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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2017

Blanco sobre negro

Iaki Goioaga
Naiz


Han pasado veinte aos de la muerte de Miguel ngel Blanco. Muchos acontecimientos han ocurrido en los ltimos aos veinte aos. Muchos acontecimientos, pero persiste una realidad de generacin de sufrimiento por parte del Estado tras el cierre del ciclo armado por parte de ETA.

Realidad persistente de intransigencia en la bsqueda de canales, alternativas o soluciones polticas a los problemas polticos actuales que perduran desde el franquismo, la Espaa una, grande y libre por obra y gracia del dictador.

Una realidad persistente de bloqueo a los planteamientos de humanizacin y resolucin de las consecuencias de un conflicto poltico que ha trado y trae mucho sufrimiento en parmetros de convivencia, normalizacin y garantas de no repeticin.

Mientras hubo un planteamiento de reforma del franquismo de reconciliacin nacional que generaba impunidad para los franquistas y dejaba a republicanos en la cuneta, hoy persiste una actitud de guerra por parte del Estado y de represin a todo aquello que pueda cuestionar esa Espaa, una, grande y libre, la actitud y amenazas hacia el proceso cataln o lo ocurrido con los jvenes de Alsasua u Orereta son un claro ejemplo.

Son veinte aos, donde los anlisis desde la perspectiva del Estado han estado llenos de adjetivos, tpicos y tpicos, con una direccin nica que exclua otros anlisis, incluso con amenazas represivas si se realizaban o se cuestionaba el inters de Estado.

Lo ocurrido hace veinte aos refleja claramente lo que, desde un perspectiva de existencia de gestin poltica y bsqueda de soluciones, nunca debi ocurrir. Es el choque entre la brutalidad de la accin armada, algo que todo militante de ETA reconoce y asume y la crueldad del Estado, el cual ni la asume, ni la reconoce. El choque entre dos pretendidas legitimidades que refleja la incapacidad de bsqueda de soluciones a intereses contrapuestos o, quiz, antagnicos.

Mucho se ha hablado del papel de la brutalidad de la accin contra Miguel ngel Blanco, su secuestro y muerte, Mucho se ha hablado de la responsabilidad de ETA, de las contradicciones que gener, de la activacin de la sociedad civil, sobre si fue o no el punto de inflexin para la derrota de ETA

Poco se ha hablado de la crueldad del Estado en aquel hecho. De la falta de voluntad para buscar otra salida diferente a aquel hecho. De intransigencia en hacer un mnimo gesto que pudiera traer consigo otro resultado diferente. Poco se ha hablado del llamamiento de la hermana de Miguel ngel Blanco al Gobierno para que realizara un gesto que posibilitase la liberacin de Miguel ngel Blanco.

Poco se ha hablado que hoy, veinte aos despus, lo que se ha llamado respuesta cvica de la sociedad civil desde la perspectiva de un relato adquiere una perspectiva diferente desde el otro relato: la perspectiva de la explotacin de los instintos ms bajos de venganza y violencia de las razzias polticas y policiales. Poco se ha hablado de la inaccin de las llamadas Fuerzas de Seguridad del Estado que no solo no impidieron escraches o actos de violencia en Euskal Herria sino que iban a la cabeza de las manifestaciones de carcter violento. Nada se dice de los intentos de reventar fiestas o concentraciones populares o de la extensin de una denuncia de este hecho a la persecucin ideolgico-poltica de los considerados abertzales o independentistas.

Veinte aos despus, seguimos sin cuestionar la necesidad y bsqueda de mrtires de la causa de la Espaa una grande y libre, de Aznar y de Mayor Oreja. Seguimos sin cuestionar la rentabilizacin poltica y la reconversin de la indignacin social, en la legitimacin de la Espaa ms negra. Mucho tendramos que hablar igualmente del papel del PNV o del PSE y no en cuanto al impulso o no de la respuesta de una parte de la sociedad civil, sino en cuanto a los llamamientos a la confrontacin civil, en cuanto a la reconversin del Espritu de Ermua en el espritu de la Espaa centralista y reaccionaria o en cuanto a la persecucin ideolgica poltica. Pero veinte aos despus no me preocupan los diferentes relatos que se puedan dar en torno a lo que ocurri; o lo que pudo ocurrir si se hubiera actuado de otra forma.

Me preocupa que 6 aos despus del cese de la actividad armada de ETA, el Estado siga manteniendo la misma actitud de inmovilismo, intransigencia y bloqueo en la bsqueda de la convivencia, la normalizacin poltica y las garantas de no-repeticin. Me preocupa que el Estado siga generando sufrimiento, violencia y frustracin en la sociedad vasca.

Me preocupa que el Estado asuma como legtimo la muerte de presos enfermos, caso Ibon Iparragirre, o el alejamiento de los y las presas de su entorno social y familiar. Me preocupa que asuma como legitimo la muerte de familiares o amigos en la carretera. Me preocupa que no exista ni el ms mnimo reconocimiento del dao causado por el Estado, el trato diferente penalgico ante la muerte del contrario, la excepcionalidad y discriminacin en el tratamiento de las y los presos y de la victimas. Me preocupa la instrumentalizacin poltica de las vctimas de ETA para legitimar la venganza y la crueldad.

Me preocupa la actitud servil frente a la crueldad del Estado. Me preocupa que frente a la demanda de movimientos en materia penitenciaria realizada por la mayora social, sindical, poltica e institucional vasca, el Estado siga con una poltica de intransigencia, inmovilismo y bloqueo.

Me preocupa que no se den vas o canales polticos y democrticos para resolver los problemas polticos. Me preocupa que el Estado siga intentando rentabilizar polticamente su intransigencia e inmovilismo, queriendo vender una imagen de fortaleza, lo que no es ms que miedo a la dialctica poltica y debilidad del propio Estado para abordar lo problemas y las soluciones polticas.

Y me preocupa especialmente el respaldo acrtico en el relato de lo que ocurri hace veinte aos y su traslacin a lo que ocurre hoy, sobre todo, por las consecuencias que esto pueda tener en el futuro.

Hoy igual que hace 20 aos debemos exigir y crear condiciones para que del basta ya se pase al nunca ms y para nadie y eso pasa hoy por el cese en la generacin de sufrimiento por parte del Estado y por crear espacios de solucin poltica integral en aras a una normalizacin poltica, convivencia y garantas de no repeticin.

Iaki Goioaga es abogado

Fuente: http://www.naiz.eus/eu/iritzia/articulos/blanco-sobre-negro



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