Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-07-2017

Las falacias en su centro

Enrique Ubieta
Cubadebate


La verdad social puede ser escurridiza. No basta con pretenderla para hallarla. A diferencia de la manzana de Newton, no siempre cae hacia abajo. En gran medida su descubrimiento depende de nuestros ojos; y ms que de los ojos, de nuestra mirada, o para ser ms exactos, de nuestro ngulo de visin, de nuestra atalaya. Existe con independencia de los individuos; pero la guerra en torno a su legitimacin expresa intereses. Las simplificaciones ms comunes acogen extremos falsos: que la verdad est repartida entre todos, que es la suma de todos los ngulos de visin; que sin la verdad de los explotadores es parcial e incompleta la verdad de los explotados. Es curioso, pero los extremismos se ubican, paradjicamente, en la comodidad del centro.

Algunos textos de apreciados colegas que fueron publicados en medios digitales y la entrevista que Cubadebate me hiciera aparecida tambin en las pginas de Granma, todos sobre el supuesto centrismo de corrientes ideolgicas que intentan asentarse en Cuba, provocaron un enorme revuelo en diversas plataformas digitales, algunas de abierto perfil contrarrevolucionario. Lo paradjico es que, al menos en las primeras jornadas, los aludidos y los que no haban sido aludidos pero sintieron que podan serlo, en lugar de discutir los argumentos, invirtieron los roles: nos acusaron de victimarios, de censores. La exigencia de que hablsemos de los problemas de la agricultura, o de la burocracia, o de cualquier asunto no resuelto, y no de tendencias ideolgicas, paralizaba el debate. Pero la excusa es insostenible: ninguno de los problemas actuales que enfrenta el pas podr ser resuelto si perdemos la Revolucin (1).

Iniciar estas reflexiones, que pretenden rescatar el debate extraviado, con una breve referencia al artculo que Cuba Posible principal plataforma en la web del ms sutil pensamiento restaurador coloca como primera respuesta a la denuncia de su intencin desmovilizadora, e ir abriendo el anlisis a otros tpicos. El autor del texto, Lennier Lpez, acepta y reivindica el trmino desde el propio ttulo: La centralidad del tablero es radical, demcrata, socialista e ilustrada. Para ello apela a dos o tres ideas muy simples, impracticadas e impracticables: hay que eliminar los discursos polarizadores, la poltica de guerra, porque segn su asptica comprensin, la poltica es la administracin efectiva del poder, y no una batalla desleal, sin reglas, por eso propone sustituir el eje izquierda-derecha por la centralidad del tablero () de una partida en desarrollo. Todo esto, reconozcmoslo, dicho de forma elegante, desde una torre que llaman laboratorio de ideas como se autodenomina esa Cuba que solo sera Posible si perdemos a Cuba, construida, segn declaracin reciente de sus fundadores, para propiciar una evolucin gradual del actual modelo sociopoltico cubano, mientras otros desde Washington, y desde algunas otras sedes alternas y subcapitalistas de Amrica Latina, mueven en Caracas los hilos de la poltica de guerra, de la violencia, o alternan funciones en el reparto de zanahorias y garrotes para Cuba (Obama dixit).

Lennier insiste en la metfora de la partida de ajedrez empleada antes por el derechista Aznar, cuando era primer ministro de Espaa y respondida por Fidel para entender la poltica: las piezas dice el articulista citado estn dispersas ocupando columnas, diagonales y casillas en todos los sectores del tablero. La centralidad resulta, entonces, un intento de hacer poltica desde la transversalidad. Viene al caso la respuesta de Fidel al poltico espaol: hubo un caballerito que como en un tablero de ajedrez me dijo que si Cuba mova fichas, ellos movan fichas y yo le dije que el destino de un pas no se juega en un tablero de ajedrez. Lennier, desde luego, no pretende una discusin de pueblo, aunque la invoque y enumere deficiencias o carencias no estructurales, que cualquiera reconocera, para eludir los temas de fondo.

