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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-07-2017

Respuesta a Pau Llonch
La abstracta independencia de Catalua

Alberto Garzn
Pblico.es


Por qu razn se pregunt el seor K me convert por un instante en un nacionalista? Porque me top con un nacionalista

(Bertolt Brecht)


Recientemente, el compaero Pau Llonch, militante de las CUP y miembro del Seminari de Economa Crtica Taifa, ha escrito una misiva pblica dirigida a mi persona con objeto de debatir la llamada cuestin catalana. El origen de la disputa pblica se encuentra en el posicionamiento pblico de IU de no participar en el referndum que tendr lugar el 1 de Octubre, algo que Pau Llonch considera una colosal decepcin. Procedo a valorar sus argumentos.

En primer lugar, sobre las citas de autoridad . En el marco de la discusin original en redes, Llonch me cit una posicin de Lenin sobre el derecho de autodeterminacin que, de aceptarse tal cual, pondra de manifiesto que aquellas personas pertenecientes a la escuela marxista tendran que apoyar los deseos de independencia de cualquier pueblo. Eso sera as siempre que se cumplieran dos precondiciones: que existiera tal cosa como una escuela marxista, homognea y atemporal, y que la interpretacin de Lenin fuera la cannica. En mi caso, siempre he sido renuente a leer a los clsicos como si fueran portadores de la verdad y a sus textos como si fueran escrituras sagradas. De ah que recurriera, paradjicamente, a la definicin de marxismo que hizo el propio Lenin: anlisis concreto de la realidad concreta. Sobre esta cuestin mi opinin es coincidente con la de uno de los mejores marxistas que hemos tenido, Francisco Fernndez Buey, quien recomend leer a los clsicos no a la bsqueda de la cita interesada sino como inspiradores de una plural y heterognea tradicin poltica, siempre abierta al contexto y al momento histrico. De lo contrario corremos el riesgo de interpretar la cita de Marx que encabeza el artculo de Llonch, as como su posicin sobre Escocia o Irlanda, como si no estuviera inscrita en un singular contexto histrico. Y la realidad es que nuestros clsicos tambin tenan contradicciones. Quin no recuerda la posicin de Marx sobre la brutal colonizacin de la India por Inglaterra, pas este ltimo al que otorg nada ms y nada menos que la definicin de instrumento inconsciente de la historia? Nuestro querido viejo Engels justific tambin la guerra de conquista llevada a cabo por los estadounidenses contra los mexicanos preguntndose retricamente si acaso era una desgracia que la soberbia California sea arrebatada a los holgazanes mexicanos, que no saban qu hacer con ella?. Y qu decir de la II Internacional, internacionalista de boquilla en trminos europeos y colonialista a tiempos iguales, y que en su V Congreso reconoci el derecho de los habitantes de los pases civilizados a establecerse en pases cuya poblacin se halla en estadios inferiores de desarrollo. En suma, mejor el anlisis concreto de la situacin concreta que la lectura escolstica del marxismo.

En segundo lugar, sobre el mtodo . Llonch acusa a mi anlisis de quedarse en la abstraccin, a diferencia del suyo que estara interpelando a realidades concretas. En breve, lo que l arguye es que yo defiendo el no a la independencia a partir de un hilo deductivo que excluye el detalle, algo que determina fatalmente el resultado. Por ejemplo, yo estara hablando de la burguesa pero sin profundizar en sus divisiones. Pero esta es una percepcin errnea de mi forma de trabajar. No en vano, ambos y todos- utilizamos categoras abstractas (clase, nacin, partido, burguesa, independencia) que se construyen inspiradas por una determinada concepcin del mundo, que adems, dicho sea de paso, en este caso es prima hermana la una de la otra. Lo que cambia es el peso explicativo que se otorgan a las diferentes categoras y la forma de articularse entre ellas. Llonch no habla de realidades ms concretas sino que articula de forma diferente sus categoras abstractas. Otra cosa es, y me temo que aqu est la confusin, que l otorgue a la estrategia independentista una esperanza materializable ms a corto plazo, en comparacin que cualquier otra. En efecto, l llega a decir que la estrategia independentista es una potencialidad concreta mientras que la nuestra, tericamente, es una alternativa abstracta. Esto es una hiptesis legtima pero no tiene nada que ver con el mtodo analtico. En definitiva, no se trata de que mis anlisis sean ms abstractos y los de Llonch no lo sean; se trata de que nuestras perspectivas e instrumentos de anlisis difieren, y con ello las conclusiones polticas.

