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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2017

La certeza de lo inimaginable
Un cuento de hadas de 2050

John Feffer
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


El invisible monstruo del cambio climtico

Introduccin de Tom Engelhardt

Si el lector est buscando cuentos de hadas que tengan un sesgo sombro, algo que solo podra haber sucedido alguna vez en la ficcin distpica, no hace falta mirar muy lejos: aqu estn nuestro planeta actual y nuestro momento presente. Qu me dice, por ejemplo, de ese iceberg de un billn de toneladas s, billon; no es una errata que se desprendi la semana pasada de la pennsula Antrtica y est flotando a la deriva? Es tan grande como el estado de Delaware y capaz de llenar unos 462 millones de piscinas olmpicas; su volumen duplica el del lago Erie. Si prefiere verlo en trminos cinematogrficos, entonces considere este estremecedor acontecimiento como si fuera un triler de la pelcula que est en las pantallas de todo el mundo. Si en el futuro se desestabilizan partes importantes de la Antrtida, veremos ttulos de pelculas (dado el aumento del nivel del mar) como Adis, Miami, Shangai bajo las aguas, La inundacin de Londres, msterdam desde la borda.

Francamente, si cuando hablamos de modernos cuentos de hadas, el lector piensa en Juego de tronos despus que no el invierno sino el verano llega a Westeros, ya estamos en un mundo de cuento de hadas. Entonces, una semana despus de que la Antrtida cambiara perceptiblemente de forma, parece apropiado fijarse en el trabajo del colaborador habitual de TomDispatch John Feffer, nuestro experto en el futuro distpico del planeta y autor de la novela Splinterlands, que publicamos hace poco en nuestra nueva lnea editorial. Hoy, en una extraa inmersin de DT en la ficcin, l nos ofrece un cuento de hadas llegado de 2050 (el ao en que sucede la historia de Splinterlands). Su hermana Grimm es Rachel Leopold, la esposa del famoso geopaleontlogo Julian West (ambos han aparecido antes en TomDispatch). En el 2020, l fue quien predijo tan clarividentemente la forma en que la creciente marea de nacionalismo encabezada por los populistas de derechas como nuestro presidente cuando se combinara con el cambio climtico y otros factores agrietara el orden internacional y creara un mundo nuevo, bien que ms desesperado. Con este pensamiento, permitidme que masculle, Una vez, en 2017.... Ahora cerrad los ojos e imaginad lo inimaginable, porque bastante pronto ese ser nuestro mundo.

--ooOoo--

Donald Trump y el triunfo de la antipoltica

Una vez, hace mucho, mucho, tiempo, di mi testimonio ante la gran asamblea de nuestra tierra.

Cuando hoy cuento este acontecimiento a los nios, ellos en realidad no lo toman como un cuento de hadas. Una vez un tiempo antes de que el mundo se rompiera en un milln de pedazos y Estados Unidos se convirtiera en los estados desunidos de hoy esta anciana era una joven idealista que trataba de convencer a nuestro poderoso Congreso de que nos acechaba un monstruo.

Te escucharon, ta Raquel? me preguntaban siempre.

Bueno, me escuchaban, pero no me oan.

Entonces, qu hiciste?

Pens y pens; escrib y escrib. Y consegu redactar una presentacin cada vez mejor les digo pacientemente. De algn modo tena que hacer que el monstruo fuese visible a aquella gente poderosa.

A qu se pareca, ta Raquel?

El monstruo era invisible, mis queridos nios, pero podamos sentir su clido aliento. Y ramos capaces de ver las cosas terribles que haca. Poda hacer crecer los ocanos, que se marchitaran los cultivos en el campo. Aun as, seguamos alimentando a esta bestia terrible.

Pero... por qu?

Era lo que el monstruo exiga. Algunos monstruos quieren comer nios pequeos. Otros prefieren jvenes doncellas. Pero este insista con buques tanque llenos de petrleo y camiones cargados de carbn. Incluso, segn creca, solo quera ms y ms.

Cuando llegaba a este punto, los nios siempre tenan los ojos muy abiertos.

Qu hiciste entonces? me preguntaban.