Hay seales de olor en el texto que atraen al pblico entendido, capaz de degustarlo; actitudes correctsimas, que prestigian mucho: Lennier defiende, por supuesto, la Razn y adopta el discurso de la Ilustracin, el de la burguesa en ascenso, en una suerte de utopa reaccionaria, aunque se declara, a la vez, moderno, postmoderno y postestructuralista. Pretende estar en el centro, ser antidogmtico, pero asume todos los dogmas de la derecha. Hay que reconocer que fue creativo al utilizar el trmino Centralidad qu hallazgo! Como me comentaba alguien que no respeta esa portentosa imagen: es un gato en el centro del tejado de zinc caliente. Y en un quejido lastimero declara: Qu desperdicio para una nacin el dejar fuera de la participacin poltica a varios segmentos de s misma! S, qu desperdicio, digo yo, que haya clases y lucha de clases, naciones opresoras y naciones oprimidas, patriotas y vendepatrias! Lennier es tan socialista como Felipe Gonzlez.

Porque en lo comn no se trata de perspectivas o de opiniones diferentes, sino de intereses contrapuestos. Repito y preciso: intereses de clase. El conflicto histrico de los Estados Unidos con Cuba, el que hoy todava nos separa, nada tiene que ver con una diferente comprensin de los derechos humanos. Batista, Trujillo, Somoza, Pinochet, fueron socios en el sentido cubano del trmino del imperialismo (no hablo nicamente de los gobernantes estadounidenses). Donald Trump acaba de regresar de Arabia Saudita, adora a los jeques sauditas el nombre del pas se deriva del apellido de la familia real, y les vender armas con componentes israeles. No se confundan: no es el abrazo final de rabes y judos, es el abrazo de rabes ricos, judos ricos y estadounidenses ricos en contra de sus respectivos pueblos. En los 70 del siglo pasado, los hippies enfrentaron al sistema con audacia y candor: hagamos el amor y no la guerra, decan y reciban una paliza tras otra como respuesta, mientras los B52 partan con sus armas qumicas ahora son drones o misiles inteligentes, la muerte se administra por computadora, sordos de ira, hacia Viet Nam. La guerra imperialista en Indochina termin porque el pueblo vietnamita expuls con las armas en la mano a los invasores y a sus mercenarios locales Es cosa del pasado?

Los frentes amplios de la izquierda son centristas?

Todo pareciera conducir en el mundo al centrismo: los movimientos revolucionarios construyen frentes amplios que incorporan a una militancia no tradicional, histricamente desmovilizada y descreda, que exige el cumplimiento estricto de la democracia burguesa. Ello es saludable, es un paso de avance y una estocada de muerte, ya que sabemos que en tiempos de crisis el sistema ni quiere ni puede cumplir con unas reglas que fueron concebidas para reproducir el poder burgus, no para socavarlo. Sin embargo, el proceso debe servir para educar a las masas, y sobre todo, a los dirigentes; la democracia burguesa solo los llevar al gobierno si est rota, si alguno de sus conductos de oxigenacin est obstruido por la crisis, y an as, nunca al poder; entonces, ya en el gobierno, tendrn dos alternativas: o mantienen un perfil anodino, de infinitas dejaciones y concesiones, de espaldas al pueblo, lo que desilusionar a los electores en la prxima ronda (y no evitar la cruenta demonizacin meditica) o intentan tomar el poder, es decir, radicalizarse.

Si anuncian que van a por ms, que quieren el poder, el tigre (que no es de papel) saltar al cuello, a morder la yugular; y si lo anuncian y no se mueven, la pierden. Si, en cambio, permanecen en los lmites precisos de la democracia burguesa y a pesar de ello entorpecen los proyectos de enriquecimiento trasnacional de los que la viceburguesa antinacional obtiene siempre alguna ganancia, el ALCA por ejemplo, el sistema judicial encargado de proteger a los ricos intentar castigarlos de manera drstica. Para eso existe la separacin de poderes, todos en manos de una minoritaria clase social. Escoja usted la variante ms eficaz: golpes de estado judiciales (Honduras, Paraguay, Brasil), procesos y condenas a expresidentes indisciplinados que conservan el apoyo de las masas y pueden regresar al Gobierno nunca tuvieron el poder (Dilma y Lula en Brasil, Cristina Fernndez en Argentina).

