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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2017

Tolerancia e integracin: el fracaso de la modernidad

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder

El problema de la tolerancia es el de la posesin de la verdad y de las armas; el problema de la integracin es el de la inexistencia de un marco ciudadano comn


El presente artculo es la tercera entrega de la polmica que mantiene el autor con Helios F. Garcs sobre racismo y pensamiento decolonial. A "Racismo y antirracismo, en qu jaula estamos?" de Santiago Alba, Helios F. Garcs respondi con "Lmites modernos, pedagogas decoloniales". La rplica de Alba lleg despus en "Quin coloca las diferencias en los cuerpos?" y a esta la de Garcs con "Decolonizar el antirracismo moral, abrir paso al antirracismo poltico".

Leyendo la tercera entrega de Helios F. Garcs extraigo dos impresiones generales en torno a nuestro debate: una buena y una mala. La buena es que hasta ahora hemos ofrecido una amplia panoplia de referencias bibliogrficas que el lector puede explotar en paralelo para llegar a sus propias conclusiones. La negativa es que nuestra discusin vuela demasiado alto y a menudo en crculo. Ha recurrido demasiado a menudo a la vieja argucia, muy humana, de los polemistas perezosos: la de atacar posiciones imaginarias y la de defenderse de ataques imaginarios. Eso es lo que hace Helios F. Garcs cuando me identifica con el feminismo blanco o cuando se sacude una definicin ontolgica de la raza que nadie le ha reprochado. Si he incurrido, como me temo, en expedientes parecidos, pido disculpas antes de seguir.

Garcs y yo estamos de acuerdo en que hay racismo, en que el racismo es malo, en que existe el colonialismo y ha hecho y sigue haciendo toda clase de barbaridades, en que utiliza en su provecho el laicismo y el feminismo, en que Europa es una pesadilla, etctera. Nuestras diferencias? Aqu lleva de momento todas las ventajas Garcs. En mi segunda entrega present boca arriba todas mis cartas. Me pregunt si queramos algo que nos haba robado a todos por igual el enemigo comn o slo pretendamos romper todo vnculo con l para encerrarnos en no s qu vaga comunidad descontaminada paralela. Mi conviccin es que, en efecto, el colonialismo tribal europeo no slo ha robado vidas y riquezas, sino que nos ha robado un legado universal: la razn con sus lmites, la sensibilidad con sus grilletes de flores, el Estado de Derecho, el republicanismo, los Derechos Humanos, el laicismo, el feminismo plural, todos esos milimtricos progresos que, contra el colonialismo y el capitalismo, ha hecho la Humanidad en su conjunto. Por qu lleva ventaja Garcs? Porque a sus ojos la defensa de ese legado comn la idea misma de que eso sea comn y no un simple instrumento de dominio y racializacin forma parte de la jaula epistemolgica europea de la que hay que liberarse, de tal manera que todas mis buenas intenciones y mi presunto antirracismo ocultan en realidad un inconsciente blanco irredimible, al menos mientras no suelte el lastre entero de mis ideas y mis convicciones. Nunca he reprochado a Garcs ni al pensamiento decolonial una definicin esencialista de la raza, sino ms bien su total y peligrosa indefinicin: esa que lleva finalmente a no distinguir entre Carlos Fernndez Liria y Le Pen, entre Luis Alegre y Garca Albiol o entre Santiago Alba Rico y Viktor Orban. Pensar es discernir y no parece que haya mucho discernimiento en un abordaje taxonmico que slo reconoce dos posiciones: negro y blanco, puro e impuro, amigo y enemigo. Esta prctica clasificatoria, no discernitiva, recuerda mucho, ya lo he dicho, a esa vieja izquierda marxista, justamente criticada por Garcs, que se esconda detrs de piruetas filosficas (la clase en-s y la clase para-s) a fin de ceir teolgicamente al enemigo burgus con independencia de su conciencia y de su discurso. Que lo hiciera el marxismo, hijo bastardo de la ilustracin, tiene sentido; pero que lo haga una teora expresamente anticartesiana no deja de resultar contradictorio. Para definir al otro como inconscientemente burgus o inconscientemente blanco hace falta defender un criterio (un discernimiento) ms o menos objetivo y ms o menos universal, recada europea que en ningn caso aceptaran ni Garcs ni sus socios decoloniales.