En tercer lugar, hablemos de la categora nacin . Como materialista no dogmtico que soy, parto de la base de que las naciones son construcciones sociales. O, como explica el historiador marxista Benedict Anderson, son comunidades imaginadas. Ser espaol, ser cataln o ser francs es parte del mbito de las creencias, las cuales se crean y desarrollan histricamente. Circunstancias externas histricas y contingentes y desarrollos personales vitales estn implicados en la consolidacin o destruccin de esas mismas creencias. Pero sobre las creencias no se hace ciencia, sino poltica. Por lo tanto yo no discuto a quien se siente cataln o espaol sobre la base del sentido objetivo que eso tendra, sino sobre su capacidad de mediacin respecto a los objetivos, sean stos el socialismo o la simple mejora de las condiciones de vida. Por eso es absurdo meter a todos los nacionalismos en el mismo saco. El nacionalismo imperialista de la Alemania de 1914 o el nacionalcatolicismo de la Espaa franquista son incomparables con el nacionalismo de liberacin nacional de los pueblos latinoamericanos o el de las luchas anticoloniales de mediados del siglo pasado. De este argumento podemos obtener una primera conclusin: el derecho de autodeterminacin no es un fin en s mismo. Ser independentista, a mi juicio, tampoco. Depende de la realidad concreta.

En cuarto lugar, los pueblos tambin son construcciones sociales . Esto quiere decir que su reconocimiento como existencia es un acto poltico. Un acto que ha de estar fundamentado. Yo, por ejemplo, reconozco al pueblo cataln. Un pueblo con instituciones propias lengua, cultura, normas, etc.- cuyas races que se encuentran, por cierto, ms all de 1713; y si no, que le hubieran preguntado a Felipe IV a mitad del siglo XVII. El pueblo cataln se ha ido construyendo a partir de, como deca, trayectorias histricas. Sin duda, el hecho de que en Espaa gobernara durante tanto tiempo la dinasta de los Austrias y no la de los Borbones influy de forma notoria en el desarrollo del pueblo cataln. Pero en este punto cabe recordar que la burguesa es responsable de construir el Estado, pero no de construir los pueblos. Hay un pueblo cataln de los de abajo y hay un pueblo cataln de los de arriba; hay un pueblo que se referencia ms en la semana trgica de 1909 o en la defensa de Barcelona durante la guerra civil que en el espritu de Francisco Camb, por ejemplo.

En quinto lugar, el reconocimiento del derecho de autodeterminacin es un principio bsico para los marxistas . Como deca Manuel Sacristn, ningn problema nacional tiene solucin si no parte de una situacin de autodeterminacin. Aunque los pueblos y naciones sean construcciones sociales, operan en la realidad como si fueran entes objetivos y en consecuencia sus actividades producen efectos reales. Cuando los pueblos entran en conflicto entre s, cualesquiera que sean las causas, la nica va de resolucin habra de ser el dilogo y la negociacin. Otorgando la misma condicin abstracta a nacionalismo espaol y nacionalismo cataln, no cabe tomar partido de antemano por ninguno de los dos. He aqu la vena libertaria que subyace a todo planteamiento que conduce a la expresin los proletarios no tienen patria. Cabe, por el contrario, ser conscientes de que es posible abrir cauces institucionales para resolver el conflicto real. El mejor cauce institucional es el reconocimiento del derecho de autodeterminacin, lo que implica que cualquier proceso de dilogo entre pueblos obsrvese que hablo de pueblos, y no de Rajoy- ha de incorporar ese mecanismo especfico.

