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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2017

Que los daos colaterales no seamos nosotros mismos

Harold Crdenas Lema e Israel Rojas Fiel
La Joven Cuba


Este es un escrito militante, dirigido a todos los que de alguna forma generan ideologa en Cuba. Los compaeros que han escrito sobre el centrismo en Cuba tienen preocupaciones que compartimos, tienen razones vlidas, pero no tienen toda la razn. No es que sus preguntas no ameriten respuestas, sino que en lugar de un dilogo transparente se ha pretendido aplicar una solucin vieja a un problema nuevo. Cuando los ataques preventivos los hacemos nosotros en lugar del enemigo, los daos colaterales somos nosotros mismos.

La forma en que se est conduciendo el debate provoca fracturas entre revolucionarios, divorcio entre intelectuales y activistas con apoyo gubernamental, polarizacin de la esfera pblica. Es difcil concebir un plan contra la Revolucin que genere ms dao. Nuestro instinto sugiere que lo esencial sigue siendo invisible a los ojos y las verdaderas respuestas siguen ausentes. Un da sabremos a ciencia cierta quin era el enemigo y quin no, pero quienes participan hoy en el debate pblico no pueden ser peones de un juego mayor, o nuestros esfuerzos son vanos.

Estamos en la misma trinchera, queremos una sola va y esa se llama socialismo. Escribir un libro sobre el centrismo y mencionar a uno de los autores de este escrito 43 veces, es cuanto menos un exceso, cuando Trump se menciona 26 veces y Obama 31. El mencionado debe ser el diablo porque se menciona en el libro ms que un presidente estadounidense. Sugerir ambigedad en quienes plantan bandera cuando es necesario y abogan abiertamente por el socialismo, es un error. Ral llam a la crtica y dar batalla donde fuera necesaria, resulta curioso cmo lo que hace aos era una convocatoria hoy puede confundirse con centrismo.

Existe una hegemona mundial respecto a la cual somos rebeldes los cubanos. A ella se contrapone la resistencia de nuestro pas, pero ac dentro tambin existe hegemona. Quien genera pensamiento en el Bur Nacional de la UJC, quien imparte conferencias en universidades, quienes tienen respaldo de medios masivos de comunicacin, quienes trabajan en la ideologa del pas con tiempo y conectividad suficiente para articularse, generan hegemona. No se puede ser anti-hegemnico respecto al capitalismo de dominacin, pero a lo interno tener un comportamiento similar. Nuestra hegemona debe ser siempre de liberacin. Como no se puede ser crtico del capitalismo y cerrar los ojos a nuestros problemas internos.

Los que engrasan la maquinaria poltica del pas, deben tener cuidado que sus parmetros no sean excluyentes sino inclusivos, porque cuando terminan los conferencias y se van a sus casas, esas ideas se convierten en sentencias sin juicio y excesos de entusiasmo. Y el adjetivo de centrista sigue siendo vergonzoso para un revolucionario, sigue marginando de organizaciones polticas a las que se quisiera pertenecer y sigue saboteando las posibilidades laborales de quien lo lleva como una letra escarlata, merecida o no.

Es menos difcil ser revolucionario con altos niveles de informacin secreta, viajando con pasaporte oficial, dando conferencias, hospedados en casas de visita y a kilmetros de cualquier osada legal que les permita hacer su labor. Quien tiene una plataforma que lo soporte, sea revolucionaria o contrarrevolucionaria, siempre lo tendr ms fcil que quien lo hace a mano y sin permiso. Participar en la construccin del socialismo es tanto una pasin para estos compaeros como para nosotros, con la excepcin de que para ellos adems de pasin es trabajo, para nosotros es una responsabilidad a veces ingrata.

La forma en que se ha abordado la ambigedad poltica en momentos claves, en lugar de generar solidaridad ha creado antipata. Al menos deberan preguntarse por qu. Han confundido el discurso anti-hegemnico con otro que limita la creatividad y autenticidad de la participacin poltica. Entonces comienza el enfrentamiento donde se dedican ms adjetivos y se prefieren acuar ms trminos despectivos que discutir las ideas de otros. En esta Cuba alfabetizada despus de medio siglo de revolucin, el impulso no le puede ganar al pensamiento. El entusiasmo no le puede ganar a la conviccin.

Los que discreparon en el debate con Silvio sobre este tema, son compaeros de ideas, pero en la prctica no estamos siendo compaeros de lucha. Entre compaeros siempre prima el beneficio de la duda y no el de la sospecha, incluso en los errores propios de la lucha poltica y la vida. Se puede ser un bloguero revolucionario en escenarios de derecha y defender la revolucin? S. Se puede dar un concierto en el Teatro Manuel Artime de Miami y defender la Revolucin? S, el primer concierto de Buena Fe en Estados Unidos fue precisamente en ese teatro.

Menos mal que existe Segunda Cita y nos queda Silvio para liberarnos de esquemas, pero ningn hombre es eterno. Estamos a tiempo de recapacitar, que los compaeros ideolgicos sean compaeros de lucha y haya una sola hegemona que derrotar. Ya no tenemos a Fidel, Alfredo Guevara, Hayde Santamara y los que en los 60 protegan los herejes del momento. Ya no hay quien nos salve de los errores e inseguridades institucionales, el ICAIC y Casa de las Amricas no pueden ser los refugios de otras veces.

Este escrito no es definitivo, no es la verdad absoluta sino un gesto de buena voluntad. Una alerta para quienes sealan con el dedo y al hacerlo cuentan con el respaldo de la disciplina que caracteriza a los revolucionarios, del pblico que, por respeto a una institucin o un compaero, no le contradice ni siquiera para alertarle su error. No es posible que despus de una batalla por el cambio de mentalidad el espacio a la crtica sea an menor, no es posible que apelar a la crtica revolucionaria sea un ejercicio riesgoso o se confunda con ambigedad poltica.

Si para algo tiene que servir este debate es para que el tema no sea un dilogo de sordos. Los compaeros que nos ven fuera de sus parmetros sobre qu es un buen revolucionario, deberan pensar por qu el alcance de sus palabras es limitado, por qu darle un espacio dentro de la Revolucin al que no piense como nosotros, pero sepa respetarla, no nos empobrece. Por qu teniendo razones de sobra, su batalla no enamora del todo, habiendo aun tanto amante de justicia y si su tctica de repartir adjetivos descalificando gente, no estar provocando daos colaterales.

A lo largo de la Revolucin cuando se han cometido errores, el sentido comn de la opinin pblica ha hecho recapacitar a las autoridades, garantizando que sea ms fuerte y vital la esperanza y salvando revolucionarios. Veremos cunto hemos aprendido del pasado.

Fuente: http://jovencuba.com/2017/07/11/que-los-danos-colaterales-no-seamos-nosotros-mismos/



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