Volv a hablar con esa gente importante. Y esta vez, incluso intent poner ms fuerza en la descripcin del monstruo a medida que me internaba en el pasado, las caras de los nios se parecan a las de los polticos muertos hace mucho tiempo. Les llev grficos muy detallados del aumento de las temperaturas. Mencion estadsticas sobre el impacto de la combustin del carbn y el petrleo y el gas natural. Les present fotos de lo que ya haba hecho el derretimiento de los hielos y el crecimiento del nivel del mar. Despus, les mostr dibujos de lo que sera el futuro: ciudades inundadas, tierras azotadas por la sequa, mares muertos. Ellos miraban pero eran incapaces de ver. Escuchaban pero no oan. La gente importante conclua, no siempre es buena gente.

Qu hiciste entonces preguntaban siempre.

Dej de hablar, queridos mos. Vine aqu, a Arcadia, para escapar del monstruo.

Los nios parecan desilusionados. Conocan muy bien los cuentos de hadas. Ellos esperaban que alguien quizs un prncipe de brillante armadura apareciera de pronto y matara al monstruo.

No haba prncipe alguno me lamentaba. Y el monstruo sigue vivo. Ahora mismo podemos sentir su ardiente respiracin.

Por supuesto, mis jvenes fiscales no entendan mi relato. Hoy, en 2050, el Congreso no existe. No hay reuniones de comisiones. No hay debates intergubernamentales ni encuentros internacionales. Lo mismo podra haberles hablado de los banquetes romanos o las justas medievales. Aun as, mis jvenes estudiantes siempre reclamaban ms historias del desaparecido mundo de Washington DC 2017, como lo haran tambin si se tratara de una fbula de Esopo. Pero ellos no alcanzaban a percibir la conexin que haba entre esos cuentos y su vida presente.

Despus de todo, ellos viven en un mudo post-poltico.

La muerte de la poltica

Antes de que el termmetro global se volviera loco, antes de que los grandes pnicos econmicos de principios de la tercera dcada del siglo XXI, antes de que aumentaran los enfrentamientos entre los vigilantes y yihades, antes de que la comunidad internacional se hiciera aicos como un espejo alcanzado por un puetazo, hubo aquella muerte inicial, que apenas fue percibida en su momento.

Tal como los historiadores aquellos que quedaron para contarlo os informan, no hubo funerales por la muerte de la poltica; tampoco, obituarios. E incluso si los hubiera habido, muy pocos habran derramado una lgrima. La confianza que el pblico estadounidense de aquellos tiempos tena en el Congreso era la ms baja entre todas las instituciones: apenas un 9 por ciento confiaban en l, mientras que en las grandes empresas confiaba el 18 por ciento y en las fuerzas armadas, el 73.

En las hmedas marismas de Washington en las que yo viva en esos tiempos antediluvianos, la poltica se haba convertido en una competicin entre dos bandos que se odiaban. Alguna vez ganaba uno de ellos y arrastraba al otro por el estircol. Despus, la situacin se reverta. No importa, al final del da, todo estaba cubierto de porquera.

Es cierto, las cosas podran acabado de otra manera. Podran haberse aprobado reformas radicales, se podra haber formado una nueva generacin de polticos. Pero en el momento de mayor peligro para el pas y el mundo todo los estadounidenses le dieron la espalda a la poltica y eligieron el ms antipoltico candidato en la historia de EEUU. Los padres fundadores hicieron todo lo que pudieron para garantizar que el sistema no produjese semejante resultado pero no haba manera de que pudieran anticipar el surgimiento de un Donald Trump ni las circunstancias que le llevaron al poder.

Cuando los primeros europeos llegaron a lo que ms tarde sera Amrica del Norte, hace ms de 500 aos, portaban armas mucho ms poderosas que las hachas de piedra y los garrotes empuados por los pueblos originarios. Pero no fueron solo las armas de fuego las que resultaron tan devastadoras. Los europeos llevaban en su interior algo mucho ms letal: enfermedades invisibles como la viruela y la gripe. Esos virus se abrieron camino entre los nativos matando al 10 por ciento de la poblacin de este continente.

