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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2017

El escritor y periodista Manuel Vicent publica el libro Los ltimos mohicanos
La trinchera (literaria) de los peridicos

Enric Llopis
Rebelin


La mirada virgen. Si un periodista piensa que ya lo ha visto todo, deja de ser periodista. As pues, ha de observar el mundo como si diariamente se inaugurara. Todo es una novedad. Si uno piensa de esta manera, aunque sea octogenario, ser un periodista joven. Se lo confiesa el escritor Manuel Vicent a Jess Fernndez beda, en una entrevista publicada en abril de 2017 en la revista literaria Zenda. La clave est en la forma de mirar, insiste Vicent, que ha publicado La Regata (Alfaguara, 2017), novela trenzada a partir de una aspirante a actriz, Dora Mayo; y un empresario triunfador, Pepe California. En la entrevista propone un ejercicio casi suf: el primer plano. Si en lugar del plano general, la persona adopta una concepcin cercana de las cosas, la vida pasa a ser diferente cada da. La cola del supermercado parece la misma, pero cambia diariamente, remata el escritor y periodista.

En el libro Los ltimos mohicanos (Alfaguara, 2016), el escritor castellonense reivindica a todos aquellos que defendieron, hasta el final, una perspectiva diferente del periodismo. Y resistieron, practicando la literatura en los peridicos. Con ilustraciones de Fernando Vicente, el autor de Tranva a la Malvarrosa (1994), El azar de la mujer rubia (2013) y Desfile de ciervos (2015), retrata a los ltimos mohicanos del periodismo literario: el exceso como unidad de medida en Vicente Blasco Ibez; la pasin de un joven viejo verde, Jos Bergamn; con un paraguas rojo y otro negro, Azorn; el combatiente deslumbrado, Ramiro de Maeztu; un galgo aristocrtico con luz propia, Corpus Barga; el disparo a la distancia precisa de Manuel Chaves Nogales; la mquina de fabricar calderilla, en referencia a Csar Gonzlez-Ruano; el arte de caer siempre de pie: Manuel Aznar; o un anarquista bajo la cpula del Palace, es decir, Julio Camba, entre otros.

En una columna publicada en El Mundo, titulada El calambre del escritor (marzo de 2009), Francisco Umbral manifestaba la misma preocupacin que Vicent por el agotamiento en el punto de vista y la menguante lozana del periodista. Lo haca a propsito de un escritor y periodista romntico, Mariano Jos de Larra, que haba retornado de Europa a Madrid y entr en la fase de desesperacin que le condujo al suicidio. Est llegando a la ms peligrosa etapa de su vida, de cualquier vida: a la indiferencia, escriba Umbral sobre Fgaro. Es la poca en que a Larra dejan de importarle los lectores y lo que escribe, es ms, se importa poco a s mismo. Llegado a ese punto, se halla en trance de parlisis. Y somatiza el proceso (un temblor de la mano derecha), que los mdicos llaman calambre del escritor. Slo se suicida el que ya est muerto por dentro, remata Francisco Umbral, a quien Vicent considera uno de los ltimos mohicanos. Quera ser escritor por dentro y por fuera; pasaba media jornada alimentando su figura, y la otra media destruyndola, dice Manuel Vicent del autor de Las ninfas y El Giocondo, quien pas por Hermano Lobo y Triunfo antes de recalar en El Pas. Se le hurt la Academia, pero se veng escribiendo mejor que ninguno.

Las tribus nativas de Amrica del Norte ocuparon una posicin central en la Guerra de los Siete Aos (1756-1763), que mantuvieron Francia y Gran Bretaa. En ese contexto ubic Fenimore Cooper su clebre novela histrica, uno de cuyos personajes afirm: Cuando Uncas siga mis pasos, no quedar ya nadie de la sangre de los Sagamores, pues mi hijo es el ltimo de los mohicanos. Entre los escritores de peridicos, uno de los grandes resistentes fue Eduardo Haro Tecglen, quien tuvo tiempo de opinar, en perspectiva, sobre medio siglo de periodismo. Antes de la difusin masiva de Internet, ya explicaba que los peridicos son mejores que antes; ms amplios, ms completos, mejor escritos en general. Aunque sealaba tambin las prdidas en el idioma, y una menor vibracin. Vicent recuerda a Haro Tecglen trabajando entre libros y peridicos acumulados sobre la mesa, en la trastienda de la redaccin y ametrallando la Olivetti. Adems, tena un aire de intelectual francs en la retaguardia. Fue el gran mentor de la revista Triunfo, y en su columna de El Pas (Visto/Odo), disparaba como un maqui (relegado a la penltima pgina por el peridico del grupo Prisa) contra el enemigo de la extrema derecha. Era el perdedor que primero entraba en la meta.

En el peridico El Pueblo, que Blasco Ibez fund, tambin lleg a publicar cerca de mil artculos; Adems de lder poltico del republicanismo en las primeras dcadas del siglo XX, y de alumbrar novelas como La barraca, Entre naranjos o Los cuatro jinetes del apocalipsis (con la que alcanz fama internacional), fue tambin un mohicano. Sus novelas se editaban por entregas en El Pueblo, un peridico muy ledo que actuaba como portavoz del Partido de Unin Republicana Autonomista (PURA). Toc todos los palos literarios en medio del fragor periodstico, subraya Vicent. Fue el primer best seller mundial, el primero que cobr a tanto la palabra, hasta el punto que un milln de personas lo recibieron en el puerto de Buenos Aires. Tambin fue un acto de masas su entierro en Valencia. Cuando Valle-Incln se enter de su muerte, afirm: Ha muerto Blasco Ibez? Nada. Pura publicidad.

Catedrtico de griego y rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno pari novelas como San Manuel Bueno, Mrtir, Niebla o Amor y Pedagoga, pero tambin despleg sus ideas en los cafs, los ateneos y la prensa. Empez socialista y termin celebrando la sublevacin fascista de 1936, aunque despus se arrepinti y en octubre del mismo ao se enfrent en la Universidad de Salamanca al fundador de la legin, el general Milln-Astray; Ya en 1924, los ataques del escritor a Primo de Rivera hicieron que el dictador lo desterrara a Fuerteventura. Nostlgico de la inveterada espiritualidad cristiana, del alma de Castilla y siempre en plena agona existencial, Manuel Vicent lo considera un mohicano. Su pluma tena acogida en peridicos como El Imparcial, El Sol o La Nacin de Buenos Aires, adems de en las revistas literarias. Al poco de morir, Antonio Machado lo retrat del siguiente modo: Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en guerra; Contra quin? Quiz contra s mismo.

Compaero en la Generacin del 98, Azorn public en el ABC La ruta de Don Quijote, en 1905. Escribi, entre otros peridicos, en El Pas, El Imparcial y asimismo en El Sol, donde Ortega cobijaba a las grandes plumas; pas del anarquismo a las responsabilidades polticas en la Administracin de Antonio Maura y a ser diputado conservador en cinco ocasiones. Ante lo que se avecinaba en 1936, huy a Pars, destino tambin de Maran, Baroja y Ortega. Tras loar a Franco, recuerda Manuel Vicent, Azorn se dedic a los paseos solitarios por Madrid, lecturas recnditas y escritos que mimaban el idioma castellano con adjetivos llenos de un temblor rtmico, envasado.

En unas pocas pginas por autor, la pluma de Manuel Vicent dibuja los contornos de algunos grandes del periodismo, como Manuel Chaves Nogales, director del Ahora y vinculado a Azaa y la Izquierda Republicana. Se entrevist con Goebbels y escribi sobre las vejaciones en Berln a los judos. Perseguido en la posguerra, fund una agencia en el exilio londinense y continu redactando artculos para la prensa latinoamericana. A otro de los ltimos mohicanos, Julio Camba, se le conoca por las crnicas que remita desde Nueva York a los peridicos El Imparcial, Espaa Nueva y el ABC, recopiladas despus en el libro La ciudad automtica. Esta obra de Camba, quien haba sido negro del banquero Juan March y corresponsal en Berln, Pars, Roma, Estambul y Lisboa, es actualmente de absoluta actualidad, resalta Vicent; no saba idiomas, pero supla esta carencia con la agudeza de los ojos.

A otra poca y coloracin ideolgica corresponde Manuel Vzquez Montalbn, escritor en peridicos y revistas como Triunfo, Hermano Lobo, Intervi, Por Favor y El Pas, entre otros. El autor de Los ltimos mohicanos lo caracteriza como un marxista leninista con retranca. En 1971 empez a publicarse su Crnica sentimental de Espaa con un gran xito. Para este reportaje, hizo acopio de una pluralidad de materiales de la cultura popular, poco apreciados por la intelectualidad de izquierdas. Con todos los conocimientos polticos, gastronmicos, literarios y de la vida, Vzquez Montalbn arm a su gran personaje: el detective Pepe Carvalho.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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