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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2017

Del miedo canijo, o de los usos del centrismo hoy en Cuba

Julio Csar Guanche
Segunda cita


El actual debate contra el centrismo es muy reciente (viene siendo empleado hace menos de dos aos), pero la imaginacin de la que procede es ms antigua.

En Cuba desde los 1960 hasta hoy hemos vivido debates contra quintacolumnistas, reformistas, segmentos blandos, diversionistas, etc. No es solo una tradicin cubana. La experiencia estalinista convirti la etiqueta enemigos del pueblo, con sus eptetos correspondientes, en el eje de una poltica represiva que se apropi del nombre del socialismo. Tampoco es una tradicin solo comunista. Polticas capitalistas represivas han criminalizado diferencias (y criminalizan hoy de muchos modos) a travs de procesos como el macartismo.

El debate impulsado contra los centristas pretende reducir a solo dos puntos todas las posibilidades del espectro poltico cubano. Se sabe mucho sobre los proyectos que han defendido esa doctrina (conmigo o contra m) y sobre sus consecuencias. Sabemos, de inicio, que no conviene al Estado y a la sociedad cubanas para resolver nuestras necesidades de construccin poltica y mejoramiento social.

La pluralidad y el aislacionismo poltico

Las revoluciones no son solo un cambio radical en la estructura social y las representaciones culturales de un pueblo, son tambin una masa de acciones colectivas. No hay forma de concebir de modo uniforme esa masa, que no sea recortando su interpretacin y alcance en el discurso que la delimita y emplea.

Mart dio cabida a un amplio registro de sectores interesados en la independencia nacional y social de Cuba. Mella disput un campo de beligerancia contra Machado con sectores de la oposicin burguesa y de distintos mbitos revolucionarios. La poltica de Guiteras fue defendida, entre otros, por sectores trotskistas. El partido comunista cubano pact con Batista en 1938, pero son menos publicitados los mrgenes de independencia que sostuvo. Chibs cre el partido de masas, policlasista, ms grande de la historia nacional hasta entonces. Fidel Castro elabor, con el MR-26-7, una de las creaciones polticas ms originales de la historia nacional, capaz de articular a una gran cantidad de personas y sectores sociales.

En la Amrica Latina del siglo XX no fue centrista el APRA peruano que preconiz explcitamente una tercera va como salida frente al capitalismo y frente al socialismo de la URSS, cuya deformacin ya era evidente entonces. No fue centrista ninguno de los ahora llamados populismos clsicos: ni yanquis, ni marxistas; peronistas. O, como deca el cardenismo mexicano: ni liberalismo individualista ni Estado patrn. En dilogo con esa cultura poltica Fidel Castro formul la idea de conquistar la libertad con pan, y el pan sin terror.

No era centrista Rosa Luxemburgo en sus debates crticos con Lenin. No lo era Gramsci en su argumentacin democrtica sobre la constitucin de lo nacional-popular y en sus crticas al estalinismo. No lo era Che Guevara con su denuncia al capitalismo y al socialismo sovitico. No era centrista Hugo Chvez con su socialismo del siglo XXI. No es centrista el debate en Europa sobre la centralidad del tablero, que ha impulsado, por la izquierda, Podemos, en Espaa, frente a la oligarquizacin de la poltica a manos de la derecha, nueva o vieja, y de la izquierda socialdemcrata que devino hace dcadas un ala entusiasta del capitalismo neoliberal.

El problema del centrismo

Como ha sido empleado en este debate, el concepto de centrismo es muy difcil de encontrar en el debate poltico en cualquier parte del mundo. La razn es simple: es difcil aceptar que en Cuba, o en cualquier otra parte del planeta, un espectro poltico pueda reducirse, si se mira a una sociedad real, a una oposicin entre dos nicos polos, entre una sola y unvoca derecha y una nica y unnime izquierda, como no es el mismo socialismo el que defienden los socialistas, que son una gran familia de tradiciones cercanas entre s de amigos y enemigos fraternos, como los anarquistas, los anarcosindicalistas, los autonomistas, los consejistas, los autogestionarios, los socialistas democrticos, los socialdemcratas, los comunistas, etc. (Tampoco es idntico el capitalismo que defienden los capitalistas, como son los casos del anarcocapitalismo o de los defensores del capitalismo regulado, pero ese es otro debate en el que no me detendr ahora.)