Muchos siglos despus, Donald Trump lleg a Washington pertrechado con las armas explcitas de la retrica extremista y la socioptica sangre fra con la que ha destruido a sus adversarios polticos. Pero era lo que llevaba escondido en su interior lo que finalmente llagara a ser tan catastrfico. A pesar de que durante su campaa electoral l clamaba contra el establishment poltico que lo pondra en el Despacho Oval, en su peculiar estilo l utilizaba las reglas polticas para conseguirlo. Sin embargo, en el fondo su mayor anhelo era destruir completamente la poltica; tweet a tweet, escndalo a escndalo.

Y su ataque a la poltica acabara con el mundo que conocamos en Washington ao 2017. Al final, hara que las actividades del Congreso, y el Congreso mismo, llegaran a ser irrelevantes. Incluso hoy, habiendo pasado ms de 30 aos, los cadveres siguen amontonndose.

El juicio de Pars

Soy profesora de ciencia en una escuela de jvenes de Arcadia. No resulta difcil explicar los conceptos cientficos bsicos que cambiaron tanto nuestro mundo; adems, tenemos un laboratorio bien equipado para que los estudiantes hagan experimentos. Entonces, entienden la ciencia del cambio climtico. Lo que les desconcierta es la forma en que se present la crisis.

Por qu hicieron nuestros abuelos que las cosas funcionaran siempre un da ms? me pregunt un vez una brillante joven. Por que no usaban esos estpidos coches solo los fines de semana?

Nuestros jvenes saban poco de lo que no fuera Arcadia, y esta comunidad es totalmente sustentable. Aqu, en este rincn de lo que una vez fue el reino nororiental de Vermont, nosotros producimos todo lo que necesitamos. Lo que no cultivamos, lo sintetizamos o creamos en nuestras impresoras 3-D. Tenemos reducidas relaciones comerciales con las pocas comunidades vecinas. Si se da una muerte inesperada, expedimos otro permiso de nacimiento. Si la carga de nuestras bateras solares baja en el invierno, racionamos la electricidad. Los jvenes de Arcadia no conciben el desperdicio.

Tampoco conciben la nocin extrao ahora de comunidad internacional. Nunca se aventuraron ms all de los lmites de nuestro pequeo universo. El mundo exterior lo han visto solo gracias al turismo virtual; esto mismo refuerza su deseo de permanecer aqu. Despus de todo, el mundo de ah fuera no es otra cosa que una coleccin de pequeos y afilados fragmentos, los que mi ex marido acostumbraba llamar tierras resquebrajadas de este planeta. Mis estudiantes son incapaces de comprender que esos fragmentos, muchos de ellos peligrossimos microhabitats, estuvieran una vez reunidos y formaran grandes naciones que, a su vez, colaboraban alguna vez para resolver problemas compartidos. Es como la vieja historia del elefante y los seis ciegos. Los jvenes de Arcadia pueden imaginar las partes pero por ms sorprendente que pueda parecer dados los acontecimientos de las tres ltimas dcadas, la totalidad se les escapa.

Pensad en esa comunidad internacional desaparecida hace mucho tiempo, les digo, como si fuese un nio nacido en 1945 berreando ante unos progenitores que se pasan el da discutiendo. A una infancia problemtica le sigue una juventud difcil. Solo en la madurez, al final de la Guerra Fra en 1989, pareci que poda arreglarse sola, aunque eso dur poco tiempo. Desgraciadamente, en unos pocos aos, empez a chochear prematuramente. En 2017, a sus 72 aos, la comunidad internacional estaba para el retiro, su salud era frgil y necesitaba desesperadamente de cuidados asistidos.

Una vez se supuso que esta avejentada criatura colectiva, este Caballero del Triste Semblante, sera nuestra salvacin, el que matara al horrible monstruo. Sin embargo, a la hora de la verdad, apenas poda sostener una lanza.

Sin cierto conocimiento del ciclo vital de la comunidad internacional, es posible que mis estudiantes no pudieran entender por qu en la primera parte de este siglo la temperatura global continu subiendo pese a los mejores esfuerzos de los cientficos, los ambientalistas y los ciudadanos preocupados. Varios pases, entre ellos Uruguay y Bhutn, hicieron todo lo posible para reducir su emisin de carbn y, finalmente, ms de una docena de ciudades llegaron a la emisin cero. Muchas personas adoptaron el vegetarianismo, utilizaron coches elctricos, bajaron el termostato de su casa en invierno, como si el cambio de estilo de vida por s solo pudiera matar al monstruo.