En sexto lugar, es compatible la defensa del derecho de autodeterminacin con la defensa de un modelo federal . Dado que el derecho a autodeterminacin no est fundado en la creencia de que un pueblo cualquiera ha de ser independiente, sino en principios democrticos y prcticos como los precedentes, es compatible con defender un Estado federal. Esto no es otra cosa que defender la convivencia entre los pueblos en el marco de unas instituciones comunes, idealmente fundadas en principios de fraternidad y autogobierno. Esa fraternidad, como explica de forma genial Antoni Domenech, procede de la tradicin republicano-socialista y es la que inspira, entre otras cosas, el internacionalismo. Un Estado federal que reconozca a los pueblos y naciones de Espaa y que no los enfrente, es una aspiracin hermosa. Y tambin posible.

En sptimo lugar, es posible no ser independentista antes? Lo que plantea Llonch es que dada la realidad de un Estado autoritario en Espaa, es imposible ser federalista sin ser antes independentista. Algo as como: me gustara ser federalista pero no me dejan. Este argumento tiene una parte de verdad, y es la que se refiere al carcter obcecado y autoritario del Estado espaol y de sus dos principales partidos, PP y PSOE. Su posicin poltica ha cercenado las posibilidades de habilitar, hasta ahora, cauces institucionales adecuados como el referndum. Pero el crecimiento del voto independentista en los ltimos aos no obedece nicamente a esta causa. Hay, de forma notable, una canalizacin populista de la frustracin popular ante la crisis y el capitalismo. Dicho de otra forma: la independencia ha sido presentada tambin no como el derecho democrtico del pueblo cataln sino como la solucin a males econmicos y sociales padecidos individualmente. La derecha catalana fue la primera en ver que las banderas son cobijos interesantes en tiempos de crisis. Aunque ahora no se destile el corpus argumental del Espaa nos roba -cmo iba a hacerlo, con argumento tan necio-, hay sin duda un trasfondo econmico, espoleado por la propia derecha catalana, que entiende como lastre la mera existencia de nexos con zonas menos desarrolladas del Estado. Aun as, la cuestin sigue vigente: es posible ser federalista en Catalua? A tenor de la pregunta del 1-O, desde luego que no. Esto es llamativo, pues de hecho es una diferencia con el 9-N. Qu habra de votar una persona no nacionalista o independentista, espaola o catalana, el 1 de octubre? Sencillamente, no puede. Dicho de otra forma: el marco constituido por los promotores del 1-O hace imposible que la sociedad catalana pueda expresarse en su totalidad. En suma, el proceso carece de las garantas suficientes.

En octavo lugar, las garantas van ms all de la legalidad . Cuando decimos que el proceso no tiene garantas no nos referimos a su legalidad, cmo si acaso nos pareciera prioritario el respeto al Rgimen del 78, sino a su utilidad como mecanismo de resolucin del conflicto. No es slo que la opcin federalista est neutralizada, cosa destacable, sino que adems en tanto que el proceso ha sido dirigido ms como arma poltica que como instrumento para canalizar el conflicto, no da la sensacin de que pueda contribuir a solucionar nada. Las disputas en el seno del Govern, vinculadas al cmo hacer el referndum, parece abundar en esta idea: pocos se creen que esto vaya a ser til. En todo caso es una demostracin de fuerza, legtima, pero inservible. La garanta consiste en que cuando el pueblo cataln sea consultado, ste pueda expresar de forma clara y ntida, y tras un debate serio y riguroso, su opinin. El derecho de autodeterminacin es clarificador, en efecto, y por eso lo defendemos. Pero para que pueda ejercerse con garantas no puede ser como el propuesto el 1-O. Aquellas personas que, compartiendo mis tesis, quieran votar por la ruptura con el Rgimen del 78 sin votar por la independencia tienen que tener su espacio propio; y eso no sucede actualmente.