Finalmente, si el frente amplio toma el poder, ser declarado totalitario, antidemocrtico, y populista (una palabra que despojan de sus significados histricos y concretos para reducirla a la acepcin ms grosera, la de demagogia). Y vaya paradoja, los restantes frentes que puedan existir en el mundo en lucha electoral, tendrn que moderar an ms el lenguaje, evitar hablar de los que consiguieron llegar, desmarcarse de ellos. Da igual, el sistema los acusar de ser sus cmplices o peor, sus seguidores: ahora por ejemplo est de moda espantar al electorado colonizado y a los polticos correctos con la amenaza de que la nueva izquierda quiere convertir el pas en otra Venezuela, o en otra Cuba.

As las cosas, mientras el sistema hace aguas en medio mundo, sus idelogos intentan reciclarlo asfixiando revoluciones y retornndolas de vuelta al redil. Si le exigen a una Revolucin en el poder que restaure la democracia burguesa (separacin de poderes, pluripartidismo y medios de comunicacin privados), porque esa democracia es importante (para que ellos puedan recuperar lo perdido, desde luego), y sitan como ejemplo a quienes buscan el poder en pases burgueses construyendo frentes amplios a estos los acusan de ser como nosotros, a nosotros nos acusan de no ser como ellos, ya sabemos lo que quieren.

Entindase esto: la nica validacin aceptable para el sistema de que hemos introducido correctamente esos instrumentos suyos, es que perdamos las elecciones, el gobierno y el poder. Venezuela es un ejemplo clsico: el respeto estricto a todos los cdigos de esa democracia nunca obtuvo la certificacin imperialista. Porque si esa democracia existe para impedir que la voluntad popular derribe el sistema de dominacin, all donde este ha sido derribado y en los siguientes cinco o diez aos no ha logrado restaurarse esto puede afirmarse de modo cientfico, funciona mal.

En realidad queremos democracia, s, eso son las Revoluciones, grandes saltos democrticos, y de lo que se trata es de echar a andar la nueva visin que tenemos de ella, no de restaurar sus viejos postulados. No estamos conformes con el nivel alcanzado en el ejercicio de esa nueva democracia, pero no porque queramos la otra, la que ya sabemos inservible: la comparacin es y ser con nuestros propios ideales. Porque, hay que recordarlo, en Cuba no pretendemos tomar el poder, ya lo tenemos.

Es cierto que Fidel, como Mart en el siglo XIX, fue el artfice de la unidad de todas las fuerzas revolucionarias. Fidel salv para la Revolucin a seres humanos honestos, que eran revolucionarios o que se hicieron revolucionarios con los acontecimientos o que nunca fueron contrarrevolucionarios, pero no integr de manera eclctica diferentes tendencias ideolgicas, ni incluy a una sola persona pagada desde los Estados Unidos o Europa. Blas Roca como presidente y Ral Roa como vicepresidente de la primera Asamblea Nacional, conformaron un do simblico: ambos pusieron su talento y su capacidad creadora al servicio de la ms radical de las miradas posibles, la de Fidel, la del Partido, que bajo su liderazgo todos contribuyeron a construir. Fidel no hizo pactos, construy un nuevo consenso, el que emanaba de la justicia social postergada y anhelada por el pueblo. Rechaz el Pacto de Miami, en momentos en que pareca ms necesario que nunca, con argumentos difanos: lo importante para la revolucin escribi Fidel, no es la unidad en s, sino las bases de dicha unidad, la forma en que se viabilice y las intenciones patriticas que la animen. No adopt el camino socialista porque el gobierno estadounidense fuera hostil, esa es una afirmacin reductora, aunque sin dudas aquel fue un factor catalizador. En septiembre de 1961 escribi:

La Revolucin no se hizo socialista ese da [16 de abril]. Era socialista en su voluntad y en sus aspiraciones definidas, cuando el pueblo formul la Declaracin de La Habana. Se hizo definitivamente socialista en las realizaciones, en los hechos econmicos-sociales cuando convirti en propiedad colectiva de todo el pueblo los centrales azucareros, las grandes fbricas, los grandes comercios, las minas, los transportes, los bancos, etc.