Lamentablemente, en realidad un problema global requiere una respuesta global. El acuerdo climtico de Pars, que fue firmado por 196 pases a finales de 2015, no fue ms que eso: un esfuerzo. Solo dos pases se negaron a firmar; uno (Siria) porque estaba en medio de una guerra civil y el otro (Nicaragua), solo por fastidiar. Aun as, los trminos del acuerdo estaban lejos de ser los adecuados. La comunidad internacional, que se haba aunado en esta crepuscular cooperacin, entendi bien la dimensin del desafo: hacer que la temperatura global no subiera ms de 2 C respecto de la temperatura media de la era preindustrial. Sin embargo, lo mejor habra sido que el tratado de Pars limitara en 3 el aumento de la temperatura. Como todo el mundo sabe ahora, lo que sucedi no fue precisamente lo mejor.

Fue as como esa comunidad abandon la misma idea de sustentabilidad y abraz a su prima menor, la resiliencia. Trato de explicar a mis estudiantes que sustentabilidad es todo lo que tiene que ver con armona, es decir, mantener el equilibrio, no extraer nunca ms que lo que devolvemos. Mientras que resiliencia tiene que ver con las adaptaciones necesarias para sortear una situacin crtica, esto es, con simplemente arreglrnoslas. El juicio de Pars con su guio a la resiliencia fue, de hecho, el reconocimiento de un fracaso.

Aunque con imperfecciones, al menos form parte de un proceso. Esto es todo lo que pretende la poltica democrtica, les digo a mis acusadores. Se trata de comenzar en algn sitio y esperar que a partir de ah todo mejore. Despus de todo, siempre existe la posibilidad de que un da se pueda pasar de la resiliencia a la sustentabilidad.

Pero, por supuesto, tambin existe la opcin de retroceder, que es exactamente lo que pas: la liga mayor segn una expresin del nuevo presidente de Estados Unidos en 2017.

La revolucin Trump

Es un hecho poco afortunado de nuestro mundo que destruir sea mucho ms fcil que construir. Cualquiera puede golpear con un mazo, pero son pocos los que pueden emplear una paleta de albail. Un estornudo involuntario puede echar abajo el ms elaborado castillo de naipes.

Donald Trump fue mucho ms que un estornudo. Su devocin por la destruccin de la administracin estatal era impresionante. En ese tiempo, todos estbamos tan centrados en el especto nacional de esa destruccin el derribo de los pilares del estado de bienestar, la supresin del sistema universal de salud, la reduccin de todo tipo de protecciones legales y derechos de los votantes que nos olvidamos de prestar la debida atencin a la forma devastadora que se extenda esa destruccin fuera de nuestras fronteras.

As es, el nuevo presidente anul acuerdos comerciales pendientes, menospreci a aliados tradicionales y cuestion la utilidad de acuerdos como el que permita el programa nuclear iran. Pero, en su mayor parte, esos eran ataques de ndole bilateral. Mucho ms peligrosos eran sus feroces acciones contra el orden internacional.

La ms importante, por supuesto, fue su decisin de retirarse del acuerdo de Pars. Admitmoslo, se trataba de un compromiso dbil y no vinculante. Aun as, eso para Donald Trump era demasiado. El presidente declar que al acuerdo pondra en desventaja a los estadounidenses y obligara a que los trabajadores y contribuyentes absorbieran el costo de la reduccin de las emisiones de gases de invernadero por la prdida de puestos de trabajo, baja de salarios, cierre de fbricas y una enorme disminucin de la actividad econmica. El que nada de eso fuese verdad no tena importancia. En Estados Unidos, los programas relacionados con las energas renovables estaban creando ms empleos bien pagados que los que la industria contaminante estaba tratando de conservar. Sin embargo, en su afn destructivo el presidente Trump jams sinti la necesidad de justificar sus acciones recurriendo a los hechos reales.

Por otra parte, Estados Unidos era el pas ms rico del mundo y al mismo tiempo histricamente el mayor productor de emisiones de dixido de carbono. Como les decimos a nuestros estudiantes aqu en Arcadia, si eres el mayor responsable de la suciedad, tambin deberas ser el mayor responsable de la limpieza. Este es un concepto sencillo para la comprensin de los jvenes. Aun as, estuvo ms all de la capacidad de comprensin de la mayor parte de los estadounidenses.

