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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2017

Tres bombardeos

Camilo Alzate
Rebelin


Coronillo, Ye, A y Euclides sobrevivieron sus combates, a las rfagas y a las bombas. Sobrevivieron a la guerra y, en medio del proceso de paz, recuerdan las historias que no quieren repetir.

Fotografas: Vctor Galeano

La Esmeralda

A las dos de la maana Euclides qued ciego con el rayo potente que puso todo blanco alrededor. Luego le faltara la respiracin como si estuviera ahogado en lo hondo de un charco resplandeciente. Luego correra. Luego sabra que uno de los seis cadveres era el de Jacobo Arango, comandante del frente quinto de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, su comandante. Luego pensara que nunca iba a encontrar palabras para describir aquel brillo, aquel humo, el ardor que le incendiaba los pulmones con el aire cortado. Luego vera a sus compaeros escapando cada cual como mejor poda, entre esos A que consigui botarse con una guerrillera al ro Esmeralda. El campamento se levantaba al borde de la corriente pues enero es poca de sequa en el Nudo del Paramillo, una zona montaosa que divide los departamentos de Antioquia y Crdoba. Euclides ech por otra parte, A y la muchacha cruzaron nadando al lado contrario del ro sin problemas, pero cuando alcanzaron la orilla l se dio cuenta que no podra caminar. Era la madrugada del 31 de enero de 2013.

Vmonos antes de que lleguen los soldados le dijo ella.

Siga usted sola, yo no soy capaz respondi A y se recost contra un rbol. No lograba mover el cuerpo, pareca invlido. Una esquirla de la bomba le haba herido la cadera y ya no aguantaba el dolor. Otra esquirla le haba traspasado por completo la palma de la mano izquierda: poda ver a travs del agujero la luz de la luna, o incluso derramar agua que entraba por un lado y escurra por el otro. En la orilla opuesta las tropas ya haban descendido de los helicpteros, ahora peinaban cada palmo del terreno recogiendo cadveres y armas. Encontraron seis fusiles, un rifle Barret de alta precisin y doce cambuches. A pens que estara perdido si los soldados llegasen a cruzar el ro. Pero no cruzaron, slo buscaban los equipos de intendencia y las computadoras.


Foto: Victor Galeano

Tres das con sus noches permaneci A invlido y paralizado entre la selva del Resguardo Kakarad, sobre las estribaciones del Nudo del Paramillo. Al cuarto da la mano despeda una putrefaccin de mortecina y estaba llena de gusanos. Arrastrndose fue como consigui A volver a la orilla del ro Esmeralda. Lo primero que vio fue a unos indgenas katos que bajaban en panga, una lancha de la regin. Los llam. Dijeron que el comandante Manteco andaba aguas arriba con otro grupo.

Lo llevamos?

Bueno.

All sus compaeros lo estabilizaron y le limpiaron el agujero. A pudo volver a caminar normalmente y la herida fue cerrando poco a poco, pero dejndole la mano tiesa, con los dedos siempre rgidos y estirados como las garras de alguna lagartija, o como un chamizo seco y arrugado. Seis meses despus, cuando pudo salir del monte a practicarse un tratamiento en Medelln, le dijeron que no haba nada que intentar. Tantos aos en la guerra y nunca, pero nunca, le haba tocado nada as. Para venir a quedar jodido al final, piensa hoy, pues por esos das arrancaba el proceso de paz.


Foto: Victor Galeano

"En menos de cinco minutos tena cerca de cien hombres rodendola por todos los flancos"

La Armenia

Desde los trece aos Ye andaba con las FARC. Ingres a la guerrilla por Santa Luca, una pequea aldea encaramada a las montaas de Ituango, en Antioquia. Ye es rubia y es fuerte y es demasiado bella. Demasiado. Con diez aos en el monte Ye era una guerrillera de sobrada experiencia. Claro que saba manipular bien un fusil! Cargaba remesa y marchaba como cualquier hombre, remolcaba insumos hasta el campamento, tambin manejaba los cdigos del radiotelfono si era necesario establecer comunicacin con otros frentes guerrilleros. Sin embargo, peleas fuertes, lo que se dice fuertes, Ye slo haba participado en tres, todas por los lados de Ituango y Peque. Claro que se tiroteaban a cada rato con el ejrcito! Pero eso de ver morir compaeros, de correr y dejar todo botado, eso slo le haba tocado en tres oportunidades.

El 14 de junio de 2014, a las once de la maana, Ye se plant al pie del fogn porque cumpla turno de ranchera, es decir, de cocinera. El campamento se levantaba cerca a un paraje de la cordillera occidental conocido como La Armenia. Los muchachos cogieron camino rumbo a un casero prximo, salan a ver el partido debut de la seleccin de ftbol en el mundial de Brasil. Grecia enfrentaba a Colombia y en pocos minutos el cuerpo completo de Tefilo Gutirrez chocara contra todas las costillas del defensa Konstantinos Manolas, en el centro de un estadio de Belo Horizonte que herva de fanticos.

Ye encendi una radio para or msica y no escuch los gritos de sus compaeros cuando la llamaban desde el camino. Queran avisarle que dos exploradoras, varios aviones Kfir y un enjambre de helicpteros sobrevolaban el campamento al instante de soltar las primeras bombas. Los muchachos se fugaron por una caada y cuando Ye se dio cuenta de lo que suceda, era porque haba comenzado el desembarco de tropas desde los helicpteros. En menos de cinco minutos tena cerca de cien hombres rodendola por todos los flancos, mientras Pablo Armero le estaba metiendo el primer gol al arquero griego Orestis Karnezis.

Ye agarr lo que pudo antes de tirarse al nico sitio donde haba escapatoria: un potrero descubierto sin ningn rbol. Se lanz a toda carrera mientras a sus espaldas sonaban las rfagas de fusil y los gritos de los soldados:

No corra, comevaca, entrguese. No est cansada de comer vaca en el monte? Entrguese.

Puede ser que los soldados no le dispararan al cuerpo porque esperaban que se entregara, pero tambin puede ser que hayan tirado a matar y ninguno acertara, Ye nunca lo supo. Corri diez minutos por el potrero hasta que alcanz un bosque. Esos diez minutos le parecieron horas, senta el cansancio de haber trotado un da entero. Con el enredo de los matorrales rasg en hilachas el pantaln y David Ospina puete fuera del arco un caonazo que el griego Kone le haba lanzado un segundo antes.


Foto: Victor Galeano

Ye camin persiguiendo un filo de la montaa mientras Tefilo Gutirrez marcaba el segundo gol, tras un cobro de tiro de esquina. Media hora ms tarde, cuando Ye andaba lejos del campamento, James Rodrguez ajustaba de zurda la anotacin que entreg la victoria tres por cero a la seleccin de Colombia. Esa noche en las principales ciudades del pas hubo celebraciones que dejaron 3.000 rias, 9 muertos y 15 heridos. Ye amaneci sola en un monte. Y as estuvo por tres das, hasta que encontr unos compaeros llorando, decan que en el bombardeo haban matado a los comandantes. Ella haba conseguido establecer comunicacin por radiotelfono con otros jefes del Bloque Noroccidental. Fue ella quien inform al resto de la guerrilla de la muerte de Romn Ruz, comandante del frente 18 de las FARC, por cuya cabeza el ejrcito ofreca 1.250 millones de pesos. Esa informacin se public en los peridicos y noticieros del pas luego que los militares interceptaran las comunicaciones de los insurgentes y difundieran la noticia en un boletn de prensa.

Pero Romn no estaba muerto: haba escapado del cerco en el mismo momento que los muchachos salan a ver el partido de futbol. Romn anduvo todava un ao ms por la montaa hasta que otra bomba de mil libras arrojada por la Fuerza Area lo mat de verdad sobre el can del Rio Sucio, al norte del Choc, el 25 de mayo de 2015. La guerrilla consider aquel ataque un acto traicionero, pues en el marco del proceso de paz el Presidente Juan Manuel Santos haba dado la orden de suspender los bombardeos dos meses antes. Romn fue el ltimo comandante guerrillero cado antes que se pactara la tregua bilateral entre el gobierno colombiano y las FARC.


Foto: Victor Galeano

Coronillo

El muchacho no deba superar los 21 aos y haca rato cacharreaba con un telfono mvil. El viejo, en cambio, pas de largo por los 40 y estaba sirviendo tintos en la recepcin del campamento, donde atendan a los periodistas. Yo los escuchaba sin mirarlos.

Se acab el desorden con los radios dijo el muchacho.

Se acab respondi el viejo.


Foto: Victor Galeano

El muchacho contaba que en su escuadra hubo uno apodado Coronillo. Odiaba ese sobrenombre, lo odiaba tanto que nadie poda mentarlo en su presencia o se formaba una pelea. Pero cuando empezaba el combate sus compaeros armaban el desorden por los radiotelfonos: Coronillo! Meta el culo! O es que tiene miedo?. El otro rabiaba, replicaba cualquier grosera y continuaba disparando. Coronillo, suba mijo, suba y apyenos. Tiene miedo? Meta el culo, Coronillo!. Mucho desorden de las unidades, mucha recocha por el radiotelfono.

Una vez, recordaba el muchacho, entre Choc y Urab les metieron al Batalln Nutibara en una operacin de cerco por la zona donde ellos se movan. Esos s eran tipos bravos, cuando llegaban era porque tocaba pelear, nada de repliegues ni de tiritos de lejos. Tocaba darse candela con ellos. Eran implacables y ninguno quemaba balas por quemar, cuando los Nutibara disparaban lo hacan sobre blancos precisos.

Estuvieron varios das hostigndose y persiguindose en la selva hasta que detectaron una unidad de los Nutibara con pocos efectivos que acampaba cerca, entonces les montaron emboscada: el seuelo eran una pareja de milicianos que comenzaron a hacerles tiros por la tarde. Los hombres del Nutibara vieron que slo dos los atacaban y salieron detrs a cazarlos. Los milicianos tiroteaban un rato, se internaban un poquito ms en el monte y esperaban que los soldados fueran a copar sus posiciones, tiroteaban dos o tres veces ms, se replegaban y as iban introduciendo la unidad completa del Batalln Nutibara a la encerrona. Cuando llegaron al punto ciego los soldados comprendieron que los disparos ya no venan de adelante sino que haba guerrilleros bloqueando la retirada con ametralladoras. Ah comenz el fuego de verdad, porque con ellos tocaba darse duro, no es que fueran a salir corriendo. Y alguien dijo por el radio: Coronillo, apyenos hijueputa, meta el culo.


Foto: Victor Galeano

Los soldados quedaron acorralados. La ltima opcin que tenan era entrar a un casero y entraron. Vamos a sacarlos, dijeron los muchachos. El plomo astillaba la madera de las paredes. Los guerrilleros penetraron hasta las primeras casas, sin embargo, un francotirador les impeda salvar un flanco. El finado Trujillito intent ir por l pero apenas se asom un tiro le hiri el pecho. No obstante, Trujillito no muri ah. Est bien ubicado pensaron los guerrilleros. Despus se meti otro que recibi un balazo en la pierna y comenz a devolverse. Despus otro ms, luego otro y otro. El francotirador neutraliz a cada uno con un solo tiro.

Y todos los cinco finados ya? Pregunt el viejo.

Todos. Es que estaba bien posicionado el hijueputa, de frente a nosotros.

Trujillito, herido como haba quedado, se quit la gorra y la engarz a una rama dejndola ver encima. Una bala rompi la gorra justo por la mitad. Ah fue cuando comprendieron que slo podran sacar al francotirador con bombas. Lanzaron cinco granadas de mortero que le explotaron encima reventando terrones y tablas, mientras las ametralladoras cubran el ingreso de los dems.

La guerra no es buena pa nadie dijo el muchacho.

El otro haba terminado de servir los tintos para unos periodistas de la Revista Semana que estaban por ah. Yo haca como que andaba pendiente de cualquier otra cosa.

Ese desorden con los radios ya no lo volvemos a ver continu. O quin sabe.

Quin sabe respondi el viejo.


Foto: Victor Galeano

 

* Camilo Alzate, 1987. Nacido en Pereira, una ciudad donde las nicas letras valiosas son las letras de cambio. Caminante. Ha publicado crnicas y artculos en Fronterad, Universo Centro, Altair Magazine, Literariedad y otros medios.

* Victor Galeano, 1988, es fotgrafo freelance nacido en Antioqua y radicado en Pereira. Su trabajo ha sido reconocido en premios como Fotofrance 2009, Fotourbe documental 2011, XI Festival internacional de Cine de los Pueblos Indgenas y el Premio Gabriel Garca Mrquez de Periodismo 2016, al que estuvo nominado.

Fuente original: https://cerosetenta.uniandes.edu.co/tres-bombardeos/



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