El germen socialista de la Revolucin se encontraba ya en el Movimiento del Moncada cuyos propsitos, claramente expresados, inspiraron todas las primeras leyes de la Revolucin.

El 16 de abril se reafirm y se llam por su nombre, lo que orientaba ya hacia el ideal socialista desde el da mismo en que, frente a las aspilleras de la fortaleza militar de Santiago de Cuba o en sus celdas de tortura y muerte o frente a los pelotones de criminales que defendan un poder caduco, daban su vida casi un centenar de jvenes que se proponan lograr un cambio total en la vida del pas. Y dentro de un rgimen social semicolonial y capitalista como aquel, no poda haber otro cambio revolucionario que el socialismo, una vez que se cumpliera la etapa de la liberacin nacional.

En su ltima alocucin pblica, que a la postre fue su despedida, frente a los delegados al Congreso del Partido abril de 2016, Fidel reafirm su credo comunista: A todos nos llegar nuestro turno, pero quedarn las ideas de los comunistas cubanos, dijo.

No me sorprende que Arturo Lpez Levy, uno de los asiduos idelogos de Cuba Posible, en uno de los artculos ms transparentes de la ltima semana, escribiera: La pregunta central de este debate sobre opciones ideolgicas no debe formularse en trminos histricos, sino polticos [olvidemos la historia, peda Obama]. No debe ser sobre lo que hubiese hecho Fidel Castro hoy () Cuba pertenece a las generaciones actuales de cubanos. Este autor, que se declara socialdemcrata y sionista, coloca varias carnadas en su anzuelo, pero en un comentario al debate abierto en un blog, termina donde debe terminar: El da en que se acabe el bloqueo/embargo, soy partidario de que se inicie un proceso hacia la instauracin de una democracia multipartidista en Cuba, con libertades de prensa, asociacin, y todas las otras recogidas en la Declaracin Universal de Derechos Humanos, tal como se entienden por los comits que han estado a cargo de manejar su interpretacin. El ttulo del artculo, sin embargo que manipula una frase de Mart, el ms radical de los cubanos revela ya su sentido: La moderacin probada del espritu de Cuba. Volveremos a l.

Lo mejor de uno y otro sistema?

Por qu ha causado tanto escozor mi afirmacin de que no es posible integrar lo mejor del capitalismo y lo mejor del socialismo? Tal manera de concebir la coexistencia (nada pacfica en trminos sociales) de elementos de uno y otro sistema, algo que es inevitable, parece establecerlo como fin y no como punto de partida. Hablo desde la perspectiva de un revolucionario (que defiende los intereses de los desposedos), que es diferente a la de un reformista (que le teme a las masas aunque las invoque mientras procura resguardar sus intereses). La prensa trasnacional hegemnica, al mencionar los cambios que el pueblo cubano decidi introducir, utiliza el vocablo trnsito reiterado por Veiga, uno de los fundadores de Cuba Posible como si fuese el inicio de un proceso de restauracin capitalista.

La promocin de cambios no es per se revolucionaria; tampoco es reaccionaria o conservadora la intencin de conservar algo. Todo depende de lo que se quiera cambiar y de lo que se pretenda conservar. En ambos casos, el punto determinante est en las necesidades de los ms humildes (con los pobres de la Tierra quiero yo mi suerte echar, escriba Mart), solo en relacin a ellos se es o no se es revolucionario. La condicin del revolucionario no se mide ni por los mtodos que se utilizan, ni por la intencin de cambios; puede sintetizarse en dos cualidades: va a la raz de los problemas (es radical) y siente como agravio personal la injusticia, donde quiera que se cometa. Pero aviso a los acadmicos burgueses (sordos, ciegos y mudos para la verdad): en el siglo XX lo que fracas, definitivamente, fue el capitalismo. Y los que aman las estadsticas deberan saberlo: el un por ciento de la poblacin mundial tiene tanto dinero como el otro 99 por ciento (datos de la ONG Oxfam divulgados por la BBC). Segn RTVE, nada sospechosa de infidencia, el un por ciento de los espaoles acumula tanta riqueza como el otro 88 por ciento, lo que significa decir que 466 mil personas poseen tanto como 37,3 millones de conciudadanos.

