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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-07-2017

Nuevos inmigrantes, viejos problemas
Chile en el sueo americano del Sur

Horacio R. Brum
Brecha


Como Uruguay hoy, Chile es receptor de cada vez mayores contingentes de inmigrantes provenientes de otros pases latinoamericanos, como Per, Colombia o Hait.

Me cruc con ellos en el aeropuerto de Concepcin, 500 quilmetros al sur de Santiago, en una regin donde el invierno llega con un tiempo endemoniado. En un rincn de la sala de espera, el grupo se vea como esos nufragos-emigrantes africanos que las marinas de Italia o Espaa rescatan del Mediterrneo: todos hombres jvenes, con vestimentas patticamente inadecuadas para los fros chilenos, muchos envueltos en unas mantas de avin que, como lo sabemos quienes solemos sufrir el viaje en la clase turstica, slo dan un abrigo simblico. Eran inmigrantes haitianos, varados en Concepcin desde la noche anterior, a la espera de que se levantara la niebla en Santiago y pudieran terminar el ya muy largo vuelo desde el pas ms pobre del continente.

Chile no es un destino de inmigracin. En 1907, por ejemplo, cuando Buenos Aires y Montevideo ya tenan casi la mitad de sus habitantes nacidos en el exterior, a este lado de los Andes las estadsticas oficiales no registraban ms que 134 mil extranjeros en todo el territorio (y apenas 13 mil italianos). Tampoco hubo aqu un proceso social de sustitucin de las elites coloniales por los inmigrantes que hicieron fortuna; estos se asimilaron a ellas y aunque entre los grandes grupos econmicos de la actualidad hay apellidos de origen croata (Luksic), rabe (Saieh, Yarur) o italiano (Angelini, Solari), los Larran, Eyzaguirre y Echenique siguen tan vigentes en el dinero y la poltica como en los das de la Capitana General de Chile. En los sectores ms populares, el predominio de los apellidos de origen espaol indica lo reducido del aporte de otras nacionalidades.

Respecto de la diversidad racial, deja poco lugar a dudas la cndida respuesta de una alumna universitaria catlica de misa frecuente y cruz al cuello a la pregunta hecha por quien esto escribe en una clase de periodismo internacional, sobre si existe el racismo entre los chilenos: No hay racismo, porque no hay negros. Un mito bastante difundido dice que, aunque hubo esclavos negros durante la colonia, ellos terminaron desapareciendo porque no soportaban el fro. Los indgenas, principalmente de la etnia mapuche, slo dejaron de ser invisibilizados cuando empezaron a militar activamente en defensa de sus derechos e identidad, a partir del quinto centenario. Sin embargo, en un estudio sobre la desigualdad publicado a mediados de junio por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (www.desiguales.org), hay otro dato significativo: en una estadstica que relaciona 100 apellidos con las profesiones que gozan de mayor prestigio social y beneficio econmico, los 50 que no figuran en ninguna de ellas son indgenas.

Primero fueron peruanos...

Durante la dcada de 1990 la inestabilidad econmica de Per oblig a muchos de sus ciudadanos a emigrar al vecino del sur, que proyectaba una imagen internacional de orden y prosperidad. Esos inmigrantes no solamente tuvieron que lidiar con el chovinismo originado en la Guerra del Pacfico de 1879, un conflicto que an hoy se conmemora en Chile con paradas militares y se describe en las escuelas como una gran guerra patria; y al prejuicio usual de que los extranjeros vienen a quitarles el trabajo a los nacionales se agreg una visin racista resumida as por un comediante popular: Los peruanos son negros, chicos y feos. A pesar de todo, la comunidad peruana es en la actualidad la ms importante en nmero (alrededor de 130 mil personas) y una de sus influencias ms reconocidas por los nativos es la culinaria, que da variedad y calidad a la rstica y elemental cocina tradicional chilena. Algunos de los mejores restaurantes y chefs de Santiago son peruanos. El buen manejo del idioma espaol de estos inmigrantes es otro aspecto apreciado, en un pas donde no es raro or a empresarios prominentes o altos funcionarios comindose los plurales y diciendo pa en vez de para. Por otra parte, en algunas escuelas del sistema pblico se est intentando bajar el tono nacionalista de los programas de historia, teniendo en cuenta las sensibilidades de los alumnos peruanos y bolivianos, estos ltimos provenientes del otro pas al cual Chile despoj de territorios en la Guerra del Pacfico.

