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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2017

Cuba entre opciones

Luis Toledo Sande
La Jiribilla


Se cuenta que hace diez aos, o algo ms, un reconocido profesor universitario de Historia, encargado de aplicar a jvenes aspirantes a estudiar esa disciplina la entrevista de ingreso a la Facultad habanera donde se cursa, le pidi a uno de ellos que valorase el anexionismo, y el entrevistado respondi: Tal vez deberamos probar ese camino, porque por los otros no han venido los frutos deseados.

Formado en una Cuba donde a la inmensa mayora del pueblo la beneficiaron los logros de una Revolucin que puso al pas en el centro de miras del mundo, para el joven, probablemente sin una buena informacin, esa realidad parecera tan natural que no mereca ser tomada en cuenta. Pero no vera de igual modo las carencias que en medio de expectativas sin precedentes han dado pie a una vida cotidiana distante de la que la poblacin merece y la direccin revolucionaria se haba planteado propiciarle.

Que por diversas razones la anexin carezca de camino, no basta para menospreciar el efecto que el anexionismo tuvo, y pudiera an hoy tener, al generar en algunos la ilusin de que vala la pena zafarse de Espaa aunque fuera para quedar bajo el poder de los Estados Unidos. La vanguardia revolucionaria necesit combatir de diversos modos maniobras anexionistas y autonomistas. Convencido de que Cuba deba ser libre de Espaa y de los Estados Unidos, en su brega organizativa y suasoria Jos Mart sintetiz la experiencia precedente y puso en tensin un decir que fue parte de su hacer.

Se pronunci asiduamente contra autonomistas y anexionistas. Desconocerlo se explicara por un conocimiento escaso o nulo de su obra, o por el deseo de que hoy no se combata lo heredado de aquellas tendencias. A manera de clmax, no aisladamente, en su discurso del 26 de noviembre de 1891 Mart sintetiz su proyecto unitario basado en el plan de fundar una repblica con todos, y para el bien de todos; pero saba que de ese ideal se autoexcluan las fuerzas opuestas a la revolucin emancipadora, y lo expuso tambin con claridad no solo en ese texto.

Hasta que el independentismo se afianz como la opcin representativa y gua de la patria, no tanto quizs las cpulas de aquellas tendencias, pero s sus seguidores de filas, podan ser honrados al resignarse con la idea de que la anexin o una relativa autonoma eran ventajas suficientes para Cuba. Al estudiante de marras haba derecho a pedirle que valorase las grandes realizaciones del pas y que, sin soslayar ineficiencias y errores internos, al considerar las frustraciones tuviera en cuenta los hechos militares y terroristas y el frreo bloqueo con que le ha causado a Cuba graves estragos el imperio que desde el siglo XIX ha tenido el apoyo de anexionistas y de autonomistas.

Pero, si aquel joven poda ver las realizaciones del pas como naturales, el bloqueo, de tan establecido, y de tan santificado por medios dominantes, acaso no lo tendra ni presente, o no le reconocera fuerza bastante para ser tan nocivo como ha sido para Cuba. Hasta quizs creera que era un pretexto de esta para justificar sus errores.

Cabra tal vez relacionar la respuesta del joven, por descabellada que se estime o sea, con insatisfacciones que perduran tras dcadas de programa revolucionario. Si a este lo ha signado el fin de construir una sociedad socialista, el capitalismo en general, ms que en particular la opcin anexionista aunque sea inseparable de l, puede en algunos generar la ilusin de que ese sistema, con siglos campeando en el planeta, tiene lecciones que dar para transformar el pas, o hasta ser el camino para conseguirlo.

Con su currculo de negocios, y con poderosos medios (des)informativos a su servicio, el capitalismo ha logrado que para muchos su imagen sea la de los millonarios de Londres, Pars o Nueva York, ni siquiera la de los pobres del Reino Unido, Francia o los Estados Unidos. Para no hablar de Burundi, Burkina Faso o Hait.