Algunos autores que desde una supuesta moderacin abrazan la idea de fundir los dos sistemas, es decir, retornar al capitalismo, aseguran con cinismo que se preservaran las conquistas sociales y la soberana nacional, aunque saben claro que lo saben, y los que no, amigos, son unos ignorantes que a la larga se perderan ambas, por eso exigen que se profundicen los cambios. Sabemos el sentido que tiene para ellos el verbo profundizar. Por eso en la entrevista que me hizo Cubadebate insist en la necesidad de desentraar la direccionalidad discursiva de cada discurso, no a partir de la posicin que cada cual se atribuye, sino a partir de una pregunta simple, que Lenin us con efectividad: a quin sirve? La palabra cambio implica para los revolucionarios cubanos que se perfeccione el socialismo; para los contrarrevolucionarios, que se desarticule, que evolucione hacia su contrario. Esta no es una discusin terica ajena a los intereses del pueblo: todas las dificultades, insuficiencias, errores, que hoy padecemos, tendrn solucin o no, en la medida en que triunfe o fracase el socialismo cubano. Por eso, sin subestimar las contradicciones (antagnicas) que los elementos de capitalismo y de socialismo generan en Cuba, como en cualquier otro lugar, las preguntas claves son estas: a cul de los dos sistemas se subordinan?, a cul sirven?, hacia dnde nos proponemos ir?

La Conceptualizacin del Modelo, discutida y aprobada por decenas de miles de cubanos en reuniones autnticamente democrticas, que recogan y clasificaban cada criterio, y en la Asamblea Nacional, con las enmiendas derivadas de esos debates, dice en su primer captulo:

[Este documento] () sirve de gua para avanzar hacia la materializacin plena de la Visin de la Nacin: independiente, soberana, socialista, democrtica, prspera y sostenible, mediante el Plan Nacional de Desarrollo Econmico y Social a largo plazo, y otras acciones.

Los objetivos estratgicos de la actualizacin del Modelo son: garantizar la irreversibilidad y continuidad de nuestro socialismo afianzando los principios que lo sustentan, el desarrollo econmico y la elevacin del nivel y calidad de vida con equidad. Todo ello, conjugado con la necesaria formacin de los valores ticos y polticos, en contraposicin al egosmo, el individualismo y el consumismo enajenante y depredador.

Desde luego, la interaccin y lucha de elementos capitalistas y socialistas en el mundo en el que vivimos es una realidad de mltiples aristas. De una parte, el capitalismo, en su guerra por la sobrevivencia, ha incorporado ciertos mecanismos y visiones socialistas de carcter colateral: las luchas sindicales, de gnero, las victorias anticolonialistas, las revoluciones del siglo XX, la existencia de experiencias, fallidas o no, de construccin socialista, han introducido elementos de justicia social, sobre todo en los pases ms ricos. No cometamos el error de atribuirle al capitalismo en su versin de Bienestar Social, en pases que fueron usufructuarios del sistema colonial y neocolonial, tuviesen colonias o no, y de la injusta divisin internacional del trabajo, o simplemente, a sus conquistas laborales, los huevos de la nueva sociedad (uso de manera libre una imagen de Lenin), engendrados por la resistencia al capitalismo. El capitalismo, como sistema, es el mismo en todos los pases Por qu tomamos de ejemplo a los pases nrdicos y no a los del Sur, que comparten nuestra historia de expoliaciones, y son, adems, la mayora? Por qu el capitalismo en Cuba si solo se tratara de copiar un sistema nos llevara a ser como Suecia, Suiza o Reino Unido y no como Honduras o Hait? Pero en Suecia, dicho sea tambin, hay elementos del nuevo orden socio-econmico por el que luchamos, que niegan en alguna pequea medida, el que all existe.