La violencia en Colombia es el factor que ha provocado otra corriente migratoria en los ltimos aos, con el consiguiente despertar de prejuicios y manifestaciones xenofbicas. Una gran parte de los colombianos, que con frecuencia llegan por la va terrestre, se ha establecido en Antofagasta, la ciudad del norte que ofrece ms oportunidades laborales, por ser el centro de la industria minera. No obstante, muchos deben vivir en los asentamientos suburbanos en condiciones precarias, porque sus sueldos no les alcanzan para pagar los alquileres exagerados de la zona cntrica. Segn el Instituto Nacional de Estadstica, el sueldo promedio de un inmigrante es de 600 dlares, lo mismo que puede costar alquilar un apartamento de uno o dos ambientes en las principales ciudades chilenas.

Adems de soportar el estigma de traficantes de drogas difundido por el mundo, los colombianos se encuadran en lo que en Chile es una definicin negativa: son tropicales, o sea, ruidosos, desordenados y exagerados. Las diferencias culturales y la carga de estereotipos han provocado ms de un incidente en Antofagasta, cuya alcaldesa derechista se queja con frecuencia de la presencia de los extranjeros, y declar en la prensa: Hay una sensacin de inseguridad al andar por la calle: se ve el microtrfico, un aumento de la prostitucin y denuncias por ruidos molestos. Con la alcaldesa Karen Rojo coincide el ex presidente y otra vez candidato de la derecha con buenas posibilidades de triunfo a ocupar el palacio de La Moneda, Sebastin Piera, para quien la inmigracin termina importando males como la delincuencia, el narcotrfico, el crimen organizado.

Los ltimos de los ltimos

Ricardo Lagos, que lleg a la presidencia en 2000 como el primer mandatario socialista despus de Salvador Allende y termin su mandato en 2006 alabado por los grandes empresarios con la frase We love Lagos!, hizo lo posible por posicionar a Chile en la regin y el mundo como un pas virtualmente desarrollado y de peso diplomtico. En ese contexto, fue el primero en Amrica Latina en aportar tropas para la estabilizacin de Hait en 2004, despus del derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide en circunstancias donde se mezclaron las manos de Estados Unidos y Francia. Chile puso tropas en Hait a las 48 horas de la cada de Aristide, para actuar junto a las fuerzas francesas y estadounidenses. Ese contingente practic otra veta de la diplomacia acuada por Lagos, la de presentar a Chile como un pas aportante de ayuda, que haba superado la etapa de receptor de asistencia, y por implicacin, ya estaba en el umbral del desarrollo. As fue como los militares chilenos se destacaron ms que sus colegas latinoamericanos por proyectar entre la poblacin haitiana una imagen de su propio pas como modelo de vida. Una imagen que, en las palabras de un sargento del Ejrcito entrevistado por el diario La Tercera con motivo de la retirada del contingente, que concluye este mes, da un referente para ellos de la calidad o los estndares que puede tener otro pas. Y ms an, cuando uno les comenta sus cosas, los insta a superarse, les dice que hay otros escenarios, entonces ellos se esperanzan con crecer.

Esa esperanza est en la raz de la emigracin haitiana a Chile, que en los ltimos dos aos ha aumentado en forma exponencial y podra llegar en 2017 a un promedio anual de 45 mil personas. El problema es que los haitianos tienen varias caractersticas que los convierten en candidatos a sufrir la xenofobia y la discriminacin ms que otros inmigrantes: no hablan espaol, muchos tienen poca educacin formal y son negros. Segn la opinin de una experta de la Clnica Jurdica de Migrantes y Refugiados, de la Universidad Diego Portales, la chilena es una sociedad en la cual se considera inferior a una persona indgena o afrodescendiente, se la ve como un migrante econmico que escapa. En cambio, al extranjero blanco se lo ve como el aventurero, y no se habla de migrante sino de extranjero. Incluso quienes llegan con calificaciones universitarias no pueden obtener empleos de calidad, porque Chile no tiene convenios de reconocimiento de estudios con Hait.

El mdico haitiano Emmanuel Mompoint tuvo suerte, porque pudo insertarse en el sistema de salud pblica nacional, donde tambin las autoridades estn haciendo esfuerzos por adaptar los servicios a esta nueva inmigracin, con mediadores culturales y carteles bilinges en los consultorios. Recientemente Monpoint recibi la atencin del periodismo por descubrir que entre sus compatriotas avecindados en Chile se est dando el sndrome de Ulises, un padecimiento de estrs similar al duelo, que afecta a quienes sufren el impacto de adaptarse a un pas muy diferente del suyo y enfrentar un ambiente hostil. La imposibilidad de expresar sentimientos y reacciones en el idioma local, la ruptura de los lazos de solidaridad y el rechazo de la comunidad receptora son algunos de los factores que producen ese sndrome, cuyas manifestaciones pueden confundirse con distintas enfermedades. El doctor Mom-point trat a haitianos con dolores inexplicables, que no se curaban con medicamentos, hasta que uno de sus pacientes apunt al centro del problema: Mi dolor de cabeza es Chile. Me duele este pas.

http://brecha.com.uy/




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