Ha conseguido que se consideren exclusivamente suyos logros bsicos de la humanidad, no digamos ya los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, y en general los derechos humanos que la burguesa en ascenso capitaliz desconociendo a los humildes que la siguieron en la lucha. Tambin pasan como patrimonio suyo la puntualidad, la eficiencia econmica, la disciplina social y otras virtudes colectivas apetecibles, sin las cuales no habr proyecto poltico ni social que pueda sostenerse con eficacia y prosperidad.

Los esclavos de cualquier poca podan faltar al trabajo cuando queran y desobedecer al amo sin exponerse al castigo fsico? Era dable a los siervos ignorar que tenan que acatar la voluntad del seor feudal o morir de hambre? El capitalismo sustituy cepo y ltigo, y seoro, por salario e hipotecas. Cuando avanz la tecnologa y tras largas luchas se generaliz la jornada de ocho horas, logr que la plusvala se concentrara con mayor provecho para l que en jornadas ms largas. Aun as, no siempre ni en todas partes se ha acatado la conquista de las ocho horas, violada incluso a golpe de leyes.

Eso no debe olvidarse en parte alguna del mundo, ni siquiera en Cuba, donde hoy, en medio del crecimiento de la propiedad privada, parece que algunos dueos olvidan lo que signific aquella conquista para los trabajadores. Urge mantener la orientacin justiciera, aunque algunos de estos disfruten perder sus derechos a cambio de salarios ms altos que los que la administracin estatal ha estado en condiciones o ha sido capaz de propiciarles a quienes, al laborar en el mbito con que ella est centralmente responsabilizada, garantizan el predominio del modo de produccin socialista.

Dar por sentado que la eficiencia y el orden son patrimonio exclusivo del capitalismo es una manera vigorosa de rendirle culto a ese sistema. Resulta cuando menos curioso que algunos se muestren ms que nunca apasionados citadores de Lenin y del Che al recordar que ambos, como seres inteligentes que eran, comprendieron que los afanes socialistas deban aprender de cuantas experiencias humanas les fueran tiles, incluidas las del largo y contemporneo capitalismo. Pero a menudo no recuerdan con igual pasin que ambos insistieron en la necesidad de que, si se trataba de edificar el socialismo, no se deba incurrir en el riesgo de perder la orientacin necesaria para ello.

No estar de ms recordar tambin que Lenin no dirigi una realidad ejemplar, idlica, sino la cruda de un territorio poco desarrollado y con no pocos rasgos de modo de produccin asitico, lo que cabra asimismo decir de otros intentos de real o sedicente construccin socialista. En cuanto a poner juntos en el mismo saco de opciones a Lenin y al Che, parece impreciso, o ms, desconocer las crticas del segundo a la Nueva Poltica Econmica (NEP), diseada con la gua del primero.

Se sabe que lo trazado por Lenin se incumpli en gran medida despus de su muerte, aunque no siempre fuera por actos de mala fe y traiciones. Cuntense tambin las posibilidades permitidas por la terca realidad. Pero no es necesario negarle la sal y el agua al capitalismo para considerar injusto atribuir a Lenin o al Che el olvido de que ese sistema tiene al menos un gran defecto: se sustenta sobre la injusticia social, por la que a toda costa la minora acumula millones de millones, norma inmoral que dicho sistema cuida para seguir existiendo. Aquellos dos revolucionarios no perdieron de vista que la mayor virtud con que est responsabilizado el socialismo es la bsqueda de la equidad social sobre bases econmicas y ticas democrticas, y siempre que descuida esa orientacin lo paga caro. De poco suelen valer las autocrticas, y menos si son tardas.

Para Cuba el ideal de la equidad precedi al proyecto socialista, que sera irresponsable explicar como un mero saldo oportunista de la hostilidad imperial y la ayuda sovitica. Idelogo y dirigente de un frente de liberacin nacional, Mart aport una tica iluminadora incluso para el socialismo por construirse. En Nuestra Amrica, ensayo de 1891, seal como raz de las frustraciones de la independencia latinoamericana el no haber hecho con los oprimidos [] causa comn para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hbitos de mando de los opresores. Ya en Versos sencillos haba expresado: Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar.