Peor aun que ser meramente indiferente, el nuevo presidente estaba resuelto a acelerar el calentamiento global en solitario, si fuera necesario, expandiendo las perforaciones en el mar, permitiendo la construccin de ms gasoductos y oleoductos, reduciendo las restricciones de todo tipo imaginable en la industria de los combustibles fsiles, recortando el apoyo al desarrollo de energas alternativas, estimulando la produccin de vehculos que tragaban demasiado combustible y rebajando drsticamente los fondos necesarios para asegura el cumplimiento de todos los estndares medioambientales imaginables. En otras palabras, Trump no solo no deseaba dejar bajo tierra el tesoro representado por los combustibles fsiles: adems, estaba impaciente dar al monstruo incluso ms alimento que el que exiga.

De haber estado nosotros viviendo tiempos normales, habra sido posible luchar polticamente con eficacia contra esta arremetida. Pero justamente cuando el punto de vista basado en el carbn de Estados Unidos y el mundo estaba en su momento culminante, la poltica fue arrumbada en el trastero y liquidada.

La poltica de la antipoltica

Recuerdo el nacimiento de la antipoltica. Yo era joven cuando los disidentes del mundo comunista empezaron a asociar la actividad poltica oficial con el apoyo a un orden inmoral. Ellos crean que votar no tena sentido si el partido gobernante obtena el 99 por ciento de los votos en juego. Si el lder del Partido y el Politbur acababan siempre decidiendo todo, los parlamentos no eran ms que cscaras vacas. Cuando la poltica transige de esta manera, todo el mundo salvo los oportunistas se repliegan en la antipoltica.

El comunismo se muri en 1989, y la poltica renaci en aquellos pases de la antipoltica, pero su vida fue demasiado breve. En cuestin de una dcada, los nuevos conversos de la democracia empezaron a regresar a sus viejos recelos ante todo lo poltico, y los polticos convencionales pasaron a ser el enemigo. Una vez ms, la colaboracin y el compromiso eran anatema.

Y entonces, este mismo descontento con la poltica tal como la conocamos comenz a extenderse fuera de los confines del mundo postcomunista. Los votantes de otro sitio aquellos con inclinacin por los pases unipartidarios o de lder nico se quedaban deslumbrados por el poltico ms liberal. Donald Trump fue apenas uno ms en esta nueva fraternidad de nacional-populistas, entre los cuales estaban Vladimir Putin, de Rusia; Recep Tayyip Erdogan, de Turqua; Rodrigo Duterte, de Filipinas; y Viktor Orban, de Hungra. Todos ellos comenzaron rpidamente a acumular poder en sus manos en un intento de gobernar por decreto (o, en el caso de Trump, mediante rdenes ejecutivas). En el nterin, como estrategia, utilizaron la antipoltica para derrotar cualquier desafo en el mbito nacional o en el exterior*.

Fue extrao que en tantos pases, los votantes fueran aparentemente incapaces de darse cuenta de que esta nueva antipoltica recortara sus derechos. Todos estos autcratas llegaron al poder, no por un golpe de Estado, sino mediante elecciones democrticas. Igualmente extrao fue el hecho de que, en esos aos, fueran los jvenes quienes, en proporciones cada vez mayores, ya no consideraran importante vivir en una democracia. Cuando solo los viejos creen en un sistema como ese, ya solo falta un paso para llegar a la tumba.

Quiz la culpa fuera de la economa. Casi uniformemente, los partidos ms importantes de esos pases tenan polticas que ensanchaban la brecha entre ricos y pobres, que robaban el empleo a la gente joven como tambin cualquier esperanza de un futuro. No debe sorprender entonces que ellos perdieran la fe en la profana religin de la democracia.

O talvez fuera la tecnologa la que mat la poltica. El ordenador y el telfono mvil se combinaron para reducir el espacio de atencin necesario para la participacin sostenida en los asuntos pblicos. Las minicomunidades creadas por las redes sociales obviaron la necesidad de relacionarse con quienes no compartan las pequeas preocupaciones que alguien poda tener. Y, por supuesto, cada uno empez a reclamar resultados inmediatos con solo pulsar una tecla, lo cual en el mbito de la poltica se tradujo en la utilizacin cada vez mayor de los decretos.

