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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2017

Las deudas abiertas de Hamburgo

Alberto Acosta
Rebelin


Compromisos en extremo generales, con muy escaso contenido concreto, caracterizan la declaracin de clausura de la cumbre del G-20 en Hamburgo. Ms all de las tradicionales lecturas y anlisis sobre los resultados obtenidos, que arrancaron apenas se despidieron los gobernantes de los pases ms poderosos del mundo, qued absolutamente claro que en algunos puntos no se avanz nada y en otros los problemas fueron ignorados olmpicamente.

En el tema de los acuerdos ambientales de Pars, los EEUU mantuvieron su posicin y el cuestionado gobernante turco anticip que su parlamento no ratificara dichos acuerdos. Esto es lamentable para la Humanidad. Lo que se logr en la capital francesa a fines del 2015 era muy tibio. Lo que impulsa Donald Trump es grave: no solo ms de lo mismo, sino ms de lo peor

Otro asunto es el relativo al endeudamiento externo. Esta cuestin afecta crticamente a 116 pases en todo el mundo, como se desprende del informe anual de la organizacin alemana erlassjahr.de. Una situacin que se explica sobre todo por el sistema imperante, que ha transformado histricamente a la deuda externa en una herramienta de dominacin de las grandes potencias. Es lamentable que en este punto, cuando pareca haber algunos avances en la pasada reunin de ministros de finanzas del G-20 tambin en Alemania, en la ciudad hansetica ya no se dijo nada. Recordemos que en marzo del presente ao, en el conocido casino de Baden-Baden, los ministros de finanzas hablaron de un esquema referencial: Operational Guidelines for Sustainable Finance, que se esperaba servira para normar de alguna manera la concesin de crditos.

A la final de tanta palabrera en la cumbre organizada por la canciller Angela Merkel sabemos que los problemas no solo que seguirn siendo los mismos, sino que, con seguridad, aumentarn. Aceptmoslo, junto a la deuda externa financiera, emergen y se consolidan otras deudas, tambin externas: las deudas social y ecolgica. Y todas esas deudas demandan nuevas y creativas luchas democrticas, al margen de la sinrazn destructora de unos cuantos que con su miopa alimentan y hasta dan pbulo para que se justifique la violencia estatal en todas sus formas.

Conocemos la miseria y la pobreza que provocan las crisis de la deuda financiera externa y lo que ocasionan las polticas fondomonetaristas para intentar -casi siempre intilmente- resolverlas. Esos impactos sociales configuran una enorme deuda social, en la que los acreedores de la deuda financiera son los deudores de la deuda social. A la par, las grandes potencias econmicas deberan asumir su corresponsabilidad por los destrozos provocados a la Naturaleza, en otras palabras deben aceptar y pagar su deuda ecolgica.

No se trata simplemente de una deuda climtica. La deuda ecolgica encuentra sus primeros orgenes con la expoliacin colonial que empez con la extraccin de recursos minerales en Potosi o con la tala masiva de los bosques naturales, por ejemplo, se proyecta tanto en el intercambio ecolgicamente desigual, como en la ocupacin gratuita del espacio ambiental de los pases empobrecidos por efecto del estilo de vida depredador de los pases industrializados.

Aqu cabe incorporar las presiones provocadas sobre el medio ambiente a travs de las exportaciones de recursos naturales normalmente mal pagadas y que tampoco asumen la prdida de nutrientes y de la biodiversidad, para mencionar otro ejemplo provenientes de los pases subdesarrollados, exacerbadas por los crecientes requerimientos que se derivan de la aperturismo comercial a ultranza y por el servicio de la propia deuda externa financiera. La deuda ecolgica crece, tambin, desde otra vertiente interrelacionada con la anterior, en la medida que los pases ms ricos han superado largamente sus equilibrios ambientales nacionales, al transferir directa o indirectamente contaminacin   (residuos o emisiones) a otras regiones sin asumir pago alguno.

A todo lo anterior habra que aadir la biopiratera, impulsada por varias corporaciones transnacionales que patentan en sus pases de origen una serie de plantas y conocimientos indgenas. En esta lnea de reflexin tambin caben los daos que se provocan a la Naturaleza y a las comunidades, sobre todo campesina, con las semillas genticamente modificadas, para mencionar otro ejemplo. Por eso bien podramos afirmar que no solo hay un intercambio comercial y financieramente desigual, sino que tambin se registra un intercambio ecolgicamente desigual, que resulta desequilibrado y desequilibrador.

La crisis provocada por la superacin de los lmites de la Naturaleza nos conlleva necesariamente a cuestionar la institucionalidad y la organizacin sociopoltica. Tengamos presente que, en la crisis ecolgica no solo se sobrecargan, distorsionan agotan los recursos del ecosistema, sino tambin los sistemas de funcionamiento social, o, dicho de otra manera: se exige demasiado de las formas institucionalizadas de regulacin social; la sociedad se convierte en un riesgo ecolgico (Egon Becker). Este riesgo amplifica las tendencias excluyentes y autoritarias, as como las desigualdades e inequidades tan propias del sistema capitalista.

Ante estos retos, la tarea radica en el conocimiento de las verdaderas dimensiones de la sustentabilidad y en asumir la capacidad de la Naturaleza de soportar perturbaciones, que no pueden subordinarse a demandas antropocntricas. Una nueva tica para organizar la vida misma es cada vez ms necesaria. Se precisa reconocer que el desarrollo y el progreso convencional nos conducen por un camino sin salida. Los lmites de la Naturaleza, particularmente exacerbados por las demandas de acumulacin del capital, estn siendo superados de manera acelerada.

La labor parece simple, pero es en extremo compleja. En lugar de mantener el divorcio entre la Naturaleza y el ser humano, hay que propiciar su reencuentro, algo as como intentar atar el nudo gordiano roto por la fuerza de una concepcin de vida depredadora y por cierto intolerable, especialmente desde la implantacin de patrones civilizatorios de corte patriarcal.

La economa debe subordinarse a las demandas de la sociedad y de la ecologa. El ser humano antes que el capital, implica, a la vez, que el ser humando debe vivir en armona con la Naturaleza. Por una razn muy simple, la Naturaleza establece los lmites y alcances de la sustentabilidad y la capacidad que poseen los sistemas para auto regenerarse, de las que dependen las actividades productivas y sociales. Es decir, que si destruye la Naturaleza se destruye la base de la economa y de la sociedad misma.

Escribir ese cambio histrico, es decir el paso de una concepcin antropocntrica a una socio-biocntrica (en realidad se trata de una trama de relaciones armoniosas vacas de todo centro), es el mayor reto de la Humanidad. Un reto que no ser enfrentado por el G-20, que configura una suerte de gobierno global de los poderosos interesados en defender sus privilegios, un gobierno legitimado exclusivamente por el poder de unas pocas naciones.

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Exministro de Energa y Minas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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