Porque esta es la ventaja y la debilidad de Garcs: que la falta de criterio convierte su teologa racial en una teologa permtaseme la pedantera apoftica. Es decir, una teologa negativa que slo puede decir lo que no es Dios, lo que no somos nosotros, lo que no queremos. O lo que es lo mismo: una teologa perfectamente blindada frente a cualquier argumento. Yo he dicho lo que quiero y Garcs dice que eso es precisamente lo que l no quiere y que no lo quiere, porque eso que yo quiero es sin ms prueba que la existencia irrefutable del colonialismo una prolongacin epistemolgica del colonialismo. Frente a la razn y sus lmites, frente al Derecho y el laicismo, vstagos de la pesadilla europea, qu propone Garcs? La liberacin a travs de las propias ancestralidades. Todos los que me han ledo conocen mi defensa del conservadurismo antropolgico y de la democracia de los muertos, segn la expresin de Chesterton, frente al capitalismo globalizador, que es al mismo tiempo anti-universalista y anti-comunitario. La heterarqua que menciona Garcs implica, en efecto, moverse de manera simultnea en el terreno de la revolucin econmica, la reforma institucional y el conservadurismo antropolgico, pero concebir como ms clara y liberadora la voz de los ancestros que la voz de la razn, y ello en un mundo en el que la modernidad colonial ha mezclado de hecho todas las cartas y ni siquiera el cuscs es marroqu, me parece apostar por alimentar, una vez que ha quedado fuera de juego la ilustracin y sus lmites racionales, la oposicin binaria especular entre neoliberalismo disolvente e identitarismo neofascista. Recuerdo a Garcs que el racismo y la islamofobia de Le Pen, dirigidos al mismo tiempo contra la globalizacin licuefactora, no se fundamentan en Kant sino en nuestros ancestros galos, su forma de vestir, de hablar y de comer. Los europeos tambin tienen ancestros y tambin los invocan; y son tan inventados y, por lo tanto, tan reales como los de cualquier otro. Una batalla entre fantasas performativas comunitarias es una batalla en la que, terrorismo funcional y armas nucleares mediante, slo pueden vencer los blancos ricos, y quizs ni siquiera ellos.

Qu es lo que le dicen a Garcs sus ancestros? No es una pregunta retrica o provocativa. Me gustara que en la prxima entrega Garcs respondiera a esta cuestion y a otras que enseguida plantear con toda la seriedad, rigor y detalle que le permita el formato limitado de este intercambio. Porque de su tercera entrega slo es posible inferir mensajes negativos o reactivos. Qu nos piden los ancestros negros? Que digamos no a la tolerancia y a la integracin.

Dir dos palabras al respecto. Aqu Garcs incurre una vez ms en la argucia del mueco de paja, pues parece atribuirme a m hombre inconscientemente blanco la defensa de estos dos pivotes de las polticas racializadoras blancas. Igual que he escrito en contra del presunto feminismo laico colonial (porque ni es feminismo ni es laicismo), he escrito a menudo contra la tolerancia, y citando precisamente un famoso discurso del conde de Mirabeau en plena Revolucin Francesa (1790). La tolerancia, deca Mirabeau, es la virtud de aquellos que, creyndose en posesin de la verdad, condescienden a perdonar el error de los dems. Digamos que, cuando se tiene el poder de matar al otro, la tolerancia es preferible a su contrario, la intolerancia, pero expresa, en todo caso, la superioridad del tolerante sobre el tolerado. Cada vez que los blancos se piden tolerancia a s mismos estn perdonando la vida a los negros. Un contexto en el que los seres humanos se toleran recprocamente es un contexto de pura suspensin provisional de las hostilidades en una guerra siempre activa en la que la parte ms fuerte se reprime a s misma por inters coyuntural, pero a la que nada impide, apenas cambien las circunstancias, reanudar con ventaja la batalla; y en la que la parte ms dbil, protegida slo por el capricho de los poseedores de la verdad, se prepara sin parar para una violencia reactiva. La tolerancia viene a decir Mirabeau o le obligo a decir yo a Mirabeau es la prueba de un fracaso total de las instituciones republicanas, incapaces de frenar la desigualdad, la racializacin y la guerra. Nadie negar que ese fracaso es un hecho en la Europa de hoy.

En ese contexto de fracaso institucional (al que las derechas identitarias y el pensamiento decolonial oponen la voz de los ancestros) los blancos se piden a s mismos tolerancia mientras piden a los negros integracin. El problema de la tolerancia es el de la posesin de la verdad y de las armas; el problema de la integracin es el de la inexistencia de un marco ciudadano comn. Integrarse, dnde? Garcs o su colega Houria Bouteldja imaginan (se imaginan) que interrumpir los procesos de integracin implica romper con la universalidad colonial blanca, cuando implica ms bien aceptar los automatismos de distribucin del mercado global blanquigrs. En una Europa en la que todas las precarias universalidades de la ilustracin han sido demolidas de la escuela pblica a la sanidad universal, de la igualdad ante la ley a la libertad de culto, del derecho laboral a la libertad de movimientos encerrarse en la familia, el clan, el barrio, el islam, como pretende Bouteldja, no slo es completamente ilusorio; no slo replica el discurso derechista dominante sino que, en posicin dominada, se somete mansamente (alegremente) a los nichos que ha reservado para los perdedores el mercado excluyente. Rebelarse contra una universalidad ilustrada completamente vencida y ya inexistente slo sirve para colaborar de manera activa con el capitalismo racializador (digamos con Achille Mbemba) asumiendo al mismo tiempo el identitarismo pugnaz y antagonista de Le Pen.

Integrarse, dnde? El barrio perifrico y la religin son los refugios de la modernidad fallida; la expresin y el fracaso de la intracolonialidad europea. Necesitamos un programa comn contra eso. O no? Qu nos proponen los ancestros? Cuando me pregunto qu nos proponen no me refiero a nosotros los blancos, conscientes o inconscientes, en-s o para-s, a los que el pensamiento decolonial da ya por perdidos. Me refiero a los negros racializados en Madrid o Barcelona. Qu les propone Garcs? Descendamos desde el cielo, donde seguimos volando en crculo, al terreno de nuestras ciudades. Con mucha razn recordaba Garcs el problema moro y la lucha contra la islamofobia, en la que ambos estamos comprometidos. Cul es el plan? Dejo aqu las siguientes preguntas, exentas de cualquier voluntad maliciosa o provocativa y formuladas slo con el nimo de entender mejor las practicas polticas del pensamiento decolonial.

Mientras la escuela pblica espaola mantenga la asignatura de religin catlica, debe la comunidad musulmana defender una asignatura equivalente de contenido islmico o luchar para laicizar realmente la enseanza? En el primer caso, quin debe escoger a los profesores? Y qu curriculum debera tener esa asignatura? Qu ancestros invocara? Sunnies o chies? De cul de las cuatro escuelas cornicas? Qu se dira del wahabismo o, en el otro extremo, del sufismo? Y qu del darwinismo?

Si hay que interrumpir los procesos de integracin, deben los nios musulmanes en Madrid y Barcelona abandonar la escuela? Protestar contra la concertada, que selecciona racialmente sus alumnos? Resignarse a (o incluso felicitarse de) una escuela pblica crecientemente deteriorada donde la integracin es imposible porque es en s misma marginal, vertedero clasista y racial de pobres y negros?

Garcs habla de un islam de mayoras un islam, digamos, errejonista. Qu seas tiene? Qu propone? A quin se dirige? Qu iniciativas toma? En la lucha contra la islamofobia, qu medidas concretas sugiere? Qu opina, por ejemplo, del plan del Ayuntamiento de Barcelona? Tiene el pensamiento decolonial algn plan de trabajo dirigido a los islamfobos o se trata de movilizar slo racialmente a las vctimas para integrarlas, al margen de la sociedad espaola, en su propia comunidad? Cmo se imagina Garcs o cmo quiere que sea esa comunidad? Qu tipo de relaciones debera mantener con las instituciones y organizaciones espaolas?