En Cuba no existe ninguna instancia que otorgue en derecho de propiedad exclusiva y excluyente que es, por dems, el derecho de propiedad privada tpicamente capitalista, el monopolio de lo revolucionario. El motivo para no aceptar determinadas diversidades es que estn financiadas por el enemigo. Para proteger a la nacin del programa real de la injerencia y la subversin extranjera existen leyes e instituciones. Quien trabaje probadamente en contra de la soberana, en contra de los intereses nacionales/populares, acepte para ello recursos de una potencia extranjera y su actividad poltica sea dependiente de ese acceso, no puede reivindicar legitimidad para participar polticamente de una comunidad que tiene en la autodeterminacin el principio primero de su existencia cvica.

Sin embargo, no puede emplearse ese recurso a diestra y siniestra para culpar por asociacin a cuanto actor estimen los crticos anticentristas. (En Segunda Cita, han aparecido comentarios estrictamente falsos sobre el financiamiento de la USAID y los recursos ilimitados de especficos proyectos dizque centristas.) No existen en exclusiva derechos de la revolucin y del Estado a defenderse, en ausencia de una relacin de derechos y deberes con la ciudadana y el pueblo al que se deben.

El tema del financiamiento enemigo se ha dirigido solo contra los medios no estatales. Es importante que varios de esos espacios hayan hecho pblicas sus cuentas, que otros hayan anunciado que lo harn, y es imprescindible que lo hagan todos los que tienen presencia en el espacio pblico. La poltica, para aspirar a ser un bien comn, requiere mucha transparencia. Por lo mismo, la exigencia tiene que incluir al uso de recursos pblicos para poder impugnar, desde la sociedad que somos, su privatizacin, esto es, su uso exclusivista por parte de sectores con poder para hacerlo.

El debate contra el centrismo y los problemas nacionales

Muchas personas se han quejado en este debate de que es un intercambio entre intelectuales con ninguna resonancia para la sociedad cubana. Efectivamente, el trmino centrismo no tiene presencia en el tan florido e innovador espaol de Cuba y no formara parte de lista alguna que enumere los principales problemas para la vida cotidiana de millones de cubanos. Pero tampoco tiene presencia en las ciencias sociales del pas (en el trabajo acadmico en su sentido estricto) ni ha tenido presencia en el discurso del liderazgo poltico cubano desde 1959 hasta hoy.

En sus afanes, algunos crticos del centrismo han acopiado a libre voluntad teoras situadas en otros contextos como si fueran doctrinas defendidas por sus cuestionados. Por ejemplo, la teora de la convergencia, que han sintetizado como la eleccin de los mejores y peores rasgos del capitalismo y del socialismo. Sin embargo, en la versin de Raymond Aron la convergencia entre ambos sistemas se producira en una sociedad industrial semejantes en sus caractersticas. Por la izquierda, el grupo de Monthly Review caracteriz en aquel contexto a la URSS como una alternativa acelerada al desarrollo por va no capitalista, pero que no era socialista. Ese debate era una interpretacin sobre sociedades reales, no una conversacin sobre ideas. Con un escenario por completo distinto al de los 1960 (para no hablar del estado de la industrializacin cubana), con un capitalismo brutalmente concentrado y violentamente depredador, y nico como poder sistmico mundial, pregonar una teora de la convergencia es un delirio, y pobre ser quien lo haga, pero acusar de pregonarla a quien no lo hace es un desvaro por partida doble.

Ilustrar una idea propia, seleccionando a libre voluntad contenidos tericos e histricos que calcen dicha idea, y atribuir a otros lo que sea ms conveniente para desacreditarlo, no parece ser anlisis poltico ni intelectual. La intencin de calificar de centristas a un amplio conjunto de otros no parece ser discutir la posibilidad o la inviabilidad de ciertos contenidos polticos, ni ponderar analticamente su deseabilidad, o no, mirando a problemas reales de la sociedad real cubana lo que colocara el debate en un nivel intelectual superior sino penalizar a un muy amplio campo de actores que participan del debate nacional.

El debate que termina autorizando desde un teclado, o peor, desde una oficina, quin es ms revolucionario, y proyectando consecuencias para la vida cotidiana de las personas a partir de tal autorizacin, es algo ms cercano a las discusiones sobre la fe y las herejas, que a los debates polticos del que hacen parte personas reales que construyen sentidos polticos mientras disputan a diario lo mejor para sus vidas, defienden sus ideas y sus prcticas, y tienen necesidades que solo se pueden resolver, o resolver mejor, con construcciones colectivas.

Cuando necesitamos con enorme urgencia anlisis y propuestas colectivas de soluciones sobre pobreza, racismo, envejecimiento, violencia de gnero, bienestar social, transporte pblico, acceso a internet, produccin de alimentos, empleo digno, salario decente, maltrato animal, seguridad social, continuidad generacional, calidad de los servicios, relaciones de mayor beneficio para la nacin con su dispora, desarrollo econmico (despus de un PIB en 2016 en negativo por primera vez en 20 aos), ampliacin y garantas de derechos, y sobre la necesidad de habilitar resistencias a la generacin de relaciones capitalistas de explotacin (que no han sido introducidas por los calificados de centristas), y otras cuestiones de inters capital para la vida del pas, un reducido nmero de cubanos prefieren concentrar su fervor en el centrismo y no sobre este conjunto de problemas.

De hecho, solo ha llegado a los medios pblicos la posicin anticentrista, como tampoco lleg a los medios masivos la diversidad del debate de 2006 (la guerrita de los correos). Se dice con facilidad que a nuestra sociedad no le interesan estos debates, lo que es injusto por cuanto, primero, no tiene acceso a ellos. Otra cosa, bien distinta, sera que con la informacin disponible decidiera no hacerle caso alguno, como sucede hoy con tanta gente desconectada de la poltica nacional, sobre los que no muestra preocupacin la crtica contra el centrismo.

Cuesta trabajo concebir cmo gana nuestra sociedad con este debate. Adems de no concentrarse en los problemas ms perentorios del pas, el intercambio ha involucrado a personas con un ejercicio pblico valioso que es inconcebible que puedan imaginarse como de bandos contrarios. La virulencia y acritud que ha llegado a tener pueden acumular enconos duraderos, divisionismos estriles, exclusiones y marginaciones, en momentos en que necesitamos todo lo contrario: construir consensos, articulaciones y empeos colectivos que trabajen a favor del pas y su gente. Personas como Silvio Rodrguez y Aurelio Alonso, y antes como Alfredo Guevara y Fernando Martnez Heredia, son capaces de servir de puente entre sectores diversos, pero son cada da menos entre nosotros por diferentes razones. Una nacin necesita de puentes (en otras palabras, de dilogos horizontales) para conservar y desarrollar bienes pblicos de importancia capital: el tejido social, la tica del comportamiento cvico, los dilogos sociales, los intercambios polticos. A nada de esto contribuye el actual debate contra el centrismo.

No solo ante 2018 sino ante todo lo que vendr en el largo futuro que nos espera tenemos que construir un pas en el que quepa, aqu s cabe decir alegremente, cada vez ms gente. Las palabras de Mart siguen contribuyendo a ello: Con letras de luz se ha de leer que no buscamos, en este nuevo sacrificio, meras formas, ni la perpetuacin del alma colonial en nuestra vida, con novedades de uniforme yanqui, sino la esencia y realidad de un pas republicano nuestro, sin miedo canijo de unos a la expresin saludable de todas las ideas y el empleo honrado de todas las energas, ni de parte de otros aquel robo al hombre que consiste en pretender imperar en nombre de la libertad por violencias en que se prescinde del derecho de los dems a las garantas y los mtodos de ella.

Fuente: http://segundacita.blogspot.com/2017/07/del-miedo-canijo-o-de-los-usos-del.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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