin podra resumirse en una reflexin de Michel de Montaigne recogida por el autor (p. 15): Desconfi de las invenciones de nuestro ingenio -de nuestra ciencia y nuestra tcnica-, pues por l hemos abandonado la naturaleza y sus formas, y en l no sabemos observar mesura ni lmite. Un complemento: El dogma del fatalismo es una profeca que se autocumple. Si estamos de verdad convencidos de que no podemos obrar en conjunto ms que como bacterias, acabaremos, en efecto, actuando bacterialmente. Junto al Maximum Power Principle debemos situar el principio biolgico no menos fundamental de la homeostatis -y sobre todo la capacidad humana de autoconstruccin cultural, que es el verdadero rasgo determinante de la especie (p. 65). Tres maestros del autor estn muy presentes en esta consideracin: Wolfgang Harich, Manuel Sacristn y Francisco Fernndez Buey. Tambin, desde una perspectiva potica, Ren Char.

En un libro anterior, Peces fuera del agua (Tenerife, Baile del Sol, 2016, p. 141-147), inclua un apartado con este ttulo sin interrogantes-. Aqu afirmaba: El obstculo mayor -y es imponente- para que un discurso ecologista pudiera ganar mayoras es la generalizada tecnolatra que fomenta la cultura dominante Esa es la fe ciega en la tecnologa que est velando los ojos de la mayora social; y se trata de una fe irracional (como cualquier persona versada, en este caso, en asuntos de energa puede atestiguar) pero sumamente poderosa.

Algunas de sus consideraciones centrales:

1. Generalizando la nocin de Langdom Winnder, seala JR en el mbito de lo que podramos considerar su ontologa del ser social actual, podramos hablarse de sonambulismo no slo tecnolgico sino tambin socioeconmico. Caminamos como durmientes que no quisieran ser despertados, aparentemente presos de nuestra incapacidad de mirar la verdad hacia el futuro, de percibir los problemas nuevos (o las nuevas aristas de problemas muy viejos). (pp. 10-11)

2.Hoy, en contra de aventuras csmicas que recuerdan las pesadillas propuestas por Adrin Berry hace mas de 40 aos, necesitamos cobrar consciencia de que la biosfera terrestre es y ser nuestro nico hogar, y actuar en consecuencia: a eso podeos llamarlo 'operacin No (p. 17).

3. En el momento en que avanzamos hacia tiempos de fuerte descenso energtico, cuando vamos necesariamente a contar con mucho menos esclavos energticos, la cuestin del trabajo, para el autor, se plantear de forma bien distinta a como ha sido planteada hasta el momento. Su pregunta: Nos hacemos cargo de la realidad o seguimos fantaseando con la digitalizacin liberadora y la automatizacin total? (pp. 38-39), es decir, seguimos apostando por el mesianismo tecnolgico o pensamos en otro mundo alternativo que debe arrancar las entraas de ste.

4. El determinante bsico en el siglo de la Gran Prueba es para el autor, quien nos recuerda que ya lo ha sealado muchas veces, el choque de las sociedades industriales contra los lmites biofsicos del planeta (situacin que ya estaba planteada hace medio siglo y viene agravndose desde entonces a resultas de la Gran Aceleracin que se produjo tras el final de la Segunda Guerra Mundial) (p. 53).

5. Somos vasos rotos, somos vasijas quebradas afirma el autor para sealar nuestros lmites, nos lo ensean las sabiduras religiosas de todas las culturas, no se entiende lo humano sin lidiar con la cuestin del mal. Nos ponemos en ello, a mirar de frente al mal y aceptar la finitud humana? O ms bien denegamos algunas realidades antropolgicas bsicas y soamos con substituir el puchero quebrado por una olla de acero inoxidable, o mejor una Thermomix -que es el programa del transhumanismo-? (p. 102)

6. La libertad humana, en opinin del autor de Poemas lisiados, exige esa suerte de retraccin respecto del exceso estmulos de manera que se abra el espacio interior de la deliberacin, y sea posible -a veces- la decisin autnoma (p. 184). La hiperconexin, concluye, mediante TIC tiende a anular el espacio interior.

7. La tesis, la idea fuerte del ensayo: la fe ciega en la tecnologa est velando los ojos de la mayora social en la mayor parte de nuestras sociedades y se trata de una fe irracional (como cualquier persona versada, en este caso, en asuntos de energa puede atestiguar), pero sumamente poderosa. A m esto me recuerda la situacin en la Alemania de Hitler, al final de la guerra (p. 233). Se estaba perdiendo en todos los frentes pero, como algunos insistan e insistan, la victoria final estaba asegurada porque: quin podra dudar de que los cientficos arios estaban desarrollando armas secretas de todas clases?

El subttulo del libro -Para una crtica del mesianismo tecnolgico se modifica en las pginas interiores del libro. Se aade: Pensando en alternativas. Son numerosas las ideas dadas al lector que aqu no podemos recoger.

Una cosa se echa en falta: un ndice analtico y onomstico, ms necesario que nunca en este caso. Incluso un glosario complementario.

No pasen por alto la magnfica foto del autor con la que se abre el libro. Tampoco las notas que, acertadamente, se ubican al final de cada captulo. Destaco una de ellas: la dedicada al Antropoceno, la 4 del captulo III (como homenaje implcito al compaero malogrado Ramn Fernndez Durn). Tampoco, ciertamente, una cierta desesperacin del autor -que no implica parlisis ni nihilismo- ante los enormes problemas que nos acechan y nuestra pasividad global. En la nota 141 del captulo IV seala sobre el argumento del cuanto peor, mejor: a la vista de las perspectivas que afrontan las sociedades humanas con los posibles desarrollos en tecnologas genticas, geoingeniera, digitalizacin, energa nuclear, etc., uno de siente fuertemente tentado a decir: cuanto antes se hundan las sociedades industriales (que se hundirn todas formas) mejor. De otra manera: si las sociedades industriales van al colapso -y todo indica que s- entonces son inaceptables todas las tecnologas superfusticas que necesitan un supercontrol a causa de los superriesgos que entraan (pp. 161-162). Esas condiciones de supercontrol no podrn darse en el futuro.

No es el nico momento: Nos resulta ms fcil aceptar el fin del mundo que el fin del smartphone. Quiz porque nadie puede ya concebir un mundo sin este chisme, la disyuntiva entre socialismo o barbarie no admite ya resolucin ms que a favor del segundo trmino (p. 236). Ni que decir tiene que JR lucha, denodadamente, contra su propia conclusin. El esperancismo razonable le avala y le da fuerzas.

Fuente: El Viejo Topo, mayo de 2017.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter