Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2017

Todo israel debera leer la ltima voluntad y testamento del atacante palestino

Gideon Levy
Haaretz

Nadie se atrevi a preguntar por qu Omar al-Abed, un joven de 20 aos con sueos y aspiraciones, compr un cuchillo y sali a matar


Todo israel decente debera leer el testamento de Omar al-Abed. La verdadera traicin no es leer sus ltimas palabras. La verdadera traicin es pensar que ms detectores de metales y asesinatos selectivos, ms detenciones y demoliciones de viviendas, ms tortura y despojo podrn prevenir los numerosos ataques que an estn por venir. La verdadera traicin es enterrar la cabeza en la arena.

Sin negar el horror de su terrible accin, todo israel debe prestar atencin a las palabras de Abed y extraer las inevitables conclusiones. Porque toda Cisjordania, y por supuesto la Franja de Gaza, se convertirn en un Omar al-Abed, no sabemos cundo. Cualquiera que piense que podra ser de otra manera, debe mirar a la historia. En esto consisten la ocupacin y la resistencia a ella: en masivo e intil derramamiento de sangre.

"stas son mis ltimas palabras", escribi el joven de la aldea cisjordana de Kobar antes de salir a matar colonos en la vecina colonia de Halamish. "Soy joven, todava no cumpl los 20. Tena muchos sueos y aspiraciones, pero qu clase de vida es sta, en la que nuestras mujeres y jvenes son asesinados sin justificacin?"

Qu podramos haberle dicho a Abed? Que sus mujeres y jvenes no fueron asesinados sin justificacin? Abed viva en un hermoso poblado, en medio de una realidad que no podra ser ms horrible. Por ejemplo, su vecino Nael Barghouti, que fue liberado de una prisin israel tras cumplir 33 aos por asesinar a un conductor de autobs, fue devuelto a la crcel −en un acto terriblemente arbitrario− supuestamente por violar los trminos de su libertad condicional. Otro de sus vecinos, naturalmente, es Marwan Barghouti, quien en un mundo ms justo y menos estpido habra sido liberado hace tiempo para liderar a su pueblo.

Abed sali a matar a los colonos porque "profanan la mezquita de Al-Aqsa mientras dormimos", porque "es una desgracia que no quedemos sin hacer nada". Mientras los agentes de la polica fronteriza israel emprendan una bsqueda enfermiza de cadveres en la morgue del hospital Makassed, Abed plane su accin sanguinaria. Mientras sus pares en Jerusaln trataban de rescatar el cadver ensangrentado de su amigo para que Israel no lo secuestrase, como acostumbra hacer, l no poda permanecer callado. "Ustedes, que tienen armas oxidadas que sacan slo para las bodas y celebraciones, no se avergenzan? Por qu no declaran la guerra en nombre de Dios? Ellos han clausurado Al-Aqsa, y nuestras armas estn calladas.

Sus palabras suenan casi bblicas. Cosas similares se han escrito en el curso de cada lucha de liberacin −incluyendo las nuestras, por supuesto. Son acompaadas de trminos religiosos, porque el escritor cree en Dios. En otras luchas, tambin −como las nuestras−, la religin fue utilizada al servicio de la nacin. Qu le habras dicho a Abed si te lo hubieras encontrado antes de que fuera a sembrar la muerte, aparte de "No matars"? Que debe ceder y rendirse? Que la justicia no est de su lado, sino del de la ocupacin? Que tenga esperanza de vivir una vida normal? Qu podra decirle un israel a un joven palestino desesperado que en realidad no tiene futuro, ni oportunidad de cambio, ni escenario esperanzador; a un hombre cuya vida es una larga humillacin? Qu le habras dicho?

La desesperacin es profunda en Cisjordania. En la Franja de Gaza es peor an. Esto debera mantener despiertos por la noche a todos los israeles, porque su Estado es el principal responsable de esta situacin. Pero si la responsabilidad moral por la desesperacin de los palestinos no es suficiente para quitarles el sueo a los israeles, debera serlo el hecho de que esta desesperacin les augura problemas tambin a ellos. Abed no tena nada que perder, y la persona sin nada que perder es el enemigo ms peligroso. Ni siquiera el Ministro de Seguridad Pblica Gilad Erdan puede detenerla.

El ejrcito israel invadi Kobar el sbado, imponiendo un cierre y arrestando a uno de los hermanos de Abed −todo siguiendo el procedimiento acostumbrado. Los soldados llevaron a cabo una "encuesta de ingeniera" en la casa de la familia. El nuevo presidente del Partido Laborista, Avi Gabbay, exigi una condena. Yair Lapid, presidente de Yesh Atid, calific a Abed de "terrorista de base", y Tzipi Livni, del Partido Laborista, dijo que "estamos unidos en nuestro dolor". Nadie se atrevi a preguntar por qu Omar al-Abed, un joven de 20 aos con sueos y aspiraciones, compr un cuchillo y sali a matar.

Publicado en Haaretz el 23/7/17. Traduccin: Mara Landi.



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