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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2017

El Frente Amplio ante la refundacin democrtica del neoliberalismo

Miguel Urrutia F. y Gael Yeomans A.
Rebelin


Los 327 mil votos obtenidos por el Frente Amplio (FA) en las primarias chilenas del domingo 2 de julio (mismo da en que la seleccin chilena de ftbol jugaba la final de la copa Confederaciones con Alemania), ocasionaron, a lo menos, la inquietud de un gobierno que prevea no ms de 100 mil votos. No obstante, y dado que la votacin de la coalicin derechista Chile Vamos cuadruplic a la del FA, se ha querido proclamar la insignificancia de cualquier combate a esta derecha por fuera de la coalicin de gobierno. Dicha coalicin, llamada Nueva Mayora, no particip en estas primarias porque uno de sus partidos, la Democracia Cristiana, decidi que su precandidata llegue directamente a las elecciones presidenciales de noviembre.

Pensamos que los descartes apresurados del FA en favor de la gobernante Nueva Mayora, atestiguan no solo compromisos con una realidad chilena socialmente cuestionada, sino que olvidan un aspecto fundamental de la reciente historia de Chile.

Como alguna vez nos dijo un dirigente del partido en que uno de [email protected] milit durante la dictadura: hasta para arriesgar la vida de las direcciones al ingresarlas al pas, haba que contar con una maleta de dlares. Otro testimonio notable que obtuvimos indagando sobre violaciones a los DD.HH. nos refiri la cantidad de operaciones no declaradas por la DINA (primera polica poltica de la dictadura chilena) en contra de ayudistas de todos los partidos antidictatoriales que transportaban dinero en efectivo proveniente de la solidaridad mundial con la resistencia. Qu decir ms tarde, cuando esta solidaridad ya pudo fluir hacia instituciones polticamente asediadas y hasta policialmente reprimidas, pero financieramente establecidas.

Hacemos notar fehacientemente nuestra creencia de que, a lo menos hasta antes del plebiscito de 1988 en Chile, ninguna porcin importante de estos recursos termin en el bolsillo de algn protopoltico de la poca. Aun as, se marcaron dos formas de hacer poltica democrtica. La de las bases militantes; ms bien automovilizadas; y la de sus estructuras partidarias que sin duda aportaron organicidad al proceso poltico antidictatorial, pero que rpidamente se convertan en aparatos muy caros de mover.

El plebiscito de 1988, en el que, pese a perder, Pinochet obtuvo ms del 44% de los votos, implic que la solidaridad internacional aportara grandes recursos econmicos para el triunfo de la oposicin chilena. Esos recursos no solo se gastaron directamente en la campaa por el NO. Tambin reforzaron los aparatos y estructuras de algunas fuerzas antidictatoriales reunidas en la Concertacin de Partidos por la Democracia. Esta coalicin concluy desde entonces que, para mantener su ventaja electoral de solo 9 puntos porcentuales sobre el pinochetismo, requerira los mismos altos montos de recursos econmicos con que haba afrontado el plebiscito.

Lo anterior, considerado en sus aristas incluso personales, debe contarse entre los factores que decidieron el tipo de pacto poltico de la llamada Transicin chilena a la democracia, con la aceptacin de algunos amarres institucionales feroces en favor del pinochetismo. Menos explcitos fueron los amarres de financiamiento poltico a los que adscribi la Concertacin. Su convencida poltica de desmovilizacin de la sociedad civil, afectaba sin duda un tipo de despliegue electoral basado en el compromiso poltico de su propia militancia. Adems, la aceptacin del pacto transicional por parte de la Concertacin, inclua enfrentarse electoralmente a un sector generosamente financiado por el gran capital. Financiamiento que paulatinamente la Concertacin pudo disputar a partir de sus polticas en favor de las inversiones y de la subyacente acumulacin ampliada de capitales.

Todo eso ha estallado recientemente, con una precesin continua de escndalos tales como sobresueldos pagados a polticos en el gobierno para financiar campaas de sus correligionarios, o como las evidentes contraprestaciones entre partidos de la Concertacin y empresas privadas ejecutoras de obras para el Estado de Chile.

As, lo que resalta en la reciente campaa del FA para las elecciones primarias, es su reconexin con la poltica autogestionaria de la base militante, reemplazando las grandes sumas de dinero poltico, por trabajo gratuito. Tal vez a esto se deba que quienes han buscado menoscabar al FA desde la Nueva Mayora, pretendan reducir su caracterizacin a la de una fuerza poltica de profesionales econmicamente acomodados. Juicio tan ligero y abusivo, que tambin podra aplicarse al PC chileno si no se lo mirase ms all de su bancada parlamentaria.

Es sobre este fondo de historia poltica reciente que, sin ninguna euforia, los 327 mil votos del FA en primarias deben ser considerados como un xito fundamental y una primera victoria rotunda sobre la idea de que: sin arreglines de dinero, no se puede hacer poltica.

Ahora bien, nadie en el FA desconoce que l es apenas una parte de la corriente histrica que ha venido moviendo los lmites de lo posible en Chile; sin embargo, paso a paso, el FA ha propuesto un modo para materializar la expansin de esos lmites. De igual manera, las franjas ms extensas y activas del FA, se han comprometido a trascender el mero momento electoral, para contribuir decididamente a una sociedad en que sean los propios pueblos quienes desde su imaginacin econmica, cultural y poltica, instituyan los lazos de la produccin para el bienestar de sus miembros y de la vida en comn.

Esta posicin estratgica del FA se expresa tambin en que una parte importante de sus [email protected] pol[email protected] ha asumido que la posibilidad de una Democracia autntica, sin apellidos, ni letras chicas, se encuentra seria y terriblemente amenazada por la performance electoral de la derecha en primarias.

Segn diran sabios tan diversos como Thompson o Freire, hay que hacer la experiencia para aprender de ella. El Frente Amplio hizo la experiencia de estar all, donde esta derecha -acaso la ms dura y dogmtica del orbe- le cuadriplic cada uno sus laboriosos 327 mil votos. Dicha experiencia no da lugar a ninguna prelacin moral, sino que establece una obligacin para el FA de profundizar sus vnculos rigurosamente polticos con los movimientos sociales chilenos. Han sido las propuestas y las prcticas de estos movimientos las que han mostrado la viabilidad de una verdadera Democracia para Chile. En esa profundizacin de vnculos polticos deber proyectarse un gobierno encabezado por los sectores sociales transversalmente presentes en tales movimientos, es decir, aquella parte supernumeraria de la poblacin chilena que vive de su propio trabajo, sea ste manual, intelectual, de servicios o incluso de emprendimientos orientados a mercados especficos.

Razonablemente se pedir que ese proyecto del FA muestre su distancia con el de la Nueva Mayora. No obstante, en este punto, consideramos vital que el FA se haga cargo de una tarea anterior: demostrar que el carcter impresentable de la derecha chilena no es un calificativo moral, ni un mero accidente de debate provocado por las personalidades de sus precandidatos Ossandn y Piera, sino un enunciado estrictamente literal.

Lo que la derecha chilena no puede presentar, es que de consuno con el 1% ms rico del pas, han concluido que el modelo de economa social de mercado ya no puede ser administrado por la misma composicin de fuerzas. El FA ha aquilatado in situ y por golpiza que la derecha, como representante de ese 1% ms rico, no promueve ni participa en elecciones solamente para cooptar e institucionalizar fuerzas sociales rebeldes; si as fuera, lo mismo le dara ganar que perder. Hubo que estar all para reconocer el desbroce del campo que, mediante las primarias, oper la derecha. Para la derecha estas primarias son el hito clave de una refundacin del neoliberalismo en democracia, validando de paso la refundacin dictatorial del capitalismo chileno.

