Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-07-2017

La disputa China-EU fractura Amrica Latina

Ral Zibechi
La Jornada


Con sencillez y profundidad, Oscar Ugarteche y Armando Negrete, del Observatorio Econmico Latinoamericano (Obela), trazan las nuevas fracturas tectnicas en la regin en un breve y documentado artculo titulado Perspectivas de las economas latinoamericanas frente a la economa mundial (goo.gl/vGQV48).

El argumento central es que el giro proteccionista, en Estados Unidos con Trump y en Inglaterra con el Brexit, acelera los cambios econmicos (y geopolticos) en la regin, donde las economas son cada vez ms dependientes y estn estructuralmente abroqueladas en el patrn de acumulacin de la dcada de 1950, o sea, exportacin de materias primas e importacin de bienes industriales.

En este marco de profundizacin de la dependencia, la emergencia de China como actor central en el sistema-mundo ha provocado una fractura estructural en Amrica Latina: Sudamrica ha virado hacia China y la cuenca del Caribe ha estrechado su histrica relacin con Estados Unidos, sostienen Ugarteche y Negrete.

Para graficar esa fractura, muestran las tendencias comerciales de los pases de Amrica del Sur, por un lado, y los de Amrica Central, Mxico y el Caribe, por otro. El resultado es que Mxico enva 81 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, en tanto Brasil exporta slo 12 por ciento y Argentina 5 por ciento a ese destino. El color de los gobiernos no es lo fundamental: el derechista argentino Macri ha renovado y profundizado los lazos con China, por razones estructurales.

El pas que est en el centro de esta fractura es Venezuela. El prrafo decisivo, a mi modo de ver, es el siguiente: De un lado la inversin extranjera ms importante de EU es de capital de PDVSA en la forma de CITGO, una de las principales empresas refinadoras y distribuidoras de gasolina despus de Exxon. De otro, Venezuela le vende crecientemente a China y se endeuda con Rusia, lo cual crea un escenario blico en la cuenca del Caribe, mare nostrum americano.

La conclusin es sencilla, aunque trgica: Por primera vez existe una posibilidad real de una guerra de alta intensidad propiamente dicho, frente a la eventualidad de problemas de pagos de deuda con PDVSA. Los miembros de Obela creen que es muy posible una quiebra de la petrolera y un cese de pagos, lo que generara un problema internacional mayor.

En opinin de Ugarteche y Negrete, la solicitud de Colombia para ingresar a la OTAN se relaciona con el este futuro blico, as como la declaracin de Barack Obama de que Venezuela es una amenaza para Estados Unidos.

En este punto, vale recordar los anlisis del brasileo Jos Luis Fiori, quien se apoya en Nicholas Spykman (1893-1943), el terico geopoltico que tuvo mayor influencia sobre la poltica exterior de Estados Unidos en el siglo XX, para actualizar los debates latinoamericanos durante la transicin sistmica en curso.

Para Spykman, seala Fiori, el Caribe, ms Colombia y Venezuela, forman una zona de influencia donde la supremaca de Estados Unidos no puede ser cuestionada, ya que los consideraba un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Estados Unidos, lo que significa que quedarn siempre en una posicin de absoluta dependencia (goo.gl/9ti7oW).

En esta mirada de la regin, Fiori sostiene que Estados Unidos y Brasil se enfrentarn inevitablemente a lo largo del siglo XXI, ya que son los dos nicos pases con capacidad de liderar la regin con proyectos propios. Y concluye: El problema es que la posicin de Washington es clara, pero no sucede lo mismo con la mayor parte de los gobiernos progresistas de la regin.

Si la confrontacin es inevitable; si la guerra es posible, deberamos colocar esa perspectiva en los anlisis de los movimientos antisistmicos para adecuar la organizacin y la conciencia ante esos escenarios. De all se desprenden algunas consideraciones.

La primera es que la llamada crisis de la democracia, la desarticulacin del Estado-nacin y de las organizaciones que giran en torno a sus instituciones (desde los partidos polticos hasta las grandes centrales sindicales), son tendencias de carcter estructural que no puede ser revertidas por tal o cual caudillo, dirigente o administrador.

Tomarse en serio la democracia electoral, mientras la clase dominante le apuesta a la militarizacin y prepara masacres, es una irresponsabilidad para quienes queremos cambiar el mundo. Eso no quiere decir que se deba darle la espalda a las urnas, sino que el eje central debe girar en torno a la organizacin de los sectores populares y no en torno al apoyo a los representantes, porque stos no pueden hacer gran cosa, aunque realmente quieran hacer algo.

La segunda tiene que ver con la guerra. Hace poco ms de un siglo, cuando la socialdemocracia alemana vot los crditos de guerra y apoy a su propia burguesa en la primera guerra mundial (1914-1918), el internacionalismo se hizo aicos y una profunda crisis carcomi las entraas de las fuerzas revolucionarias. Alguna leccin deberamos aprender de aquella penosa historia.

Frente a quienes apoyaban a los gobiernos y los Estados, los rebeldes rusos delinearon una estrategia bien distinta: convertir la guerra interimperialista en guerra de clases para hundir a la burguesa. Las cosas hoy no son idnticas. Pero en los momentos de grandes virajes y conflictos mayores, no deberamos caer en la trampa de apoyar a los gobiernos-Estados sino aprovechar el colapso institucional que sucede durante las guerras, para construir/expandir el poder de los de abajo.

Los grandes cambios en la historia de la humanidad suceden durante guerras. La historia del siglo XX debe persuadirnos de esa triste realidad.

El anlisis econmico de los miembros de Obela nos debera quitar la venda de los ojos y evitar que el pragmatismo oscurezca la tica. Cmo nos estamos preparando para los momentos lgidos que se vienen? El paso fundamental se relaciona con la disposicin de nimo, lo que supone mirarnos al espejo para decidir a qu estamos dispuestos.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/07/21/opinion/017a1pol



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