Si en el artculo titulado precisamente Los pobres de la tierra, y publicado en Patria el 24 de octubre de 1894, sostuvo que a la repblica por la que se luchaba nadie poda llevar moldes o frenos, tambin elogi en primer trmino el aporte de los trabajadores a la patria, ingrata acaso, que abandonan al sacrificio de los humildes los que maana querrn, astutos, sentarse sobre ellos. Desde su personal honradez les dijo a los pobres: Spanlo al menos: no trabajan para traidores, y ya antes, previendo que la independencia poda ser insuficiente para alcanzar la equidad necesaria y justa, en Vengo a darte patria!, aparecido en el mismo peridico el 14 de marzo de 1893, haba declarado: Volver a haber, en Cuba y en Puerto Rico, hombres que mueran puramente, sin mancha de inters, en la defensa del derecho de los dems hombres.

Ni siquiera por la ardua bsqueda de la unidad necesaria renunci Mart a exponer los ideales con que conceba una independencia inseparable de la justicia social, ni a librar la lucha de pensamiento requerida en el seno del propio independentismo. Hoy, la Revolucin que lo ha reconocido como su autor intelectual est llamada a no disimular ni ocultar el alcance limitado de determinadas medidas que necesite poner en prctica. Mucho menos an ha de renunciar a defender el alcance justiciero mayor que debe tener como gua, lo que implica batallas cotidianas.

Ambrosio Fornet, quien ha contribuido a esclarecer qu fue la realidad calificada por l como quinquenio gris, y ha refutado por igual a plattistas y platistas ya sean unos y otros los mismos o primos putativos se ha referido al hecho de que, para salvar en las actuales circunstancias un proyecto socialista, Cuba necesitar aplicar prcticas consideradas propias del capitalismo. Pero tambin se ha preguntado cuntas, hasta qu punto y de qu modo le ser factible asumirlas sin dejar de ser socialista. Tal es el ser o no ser de la Revolucin Cubana, segn el articulista le oy a Fornet sostener en la Casa de las Amricas, en un panel presenciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Fornet no propuso un cartabn terico, dogmtico, sino una tabla de sentido comn y, por tanto, extraordinario. Cuba tendr que seguir actuando en un entorno regido por el podero imperialista y, para ella en particular, por un bloqueo que no cesa y, si cesara, no sera precisamente para facilitarle su existencia socialista, sino para torcrsela. Debe Cuba, pues, hilar fino, y sin demoras se podrn necesitar pausas y replanteamientos, y mxima cautela, pero demoras excesivas le resultaran fatales, en pos de una economa solvente y una vida cotidiana amable, con una prosperidad signada por una tica profunda, inseparable de la equidad, la justicia y la democracia.

En su pueblo hay luz y capacidad de esfuerzo bastantes para enfrentar desafos, pero esa luz y esa capacidad son un tesoro que sera intil guardado en arcas bajo llave, y se dilapidara en esperas y tanteos de ciego. El concepto de Revolucin legado por su lder est para usarlo bien, no para citarlo cansonamente sin buenos resultados. La fuente de enseanzas concretas puede hallarse en todo el mundo, pero no podr olvidarse que el tronco de la Repblica es y debe estar en su historia y sus caminos, y en sus recursos.

Para deslumbramientos habr siempre ocasiones e imgenes. A una abuela le cabr sentirse dichosa de que su nieta preferida haya cazado a un sueco y se haya ido a hacerse la sueca. En un ejemplo concreto llegado al articulista, la abuela comenta cun agradecida se siente de las remesas que le enva la nieta, y cunto desea que Cuba finalmente se convirtiera en la Suecia de Amrica. Otro miembro de la familia, jocoso, criollo de raz, le respondi: Abuela, t quieres que Cuba se suecide?

Tela hay para cortar. Solo falta que, en nombre de la libertad de expresin, no se llegue a suponer que el derecho a manifestarse les pertenece nada ms a los partidarios del capitalismo y sus lecciones sacrosantas, mientras que a los defensores del socialismo les toca guardar silencio. Asoman indicios de que hay quienes estiman necesaria una cruzada de pensamiento y bytes contra la idea socialista y el correspondiente propsito de que cada vez menos jvenes o no jvenes crean valedero decir: Debemos probar la opcin del capitalismo, porque la otra no ha trado los frutos deseados.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/cuba-entre-opciones



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