Durante un breve momento, el impacto Trump provoc una reaccin contraria. En Estados Unidos, hubo enormes manifestacioenes mientras algunos poco comprensivos burcratas del gobierno se atrincheraban porfiadamente en su posicin; pero esto no hizo ms que reforzar el discurso populista de una irresponsable elite liberal y, con ello, la profunda hostilidad estatal. En este breve lapso de aparente retroceso, los aliados europeos de Trump incluso perdieron algunas elecciones, pero quienes triunfaron en esos comicios continuaron con las polticas que perjudicaban econmica y polticamente a la mayora; en la siguiente confrontacin o en la que segua a sta ocurri lo previsible.

Como recuerdan quienes tienen cierta edad, a la larga el mismo Trump fue defenestrado vencido al fin por su contraproducente espritu vengativo. En ese momento, sus crticos gozaron por el Schadenfreude**, solo para descubrir que l era reemplazado ms que velozmente por alguien que comparta tena su mismo talante destructivo y antipoltico, aunque sin sus rasgos personales ms desfavorables.

Trump dej atnita a la comunidad internacional; sus sucesores la destruyeron interiormente. Y, como todo el mundo sabe hoy en la Tierra fragmentada, el monstruo continu recibiendo su alimento mientras las temperaturas, las inundaciones, las sequas, los salvajes incendios forestales, el nivel del mar, las olas de refugiados y el resto de calamidades continuaban aumentando inexorablemente.

El final de la infancia

Los cuentos de hadas deberan tener un final feliz. Yo les aseguro a mis estudiantes que en Arcadia estn a salvo. Pueden ver por ellos mismos que nuestros cultivos son exitosos. Estn los suficientemente lejos de las mareas ocenicas como para no sentir temor por el agua. Participan en la vida poltica democrtica de nuestra comunidad. A pesar de algn problema ocasional, Arcadia, es una pequea isla de esperanza en un mar de desesperacin.

La temperatura contina trepando. Fuera, la pelea por los recursos es cada ao ms encarnizada. Muchas de las comunidades que salpicaban una vez el paisaje alrededor de la nuestra no son ms que un recuerdo. El muro que rodea a Arcadia es prcticamente inexpugnable y nuestro arsenal est muy bien provisto, pero la pregunta sigue siendo: podremos sobrevivir sin la presencia de nuestros integrantes fundadores, quienes en estos momentos estn empezando a morirse?

Criamos y educamos a nuestros hijos, pero la amenaza de un crecimiento aun mayor del mismo monstruo sigue vigente. Mientras se hacen adultos, algunos de los jvenes sostienen que mi generacin ha fracasado al no haber matado al monstruo; desgraciadamente, no podran estar ms en lo cierto. Creo que nosotros, al menos aqu en Arcadia, hicimos lo mejor que pudimos, pero lamentablemente no fue todo lo bueno que deba ser.

Dentro de poco tiempo nuestros jvenes tomarn el testigo y seremos reemplazados. Se ocuparn de cultivar la tierra y mantener nuestro arsenal. En ausencia de una solucin poltica para el cambio climtico, continuarn buscando una solucin cientfica y una comunidad internacional que la imponga. Y ellos sern quienes debern asegurar que el monstruo por mucho que resople y resople y amenace nuestro sustento no acabe tambin echando abajo nuestra casa.

Notas:

* En la lista presentada unas lneas ms arriba falta Mauricio Macri, presidente de Argentina desde diciembre de 2015, quien encaja perfectamente en la descripcin que el autor hace de los gobernantes elegidos democrticamente cuya poltica es la antipoltica. (N. del T.)

** En alemn en el original. Schadenfreude significa el mal ajeno. (N. del T.)

John Feffer es autor de la novela distpica Splinterlands (publicada recientemente por Dispatch Books y Haymarket Books); Publishers Weekly dice de ella: se trata de una advertencia escalofriante, seria e intuitiva. Es director de Poltica Exterior en el Instituto de Estudios Polticos y colaborador habitual de TomDispatch.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176309/tomgram%3A_john_feffer%2C_the_invisible_monster_of_climate_change/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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