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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2017

Entrevista a Elizabeth S. Anderson
Donde gobiernan los dspotas

Chase Burghgrave
Jacobin/Sin Permiso

En EUUU, los empleadores ejercen un poder extraordinario sobre sus empleados.


En los centros de trabajo de EEUU priman la jerarqua y la dominacin sobre la democracia y la libertad.

En el centro de trabajo, los trabajadores pueden ser vigilados por su empleador, ser obligados a hacer horas extra e incluso verse privados de las pausas para ir al bao (una restriccin que, en un caso reciente, forzaba a los empleados a llevar paales en el trabajo). En la mayor parte de los Estados Unidos, los empleadores pueden despedir legalmente a sus empleados o empleadas por ser demasiado atractivos, por tener afiliaciones polticas equivocadas o por elegir una determinada pareja. Cuando los trabajadores estadounidenses van al trabajo, entran en un mundo marcado por una rgida jerarqua, donde estn ausentes la democracia y la libertad.

A pesar de la existencia de esta vasta esfera de dominacin, los economistas y tericos polticos contemporneos permanecen callados, por lo general, sobre las relaciones sociales de trabajo. Cuando rompen su silencio, suelen ofrecer discursos apologticos sobre la voluntariedad de los contratos, ocultando la extrema desigualdad existente en realidad.

Elizabeth S. Anderson aspira a cambiar esta tendencia. En su nuevo libro, Private Government: How Employers Rule Our Lives (and Why We Dont Talk about It), Anderson ―profesora de filosofa y estudios de gnero en la Universidad de Michigan― sostiene que los centros de trabajo son una forma de gobierno privado y, muy a menudo, una forma de dictadura.

A pesar de que Anderson no hace suya la reivindicacin de una completa democratizacin de los centros de trabajo ―abogando, en cambio, por un sistema de co-determinacin, que permitira a los empleados participar en las decisiones relativas al rea de produccin―, su investigacin es indispensable para entender las races histricas, tanto intelectuales como econmicas, del centro de trabajo moderno.

El activista socialista Chase Burghgrave se reuni recientemente con Anderson para hablar sobre democracia y tirana en el trabajo, as como sobre las lecciones que los trabajadores pueden extraer de su nuevo libro.

Entrevista de Chase Burghgrave.

Chase Burghgrave: Gobierno privado es un concepto interesante, con el que creo mucha gente no estar familiarizada. Qu es un gobierno privado?

Elizabeth S. Anderson: La historia de la democracia es la historia de las luchas por hacer del gobierno una cosa pblica; es decir, es el intento de hacer del mismo un asunto que incumbe a los gobernados: un gobierno transparente hacia ellos, atento a sus intereses y, sobre todo, con rendicin de cuentas ante el pueblo.

El gobierno privado est en manos de dirigentes que no se consideran responsables ante los gobernados y les dicen, por lo tanto, que las reglas a las que estn sujetos no son algo de su inters, que no estn autorizados a saber cmo opera su gobierno, que no tienen derecho a que sus intereses sean tenidos en cuenta.

Para el Derecho estadounidense, la constitucin estndar del centro de trabajo no es un gobierno pblico, sino privado. Los gerentes dirigen un gobierno del que permanecen al margen los trabajadores a los que se gobierna.

Chase Burghgrave: La mayora de acadmicos y figuras pblicas que escriben y hablan sobre desigualdad econmica se centran en la desigualdad en trminos de riqueza e ingresos. T, en cambio, abordas el problema de la desigualdad de poder entre empleadores y empleados en el centro de trabajo. Por qu pusiste el foco en esta forma de desigualdad econmica en tu libro?

Elizabeth S. Anderson: La justicia distributiva es un asunto importante, pero no debe ser la nica preocupacin para los defensores de la igualdad.

Ser humillado, acosado o maltratado por los gerentes, estar sujeto a condiciones laborales peligrosas, ser penalizado por conductas durante el tiempo de ocio que nada tienen que ver con las responsabilidades del puesto de trabajo, ser presionado para apoyar las causas polticas de la direccin de la empresa sin dejar de lado la cuestin de los salarios y los llamados beneficios laborales, tales asaltos a la dignidad, seguridad y autonoma de los trabajadores deben ser un motivo de preocupacin para los igualitaristas.

Si los defensores de la igualdad aspiran a eliminar una jerarqua social opresiva, su campo de visin debe incluir las relaciones de dominacin y subordinacin bajo las cuales los subordinados pueden estar arbitrariamente sujetos a condiciones humillantes y opresivas, a restricciones arbitrarias de su libertad.

Chase Burghgrave: Describes el gobierno de los empleadores como una dictadura, como un poder capaz de manejar minuciosamente las acciones de los empleados en el centro de trabajo, as como de reprenderles por sus actividades fuera del mismo. Muchos conservadores y libertarios de derecha probablemente se mostraran en desacuerdo con esta descripcin de los centros de trabajo, y traeran a colacin el consentimiento de los empleados en la firma de su contrato de trabajo como una evidencia de que la actuacin de los empleadores se mueve en el terreno de la legalidad. Por qu deberamos ver las relaciones de poder que rigen en los centros de trabajo como una forma de gobierno desptico y no como algo que emana de un acuerdo contractual entre iguales?

Elizabeth S. Anderson: En primer lugar, debemos dejar claro que no existe contradiccin entre el hecho de comenzar una relacin a travs de un acuerdo contractual y el que dicho contrato establezca, por su naturaleza, una relacin de dominacin y subordinacin entre las partes.

Durante siglos, los contratos matrimoniales operaron justamente de este modo. El hombre y la mujer firmaban el contrato por mutuo consentimiento, pero el contrato especificaba que el hombre tendra un poder prcticamente total sobre su mujer. Hasta finales del siglo XIX, la mujer perda a travs del matrimonio sus derechos a ser propietaria y a firmar contratos en su nombre, a trabajar fuera de casa sin el permiso de su marido, e incluso a salir de la propia casa sin su autorizacin. Hasta finales del siglo XX, el marido estaba legalmente autorizado a abusar sexualmente de ella.

El Derecho matrimonial, definido por el Estado, estableca estas condiciones como las propias de un contrato de matrimonio estndar, instituyendo al marido como el dictador sobre su mujer. Era posible que las partes firmaran un acuerdo prematrimonial que alterara estos trminos establecidos por defecto, pero tales acuerdos eran raros, porque el marido difcilmente poda tener inters en reducir su poder. Cuando el Estado haba repartido a los hombres todas las cartas, por qu iban estos a estar de acuerdo en dar alguna de ellas a sus mujeres?

El caso de la relacin empleador-empleado es similar. El Estado ha determinado las condiciones de la relacin laboral estndar a travs del Derecho laboral. En Estados Unidos, este establece un rgimen de empleo a voluntad: el empleador puede despedir al empleado por cualquier razn, o por ninguna, con muy pocas excepciones, la mayora relacionadas con cuestiones de discriminacin. Esto otorga a los jefes un poder casi total sobre los trabajadores, no solo en el trabajo, sino tambin fuera de l.

Puesto que en la balanza entre empleadores y empleados el Estado ha actuado de parte de los primeros, es absurdo suponer que el contrato de trabajo es producto de la negociacin entre iguales. La mayora de los empleados no tienen la oportunidad de negociar en absoluto.

Si bien es tcnicamente posible que el trabajador negocie mejores condiciones, en la prctica los empleadores rechazan de plano cualquier negociacin sobre el alcance del poder del empleador, excepto en el caso de los empleados situados en la cima de la jerarqua laboral y de aquellos representados por sindicatos. Puesto que a ellos, igual que suceda con los maridos en el siglo XIX, les han sido repartidas todas las cartas, por qu iban a iniciar una negociacin para dar alguna de ellas a sus empleados?

Chase Burghgrave: Escribes sobre una poca, aproximadamente entre mediados del siglo XVIII y la guerra civil estadounidense, en la que tena sentido hablar del libre mercado como parte de un proyecto poltico de izquierdas. Adam Smith, Thomas Paine y Abraham Lincoln pensaron que el mercado poda ser una forma liberadora de organizar la sociedad. Por qu crean eso? Cules eran sus motivaciones morales para defender el libre mercado?

Elizabeth S. Anderson: Smith, Paine y Lincoln reconocieron que la sujecin a un empleador no era buena para los trabajadores. Vieron con claridad que los trabajadores asalariados no reciban los frutos de su trabajo, que tenan que arrodillarse ante otros, que estaban compelidos a trabajar en condiciones atrofiantes bajo el poder de un jefe opresor que no eran, en definitiva, realmente libres.

Los primeros tericos del libre mercado pensaban que acabando con los monopolios sobre la tierra y la manufactura, aboliendo toda forma de servidumbre involuntaria (no solo la esclavitud, sino tambin la prestacin de servicios no remunerados, la servidumbre por deudas o la condicin de aprendiz) y, en el caso de EEUU, llevando a cabo un reparto de tierras, los trabajadores asalariados podran adquirir un capital suficiente para convertirse en empleados por cuenta propia.

Pensaban que los grandes empleadores existan solo porque el Estado les sostena, trazando las reglas de juego a su favor. Abrir los mercados a la competencia hara que el productor ms eficiente el pequeo propietario que trabaja por cuenta propia dejara fuera de juego a los perezosos y estpidos aristcratas, as como a los grandes fabricantes y sus intrigas. Este es un relato de liberacin de los trabajadores! Por eso lo apoyaron.

De todas formas, debemos tener en cuenta que esta prometida liberacin fue muy parcial. En EEUU se consigui a costa de los nativos americanos, quienes sufrieron una limpieza tnica a fin de poder repartir las tierras que habitaban entre los trabajadores blancos, en la Ley de asentamientos rurales y otras actuaciones estatales. En todas partes, adems, los hombres conservaron un control total sobre el trabajo de sus mujeres, a travs del contrato matrimonial.

Chase Burghgrave: Escribes que, despus de la Revolucin Industrial, la ideologa del libre mercado asociada al liberalismo ya no es sostenible. Cmo cambi el capitalismo a raz de la Revolucin Industrial? Por qu el mercado ya no puede ser, a partir de entonces, una forma liberadora de organizar la sociedad?

Elizabeth S. Anderson: La ideologa de Smith-Paine-Lincoln estaba basada en el supuesto de que el incentivo de poder recibir el cien por cien de los frutos del propio trabajo pesaba ms que las economas de escala. Por eso el trabajador por cuenta propia sera ms eficiente que el gran empleador con muchos trabajadores a su cuenta y triunfara en un mercado verdaderamente libre.

Esta asuncin, plausible en el siglo XVIII, fue falsada por las innovaciones tecnolgicas que trajo consigo la Revolucin Industrial. El sistema fabril, con grandes concentraciones de capital y de mano de obra, fue mucho ms eficiente que el pequeo taller de manufacturas y expuls a los artesanos del negocio. Los ferrocarriles hicieron inservibles los coches de caballos, que eran un medio de transporte que podan tener en propiedad los trabajadores por cuenta propia. Y as sucesivamente, en prcticamente todos los sectores econmicos.

En definitiva: esto cambios supusieron que la gran mayora de los trabajadores deban ser trabajadores asalariados de por vida. De hecho, las tasas de empleo por cuenta propia han disminuido de forma constante desde la Revolucin Industrial.

Chase Burghgrave: La explotacin y el poder arbitrario en los centros de trabajo sola ser una cuestin bien conocida y habitualmente discutida. Se puede leer a Charles Dickens o a Upton Sinclair y hacerse una idea cabal de las horribles condiciones de trabajo en sus respectivas pocas. Marx desarroll una entera teora econmica para tratar de entender cmo el capitalismo haba llegado a ser lo que era. Por qu nos hemos olvidado de que el centro de trabajo es una forma de gobierno privado, un lugar de en el que rige un poder arbitrario?

Elizabeth S. Anderson: En Europa, los principales vehculos para transmitir conocimiento acerca de las vidas de los trabajadores fueron diversos movimientos y partidos socialistas, adems del propio movimiento obrero. Los sindicatos y los partidos socialistas europeos mantienen este conocimiento vivo en la actualidad.

Pero el socialismo fue un movimiento comparativamente marginal en EEUU. Los sindicatos, por su parte, estn prcticamente destruidos. Los periodistas y los representantes del Estado apenas hablan con los lderes sindicales o con los activistas. Esto ha llevado a una gran prdida de conocimiento en EEUU.

Mientras tanto, los libertarios de derecha y los polticos asociados con ellos, como los de la House Freedom Caucus, repiten sin conocimiento de causa ideas de Smith, Paine y Lincoln, no dndose cuenta de que los mercados que ellos concibieron liberaran a los trabajadores liberndolos, precisamente, del poder opresivo de los empleadores. Recogen la promesa de Paine y Lincoln de extender el empleo por cuenta propia a cualquier trabajador con iniciativa, pero sin estar dispuestos a que se les proporcione el capital necesario para realizar dicha promesa.

Por el contrario, Paine y Lincoln estaban lo suficientemente arraigados a su tiempo como para reconocer que el trabajo por cuenta propia era imposible para un trabajador comn si el Estado no encontraba maneras de distribuir el capital entre los trabajadores.

Ahora, los miembros del Partido Republicano usan la retrica del libre mercado para apoyar la existencia de falsos autnomos, como en los esquemas piramidales de marketing multinivel. Te sorprenderas de cunta financiacin del Partido Republicano proviene de billonarios que han hecho su fortuna en el marketing multinivel, que ofrece a sus participantes la falsa promesa de que pueden ser empleados por cuenta propia.

Lo que empez siendo una ideologa liberadora con fundamento en la realidad emprica ha degenerado en una quimera promocionada por charlatanes, con el objetivo de quedarse con los escasos recursos de sus paisanos.

Chase Burghgrave: En el libro no te centras mucho en propuestas polticas especficas, pero sealas algunas cosas que en tu opinin se podran llevar a cabo para hacer del centro de trabajo un lugar ms igualitario y humano. Qu crees que vale la pena intentar para que trabajar en los EEUU sea algo menos opresivo?

Elizabeth S. Anderson: En primer lugar, hay algunas soluciones sencillas que podran lograrse en el marco del Derecho actual, o con ligeras modificaciones del mismo.

Las principales seran la aplicacin rigurosa del Derecho laboral vigente, la abolicin del arbitraje obligatorio en caso de incumplimiento de los salarios u horas de trabajo establecidos y la abolicin de las prohibiciones que afectan a las acciones colectivas de los trabajadores ante tratamientos injustos por parte de su empleador. La aplicacin rigurosa del Derecho laboral debe incluir, especialmente, la proteccin de la libertad de expresin y de los derechos de asociacin de los trabajadores, a fin de que estos puedan protestar sobre sus condiciones laborales y organizar sindicatos en el centro de trabajo, respectivamente.

Adems, las clusulas de no competencia en los contratos laborales deben ser prohibidas. Este tipo de pactos evitan que los trabajadores puedan llevarse consigo su capital humano en el momento en que abandonan la empresa o son despedidos. Si los trabajadores no pueden salir a no ser que renuncien al uso de sus capacidades, su ya de por si dbil poder de negociacin con la empresa queda destruido.

Tambin los trabajadores inmigrantes necesitan tener la libertad de salir. Sin esa libertad, son gravemente explotados. Los becarios, que realizan trabajos generadores de valor econmico para sus empleadores, deben tener los mismos salarios y dems derechos que cualquier otro empleado. Los llamados contratistas independientes son a menudo empleados de facto, y deben tener los mismos derechos que los empleados. Los trabajadores temporales deben tener el mismo salario, beneficios laborales, condiciones y derechos que los trabajadores fijos de la empresa.

En segundo lugar, y de forma ms ambiciosa, las reglas de gobierno del centro de trabajo necesitan ser cambiadas para dar a los trabajadores una voz permanente e institucionalizada en el trabajo, pertenezcan o no a un sindicato.

Este es el sistema que se impone a los grandes empleadores en muchos pases ricos de Europa. Requiere que los trabajadores sean consultados sobre cmo se organiza el proceso de trabajo. En tales sistemas de co-determinacin, los trabajadores tienen un peso real a la hora de decidir cmo son gobernados: el proceso de trabajo es determinado conjuntamente por trabajadores y gerentes.

Los sindicatos se dedican a la negociacin colectiva de los salarios y los beneficios laborales, pero las condiciones en el rea de produccin se gestionan mediante co-determinacin. Esto significa que los trabajadores pueden realmente hacer valer su opinin sobre cmo son gobernados, incluso si no han elegido a un sindicato para representarlos en la negociacin colectiva.

Chase Burghgrave: Pensando en los activistas y sindicalistas, qu esperas que pueda ser tenido en cuenta de tu libro? Qu influencia te gustara que tuviera en sus conversaciones y decisiones?

Elizabeth S. Anderson: La principal cosa que me gustara hacer es cambiar la manera en que hablamos y pensamos sobre el trabajo asalariado; abrir a los trabajadores una va para articular sus reclamaciones ante las formas arbitrarias y opresivas en que son tratados por sus empleadores, de modo que estas reclamaciones puedan acompasarse con las ideas de los estadounidenses sobre la libertad.

Estamos acostumbrados a una retrica que considera el gobierno como una amenaza para nuestras libertades. Dejando claro que el centro de trabajo es una forma de gobierno (que el Estado no es lo nico que nos gobierna), podemos dejar claro tambin cmo el poder que los empleadores tienen sobre los trabajadores amenaza su dignidad y su autonoma. Al nombrar a ese gobierno privado es decir, mantenido al margen de los trabajadores, como algo que no es asunto suyo podemos hacer ms evidente el hecho de que los trabajadores estn trabajando bajo dictaduras arbitrarias, en las que no hay rendicin de cuentas posible.

El gobierno del centro de trabajo debe convertirse en una cosa pblica para los trabajadores: un asunto de su incumbencia, en el que tengan derecho a exigir que sus intereses sean tenidos en cuenta, en el que sus voces sean realmente escuchadas.

Elizabeth S. Anderson es profesora de filosofa y estudios de gnero en la Universidad de Michigan.

Traduccin: Pablo Scotto Benito.

Fuente del original: http://jacobinmag.com/2017/06/private-government-interview-elizabeth-anderson

Fuente de la traduccin: http://www.sinpermiso.info/textos/donde-gobiernan-los-despotas-entrevista



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