Segn el concepto de heterarquia manejado por Garcs, se puede llegar a algn tipo de alianza con movimientos o partidos anticapitalistas, anti-imperialistas, feministas o LGTBI? Con cules

Garcs, por lo demas, habla de cartografa moderna de dominacin geopoltica situada en la historia. Cmo analiza el pensamiento decolonial el nuevo desorden global, la nueva geopoltica del desastre? En el conflicto sirio, quines son los blancos y quines son los negros? Cmo se posicionan los ancestros en relacin con el Estado Islmico y con Arabia Saud? Y respecto de Irn

Europa es una pesadilla. En eso estamos de acuerdo. Lo aprendimos de Fanon y lo aprendimos de Edward Said. Pero lo que aprendimos fue precisamente que la pesadilla europea tiene que ver con la disonancia entre los valores que proclama en voz alta y los crmenes que comete a ras de suelo. Europa es una pesadilla tambin para los europeos, que debemos ser completamente intolerantes con nuestros gobernantes y, frente a la imposibilidad de integracin en una ciudadana desgarrada por el mercado, buscar la nica integracin posible: la de las luchas comunes en favor de los derechos comunes. En lugar de poner a reir a nuestros ancestros en un corral de gallos, busquemos en ellos, como quera Al-Yabiri, las rupturas culturalmente especficas que ayuden a construir instituciones relativamente democrticas y justas para todos.

Finalizo. Lo que ha acabado con el universalismo ilustrado no son las luchas de los subalternos sino el consumo capitalista y la financierizacin de la economa: siguiendo una idea de Bernard Stiegler, es como si, en lugar de salir de Europa, estuvisemos todos atrapados tambin los subalternos en la Grecia presocrtica, en la que el ser era radicalmente cuestionado por el devenir. La Grecia presocrtica era una tribu bastante ensimismada, como la de los baruya o los bororo. Ahora bien, las tribus ahora no viven en territorios contiguos, sino mezclados en el mismo espacio o desterritorializadas: blancos contra negros en ciudades fragmentadas y cerradas. Puede que sea inevitable: otra cosa es que sea reivindicable. Volver a las tribus en un mundo estrecho, globalizado, con bombas nucleares, epidemias transterritoriales y violencia no-blica funcional a la gobernanza mundial, no me parece una buena idea. Necesitamos una declaracin de principios, un programa estratgico y una alternativa. Y un enorme cuidado (como cuando se maneja una botella de nitroglicerina). Las tres cosas faltan en el pensamiento decolonial. Tambin la ltima: la prudencia en el manejo de las categoras y los cuerpos

Acabo con una larga cita del intelectual sirio Yassin Al-Hajj Saleh que expresa muy bien mi posicin respecto del colonialismo, la islamofobia y el universalismo. Al Hajj Saleh habla del rgimen sirio, al que considera heredero del colonialismo europeo, traidor a su vez de los valores universales que pretende defender. Dice as la cita:

Es significativo que exista una fuerte predisposicin racista () que invoca la modernidad materialista (la modernidad de la apariencia externa y no la de las relaciones, derechos, valores, etc.). Esta clase privilegiada mira a los sirios pobres a los musulmanes sunes en particular del mismo modo que los judos askenazis miran a los palestinos rabes musulmanes (e incluso a los judos sefardes, en un primer momento) y del mismo modo que los blancos de Sudfrica consideraban a los negros en el siglo pasado. Los grupos colonizados son atrasados, irracionales y salvajes, y su exterminio no tiene importancia; puede ser incluso deseable. Esta actitud no caracteriza exclusivamente a la elite asadista. De hecho, el rgimen y sus partidarios se han envalentonado al identificarse con un sistema poltico y simblico internacional en el que la islamofobia es una tendencia global al alza.

Al-Hajj Saleh, que critica la posicin izquierdista europea respecto de la revolucin siria, hoy derrotada, concluye, sin embargo, de la siguiente manera: Nada de lo anteriormente expuesto sugiere que los izquierdistas occidentales no deban interferir en nuestros asuntos ni comentar lo que decimos sobre nuestros conflictos. Queremos que interfieran. A su vez, queremos e interferiremos en sus asuntos. Vivimos en un nico mundo y en cualquier anlisis y accin debemos defender la universalidad. Lo nico que esperamos es que puedan llegar a ser un poco ms humildes y que estn dispuestos a escuchar, que no estn tan ansiosos por dar lecciones y que puedan desarrollar conocimientos que no estn basados en los recuerdos. Esperamos que sean democrticos, que no pretendan que nuestro conflicto es secundario de otros, que tengan en cuenta nuestras opiniones sobre nuestros asuntos y que acepten que somos sus iguales y pares.

Esto es a lo que yo llamo discernimiento, compromiso poltico y visin estratgica.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2017/07/12/tolerancia-e-integracion-fracaso-la-modernidad/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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