Hace bastante tiempo la derecha chilena comprendi que cancelar el proyecto latinoamericano de industrializacin y reemplazarlo por la comercializacin de materias primas en contexto de liberalizacin global, sera pan para ayer y hambre para hoy. Su actual desafo de refundacin neoliberal en democracia busca hacer gobernable el traspaso de los costos aqu implicados hacia la poblacin que vive de su trabajo. Un propsito que no obedece a la avaricia o maldad intrnseca del 1% ms rico, sino a una tica estructurada y estructurante que vincula dogmticamente cualquier recuperacin econmica, con gigantescos procesos de acumulacin de capital (por supuesto en manos de la gente [de] bien).

La breve experiencia orgnica del FA est situada entonces en el ojo poltico del cicln refundacional derechista. El FA sabe, por ejemplo, que un eventual gobierno con mayora parlamentaria del ganador de las primarias de la derecha, Sebastin Piera, constituira el necesario momento institucional de la refundacin.

Como tcito democratacristiano de derecha y miembro del 1% ms rico de Chile, Piera, tiene evidentes ventajas para alinear a los inversionistas de la regin y convencerlos de que la verdadera cosecha comenzar en un eventual siguiente gobierno de su coalicin (encabezado por Felipe Kast contendiente de Piera derrotado de antemano en las primarias - o un equivalente socialcristiano que podra provenir incluso de la derecha concertacionista).

Las franjas ms activas y extensas del Frente Amplio comprenden que, ms all de toda buena intencin, esa cosecha derechista consistir en traspasar masivamente los costos del estancamiento primario exportador a la poblacin chilena que vive de su trabajo. Estas mismas extensas franjas del Frente Amplio han sido las primeras en alertar sobre el dogmatismo neoclsico de Felipe Kast, dispuesto a calificar a Pinochet como dictador, con tal de colar su terrorfico libremercadismo: una concepcin lineal y mecanicista del desarrollo como una cola de problemas sociales donde los actores se forman disciplinadamente. No es extrao que en este componente de la refundacin neoliberal -recientemente saludado por la candidata democratacristiana de la Nueva Mayora- la cola deba ser encabezada por los nios, beneficiarios primeros de todos los disciplinamientos desplegados en la historia de Chile.

La contienda de primarias adems ha enseado al FA -y ojal a otras muchas fuerzas y analistas polticos- que la derecha refundacional es heredera del rin pinochetista: su odio mortal contra toda forma colectivista o comunitaria capaz de desactivar las lgicas inherentemente patriarcales del mando capitalista. Esta adhesin a las bases del pinochetismo y a la historia del patriciado es, por ejemplo, lo que permite a Kast acoplar los dos extremismos histricos de la oligarqua chilena: el conservadurismo y el libremercadismo, indisolublemente vinculados por el patriarcado capitalista. De ah que en su concepcin del desarrollo social, la figura del cigoto-embrin, como supuesta vida amenazada por la libertad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos, resulte tan capital. En el cigoto-embrin la derecha encuentra efectivamente la manifestacin ms elevada de su concepto de individuo: una existencia que no requiere ninguna comunin con el mundo, ni siquiera con la mujer que Dios habra decidido sea su madre (la derecha chilena ha planteado sin ambages que premiar a los que no marchan, protestan, se sindicalizan u organizan para luchar colectivamente por su bienestar).

Para la recalcitrante oligarqua representada por la derecha chilena en las recientes elecciones primarias, la nica comunidad vlida es la producida por el modelo eucarstico (falo-sacerdotal, jerrquico y sacrificial). Es el mismo tipo de comunidad patriarcal que la derecha propone para administrar el trabajo asalariado en la empresa capitalista. En vez de una comunidad cooperante de productoras y productores en cuerpo presente, la derecha ve una comunidad cuyo valor se establece en un lugar diferente al del puesto de trabajo y al del uso concreto de los bienes producidos. Una comunidad de sacrificios competitivos cuyos valores justos se establecen en un lugar abstracto y celestial: el mercado.

As, despus de las grandes movilizaciones sociales de los ltimos 12 aos, la derecha, que incluye a una parte matizada pero extensa de la Nueva Mayora ausente de las primarias, promueve una imagen de las trabajadoras y trabajadores como aquella clase media sacrificada que no quiere nada gratis, ni para s, ni mucho menos para los dems, incluidas las personas jubiladas. Y, por favor, tngase en cuenta que solo se elogia a la gente sacrificada, si en algn punto se la ha considerado sacrificable. Ergo, la refundacin neoliberal en democracia busca que quienes viven de su trabajo se comporten como una clase sacrificable para que la economa chilena vuelva a ser competitiva.

Las izquierdas sociales y orgnicas que desde otras alturas juzgan las decenas de trastabillones dados por las revolucionarias y revolucionarios en el FA, deben a lo menos hacerse cargo de que la violencia sacrificial del 1% ms rico, incluye el objetivo estratgico de ganar elecciones populares a todo nivel. Los dispositivos, especialmente mediticos, para la insegurizacin y fascistizacin machista, clasista y racista de la vida cotidiana, tambin se orientan a esas victorias electorales; del mismo modo que, en un nivel tecnocrtico, lo hacen ciertas formulaciones macroeconmicas, tan elegantes y sofisticadas, como necias y tautolgicas. Sobrepasar estos dispositivos en el punto de las elecciones populares, es apenas una de las tareas polticas libertarias, pero una tarea impostergable y con especificidades concretas.

Con todo esto, cabe analizar la victoria de Beatriz Snchez en las primarias del FA, como algo ms que una diferencia de recursos orgnicos respecto a la campaa de Alberto Mayol. Precisamente por la contundencia intelectual de este ltimo, es que cabe preguntarse cunto pes el feminismo de la candidata ganadora; pero no como simple proclama, sino como interpelacin compleja ms all de lo intelectual argumentativo- al orden profundamente sacrificial que hemos descrito en esta columna.

Entonces hablamos del feminismo no como otro centro de conflictividad separado de la explotacin laboral, sino como una superficie en la que se palpa el intolerable sinsentido del sacrificio que quiere endosarnos la derecha. Porque en esa superficie lo que se siente, ms bien, es la potencia del trabajo vivo, su capacidad para sacar a poblaciones de la pobreza, para expandir servicios, para acercar consumos bsicos, y realizar algunos sueos familiares. Una superficie que sugiere otra forma de pasar a la ofensiva, de medir la ruptura no meramente por el carcter ms o menos exaltado de las demandas y los mtodos de lucha, sino por el desplazamiento radical en las formas de disputar y ejercer el poder, sin prescindir, ni tampoco depender de la representacin. Pues, en efecto, para el FA es evidente, mas no desalentador, que el feminismo de Beatriz Snchez no represent a los pueblos de Chile en esta eleccin primaria, ni tampoco a todos los sectores polticos colocados de parte del trabajo y en contra de los abusadores. Sin embargo, ha permitido comprender que esta refundacin neoliberal no est tan preocupada de contender con el progresismo, el socialismo del siglo XXI, o la insurgencia encapuchada, sino que se prepara para aprovechar las contraposiciones de todas estas fuerzas, en funcin de redisciplinar a la clase trabajadora chilena para que acepte sobrellevar los costos del estancamiento y la crisis primario exportadora.

Qu poltica puede hacer el FA con estos datos que ha obtenido en el terreno? Eso ser materia para una siguiente columna, no sin antes dejar una piedra en su camino: el FA debe su existencia y sentido poltico a movimientos sociales que, a todas luces, se han configurado de un modo diferente al antiguo movimiento obrero puede entonces el FA asignarle al trabajo una nueva centralidad poltica en la que el feminismo juegue un papel fundamental? Parte de la respuesta ya est dada por los descubrimientos del FA respecto de la refundacin neoliberal. Falta hacer el anlisis especficamente poltico de la contienda que dicha refundacin plantea.



Miguel Urrutia F.: Doctor en Sociologa por la Universidad de Lovaina, Blgica . Acadmico del Depto. de Sociologa de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Militante de Izquierda Libertaria.

 

Gael Yeomans A.: Egresada de Derecho de la Universidad de Chile. Candidata a diputada por el Frente Amplio en el distrito 13. Primera Secretaria de Izquierda Libertaria.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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