Es decir, la superacin del capitalismo ocurre por diferentes vas, de manera simultnea. Cuando los pases latinoamericanos, por ejemplo, adoptan una posicin comn que se opone a la injerencia imperialista o rescatan la soberana nacional que solo puede ser defendida como valor regional, ms all de sus razones puntuales, estn golpeando al sistema. Si un sector de la burguesa argentina o de la brasilea decide reivindicar sus intereses y enfrentar la hegemona econmica y poltica del imperialismo, el golpe no es bilateral, es sistmico. Todo golpe al imperialismo es un golpe al capitalismo. Los sectores ms radicales de esos pases en ocasiones no perciben que ese gobierno burgus, a pesar de s mismo, es un aliado de lo nuevo que nace. El imperialismo, por el contrario, s lo percibe, y le declara la guerra.

Por otra parte, la cultura socialista (anticapitalista) existe como contracultura an en los pases donde hay gobiernos revolucionarios, e incluso en aquellos donde las transformaciones han sido ms radicales, porque la cultura del capitalismo (hablo de sus modos de vida, de sus conceptos de xito y de felicidad) es hegemnica. La base material que sustenta a la nueva cultura es an dbil, de resistencia, tiene un alcance limitado. Un partidario e incluso un protagonista de la revolucin, puede ser tambin un adicto acrtico a los realitys shows de Miami o un reproductor de la cultura del tener, es decir, del capitalismo; puede trabajar durante toda la semana por la consolidacin del Gobierno revolucionario, y reproducir en su vida privada, en sus sueos ms ntimos, los valores del sistema que combate.

Como el triunfo en el capitalismo se asocia indefectiblemente al dinero, sin importar su origen, y el esfuerzo personal en el trabajo no suele conducir al xito prometido, el sistema abre pequeas vlvulas de entrada, ajenas al aporte social del individuo: la herencia, el juego en todas sus modalidades, el matrimonio de conveniencia, lo mismo para la mujer que para el hombre, el robo de cuello blanco o de pistola en mano (siempre que el autor logre evadir la justicia). El mercado del deporte se convierte para los pobres en un camino a transitar. Ningn otro relato clsico expresa la esencia de este postulado como el de Cenicienta: un cuento recreado y actualizado de todas las maneras posibles. La corrupcin es un subproducto del capitalismo. Si el origen del dinero no es importante, y su posesin establece el rango de xito o fracaso social del individuo, las vas fraudulentas son un recurso tolerado. Decir que el socialismo genera tambin burocratismo o corrupcin, significa reconocer que hay bolsones de capitalismo en su seno.

Qu supone la normalizacin de relaciones con los Estados Unidos?

Se ha dicho que quienes nos oponemos a las mscaras de centro, conformamos un grupo duro opuesto a la normalizacin de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. Nada ms ajeno a la realidad. Es una idea que reproduce el esquema que otorga una falsa paridad a los supuestos extremos de La Florida y La Habana: si bien el extremo floridano pudiera asociarse al terrorismo y a la politiquera anticubana, es decir, al lacayismo proimperialista a qu se asocia el de La Habana?, a la defensa de la Patria socialista? Ningn revolucionario cubano viaj en lanchas rpidas para ametrallar poblados floridanos, ni coloc o pag para que colocasen bombas en industrias o centros recreativos de Miami. Ni siquiera quem banderas estadounidenses. Pero existe un tercer elemento, que es decisivo: el imperialismo de ese pas. Un blog contrarrevolucionario ya de capa cada, public hace algunos aos un artculo esclarecedor de un tal Castilln:

Pocos luchan mejor por sus pases de adopcin que los inmigrantes. La historia norteamericana est llena de ejemplos [] Posada Carriles ha sido soldado estadounidense en tiempo de guerra y eso le da derecho a estar en Estados Unidos. Porque Posada, a pesar de haber luchado en un campo de batalla diferente, no es tan distinto de todos esos otros soldados. Porque aunque nos hayamos olvidado de ella y la hayamos relegado a ese cajn en que se guardan los recuerdos molestos, la Guerra Fra fue una guerra real. Una guerra en la que participaron numerosos exiliados en contra de los estados que dirigan sus naciones.

