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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2017

La tradicin en Espaa

Jaime Richart
Rebelin


Cuando Inglaterra ofrece algo al mundo asociado a una tradicin, independientemente del inters que suscita la noticia en s en Espaa se recibe de tres maneras: una es con indiferencia, otra con repulsin por venir precisamente de aquel pas con toda la historia de su supuesta altanera y de hostilidad hacia Espaa, y la tercera, con la envidia que provoca en el espaol, campen en esa competencia, todo lo que despierta sentimiento de inferioridad o frustracin...

En estas dos semanas se viene celebrando all, en Wimbledon, el tradicional torneo de tenis que un mes de julio hace 140 aos se inaugur e incluye el descanso deportivo en los dos domingos que jalonan el evento.

La tradicin en Espaa, en cambio, slo reside en el hecho religioso y en las fiestas populares generalmente sangrientas ms o menos ligadas a l. Lo poco tradicional que exista por aqu de carcter civil, a buen seguro ser slo local. Tradicin, lo que se dice tradicin a nivel nacional, slo podemos decir que son las procesiones -en todos los formatos y colores-, y la fiesta de los Toros y otras en las que el animal sufre martirio de maneras varias.

No puede extraar. Hasta ayer, el catolicismo tremendista, la Inquisicin, el absolutismo monrquico y las dictaduras son las superestructuras sociales que vienen reinando en Espaa despus de los reinos de Taifas. Y cuando se super un periodo de terror ms o menos institucional, quienes protagonizaban el siguiente rompieron con todo vestigio de la etapa precedente salvo lo intocable: procesiones y Toros. Cualquier otra posible tradicin civil no llega nunca a conformarse. En unos casos porque la fuerza de su profanidad competira con el alarde religioso, y en otros porque sofocara un poco ms las fanfarrias del festejo sanguinario

El caso es que en Espaa no hay tradiciones dignas de ser compartidas por todos. Pues de las dos citadas, una es vista por una parte gruesa de la poblacin como algo trufado por la mojiganga y la otra como prctica que mueve a repulsin. Lo mismo que, al otro lado, no hay tendencia que no est asociada al frenes del cambio, en unos casos, o al ansia de sepultar, en otros, cualquier vestigio de su historia negra abarrotada de episodios tenebrosos que cierran las puertas a toda tradicin hermosa de alcance nacional. Esto da idea de los dividido que est siempre este pas...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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