En noveno lugar, no es buena idea subestimar la fuerza de la burguesa catalana . Es verdad que una parte considerable de la burguesa catalana no parece apoyar la independencia, y es verdad que las tensiones han llegado a la antigua Convergencia y al nuevo PDCat. Pero se me hace difcil asumir que la burguesa catalana es tan torpe y mala que ha regalado a las fuerzas subalternas catalanas el control del proceso. Llonch nos recuerda cmo 1.515 militantes de las CUP consiguieron tumbar a Mas y quitarle de la primera fila en diciembre de 2015. Pero se olvida recordar que otros 1.515 militantes votaron a favor de la investidura de Mas, de tal modo que priorizaron la cuestin nacional a la de clase de una forma bastante significativa. Mi admirado Antonio Baos dimiti por la misma razn, porque l era partidario de mantener al lder de la derecha al timn. Y qu decir de ERC, que lleva varios aos soportando de apoyar- un Gobierno cataln al que las clases populares catalanas tienen que soportar de sufrir. Y es que, entre una cosa y otra, llevamos al menos cinco aos viendo como la elite catalana sigue gobernando realmente Catalua. Honestamente, con esta hoja de ruta no s muy bien quin controla a quin. Por cierto, que haya una correlacin de fuerzas que permita aprobar leyes antidesahucios, por ejemplo, es muy positivo. Pero no veo de qu manera eso justifica el independentismo. Tambin hubo una ley antidesahucios en Navarra y en Andaluca y en todos los casos el Rgimen del 78, Tribunal Constitucional mediante, las tumb. A m esto me invita a pensar ms en el enemigo comn que en la independencia de una parte.

En dcimo lugar, es el referndum la mejor manera de romper con el Rgimen? Eso parece insinuar Llonch y otras muchas personas, tambin en la izquierda espaola. A veces parte de esta argumentacin se basa en alguna formulacin del cuanto peor, mejor, que yo no comparto. El problema es que, para empezar, incluso asumiendo que es la mejor manera de romper con el Rgimen (cosa que no creo, pues el Rgimen se constituye para defender un modo de produccin y una estructura de poder que no tiene por qu alterarse por la mera existencia de ms Estados), no es nuestra forma. Es decir, no controlamos ninguno de los parmetros de esa ruptura. Podra pasar cualquier cosa y no hay nada decidido de antemano. Conseguiran las compaeras de la CUP gobernar un escenario post-independencia o sera la derecha catalana la que lo dirigira? Relanzara a las fuerzas de ruptura en el resto del Estado o las llevara a un repliegue fomentado por el reforzamiento del nacionalismo espaol? La cita de Brecht con la que abro esta respuesta no es casual. Estoy convencido de que el nacionalismo espaol ha creado miles de nacionalistas catalanes. Pero a menudo se nos olvida que tambin existe un pueblo espaol y que el nacionalismo cataln crea tantos otros nacionalistas espaoles. Y encerrados en este dilema nos llegan los ecos de aquel fatdico 1914 en el que la socialdemocracia alemana y francesa, entre otras, traicionaron a su clase para defender a su nacin; y lo hicieron enfrentando a los pueblos y a su propia clase. Yo prefiero pensar, en suma, en frmulas que nos permitan hablar de ruptura democrtica y social y en la que los de abajo de nuestros pueblos respectivos podamos cooperar.

Hay algo ms con lo que me gustara terminar. El capitalismo lanza a las clases populares a competir unas con otras tanto en la esfera productiva como en otros espacios. Competimos por puestos de trabajo, por el acceso a los servicios, por el estatus social Nuestros clsicos (Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin, Gramsci) saban muy bien esto y entendieron que la clase social parte de un hecho objetivo el lugar que se ocupa en la produccin- pero que se construye tambin socialmente. Por eso se llam formacin de clase a los procesos de constitucin de organizaciones tales como partidos, sindicatos, etc. Cuando nos organizamos hacemos algo ms que coordinarnos: declaramos lo que tenemos en comn frente a un sistema que nos divide. As se construye un nosotras que evita una guerra entre pobres, que es la situacin normal en este sistema capitalista. Proletarios del mundo, unos o Hermanos proletarios, unos no slo fueron consignas coyunturales de enorme dignidad, sino que expresaban el universal de una situacin especfica, la de los desposedos y de la parte sufriente de la humanidad, como deca Fernndez Buey, que lucha por emanciparse del reino de la necesidad en todas partes del mundo. Este es mi enfoque, que parte de lo abstracto en su exposicin y que cristaliza con anlisis concretos. El de esta cuestin, es bien claro: derecho de autodeterminacin y repblica federal. Y, tambin, socialismo aptrida.

Salud y Repblica.

Alberto Garzn. Diputado de Unidos Podemos y Coordinador Federal de IU.

Fuente: http://blogs.publico.es/otrasmiradas/9579/la-abstracta-independencia-de-cataluna-respuesta-a-pau-llonch/



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