Es aqu donde aparecen las reminiscencias autonomistas y anexionistas. Ambos proyectos decimonnicos, que no conciben el desarrollo nacional sin la presencia dominadora de una potencia extranjera, empalman con el reformismo contemporneo, gstele o no a Lpez Levy. Evidentemente, no existe concordancia entre el extremismo lacayo y la defensa radical de la soberana nacional. Permtaseme que me cite brevemente: Qu significa ser extremista? deca en el artculo La Patria posible, cules son los extremos del debate nacional? Para los revolucionarios cubanos, el extremista es quien adopta de manera irreflexiva consignas y frases hechas, cuyo fondo conceptual ignora o no comprende, y es incapaz por tanto de discernir qu es esencial y qu no lo es. El extremismo conduce al dogmatismo y a la doble moral. () Pero nada tiene que ver con la visin radical que va a las races, y a la postura revolucionaria frente a la realidad.

Los revolucionarios cubanos (no pertenezco a ningn grupo) abogamos por unas relaciones normales entre vecinos civilizados; no obstante, lo que me parece ms peligroso de esa suposicin que se nos imputa es que revela lo que algunas personas entienden por normalizacin. Ya se sabe que el restablecimiento de relaciones diplomticas es el primer paso, y que la normalizacin, tal como la proyecta Cuba, implica la derogacin absoluta del bloqueo econmico, comercial y financiero, la devolucin de la Base Naval de Guantnamo y el cese de las actividades subversivas en el pas. Sin embargo, Lpez Levy es osado y no puedo evitar la palabra cnico, al escribir:

No caben dudas de que como priorizamos los intereses de desarrollo econmico y bienestar del pueblo cubano, as como el alejamiento de un conflicto militar con Estados Unidos que puede ser devastador para Cuba, los centristas tenemos visiones distintas a las de Iroel Snchez y Enrique Ubieta sobre las relaciones a buscar con Estados Unidos. Una poltica de distensin, incluso de acciones persuasivas de corte hegemnico, es preferible a la estrategia de coaccin imperial por sanciones y financiamiento directo de opositores. () Este ambiente distendido permite, tambin, avanzar en reformas dirigidas a una economa de mercado y a una sociedad ms plural en lo poltico, con afinidades a posiciones como las nuestras, pues Cuba tendra una interaccin mayor con un mundo ms favorable a ese rumbo.

De esa manera, casi al finalizar su artculo, el socialdemcrata Lpez Levy declara abiertamente su respaldo al proyecto obamista de eliminar el bloqueo por ineficaz en trminos polticos y no por inmoral y criminal, y sustituirlo por otra poltica igualmente injerencista, pero menos confrontativa, que reinstaure en Cuba el capitalismo (y la subordinacin a Washington). Aceptamos el reto creemos que este pequeo David puede batir a Goliat en el terreno de las ideas, a pesar de que el articulista sabe, ms por viejo que por diablo, que se trata de una guerra de baja intensidad, con financiamiento a proyectos subversivos de corte no confrontacional como Cuba Posible. Pero igual, cobren o no, el que intente retornar a Cuba a un pasado de capitalismo semicolonial, es mi enemigo. No creo en los centrismos; nadie, ni ellos mismos, creen que sea posible estar en el medio.

Nota

(1) El debate en las redes sociales se aleja del debate. Es la fiesta de los asombros, cuando aparece, esta vez s, un grupo. El sabio Pedro Monreal casi escribe un tratado para reivindicar la importancia de las estadsticas Julio Carranza, antes o despus que l, insiste en ello, a partir de una lectura primitiva y/o tendenciosa de mi entrevista. Se quedan en los marcos de la puerta, sin entrar. Un tal Domingo Amuchstegui me endilga todas las culpas y desvos del espritu revolucionario, ocurridos desde mis tres aos de vida y an antes. En cambio, algunos de los protagonistas de esos desvos, censores y adoradores de manuales, escriben largas peroratas sobre la flexibilidad del pensamiento y la dialctica. Haroldo Dilla, expulsado de la politiquera dominicana por su desmedido oportunismo, propone que se me expulse del debate poltico de la Revolucin cubana.

Lea la entrevista de Cubadebate a Enrique Ubieta:

Es posible unir lo mejor del capitalismo y el socialismo? Responde Enrique Ubieta (+ Video)

Enrique Ubieta Ensayista y periodista cubano. Director de la publicacin La calle del medio.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2017/07/18/las-falacias-en-su-centro/#.WXBJoic1BkU



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter