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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-07-2017

Per
Carne pa los leones

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


Finalmente, se salieron con la suya: Ollanta Humala y Nadine Heredia abrieron hoy los ojos tras las rejas. Los comentaristas de la TV y los columnistas de la prensa grande baten palmas; en tanto que la Clase Dominante, sonre satisfecha. El Juez Concepcin Carhuancho dict prisin preventiva, acatando a pie juntillas el recursos que presentara el Fiscal Jurez Atoche. Cay la noche, entonces, para quienes ejercieran el gobierno en el rgimen pasado, pudieron proclamar los diarios de hoy, 14 de julio del 2017. Da histrico, lo llamaron.

Cuando en julio del 2011, Humala derrot a Keiko Fujimori y gan los comicios presidenciales, hubo muchos que se proclamaron Ollantistas. Se hicieron ilusiones con una figura improvisada, sin ideologa y sin partido, sin experiencia poltica y sin entorno definido; sin antecedentes, ni ejecutoria alguna. Hoy, ya no hay Ollantistas. Pronto, quienes se ilusionaron, perdieron la ilusin, y denostaron del caudillo por el que haba batido palmas. Y es que ste se mostr tal como haba sido: un hombre sin valores ni principios.

Cuando Huamala ascendi al Poder, la derecha tembl. Y eso, ocurri por dos razones: porque el Comandante les trajo a la memoria el espectro de Juan Velasco Alvarado y el Proceso del 68; y porque su figura bloqueaba el paso a quien era su verdadera carta de gobierno y de poder: Keiko Fujimori, por la que apostaron el santo y la limosna en procura de recuperar un poder que pareca escaprseles de la mano luego de la cada del chinito de la yuca, en noviembre del 2011.

Para asegurar la victoria de Keiko, fue que ella -la clase dominante- invent aquello del peligro del chavismo tras Humala. Jug hasta el fin con el supuesto peligro de una amenaza que realmente nunca existi. Ollanta no era, objetivamente, garanta de nada. Y as lo dijimos en su momento.

Era indispensable -si- votar por l, por dos razones: porque implicaba la derrota de la Mafia, y porque abra camino a un nuevo escenario, otro en el que sera posible desplegar una lucha abierta concretada en cuatro retos esenciales que la Izquierda estaba llamada a enfrentar: forjar la unidad ms amplia, organizar al pueblo, elevar la conciencia poltica de las masas y promover y alentar las luchas sociales. Ninguno de estos propsitos seria objetivamente posible de volver el reinado de la Mafia, como no lo fue durante el rgimen siniestro de fines del siglo pasado.

 

Lamentablemente, hubo quienes no entendieron esto y pensaron ms bien en alcanzar cuotas de Poder a la sombra del caudillo. Le lanzaron loas, entonces y obtuvieron mendrugos: algunos nombramientos y puestos en la estructura del Estado. Cuando la gestin hizo crisis, salieron pitando; y, en lugar de hacer una autocrtica sincera reconociendo su oportunismo, optaron por llenar de improperios a Humala tildndolo de traidor. Y luego, varios de ellos, se pusieron a la cola de la Mafia para denigrar su gestin.

El Gobierno de Humala fue mediocre porque no aport nada destinado a encarar los retos que agobian an a la poblacin. Reformas pequeas y vagas, nunca pusieron en peligro el poder del capital financiero ni la oligarqua nativa. Pero ella, nunca se cur del susto y jur, desde un inicio, escarmentar a ese, y a cualquier modelo que pudiese surgir amenazando sus predios. Para atenuar esa ira, y cediendo a la presin de indecisos, y a requerimientos de una intelectualidad oportunista, Humala suscribi una carta de intencin mediante la cual asumi el compromiso de no afectar para nada el Poder de la clase dominante. Y cumpli.

Pero ya la arena estaba marcada. La guerra se inici desde el primer da, cuando el nuevo Mandatario jur su cargo honrando no la Constitucin del 93, sino la del 79, lo que fue considerado como una intolerable afrenta por Martha Chvez y sus aclitos, en el Congreso de la Repblica. Fue ese el punto de partida. Luego vendra la carga de los seiscientos.

En las condiciones actuales, a Ollanta Humala y a su esposa Nadie Heredia, se les ha acusado de todo: lavado de activos, receptacin de dinero ilegal, violacin de derechos humanos; han sido los cargas centrales, pero tambin se ha hablado hasta la saciedad de despilfarro, mal manejo de recursos del Estado, usurpacin de funciones y otros.

En pocas palaras, se ha buscado condenarlos por cualquier cosa. Para los de arriba, lo importante, siempre, fue ponerlos tras las rejas, como una manera de escarmentar a todos; y advertir a la ciudadana: as terminan, los que se atreven, aunque ese atrevimiento, se haya quedado slo en palabras, o intenciones, no importa: castigarlos igual.

Los procedimientos judiciales contra Humala se proyectan, pero aun no se han concretado. Las Comisiones Parlamentarias -copadas por la Mafia- han emitido dictmenes, pero el Poder Judicial, aun no ha dictado sentencias. Las investigaciones se procesan, pero aun estn en los prembulos. La prensa grande, sin embargo vino ya, desde hace un buen tiempo, exigiendo crcel para Humala.

Como se sabe, como secuela de la guerra sucia, en el Per hay 15,000 desaparecidos. Pero a un vociferante titular de la TV, le importa una higa el destino de 14,995 de ellos. Pone el grito en el cielo por los 5 de Madre Ma porque por ellos puede incriminar a Humala. Y cuando lo hace, pdicamente calla, por cierto que esos crmenes ocurridos en 1992, se produjeron cuando el Presidente de la Repblica era Alberto Fujimori quien, con Hermoza Ros y su Estado Mayor, disearon, e impusieron, una guerra de exterminio contra las poblaciones nativas. Contra ellos, nada; contra Humala, todo.

En el ao 2006, no era un delito recibir aportes en dinero del exterior para el efecto de campaas electorales. Todos lo recibieron -incluido Alan Garca, Keiko Fujimori y PPK-. Pero si eso ocurri con Humala, si es delito. Aun hoy hay quienes reciben fondos -incluidos de USAID, la agencia de la CIA para el desarrollo; pero eso, tampoco se castiga. As es la cosa.

Alejandro Toledo se fue del pas y se neg a volver, siendo requerido por la justicia. Alan Garca, vive en el exterior, y viene a pasar un fin de semana en Lima, sin que nadie hable de peligro de fuga. Keiko Fujimori hace de las suyas, no obstante que Marcelo Odebrech la sindica como receptora de activos. Tampoco eso, importa. Importa, Humala, s.

Despus de todo, el tema debiera servir de leccin: La clase dominante, no perdona. Aunque te inclines ante ella, aunque te dispongas a servirla dcilmente, aunque le saques bandera blanca y te rindas; igual. No perdona.

Algunos dirn la traicin no paga. Es cuestin de matices. Lo que importa, es el mensaje; que nadie se meta, ni en palabras, a discutir el poder de los que mandan, Cuando eso ocurra, carne pa los leones. No hay otra.


Gustavo Espinoza M., del Colectivo de Direccin de Nuestra Bandera. http://nuestrabandera.lamula.pe  

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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